Da igual lo que quieras ser de mayor

Estuve en este evento sobre “el futuro del empleo” (está bastante interesante, especialmente la mesa redonda) y, en un momento dado, el divulgador Pere Estupinyà planteaba una reflexión interesante sobre esa pregunta tan clásica… “¿Qué quieres ser de mayor?”

¿Qué quieres ser de mayor?

Es la típica pregunta que se les hacía (y todavía se les hace, supongo) a los niños. Es gracioso ver como sus mentes infantiles van respondiendo según los estereotipos sociales. Quiero ser astronauta, o policía, o médico/a, o veterinario/a, o profesor/a, o artista, o cocinero/a, o escritor/a, o youtuber… Evidentemente en niños pequeños es totalmente intrascendente, su conocimiento del mundo es limitado y cualquier respuesta que den no va más allá de generar un momento “cuqui”.

La cuestión es que, a medida que van creciendo, la pregunta se les va repitiendo. Y ya no tiene tanta gracia. “¿Ya tienes pensado a qué te quieres dedicar? ¿Qué vas a estudiar?”. Su conocimiento del mundo sigue siendo limitado (aún me acuerdo de mí mismo diciéndome que querría ser “ingeniero”, sin tener ni puñetera idea de lo que implicaba ser un ingeniero… no, al final no fui por ahí), pero la presión crece.

Y no desaparece. En realidad a medida que transcurre nuestra vida seguimos azotándonos con la pregunta… “¿Dónde te ves dentro de cinco años?” no deja de ser la traslación adulta del “qué quieres ser de mayor”. Si en vez de “cinco años” pensamos en veinte, o en treinta… dan escalofríos.

De mayor vas a ser muchas cosas…

La cuestión es que, como planteaba Pere, se trata de una pregunta que si en algún momento tuvo sentido, desde luego ahora ya no lo tiene. “De mayor” vas a ser muchas cosas, porque no vas a tener una “profesión para toda la vida”. Vas a ir desempeñando muchos roles a lo largo de los años, y seguramente sean muy dispares. Distinta ocupación, distinta responsabilidad, distinto sector, distinto lugar, distintas habilidades requeridas…

A veces, de hecho, esos roles se desarrollarán en paralelo: vas a participar en un proyecto ejerciendo de una cosa, mientras que eres voluntario en una asociación, das clases en un master, eres presidente de la comunidad, inversor en un negocio, entrenador del equipo de fútbol de los niños, cuidador de una persona mayor… todo a la vez, sin posibilidad de separar lo uno de lo otro.

Es más, de todas esas ocupaciones diversas que vas a tener a lo largo de tu vida, muchas de ellas ni siquiera eres capaz de conceptualizarlas, ni de saber que van a existir. Piensa en cómo ha cambiado el mundo en los últimos 30 años… ¿te imaginas cómo puede ser dentro de otros 30? Y si piensas en tus hijos… ¿cómo era la vida 50 años de que ellos nacieran, y cómo será cuando ellos tengan esos 50 años? ¿Cómo les vas a pedir que sean capaces de imaginar “qué van a ser de mayores”?

Una pregunta inútil

En este contexto de incertidumbre y de dispersión de opciones, parece claro que “qué quieres ser de mayor” no es una pregunta especialmente útil. Quizás haya que pensar en otras. Como por ejemplo, “qué herramientas vas a desarrollar para poder adaptarte a todos esos cambios”.

Por eso lo que estoy haciendo con Skillopment me resulta estimulante; porque desde esa perspectiva de incertidumbre (o mejor aún, de certidumbre en la inestabilidad y en la variabilidad) es clave ser consciente de que tus habilidades son las que te van a permitir adaptarte a los escenarios que surjan. Y que cuanto más ágil seas a la hora de desarrollar esas habilidades, mejor.

En la vida te va a tocar tirar muchas veces los dados. Y ya sabes, cuantas más habilidades tienes y más desarrolladas están, más probable es que tengas suerte.

3 ideas para aprovechar el tiempo que dedicas a aprender

¿No tienes tiempo para aprender? No estás solo…

Cuando hace unos meses puse en marcha la lista de correo de Skillopment sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades, tenía una inquietud. No quería que se transformase en un canal unidireccional, un lugar en el que yo mandaba correos a “la lista de suscriptores” y ya. En la medida de lo posible, quería (y sigo queriendo) que hubiese también un “canal de entrada”, alguna forma de escuchar a quienes están en el otro lado. Por eso, una de las cosas que hago en los primeros envíos es lanzar una pequeña encuesta en la que me intereso por ver qué está queriendo aprender cada uno, qué dificultades encuentra, o de qué manera cree que le podría ser útil la lista de correo.

