[Entrevista] Jacobo Feijóo sobre aprendizaje, narrativa y juegos

Te traigo un nuevo episodio del podcast de Skillopment, en esta ocasión con Jacobo Feijóo. Jacobo se define como “diseñador de juegos, storyteller, copywriter”… pero es toda una fuerza de la naturaleza, que habla con pasión desbordante de todo lo que le interesa. Se autodefine como un “toxicómano del conocimiento”, y sobre esa base hablamos sobre aprendizaje, sobre la narrativa y cómo ésta es útil para aprender… y un montón de cosas más.

Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 00:50 – Presentación de Jacobo. ¿Cómo acaba un abogado de formación escribiendo novelas y dedicándose a diseñar juegos? Hablamos de perfiles poliédricos vs. la (mala) costumbre de intentar reducirnos a una etiqueta.
  • 05:15 – La comunicación como un elemento monolítico, único para todos… frente a la visión de la comunicación adaptada a cada persona y a cada momento. Somos cosas distintas para personas distintas en momentos distintos, y la mejor comunicación es la que mejor se adapta a esa realidad.
  • 08:30 – El uso de herramientas como la narrativa, los juegos… para facilitar el aprendizaje. Son mecanismos que permiten a los expertos transmitirles a los “no expertos” conceptos sin caer en la maldición del conocimiento.
  • 14:00 – Cualquier “arte” tiene sus herramientas, sus técnicas… que se pueden aprender, practicar… y así dar forma a los mecanismos de relojería que, desde fuera, parecen “arte de magia”. Precisamente hablamos de magia, de narrativa, de comedia… como ejemplos de artes que se pueden aprender.
  • 19:55 – Las herramientas funcionan por cómo se adaptan al funcionamiento de nuestro cerebro. Y lo mismo pasa con las herramientas para el aprendizaje, siempre asumiendo la existencia de preferencias individuales. Por eso es tan importante el autoconocimiento, para así diseñar nuestros procesos de aprendizaje “a favor” de nuestras características.
  • 27:25 – Dentro de ese autoconocimiento, uno de los elementos claves es entender cuáles son nuestras motivaciones. Hay quien aprende por estatus, otros por competición, o por curiosidad, o por ganar autonomía, o por reto…
  • 32:55 – El aprendizaje con esfuerzo vs. sin esfuerzo. Si no hay esfuerzo, es muy probable que sea un aprendizaje superficial y fácil de olvidar. Riesgo del aprendizaje cómodo y vacío… y cómo romperlo.
  • 40:25 – ¿No tenemos tiempo para aprender? ¿O, si queremos, podemos encontrarlo?
  • 45:05 – El carácter de puzzle del conocimiento, como los distintos aprendizajes que hacemos a lo largo de la vida tienen la capacidad de combinarse (a veces de forma inesperada, e incluso inconsciente). La importancia de crear nuestro mosaico referencial, de los conocimientos dispersos tan propios de los aprendiadictos.
  • 53:10 – Importancia de plantearse objetivos a corto plazo en el aprendizaje, dar pequeños pasos alcanzables… porque eso nos abre puertas, nos muestra hilos de dónde tirar… y a partir de ahí ya veremos por dónde avanzar de forma orgánica.
  • 59:15 – El aprendizaje como puertas que se abren, como generación de posibilidades que antes no existían, como ampliación del abanico de futuros posibles.
  • 1:01:05 – Jacobo cuenta los aspectos esenciales de su metodología Lean Gamification, los tres pilares que la sostienen (matemático, narrativo y emocional) y las herramientas que utiliza para aplicarla. Esta metodología se puede aplicar al diseño de juegos, formaciones, comunicación, productos…
  • 1:10:15 – Además de su presencia web, Jacobo cuenta su experiencia en el grupo de Telegram “Diseño narrativo”. Hablamos del aprendizaje social, y de cómo a través de la relación informal con otros surgen oportunidades constantes de aprendizaje de manera muy orgánica.
  • 1:17:35 – Finalizamos con una de las facetas curiosas de Jacobo, como autor de libros del estilo “elige tu propia aventura”, y de cómo en realidad el aprendizaje es una suerte de “elige tu propia aventura” para todos.

