A veces las cosas no salen bien

Ayer tuve problemas técnicos. Cuando me levanté por la mañana, vi que todos mis blogs y páginas estaban caídos. Y al mirar las estadísticas, comprobé que el problema llevaba sucediendo desde las dos de la mañana. Vaya por dios, un problema de hosting.

Honestamente, nunca he sido de los que ha perdido el sueño por eso. En fin, las cosas se suelen arreglar más pronto o más tarde. Tener los blogs caídos unas horas no me provoca más pérdida que, quizás, el café que me podría tomar con los ingresos de adsense (eso el día que se da bien). Con Triopic podría preocuparme más, pero para ser sinceros todavía no estamos en unos niveles en los que estar caídos unas horas suponga “perder decenas de pedidos”.

Pero justo ayer… un par de horas antes de la caída habíamos puesto en marcha una campaña exclusiva en Fotomaf. Toda la gente que leyó su post, toda la gente a la que le llegó el feed… intentaría entrar… y un bonito error 404 para recibirles. La inmensa mayoría de los que sintieran curiosidad en un primer momento, y se encontraran con eso, no volverán. Joder, es como estar repartiendo invitaciones en la calle para entrar en un bar, y luego que resulte que el bar esté cerrado. Pues tiras la invitación y a otra cosa, mariposa.

La verdad, bastante frustrante. El tema no se solucionó hasta última hora de la tarde. Vamos, que “a buenas horas, mangas verdes”. En fin, qué le vamos a hacer. A veces, estas cosas simplemente pasan.

Los matices de una foto

El otro día estuve haciendo unas fotos para Triopic, intentando sacar decentemente uno colgado en la pared a modo de “demostración”. No me di cuenta en el momento de sacarla, pero luego revisándolas caí en que esta foto en concreto tiene muchos matices especiales para mí. En una misma foto está mi proyecto, están mis raíces, está mi herencia, y está mi futuro. Triopic es mi más reciente proyecto; está dando sus primeros pasos, poco a poco, pero confío mucho en sus posibilidades. Está mi futuro, mi hijo Pablo, que ya dejó atrás lo de los primeros pasos y crece cada día en todos los sentidos. Están mis raíces, Salamanca, mi ciudad de origen; por mucho que haga 15 años que no vivo allí, sigue siendo “mi ciudad”. Y está mi herencia porque la foto que ilustra este Triopic la hizo mi padre.

En fin, ya veis que tontería, cómo una foto intrascendente se convierte en algo con significado.

Campaña solidaria de Triopic

Hoy he puesto en marcha una iniciativa relacionada con Triopic, que tiene las letras gordas: por cada pedido que se realice hasta el 31 de diciembre, donaremos 5 euros a un proyecto de cooperación a través de Intermón Oxfam. Vamos, más claro no puede ser.

Aunque como digo en el blog de Triopic hablar de “responsabilidad social corporativa” cuando eres apenas un bosquejo de negocio pueda sonar a chufla, realmente creo que no es tan descabellado. Lo de la RSC, o te lo crees desde el inicio, o no tiene sentido. No veo por qué hay que esperar a facturar millones de euros para dedicar parte de esos ingresos a tener algún impacto (por pequeño que sea) en el mundo que nos rodea.

No creo que sea mucho lo que se logre juntar en estas semanas (¡ójala me equivoque!); pero por poco que sea, es más que nada. Así que ya sabéis, si os animáis a comprar un Triopic en estas fechas estaréis, de paso, contribuyendo a una buena causa.

La determinación de precios en Triopic

Siguiendo con el argumento sobre si Triopic aporta algo o no, decía que en el comentario de Manuel había implícita (bueno, explícita más bien) una referencia al precio: “dejarte casi 40€ más los gastos de envío, en un marco con tres fotos, me parece excesivo” o “¿Qué justifican los más de 40€ que me va a costar el marco?”.

Vaya por delante lo que ya he dicho en más de una ocasión: un precio no es caro o barato de por sí, únicamente cuando se pone en referencia al valor percibido por parte de quien lo paga. Y ésa es una cuestión totalmente subjetiva: lo que a uno le parece caro a otro le puede parecer barato, y viceversa. Pero dicho esto, ¿por qué 39,95 (iva incluído, ojo – sin IVA queda en 34,44) y no otro precio?

Bien, por un lado tenemos el coste: en el coste del Triopic se incluye esencialmente el marco, el revelado de las fotos, el coste del embalaje (caja, protección, etiquetado, precinto…) y parte del coste del envío (no se repercute todo el coste de mensajería al cliente). Adicionalmente incluirá (cuando lo tenga bien afinado) una parte de “ingresos compartidos” con los autores de las fotografías. Además hay una masa de “coste no imputado” (el tiempo dedicado a la creación de elementos del catálogo, el tiempo de gestión de los envíos incluído el montaje, costes generales como ordenador, consumibles o la propia línea, el hosting, el TPV…) que también hay que tener en cuenta. Y eso haciendo yo todo (imaginaos que tenga que tener a una persona en administración, o en montaje… su coste habría que imputarlo también), usando mi casa como almacén y taller (imaginaos si tuviese que tener un local).