Una de las reflexiones que me encuentro con más frecuencia tiene que ver con la falta de tiempo para aprender. Lo expresa así por ejemplo José Manuel, cuando dice que “cumplir con mis actuales clientes me deja poco tiempo para avanzar”. O Samara, que cuenta que “trabajo así que no dispongo de mucho tiempo”. Antonio lo expresa así: “Me falta tiempo para todo: aprender, desarrollar, trabajo, familia, tiempo libre…”. Y Agustín dice que “no les llamaría dificultades, pero sí un factor de retraso como lo es el tiempo que se tiene para poder estudiar si trabajas y tienes hijos, como es mi caso”.

No es difícil sentirse identificado, ¿verdad? Una cantidad de tiempo limitada, y muchas prioridades tirando de nosotros…

¿Cuánto tiempo tienes realmente?

Si lo pensamos bien, tiempo tenemos todos el mismo: 24 horas al día. 1440 minutos que, como decía un anuncio de hace unos años, se nos dan al iniciarse el día y que nosotros decidimos cómo gastar. A qué dedicas tu tiempo es el reflejo de cuáles son tus prioridades, tanto si lo haces de forma consciente como si no.

Obviamente, hay una serie de cuestiones sobre las que tenemos un control limitado. Nuestro cuerpo nos pide dormir, necesitamos recursos así que tenemos que trabajar (aunque cuántos recursos necesitamos y cómo los conseguimos también nos da un margen de maniobra), tenemos familia (porque decidimos tenerla) y tenemos que dedicarles tiempo (porque queremos ser de una determinada manera), etc.

Pero ojo, también dedicamos el rato a navegar en internet, mirar Facebook, andar con el whatsapp o hacer zapping en la tele. Lo que cada uno dedique a cada una de estas cosas es, claro, asunto suyo; quizás la lástima sea pensar en cuántas de esas dedicaciones son fruto de una decisión consciente, y cuántas son debidas a inercias y hábitos de los que a veces ni nos damos cuenta. ¿Alguna vez has hecho una auditoría seria sobre en qué se te va el tiempo, sobre hasta qué punto es lo que quieres que sea, y cómo podrías gestionarlo mejor?

En todo caso, hay una cosa clara: unos por unas cosas, otros por otras… de forma más meditada o más inconsciente… la realidad es que el tiempo disponible para aprender es limitado. Incluso alguien que dedicase el 100% de su tiempo a aprender, seguiría teniendo el límite de los 1440 minutos.

Si tienes poco tiempo… ¡aprovéchalo al máximo!

Quizás sea ésta una de las ideas principales a tener en cuenta de cara a un aprendizaje eficaz. Dado que tienes poco tiempo disponible para aprender… ¡habrá que hacer todo lo posible por aprovecharlo al máximo! No nos sobran las horas, así que hay que extraer de ellas todo el jugo que sea posible. Si puedes sacar diez minutos al día, esos diez minutos tienen que ser exprimidos al máximo. Si puedes sacar una hora a la semana, que sea la hora mejor aprovechada del mundo. Si puedes sacar una tarde al mes, que realmente merezca la pena.

3 ideas para aprovechar mejor el tiempo de aprendizaje

Te propongo tres ideas para sacar lo máximo posible del poco tiempo que puedas dedicar al aprendizaje:

  • Concentra tus esfuerzos. Ya lo dice el refrán, “quien mucho abarca, poco aprieta”. Ya sé que hay muchas cosas que llaman tu atención, muchas cosas que quieres aprender. ¿Recuerdas el océano infinito del conocimiento? Puedes aprender cualquier cosa, pero no puedes aprenderlo todo. Lo siento, no puedes, no tienes tiempo. Y si lo intentas, verás cómo se diluye tu esfuerzo y acabas no llegando a ningún sitio. Elige, pon el foco en una cosa y dedica tu escaso tiempo a desarrollarla. Más vale pájaro en mano que ciento volando.
  • Planifica tu actividad. No hay nada peor que encontrarte con esos quince minutos al día, con esa hora a la semana, con esa tarde cada mes… y tener que ponerte a pensar “y qué hago ahora”. Cuando te quieres dar cuenta y te has centrado, se te ha acabado el tiempo. Y al final acabas dedicándote a ir saltando de recurso en recurso, pasando hojas, sin un objetivo claro, sin una estructura… malgastando el poco tiempo que tienes. Prepara con antelación a qué vas a dedicar tu próximo hueco, y cuando llegue métete directamente en la tarea. Puedes usar la guía de autoaprendizaje eficaz para tu planificación.
  • Dedica tiempo a consolidar. Puede parecer contraintuitivo… si tengo poco tiempo, ¡tendré que darme prisa para meter más contenidos!. Y sin embargo, ¿de qué sirve que “aprendas” una cosa nueva cada vez, si resulta que al cabo de unos días, de un par de semanas… no la recuerdas? ¡Entonces sí que habrás perdido el tiempo! Merece la pena dedicar parte de ese tiempo escaso a ir consolidando lo que vas aprendiendo, para que sea un aprendizaje de verdad. Mejor poco, pero bien consolidado, que mucho y volátil.

