Bloggers, notas de prensa y demás historias

Los blogs son un objetivo muy apetecido por las empresas de publicidad: “he oído que se puede hacer publicidad gratis en los blogs”. Claro, un blog habla de tu producto… y obtienes una cierta repercusión (mucha o poca, depende del blog, pero existe; y además se supone que mucho más efectiva al ser alguien “de confianza” quien da su opinión). Mientras tanto, poner un anuncio en la tele o una cuña en la radio cuesta una pasta, cada vez tiene menos repercusión (los medios tradicionales pierden peso, los mensajes indiscriminados ceden espacio en la mente del consumidor a los mensajes filtrados por el “círculo de confianza”). Así que normal que estén como locos por meterse en el mundo de los blogs.

Pero claro, las empresas entran como elefante en cacharrería. Se piensan que esto de los blogs no son más que una extensión de los medios tradicionales, con su “toma y daca” en materia de publicación de noticias. Y emplean las mismas tácticas que con ellos: os enviamos nota de prensa, os invitamos a rueda de prensa… y ya publicáis algo. Pero donde antes había 5 periódicos, 5 radios y 5 teles (susceptibles de ser manejados razonablemente bien por un departamento de comunicación), ahora hay cientos, miles de “micromedios”. Y un departamento de comunicación no va a atender a cada uno de ellos personalizadamente. Así que venga, recopilemos direcciones de email… y hagamos spam, a ver si alguien nos publica algo.

Viene esto a cuento de un artículo que escribe Antonio Delgado en Soitu, titulado “Querido blogger: ¿Tanto te molestan mis notas de prensa?“, con cuatro visiones muy razonables sobre la cuestión (aunque alguno en concreto debería aplicarse su propia teoría, porque es un spammer redomado; a mí me llegan notas de prensa firmadas por él cada poco tiempo, con temas absolutamente irrelevantes y absurdos; se van a la carpeta de spam, pero me fastidia que se las dé de experto).

Pues éste es mi mensaje para las agencias:

A ver, señores. Que mi blog es un espacio PERSONAL. Que entiendo que a ustedes les pueda interesar que yo hable gratis de sus productos para que los que me leen (muchos o pocos da igual; siendo gratis, todo suma) reciban un impacto publicitario sin que les cueste un duro. Incluso entiendo que crean que, por la temática habitual de mi blog, los lectores puedan estar segmentados y ser un perfil atractivo. Pero ése (publicidad gratuita) es el interés de USTEDES. A mí no me interesan lo más mínimo sus productos. No quiero hablar de ellos bajo ningún concepto. Yo hablo de mi día a día. Y si menciono algún producto o servicio en mi blog, es porque es algo que he usado en mi vida real, o que me ha llamado la atención en mi vida cotidiana. Pero NUNCA por el esfuerzo (o la brasa) de una agencia de comunicación. Si quieren publicidad, hay unos bonitos espacios publicitarios que les puedo dejar a muy buen precio. Pero no voy a contarle a la gente que confía en mí las bondades de sus clientes por su cara bonita. No tengo que rellenar x páginas o x minutos al día (y por lo tanto, meter contenidos “de relleno”), ni tengo ninguna estructura de costes para mantener mi blog (ni el contenido, ni el soporte). En definitiva, no hay ni un solo motivo para que hable de ustedes, de sus clientes y de sus productos y servicios.

Entiendo a las agencias. Les pagan para promocionar sus productos. Cuanta más repercusión, al menor coste, mejor. Pero deberían olvidarse de los blogs, los blogs no son el camino. Me atrevería a decir que ni siquiera los comerciales (donde puede tener algo más de sentido el envío de noticias relacionadas con su temática; pero aun así, lo habitual es que haya un equipo de editores que decida cómo tratar los temas en función de su interés y se ignoren las notas de prensa indiscriminadas), y desde luego ni de coña los personales.

