Diez razones por las que “eres un paquete”

El otro día me encontré en Youtube con este vídeo en el que un profesor de guitarra extrae de su experiencia “diez razones por las que eres un paquete tocando la guitarra“. Lo curioso es que, cuando le escuchas, te das cuenta de que “la guitarra” es circunstancial. Porque estas diez razones son en su gran mayoría extrapolables a cualquier aprendizaje en el que estés trabajando.

¿Cuáles son estas diez razones?

  • Falta de práctica: hay que dedicar tiempo a practicar, y eso es una cuestión de hábitos, de rutina, de motivación, y de integrar la práctica en nuestro día a día.
  • Quedarse en la superficie: tenemos tantas opciones, tantos recursos a nuestra disposición, que nos pasamos la vida picoteando de aquí para allá, probando una cosa detrás de otra, sin dedicar el tiempo suficiente a cada una como para realmente aprenderla.
  • Práctica descuidada: practicamos de cualquier manera. Rápido, sin prestar atención a los detalles… y así, nuestro tiempo de práctica es muy ineficiente. La práctica tiene que ser deliberada: lenta, metódica, detallista.
  • No disfrutar del proceso: a veces, por “aprender”, nos sometemos a actividades que no nos reportan ninguna satisfacción. Y ese es un contexto en el que el abandono crece de forma exponencial. Hay que buscar un entorno donde el esfuerzo sea también disfrutable.
  • Mal equipamiento: para aprender no necesitamos el “tope de gama”, pero sí un equipo suficiente que no nos suponga una barrera adicional.
  • Estrés: estamos sometidos en nuestro día a día a tantas exigencias que ese estrés acaba afectando también a nuestro proceso de aprendizaje, impidiendo que disfrutemos de él. Se trata de hacer que nuestro aprendizaje suponga un periodo de relajación, de aislamiento respecto al resto de exigencias del día a día.
  • No sabes aprender: porque nadie nos ha enseñado nunca cómo aprender, y no hemos dedicado tiempo a conocer cuál es la mejor forma de hacerlo.
  • Perdemos oportunidades de aprender: el día a día nos ofrece muchas oportunidades de aprender, muchas reflexiones que podemos aprovechar. Tenemos que estar atentos para sacarles partido.
  • Nos saltamos el ABC: porque lo damos por sabido, porque nos parece “obvio”… y al final no dedicamos el tiempo suficiente a poner unos cimientos sólidos a nuestro aprendizaje.
  • Falta de confianza: porque cuando somos aprendices somos vulnerables, tenemos la sensación de que “somos malos”, y eso limita nuestra capacidad de crecer. Tenemos que adquirir confianza poco a poco, asumiendo retos adecuados a nuestro nivel, y con confianza de que vamos avanzando.


[Vídeo] Mentalidad fija vs. mentalidad de crecimiento

¿Qué es la mentalidad fija? ¿Y la mentalidad de crecimiento? ¿Qué influencia tienen en tu capacidad de desarrollo?

Estos conceptos fueron popularizados por la psicóloga Carol Dweck en su libro Mindset, y reflejan dos modelos mentales alternativos que explican cómo podemos ver a los demás y a nosotros mismos en términos de aprendizaje.

Por un lado tenemos la mentalidad fija. Quienes tienen ese tipo de mentalidad creen, de una manera un tanto determinista, que cada uno tenemos una serie de talentos. Hay cosas que se nos dan bien por naturaleza, sin esfuerzo aparente; y hay otras cosas que simplemente se nos dan mal, para las que no estamos dotados. Eres bueno, o eres malo. Y nada de lo que hagamos cambiará esa realidad.

La mentalidad fija es muy dañina para el desarrollo y el aprendizaje. Porque si hay algo en lo que crees que eres bueno, tenderás a relajarte: ¿para qué vas a esforzarte, si ya se te da bien por naturaleza? Además, “soy bueno en esto” forma parte de tu identidad. Y por lo tanto tenderás a exponerte lo menos posible a situaciones donde esa parte de tu identidad se vea amenazada. No saldrás de tu zona de seguridad, no te enfrentarás a nuevos retos donde puedas fallar, porque eso significaría que “no eres bueno”.

Y si ya crees que “eres malo”… ¿para qué molestarse en intentarlo? No tiene sentido. Y si por casualidad un día lo intentas, lo más probable es que falles… y entonces tu percepción de que “eres malo” se refuerza, “lo ves, si ya lo sabía yo”, “quién me mandaría a mí”.

Por contra, quienes tienen mentalidad de crecimiento ven su situación, sea la que sea, como un momento puntual dentro de un proceso de desarrollo. Si algo se te da bien no es por un talento innato, si no porque a lo largo del tiempo has trabajado, te has esforzado y has mejorado. Y si quieres seguir creciendo tienes que seguir trabajando y esforzándote. Y si algo se te da mal no pasa nada, es normal, nadie nace aprendido. Trabajando y esforzándote serás cada día un poco mejor.