Si quieres más…

He subido este contenido en versión podcast, y también un pequeño vídeo en youtube.

Aprende inglés para ver Juego de Tronos en VO

Paseaba distraído por el pueblo cuando un cartel me llamó la atención. Tanto, que tuve que pararme a hacerle una foto. Anunciaba la próxima apertura de una academia de idiomas, y la parte central llevaba esta frase: “Anímate y así podrás ver en versión original el final de Game of Thrones”.

¡Vaya! A eso le llamo yo un “claim” interesante… Siempre se dice, desde una perspectiva de marketing, que hay que centrarse en vender los beneficios más que las características. A las personas no se nos engancha por lo racional, si no por lo aspiracional. “Si utilizas este desodorante las mujeres caerán rendidas a tus pies”, que diría el otro.

En el aprendizaje no es diferente. Cuando nos decidimos a “comprar” un aprendizaje (y no necesariamente nos va a costar dinero, pero seguro que sí nos va a costar esfuerzo y dedicación) es importante tener un banderín de enganche, una visión (“el quinto elemento” al que me refiero en el modelo Skillopment) que nos ayude. Esa ayuda no es solo para dar el primer paso (p.j. “tomar la decisión de apuntarme a una academia”) sino sobre todo para lo que viene después: el esfuerzo, el no dispersarse, el aguantar los momentos más aburridos o incómodos… y sostener todo eso a largo plazo.

Ya he contado en alguna ocasión mi (muy corta) aventura aprendiendo chino. El día que dije “pues venga, a aprender chino”, lo rápido que busqué un método… y lo rápido que lo abandoné. Reflexionando a posteriori me di cuenta de que lo que me había faltado, sobre todo, era un “para qué” concreto e ilusionante. No había nada en mi vida que hiciese que “aprender chino” fuese casi un imperativo. No era un “must”, si acaso un “nice to have”. Y sin ello, la motivación desaparece rápidamente.

Yo no sé si “ver Juego de Tronos en versión original” me serviría a mí como enganche para aprender inglés. Pero me comentaba Jaime en twitter que para él “ver Star Trek y leer juegos de rol” fue lo que le llevó a lanzarse a ese camino. No sería el primero que aprendió inglés para poder entender las canciones de sus artistas favoritos.

El caso es que cada uno tenemos que buscar lo que nos llama a nosotros, aquella motivación que hace más doloroso el “no aprender” que el “aprender”. Si la encontramos, aprenderemos con el viento a favor; no sin esfuerzo, pero sí con un impulso impagable. Y si no somos capaces de encontrarlo, o si lo dejamos en un deseo difuso y voluntarioso… lo acabaremos pagando más pronto que tarde.

[Entrevista] Juan Daniel Sobrado Rubio y las formaciones legendarias

Un nuevo episodio del podcast de Skillopment, en esta ocasión con Juan Daniel Sobrado Rubio. Conocí a Juanda no hace demasiado tiempo, gracias a su proyecto Learning Legendario. Vale, no es el más humilde de los nombres para un proyecto :D, pero no os dejéis engañar: detrás de él hay una persona muy interesante, con mucha voluntad de aprender y de compartir lo que sabe (de primera mano) sobre la formación y el aprendizaje.