Teniendo en cuenta este coste (más o menos acotado), hay que definir un precio de referencia que permita obtener una rentabilidad (una parte nada despreciable de la cual, no lo olvidemos, se va a para Hacienda, en este caso en forma de IRPF), y que además permita un cierto margen de maniobra comercial: es decir, que pueda hacer un descuento promocional (como el que he establecido para “amigos del blog”, un 30% de descuento; o un descuento puntual en determinados artículos para incentivar su compra; o cualquier otra iniciativa comercial que se plantee), o un descuento importante para grandes cantidades, o un margen para un potencial distribuidor (por ejemplo, distribuir los Triopics en determinadas tiendas físicas de decoración).

Ya véis, por lo tanto, que definir un precio no es algo baladí. Obviamente, luego está la parte del mercado. Si el mercado decide que ese precio es demasiado alto, tendré que reducir el precio lo que implica o bien reducir el coste para mantener el margen, o bien trabajar con menos margen. Y si llega un momento en que la presión del mercado y los costes hacen que el margen sea tan pequeño que no merezca la pena… pues “no hay trato” y a desaparecer. Como ya he dicho en otras ocasiones… “Libre mercado. Asignación eficiente de recursos. Utilidad y coste marginal. Y no hay nada más.”

¿Y qué aporta Triopic?

Me arroja Manuel, en un comentario a un post anterior, una serie de guantes interesantes. Uno de ellos, a partir de esta frase:

“No ofreces ningún valor añadido a la cadena. O al menos aparentemente. Vendes marcos de 3 fotos, que se pueden encontrar en los chinos a precios irrisorios, y los vendes con fotos públicas. ¿Dónde está el valor diferencial? ¿Qué justifican los más de 40€ que me va a costar el marco?”

En realidad la pregunta tiene dos cuestiones diferentes. Una es si Triopic aporta algo, y otra es si ese “algo” justifica el precio. Así que vayamos a lo primero.

Efectivamente. Lo que vende Triopic se lo podría hacer uno mismo con un desembolso menor. Te vas a Ikea y compras un marco prácticamente igual (yo lo que he visto en “los chinos” tiene peor pinta, la verdad; de hecho, incluso el de Ikea es tablero de fibras laminado, en vez de madera natural, pero vale). Te vas a Flickr y buscas las fotos que tú quieras, te las bajas, las ajustas al tamaño adecuado, las metes en un pendrive y las llevas al laboratorio fotográfico de la esquina (o las revelas por internet); y si son tuyas, ni siquiera tienes que buscarlas . Llegas a casa, desmontas el marco, haces un poco de manualidades para montar las fotos, y ya está. ¿Desembolso? 12-13 euros. ¿Coste? Amigo, ésta es otra historia. Todo depende de cuánto valores tu tiempo, de cuánto te apetezca irte al Ikea de turno (si tienes uno cerca), del tiempo que quieras dedicar a localizar fotos que te gusten, del tiempo y la habilidad que tengas para ajustarlas al tamaño adecuado, del tiempo que quieras dedicar al revelado, al montaje… frente a eso, Triopic es elegir, pagar, y tener el marco listo para colgar.

¿Por qué creo que, a pesar de que “hacértelo tú mismo” sea más barato, Triopic puede funcionar? Por lo mismo que hay gente (mucha, a tenor de los resultados) que prefiere llamar a Telepizza y pagar sus precios en vez de hacerse una pizza más rica y por mucho menos dinero en casa. Por lo mismo que hay gente que prefiere pagar por comer en un restaurante en vez de hacer la compra, cocinar en casa, preparar una mesa y luego recoger. Porque hay gente que está dispuesta a pagar dinero porque le facilites las cosas, gente que le da un valor al tiempo y esfuerzo que tiene que realizar. Evidentemente, habrá gente que diga que “ni de coña”, que para tirar el dinero mejor lo hace él. Perfecto, ahí tienen las herramientas para hacerlo; no tengo ningún problema, claramente no son clientes míos. Pero creo que sí hay un perfil dispuesto a pagar porque alguien le simplifique el proceso (¿cuántas personas tienen sus paredes desnudas porque les da pereza ponerse a decorar?). Y ésos son mis clientes potenciales.

Otra cosa es cúanto dinero están dispuestos a pagar por esa simplificación. Obviamente, cuanto mayor sea la diferencia entre “me lo hago yo” y el “me lo hacen otros”, menos personas habrá dispuestas a pagar por ello. La cuestión es encontrar el precio justo. Pero eso, amigos, es materia para otro post.