Que no somos medios de comunicación, que sólo somos pelotudos con blog. ¿O es que a alguien se le ocurriría ponerse en medio de la plaza abordando a cuanto viandante la cruza para decirle “eh, ¿por qué no vas y les cuentas a tus amigos y conocidos lo maravilloso que es el producto de mi cliente? No importa que no lo conozcas, simplemente repitele este argumentario que te doy. Hazlo por mí…”. Pues esto es exactamente lo mismo.

La única forma de que en un blog personal se hable de un producto, servicio o empresa es involucrándose mucho en el día a día del blogger en particular. Conociéndole, interactuando con él. Al final, si surge una sintonía, es posible que en algún momento te mencione. Pero no como “publicidad” de tu producto, sino casi como referencia a “mi amigo fulanito, que está embarcado en el proyecto X”.

“Es que eso cuesta mucho tiempo y esfuerzo (y por lo tanto dinero)”, dirán las agencias. Pues sí, ya imagino. Pero es lo que hay. Es la única forma de que funcione. El spam es muy barato y rápido, pero simplemente no funciona, e incluso genera un posicionamiento negativo. ¿Que es una situación difícil, una putada? Lo entiendo. Pero no es mi problema.

Ismael hace una lista de “no me envíes notas de prensa si…“, y que Eduardo amplía. Pues bien, a esa lista yo le quitaría el condicional. Simplemente, no me envíes notas de prensa. Ólvidate. Mis posts no son el vehículo para tu publicidad, ni pagada ni sin pagar. Punto pelota.

80 horas a la semana

Es el recuerdo que tengo de una presentación de empresas en mi universidad. Allá por quinto de carrera, se acercaban a la facultad, coordinados por la Asociación de Licenciados, una serie de empresas a presentarse como empleadores y a recoger curricula. Un claro ejemplo de “win-win”: la universidad da apariencia de “sitio molón con capacidad de atraer empresas buenas y con interés en colocar a sus alumnos”; los alumnos pueden conocer de primera mano algunas empresas interesantes y tener un “atajo” en el proceso de selección; y las empresas pueden pescar candidatos en un “caladero” a priori interesante para ellos.

Si no recuerdo mal, la empresa era Goldman Sachs. Empezaron con una presentación a la que llamaban “Eyes wide open”. Y luego, un empleado y a la vez antiguo alumno contaba su experiencia en la empresa. “Es un trabajo apasionante, muy bien pagado, pero tendréis que trabajar muy duro”, decía, “las jornadas pueden ser de 80-90 horas a la semana”.

80-90 horas a la semana. Yo hice mis cálculos. Eso vienen a ser unas 14 horas al día, trabajando de lunes a sábado. Y 14 horas al día supone entrar a las 9 y salir a las 23. Súmale desplazamientos. Apenas da para dormir unas 6-7 horas. De ocio o vida social, por supuesto… ni hablamos.

Por supuesto, dí mi curriculum a esta empresa, y a otras del mismo pelo que se presentaron allí. Banca de inversión, grandes consultoras estratégicas. A pesar de todo, trabajar en ellas era el summum del prestigio; sólo cogían a los mejores, y a mí, qué demonios, siempre me ha gustado saberme de los mejores. Lo cierto es que en todas me rechazaron, pese a tener un expediente más que notable (mejor que algunas de las personas que sí que cogieron). En su momento lo viví con una cierta frustración; “¿esto quiere decir que no soy de los mejores?”. Pero con el tiempo me dí cuenta de que había sido lo mejor que me podía haber pasado. Cuando algunos amigos que sí que fueron seleccionados me contaban su experiencia allí, no me daban envidia. Sí, su trabajo era muy interesante. Sí, se movían a niveles organizativos altísimos. Por supuesto, la pasta que ganaban era indecorosa. Pero su vida era todo trabajo, excepto por breves lapsos de tiempo en los que relacionarse a toda velocidad con otros como ellos.