Y de eso es lo que hablamos sobre todo en este episodio: de cómo son habitualmente las experiencias formativas, y de qué podemos hacer para convertirlas en algo mucho más eficaz (en términos de impacto en el aprendizaje) y a la vez más disfrutable. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 00:53 Juanda nos cuenta su trayectoria como ingeniero de telecomunicaciones metido a la bioingeniería, cómo empezó a tener más peso la formación dentro de su actividad profesional, y cómo evolucionó su visión de la formación; curiosamente, “atando cabos” con otras experiencias de aprendizaje en su vida. Hablamos también de su proyecto Learning Legendario, y qué le impulsó a ponerlo en marcha.
  • 05:40 Hablamos sobre el cambio que se produjo en un momento dado en su forma de abordar la formación, y de los efectos que ha observado al aplicar esos cambios: unas formaciones más entretenidas, en las que el foco de la responsabilidad cambia (de “preparar los contenidos” a “preparar la experiencia”) y que generan más interés posterior y más continuidad en el aprendizaje.
  • 09:35 Reflexionamos sobre los motivos por los que todavía muchas formaciones siguen ancladas en el modelo “magistral”. Hablamos de la comodidad de los formadores, de la poca atención que se pone en “aprender el oficio” y de esa visión despectiva hacia otros modelos que parecen de “flipados americanos”.
  • 15:50 Juanda plantea cuáles son, desde su punto de vista, las actitudes necesarias para poner en marcha este otro tipo de formaciones. Asumir que no eres el protagonista, abrirse a “perder el control” y esforzarse en fomentar la participación.
  • 20:35 Hablamos sobre dinámicas que se pueden poner en práctica durante una formación, la importancia de incorporar estímulos diferentes y expandir la experiencia de aprendizaje, el potencial de las herramientas tecnológicas… y en última instancia la importancia de ponerse en el lugar de los asistentes para ofrecerles una experiencia interesante y agradable.
  • 33:36 Conversamos sobre el papel que juegan las acciones formativas concretas dentro de un proceso más amplio de aprendizaje, cómo se pueden vincular con impactos anteriores y posteriores, y la importancia de que los responsables de la formación no se queden en “yo he dado el curso, misión cumplida”.
  • 39:50 Valoramos el papel que juega la formación online, y hasta qué punto es posible replicar las dinámicas de una formación atractiva en aula a un entorno digital. Juanda plantea que, especialmente en formación síncrona, hay muchas opciones para ofrecer una experiencia igualmente satisfactoria, y que las claves son similares a las de la formación offline: la voluntad de hacerlo, y explorar y explotar las posibilidades que nos ofrece el entorno (que suelen ser muchas y muy desaprovechadas).
  • 44:25 Hablando ya de experiencias de aprendizaje en términos generales, concluimos lo importante que es reflexionar sobre el propio proceso de aprendizaje: plantearse una estrategia, unos objetivos, pensar cómo se está haciendo… y volvemos sobre un tema clave: la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos sobre nuestro propio aprendizaje. El aprendizaje es una balsa en la que llevamos el timón y los remos.
  • 59:50 Volvemos sobre el proyecto de Learning Legendario, y Juanda nos cuenta el inminente lanzamiento de su podcast en el que profundizará en experiencias de formadores.
  • 1:05:26 Cerramos la conversación con un consejo de Juanda para quienes quieran avanzar hacia esas “formaciones legendarias”: que se atrevan a experimentar, que analicen sus formaciones y busquen de qué maneras pueden minimizar la teoría y maximizar la participación.

¿Merece la pena esforzarse en aprender?

Esta pasada semana tuve la oportunidad de compartir mis ideas sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades en una de mis charlas. Y en el turno de preguntas surgieron varias interesantes, entre ellas la siguiente:

“Con toda la información que hoy tenemos disponibles, a distancia de un click… ¿hasta qué punto merece la pena hacer el esfuerzo de aprender?”

A lo largo de la charla yo había planteado, siguiendo mi discurso habitual, la importancia del desarrollo de habilidades de cara a mejorar nuestras opciones de futuro. Y la exigencia derivada de un verdadero proceso de aprendizaje eficaz, uno que lleve a la verdadera interiorización de esas habilidades.

La pregunta planteaba un dilema: ¿realmente es necesario recorrer ese exigente camino? ¿no nos vale con recurrir, en caso de necesidad, a la información que ya tenemos a mano?

Utilizaré un ejemplo personal para ilustrar mi opinión al respecto

La declaración de la renta

Yo tengo ciertos conocimientos fiscales. Durante la carrera tuvimos una asignatura que nos permitió tener una visión de la estructura del IRPF. Desde que empecé a trabajar me he encargado de hacer mis declaraciones y las de mi mujer.

¿Puedo decir que “sé” hacer declaraciones de la renta? Bueno, con bastantes limitaciones. Sé hacer lo básico, con cuidado y mirando bien las instrucciones. Cuando me he encontrado con alguna cosa especial (p.j. un año que tuve que hacer una complementaria para “deshacer” una aplicación de la exención por reinversión en vivienda habitual, u otro año que tuve que reflejar una venta de un producto financiero) he tenido que recurrir a leer los manuales, y he “sudado tinta” para llegar a hacer lo que tenía que hacer.

Desde luego, no estoy capacitado para dedicarme profesionalmente a hacer declaraciones de la renta, ni a asesorar a nadie en su elaboración. Soy lento, avanzo con inseguridad, y hay muchísimas casuísticas que no controlo.