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¿Para qué quiero redes sociales?

Las redes sociales y yo

“Y tú, ¿para qué quieres redes sociales?”

Mi compañero Alberto y yo estábamos sentados en un chiringuito en Mallorca. Habíamos tenido una reunión por la mañana, y un avión nos esperaba unas horas más tarde. Habíamos aprovechado a comer, dar un paseo junto al mar, y sentarnos a tomar una cerveza mientras veíamos a la gente disfrutar de la playa.

La conversación transitaba, como de costumbre, por muchos sitios distintos. Y se paró en el tema de las redes sociales. Yo, tan “2.0”. Él, tan alérgico al tema. Creo que yo estaba intentando convencerle de que explorase un poco más su perfil digital. Y entonces fue cuando me hizo la pregunta.

redes sociales para que

Abrí este blog en 2004, dentro de poco se cumplirán 14 años (¡¡14 años!!). Después vinieron Facebook, Twitter o Linkedin. Más tarde, Instagram. Y más recientemente Youtube y los podcasts. Lugares todos ellos en los que publico contenido de forma habitual.

Se supone que, a estas alturas, debería haber un “para qué” bien definido. Sería lo esperable para algo que hago de forma tan frecuente, y que debería marcar (eso dicen los gurús) lo que hago y lo que dejo de hacer. Y sin embargo, no es algo que nunca haya sido capaz de acotar y poner “negro sobre blanco”.

Así que hoy, aprovechando que estaba dándole una vuelta (una más) al diseño del blog, la portada, las secciones… me puse a hacer la reflexión, intentando clarificar “para qué quiero las redes sociales”.

Motivos para mantener mis redes sociales

Estos son los elementos que he identificado como relevantes para mí a la hora de enfocar mi presencia en redes sociales:

  • Son un ejercicio de autoreflexión: publico cuando algo me interesa o llama mi atención. Me obliga a estructurar aunque sea mínimamente mi razonamiento, a buscar y ordenar información, a explorar un poco más allá de la superficie.
  • Son un ejercicio de estilo: para escribir, para el lenguaje hablado, para el audiovisual, para hacer sketchnoting, para las fotos… cuando publico no estoy entrenando solo “el fondo”, también “la forma”. Publicar es una excusa para afilar mis capacidades.
  • Son un altavoz de ideas: no se trata de “ser la referencia mundial” en nada, ni de “cambiar el mundo”. Pero si con mi labor puedo hacer que una serie de ideas, recursos, herramientas, reflexiones… que creo que pueden ser útiles y positivas lleguen a otras personas, creo que merece la pena hacerlo. Se trata de hacer de “infomediario”, de amplificar esas ideas y hacérselas llegar a las personas (muchas o pocas) que me lean. De sembrar, dentro de mis posibilidades, lo que creo que merece la pena.
  • Son un medio para relacionarse con gente afín: llega alguien, te lee, compartes un par de conversaciones… el contenido es una excusa estupenda para iniciar y mantener relaciones con personas afines. No se me puede olvidar la cantidad de gente guay que he conocido a lo largo de los años gracias a todo esto.
  • Son un escaparate de mi marca personal: porque expresas lo que te interesa, porque muestras tu forma de ser y de pensar, de qué pie cojeas… no, no es una marca personal al estilo de “tengo definido mi producto y mi público objetivo y me diferencio de mis competidores y me posiciono para que me compren”, sino la de “este soy yo, así soy con lo bueno y con lo malo… ¿me ajuntas?”. Hace tiempo alguien dijo “no sé bien a qué se dedica, pero Raúl es alguien con quien me gustaría tomarme una cerveza y charlar”. Y me encantó.