Y para ser honestos, eso de “entréganos tu vida y te haremos de oro” no va conmigo. Supongo que, de alguna manera, es algo que detectaron en los procesos de selección. Yo no era un buen candidato, porque no hubiera soportado el intercambio. Podría haber ido allí, intentar hacer ese trabajo… pero me hubiera rendido enseguida.

Por supuesto, en mi experiencia laboral he trabajado lo suyo. En ocasiones puntuales, las jornadas se han alargado bastante. Pero siempre ha estado dentro de los límites de lo razonable. No he ganado tanto dinero, ni he tenido unas experiencias tan apasionantes. Pero creo que encontré un equilibrio más adaptado a mi personalidad, en el que trabajo y no-trabajo encontraban su espacio.

Aunque quizás sólo sea una racionalización de mi frustración… :)

Twitter y otras herramientas de comunicación: enriqueciendo las relaciones personales

Estaba escribiendo un comentario en esta entrada de Enrique Dans, pero ha crecido hasta convertirse en entrada propia.

El caso es que un comentarista dice que “Resulta triste ver cómo en la era de las comunicaciones, la gente tiene cada vez menos amigos ‘corporales’ y más amigos ‘virtuales’.” Y me ha dado rabia. Porque parece que, con esta perspectiva, utilizar un canal de relación “virtual” (que no sé por qué lo llaman virtual, cuando es tan real como cualquier otro… ¿o es que el teléfono o a las cartas también son virtuales?) hace que las relaciones personales tengan menos valor. Que las únicas relaciones personales que valen la pena son las “físicas”.

Y no creo que sea así en absoluto. Que no, que no hay diferencias, yo tengo amigos, o conocidos, o gente que siento afín. Y punto, no hay un “apellido”. Con algunos de ellos interactúo más por unos canales (en persona, por teléfono), y con otros por otros. Pero no son más o menos amigos en función del canal, eso es ridículo.

El email, el blog, el messenger, el twitter, el flickr, el facebook y cualquier otra herramienta de este tipo son solo eso, herramientas. Herramientas que, en mi opinión, sirven para enriquecer y fortalecer las relaciones personales. Me permiten estar en contacto con personas con las que, por cuestiones de distancia o de agenda, no sería posible hacerlo de otra manera. Además, permiten hacerlo de una forma mucho más flexible, asíncrona y enriquecida.

Y en ningún caso sustituyen al contacto “físico”. Pero si nos limitásemos al contacto “físico”, nuestras relaciones sociales serían infinitamente más reducidas en cantidad y calidad. Sólo podríamos tener contacto con nuestro entorno más directo (la gente de nuestro barrio, nuestro pueblo…), salvo que tuviésemos disponibilidad para desplazarnos (tiempo y dinero). Sólo podríamos mantener el contacto cuando a la otra persona y a nosotros nos viniese bien hacerlo a la vez. Sería mucho más difícil conocer nuevas personas (sólo si nos las presentan “en vivo” alguna de las personas a las que conocemos). Sólo podríamos ver sus fotos cuando fuésemos a su casa a que nos enseñase los álbumes, o ver sus videos organizando una cena tras la cual nos apoltronamos en el sofá. Etc.

Por supuesto, todas esas cosas se pueden seguir haciendo, y de hecho se siguen haciendo. Pero ADEMÁS se pueden hacer muchas más que antes no se podía, dando como resultado muchas más relaciones, más intensas, más variadas, más interesantes.

Me pregunto si en el siglo XVII a los que gustaban de escribirse cartas con gente de otros países les mirarían mal por “tener amigos virtuales en vez de relacionarse como dios manda”, o si a quien usaba el teléfono a mediados del siglo XX les abroncarían por “no tener amigos corpóreos”. ¿Es tan difícil de ver que es exactamente lo mismo? Nuevos canales que nos permiten comunicarnos. Nada más.

De hecho, como ya he contado alguna vez, me encantaría poder utilizar estos canales con todos mis amigos. Siento que, sin poder utilizarlos, las relaciones son mucho menos ricas de lo que podrían ser.