Para quien tiene mentalidad fija, ser “bueno” o “malo” es una etiqueta que se asocia a la persona de forma indeleble. Para quien tiene mentalidad de crecimiento, es una situación circunstancial, susceptible de cambiar.

Mientras que para los de la mentalidad fija el acierto o el error son la prueba evidente de si eres bueno o malo, para los de la mentalidad fija son simples síntomas de un proceso de crecimiento. Fallar no significa que seas malo, si no que estás aprendiendo.

Es muy importante pararse a darse cuenta de qué mentalidad es la que predomina en nosotros cuando nos hablamos a nosotros mismos o a los demás. Nuestras actitudes, nuestras palabras… pueden ponernos en situación de bloqueo o, por el contrario, activar una forma de ver el mundo que nos facilite el crecimiento y el desarrollo.

Más información | Carol Dweck explica su teoría en esta charla en Google

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Tecnología y aprendizaje: donde la tecnología no llega

Hoy escribo en el blog de Javier Leiva. Javier profundiza cada día más en la tecnología como medio para el aprendizaje y la enseñanza, y se me ocurrió hacer un poco de “abogado del diablo” con él. Porque sí, la tecnología nos puede ayudar de mil y una maneras a la hora de aprender y desarrollar nuestras habilidades, pero hay un punto fundamental al que no llega.

Cuando me paro a pensar, creo que la capacidad de la tecnología para resolver esas dificultades es limitada. Porque no se trata de un problema externo, si no de un problema interno. Un problema de visión, de saber qué queremos aprender, y sobre todo por qué y para qué queremos aprenderlo.

Podéis leer el artículo allí: Donde la tecnología no llega



La clave para hablar en público

Comunicación eficaz

En la entrevista que hice hace unas semanas a Gonzalo Álvarez Marañón, entre las muchas cosas de las que hablamos, surgió esta reflexión que se me quedó dando vueltas respecto a una de las claves para hablar en público. O para comunicar, en términos generales.

Decía Gonzalo que la comunicación eficaz se produce cuando acertamos con el “sweet spot”, esa intersección entre dos cosas: lo que a ti te apasiona contar y lo que les aporta valor a quienes te escuchan.

La primera parte es fundamental. Si lo que vas a contar no te interesa a ti… ¿cómo narices pretendes interesar a otros? Puede parecer algo de perogrullo, pero si lo piensas bien… ¿cuántas veces tienes la sensación de que el que da una charla lo hace “por compromiso”, “porque le ha tocado”? De hecho, ¿cuántas veces te ha pasado a ti? Que te has visto medio obligado a preparar una charla de algo que en realidad te ilusiona más bien poco… Así que el primer paso es ser un poquito autocríticos y selectivos. Decir NO a la idea de dar una charla “por compromiso”, y solo subirse a un escenario (o hacer una entrevista, o colgar un vídeo en youtube o escribir un post…) cuando realmente tengas ganas de contar tus ideas.

Pero claro, eso hay que combinarlo con la otra parte. Porque esto no va de “gustarse a uno mismo”. Si comunicas no es por ti, si no por los demás. Si no les aportas ningún valor, es como si no hubieras hecho nada. Tiempo perdido, una bala desperdiciada. Así que hay que esforzarse por ponerse en el lugar del otro (aquello de “conoce a tu audiencia”), y pensar qué puedes ofrecerles tú que les aporte valor. Ahí es donde está la clave.

Sobre eso, entonces sí, puedes construir. Pensar en el diseño de tus diapositivas, en tu lenguaje no verbal, el storytelling, la apertura y el cierre, y otros tantos elementos “tácticos” que harán mejor tu comunicación. Pero no olvides que el alma, los cimientos, lo que va realmente a marcar la diferencia… es esa intersección entre tu pasión y el valor que recibe quien te escucha.



¿Son mis hijos? ¿O soy su padre?

Imagen engañosa

Siempre me han fascinado este tipo de imágenes. ¿Qué ves en ella? ¿Quizás un hombre mayor, una especie de general, mirando de perfil? ¿O dos campesinos apostados bajo un arco? ¿O son las dos cosas a la vez?

Hace poco me venía a la mente esta metáfora pensando en mis hijos. Quiero decir, desde que nacen son eso, “tus hijos”, unos apéndices (muy importantes, por supuesto) de una vida en la que tú eres el protagonista. Y así sigue siendo a medida que van creciendo. Pero hay momentos, cada vez más frecuentes, en los que les observo y me doy cuenta de que ellos ya no son mis hijos, sino que yo soy su padre. Es decir, empiezo a verme a mí mismo como un apéndice de las vidas que ellos protagonizan, y no al revés. Como en el cuadro, la realidad objetiva es la misma, pero depende de cómo la mires el significado es uno u otro.