No-motivos para mantener mis redes sociales

  • Satisfacer el ego: a ver, a nadie le amarga un dulce y una palmadita en la espalda. Pero la carrera por ser un “influencer” (en su día lo llamábamos A-list bloggers :D), por tener muchos likes y muchas visitas… no, no creo que sea una medida de éxito. Vale más una conversación individual de calidad con alguien afín que un volquete de likes.
  • Posicionarme como producto: no. No es mi objetivo, y eso que a veces he coqueteado con ese “lado oscuro” que tanto se promociona desde la visión del “marketing online” y de la “marca personal”. No quiero posicionarme ni como experto en aprendizaje, ni como consultor, ni como coach, ni como nada. No quiero ser un “producto” para un “público objetivo”. Soy una persona completa, un knowmad, que tiene su actividad y sus inquietudes profesionales y también personales, y que quiere compartirlas con libertad sin estar pensando si esto “contribuye al negocio o no”. Que tiene curiosidad y múltiples intereses, y que quiere compartir su viaje. “Diarios de un knowmad”, como título para el blog, me gusta cada vez más. ¿Que luego surge un proyecto concreto en el que cabe hacer un enfoque más “de negocio online”? Pues tendrá que tener su propio espacio.
  • Ganar dinero: consecuencia lógica de las otras dos. Ni por volumen, ni por “infoproductos”, ni por “servicios”. Por supuesto, si derivado de mi actividad en las redes surge alguna posibilidad de involucrarme en algo lucrativo… ¡perfecto! ¿Una charla? ¿Un taller? ¿Un proceso de coaching con alguien afín? ¿Un proyecto de consultoría? ¡Hablemos! Pero una cosa es que de tu actividad (y de las relaciones derivadas) surjan oportunidades, y otra es poner tu actividad al servicio de ese objetivo de lucro…

Cada red tiene su matiz

No todas las redes son iguales. En cada una hay una audiencia, un contexto. El blog, el podcast, youtube… son los sitios donde más “conscientes” son los contenidos. Linkedin es una versión “más reducida”, muchas veces sirviendo como altavoz de lo que he rumiado en los anteriores especialmente con matices más “profesionales”. Twitter es más “la máquina del café”, donde se mezclan reflexiones al vuelo y chascarrillos. Facebook tiene un carácter más personal (y cada vez menos peso), e Instagram más visual (aunque con las Stories a veces voy experimentando).

Pero en conjunto, con sus matices, todas forman parte de una misma forma de ver las redes sociales. Son una extensión online de mis inquietudes, un escaparate de lo que soy, y un “mensaje en la botella” que, con suerte, me permite conectar con otras personas interesantes.

Ideas pegajosas

Qué es una idea pegajosa

Tienes una idea. Una buena idea. Y quieres que los demás la entiendan, la recuerden y a ser posible la compartan. Pero… ¿qué es lo que hace que unas ideas cuajen y otras no?

En el libro “Made to Stick”, sus autores usan el concepto de “ideas pegajosas” para referirse a las ideas que logran ese objetivo. Y plantean que no es fruto de la casualidad, ni de que alguien tenga un determinado talento o “arte”, sino que existen una serie de recetas para hacer que tus ideas se entiendan, se recuerden y se propaguen.

En este empeño debemos luchar contra un enemigo poderoso: la maldición del conocimiento. La maldición del conocimiento es esa tendencia a dar por hecho que todos saben lo que nosotros sabemos, y que por lo tanto nos entienden con facilidad… cuando normalmente no es así.

Cómo conseguir que tus ideas se peguen

En el libro se plantean hasta seis elementos que contribuyen a conseguir ideas pegajosas:

  • Lo simple: porque si cuentas tres cosas, el mensaje se diluye. Hay que elegir la historia que quieres contar, y ceñirte a ella.
  • Lo inesperado: porque el cerebro filtra y no presta atención a lo que le suena “lo normal”. Así que hay que capturar su atención haciendo algo diferente.
  • Lo concreto: porque la abstracción es el lujo de los expertos, y hay que bajar las cosas a la tierra para que “el común de los mortales” nos entienda.
  • Lo creíble: porque las ideas necesitan un respaldo (de una autoridad, de personas en quienes confiemos, de estadísticas, de la propia experiencia…)
  • Lo emocional: porque, si queremos generar acción, necesitamos provocar emoción.
  • Lo contado en forma de historia: porque las historias son como un simulador para el cerebro; no es como vivirlo en realidad, pero es la segunda mejor opción.