Ahora bien, ¿me merece la pena esforzarme por aprender con un mayor nivel de profundidad? ¿Llegar al punto donde pueda hacer declaraciones “como churros”, en el que esté perfectamente preparado para saber plasmar cualquier situación por peregrina que sea?

No lo parece. Hago una (o dos) declaraciones al año. El 95% de ellas es muy parecida de un año a otro, y sólo de forma muy ocasional surge un tema que me exige “romperme la cabeza”; incluso en esos casos tengo la opción de recurrir a un experto. En esas circunstancias, no parece que tenga mucho sentido dedicar tiempo, esfuerzo y recursos a interiorizar esa habilidad ni a desarrollarla a mayor nivel.

El usuario avanzado de Excel

Tomemos, por el contrario, una habilidad que a lo largo de los años me ha sido muy útil, como puede ser la de analizar, organizar y presentar información. Pensemos por ejemplo en la herramienta Excel, que he usado de forma extensiva en todo este tiempo. ¿Tendría sentido que, cada vez que me enfrento a la tarea de organizar información en una hoja Excel, tuviese que pararme a pensar “a ver cómo hago esto”, “qué función es la que tengo que usar”, “cómo era la sintaxis de esta función”, “dónde estaba la opción que me permite hacer tal cosa”?. No. A diferencia de “hacer declaraciones de la renta”, ésta es una habilidad que me viene bien tener interiorizada. Hasta el punto en que haga las cosas casi de forma automática, sin pensar. Hasta el punto en el que alguien, viéndome desde fuera, piense “es alucinante, ¿cómo puedes hacer esas cosas?”

No soy el mayor experto en Excel del mundo, ni mucho menos. Llego hasta donde llego, y hay situaciones en las que tengo que recurrir a buscar cosas que no sé hacer. Pero con lo que sí sé hacer me defiendo de forma muy solvente.

Habilidades nucleares y habilidades secundarias

Los ejemplos que he planteado nos llevan a una distinción entre dos tipos de habilidades: las habilidades “nucleares”, y las habilidades “secundarias”.

Las habilidades “nucleares” serían aquéllas que, por frecuencia de uso y por impacto, nos conviene tener interiorizadas. Esas habilidades por las que merece la pena someterse a un proceso de aprendizaje que será exigente, ésas a las que merece la pena dedicarles tiempo, esfuerzo y recursos. Ésas que, una vez adquiridas, nos permitirán ponerlas en uso casi sin pensar, con un nivel de solvencia muy elevado.

Y luego habrá una serie de habilidades “secundarias”. Aquéllas que sólo necesitamos poner en práctica de vez en cuando, y sin un grado elevado de exigencia. Aquéllas en las que podemos permitirnos “salir del paso”, aquéllas en las que no pasa nada si vamos lentos, o si no lo hacemos de forma excelente, o si tenemos que recurrir a buscar información o incluso a la ayuda de un externo.

No diría que ésta sea una categorización estricta, donde una habilidad es “nuclear” o “secundaria”. Más bien hablaría de un continuo, desde el “no tengo ni puta idea (ni falta que me hace)” hasta el “soy un experto de talla mundial”, en la que podríamos situar las habilidades según las necesitemos en nuestra vida. Y según lo necesaria que nos resulte esa habilidad merecerá la pena o no hacer el esfuerzo por aprender.

¿Cuáles son las habilidades “nucleares” que debes desarrollar?

Ya imaginarás la respuesta: depende.

Depende de ti, de tu actividad actual, y de cuál quieres que sea tu actividad en el futuro. “Cocinar” por ejemplo puede estar situada en ese continuo en el extremo más “secundario” (si vives en casa con tus padres y la comida te la ponen en la mesa, y como mucho tienes que calentar una pizza de higos a brevas en el microondas; y si un día te ves obligado a cocinar, sigues la receta y que sea lo que dios quiera) o en el más “nuclear” (si eres un chef en un restaurante de categoría, donde no sólo tienes que sacar los platos perfectos si no encima innovar y promover cambios a diarios).

Por tanto, de cara a plantearse cuáles son las habilidades que uno tiene que desarrollar, a cuáles merece la pena dedicar tiempo, esfuerzo y recursos para llevarlas al nivel “nuclear”, hay que partir de un análisis de qué tenemos y qué necesitamos. Un análisis que merece la pena, porque nos permite enfocar nuestros proyectos de aprendizaje en aquello que más impacto puede tener y sacar el mayor provecho de nuestra capacidad limitada de aprender.