Simple. Unexpected. Concrete. Credible. Emotional. Stories = SUCCESs

Resumen gráfico de “Ideas que pegan”

Resumí las ideas del libro en este “sketchnote” (algo que debería hacer más)… y hay que reconocerles a los autores del libro su habilidad “predicando con el ejemplo”, porque han conseguido que sus ideas “se me peguen”.

Tengo una oportunidad profesional: ¿qué hago?

Hoy publiqué un podcast un poco diferente a lo habitual. En vez de ser una reflexión genérica, más o menos inspirada en cosas del día a día, se trata de una “reflexión concreta”. Resulta que ha aparecido en el horizonte una oportunidad profesional que, en los últimos días, me está haciendo rumiar de lo lindo. Baste decir que es la primera vez, en los últimos… ¿12 años?… que me estoy planteando en serio volver al redil corporativo

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Me pedía el cuerpo hacer la reflexión en voz alta, y eso he hecho.

¿Qué factores intervienen en la rumiación?

  • Lo económico (son unas condicionas majas, aunque luego te pones a quitar costes asociados y se limita un poco…)
  • El potencial de aportación de valor (al menos a priori la actividad encajaría en gran medida con cosas en las que yo puedo ser útil)
  • El impacto en el estilo de vida (básicamente volvería a gravitar de forma mucho más intensa en Madrid, base de operaciones incluida, con la familia en Aranda… con todo lo que eso supone)
  • Mi ambivalencia respecto al entorno corporativo (con una parte positiva, relacionada con lo social, con tener una organización que tira de ti… y otra negativa relacionada con la pérdida de grados de libertad, acrecentada por tantos años asilvestrado por mi cuenta)
  • El miedo (¿y si voy por ello, y sale mal? ¿y si no voy por ello y sale mal?)
  • El reconocimiento (está guay que haya quien te reconoce un valor)
  • Las posibles alternativas (“si no hago esto… ¿qué? ¿lo que estoy haciendo me satisface? ¿es sostenible? ¿qué tengo que hacer para que lo sea? ¿tengo lo que hay que tener?”)
  • Cómo afecta a otras personas
  • Cómo afecta a la identidad que he ido construyendo todo este tiempo (¿es una renuncia? ¿una contradicción?), o a mis “proyectos alternativos” (o a la posibilidad de tenerlos)
  • Cuánto de lo que hago es inercia y cuánto decisión consciente
  • Si es (o no) una decisión hell yeah, si “hell yeah” es un criterio realista o una fantasía escapista

Decía en un tuit que “Hay decisiones evidentes para las que no hace falta usar ninguna herramienta de “toma de decisiones”. Y hay otras complejas que ninguna herramienta te va a solucionar…” Y ésta es una de ellas.

Y aunque esto de rumiar puede ser (y lo es) agotador… también es una oportunidad de repensar cosas, una “piedra de toque” que debe servir para romper la inercia y tomar decisiones conscientes.

¡En esas estoy!

Cuando no hacemos lo que hacemos

¿Qué es lo que hacemos?

“Somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos”

Espera, ¿qué es este trabalenguas?

Tiene sentido. Creo. A ver si soy capaz de explicarlo.

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Hablábamos el otro día mi amigo/compinche Alberto y yo. Hacíamos revisión de estos últimos meses de trabajo conjunto, y uno de los elementos que salían a la palestra era la “productividad”, o mejor dicho, el volumen de horas “efectivamente trabajadas”.

En consultoría, a la hora de hacer el reporte de horas, había un concepto que era el de “cargabilidad“. De todas las horas de tu jornada laboral… ¿cuántas son directamente imputables (“cargables”) al cliente? Obviamente, desde el punto de vista de la empresa, el ideal sería el 100%; ése sería un recurso aprovechado hasta el último segundo. Cuanto más alejado estés del 100%, más problemas… quiere decir que muchas de tus horas “no las está pagando el cliente”. Y si eso se generalizaba, o duraba mucho tiempo… estabas en peligro.

Baja cargabilidad

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La cuestión es que, si tomásemos esa medida de “cargabilidad”, la nuestra podríamos decir que es baja. O sea, que el tiempo dedicado a sesiones de trabajo con el cliente, a elaboración de documentos, a trabajo “tangible”… podría ser mayor. Hay tiempo dedicado a la lectura, a pasear, a estar con la familia, a rumiar, a explorar, a divagar… y ahí es donde vino la frase: “somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos”.

“Lo que hacemos” es el trabajo para los clientes. Lo “facturable”.

“Lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos” es todo lo demás. Y la tesis es que, para hacer bien “lo que hacemos”, es importante dedicar tiempo a “lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos”.

¿Y qué hacemos cuando no hacemos lo que hacemos?

Si la cargabilidad es baja, si hay muchas horas que no dedicamos a “hacer lo que hacemos”… ¿A qué dedicamos el resto del tiempo?

  • Prepararnos: cada reunión, cada sesión de trabajo, cada documento… conlleva tiempo de darle vueltas, de plantear enfoques alternativos, de planificación. Por eso, cuando llega el momento, las cosas salen bien.
  • Reflexionar: después de cada interacción con el cliente hay un tiempo para pensar, para hacer una retrospectiva y ver qué fue bien, qué podríamos hacer diferente, cómo conseguimos que la siguiente vez sea mejor. Eso beneficia a este cliente en concreto (si hay más interacciones), y a los que vengan después.
  • Formarnos: porque la vida es un aprendizaje continuo, porque no te puedes quedar atrás. Hay que leer, hay que practicar, hay que seguir profundizando en tus conocimientos y habilidades, ampliando tu caja de herramientas… para estar en la mejor disposición posible cuando llegue el momento de ponerlas en acción.
  • Explorar: porque el mundo no deja de girar, y de generar novedades. Hay que estar con un ojo abierto en lo que sucede, para ver por dónde van las tendencias, qué cosas puedes incorporar a tu forma de ver el mundo, cómo afectan a lo que haces…
  • Experimentar: plantearte cosas nuevas, darles forma, ver qué tal salen… algunas cuajan, otras no. Pero si no dedicas tiempo a esto, luego no puedes esperar que las cosas aparezcan de la nada.
  • Diverger: dedicar tiempo a otras cosas que a priori no tienen nada que ver. Satisfacer nuestra curiosidad por otros sectores, otras actividades. Ficción. Música. Viajes. A veces el silencio. Nunca sabes dónde la serendipia te va a ofrecer conexiones; o, simplemente, oxigenas y dejas que el cerebro vaya trabajando en segundo plano.
  • Conectar: cuidar tus relaciones. Tu familia, tus amigos. Tiempo para estar con ellos, para escucharles, para ayudarles, para compartir. Tu red social (la de verdad, no la de las apps) es tu sostén, fuente de energía, y también (a veces) fuente de oportunidades.
  • Reconectar: con nosotros mismos. Con nuestro estado emocional, con nuestros valores, con nuestros objetivos, con nuestros hábitos. Parar, escuchar, y gestionar. Consciencia para dirigirnos a nosotros mismos.
  • Movernos: mens sana in corpore sano. Mover el cuerpo, sacarlo a la calle, ejercitarlo, exponerlo al sol y al aire fresco. Afilar los sentidos y el pensamiento.
  • Descansar: dormir, relajarse, recuperar. Alejarnos del mundanal ruido siguiendo, como decía Fray Luis de León, la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

El delicado equilibrio

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Todas estas cosas contribuyen a que, cuando “hacemos lo que hacemos”, salga bien. Estamos descansados, frescos. Equilibrados con nosotros, con nuestro entorno. Preparados, con nuestras herramientas afiladas, con atención plena. Con capacidad de incorporar aprendizajes, evolucionar, mejorar. Y cada vez mejor.

Claro, todo necesita de un adecuado término medio. Porque dedicar todo tu tiempo a “producir” hace que, más pronto que tarde, acabes fundido, obsoleto, desanimado. Pero dedicar todo tu tiempo a “todo lo demás” será muy estimulante, pero no te da de comer.

La cuestión es… ¿dónde está tu equilibrio?