Observo este fenómeno con fascinación, y siento curiosidad por ver cómo ese cambio de perspectiva va modificando la dinámica de la relación. ¡Espero estar a la altura!



Pues en eso tienes razón

Ayer coincidió que me pilló el debate de la moción de censura viajando en coche. Y no sé qué pasó en mi cerebro, pero estaba eligiendo canal de radio para hacerme compañía y pasé por RNE1 donde lo estaban emitiendo… y lo dejé. Estuve escuchando un par de horas mientras conducía, un ratito al uno y otro ratito al otro. Luego, por la tarde, alguna otra intervención.

Me pasa, en estas situaciones, que me siento un bicho raro. Escucho las intervenciones de unos y de otros y pienso: “mira, pues en eso tienes razón“. Y me siento un ser extraño. Porque tengo la sensación de que no es lo habitual. Que en este mundo de polaridades nadie dice “pues en eso tienes razón” al otro. El otro está equivocado por definición. En todo. Y punto. El otro es una etiqueta, el villano de tu narrativa, y no puede tener matices.

Y qué pena, ¿no? Con lo bonito (y útil) que sería que la gente se dijese “pues mira, en eso tienes razón”. Aunque eso supusiese bajarse de la burra. Y encontrar posiciones de consenso, y construir a partir de ahí.

Pero no. Al otro hay que negarle el pan y la sal. Darle la razón, aunque sea de casualidad, te hace parecer débil a ti.



El difícil salto de fe hacia lo nuevo

Hace unas semanas tuve la ocasión de compartir un rato en el grado LEINN que se desarrolla en las instalaciones de Teamlabs en Madrid. Estuve invitado por Thibaut Deleval aprovechando que uno de los grupos a los que tutorizaba iba a discutir las ideas de Skillopment. Fue una experiencia muy enriquecedora e ilusionante para mí, ver cómo las ideas que había plasmado en el libro resonaban en chavales de una forma tan concreta.

Curiosamente, parte de la conversación giró también entorno a lo difícil que es autogestionarse en un entorno de incertidumbre. El modelo que plantea en LEINN tiene mucho de innovador: frente al modelo de formación más tradicional, se fomenta mucho el trabajo práctico (de hecho los chavales tienen que poner en marcha su propio proyecto empresarial, y de su funcionamiento depende en parte su evaluación), la responsabilidad del alumno a la hora de dirigir su propio aprendizaje (“no hay profesores, si no entrenadores”) y la reflexión y el intercambio de ideas. En este contexto, los chicos y chicas expresaban algunas inquietudes que me resultaron muy familiares, porque son muy parecidas a las que enfrentamos a lo largo de nuestra carrera profesional: cierta sensación de abrumación ante la multiplicidad de opciones, incertidumbre respecto a si se está haciendo lo correcto, presión por tener que atender a varias responsabilidades a la vez… alguno, en algún momento, llegaba a plantear que quizás echaban de menos un poco más de estructura, de dirección; un “programa académico” más tradicional donde poder sentirse más cómodos.

Obviamente, la idea del grado LEINN es precisamente ésa: frente al modelo académico tradicional (todavía muy basado en un enfoque muy dirigido, con un “programa académico” perfectamente definido y donde la exigencia se produce con grados de incertidumbre limitados) contribuir a la formación de los alumnos en un entorno mucho más parecido al “mundo real”, con su incomodidad y su incertidumbre, que ayuden a “templar” el carácter y a desarrollar una serie de habilidades útiles y aplicables a lo largo de toda una carrera profesional. Claro que en el proceso surgen dudas, porque no pueden aferrarse a la (falsa) sensación de seguridad que ofrece el sistema tradicional.

Curiosamente, charlando después de la sesión, me contaba Thibaut que esas dudas también se generaban en las familias. Incluso siendo personas que habían aceptado voluntariamente esta opción para la educación de sus hijos, de vez en cuando les entraba el vértigo: ¿y si nos hemos equivocado? ¿y si al apostar por lo nuevo hemos cometido un error? ¿y si hubiese sido mejor ir a lo conocido? Me decía Thibaut que no siempre era fácil resolver esas dudas. Al fin y al cabo, se trata de un programa con relativamente poco recorrido, en una institución relativamente nueva, al que además se hace evolucionar continuamente. No hay una “probada trayectoria” que se pueda poner encima de la mesa para tranquilizar a los inquietos; y de hecho es difícil si no imposible dar garantías. Es lo que tienen la innovación, la experimentación y los enfoques pioneros.

Obviamente entiendo las dudas. Si yo mismo las vivo en mi día a día. Yo también hecho de menos de vez en cuando un poquito menos de incertidumbre; lo que pasa es que tengo la duda (razonable, creo) de que ese nivel de certidumbre exista, o que las recetas tradicionales sean capaces de aportarla. Hay una seguridad percibida (lo mismo en los “programas académicos tradicionales” que en el “empleo para toda la vida”) que no es real, pero que a veces desearía que lo fuera.

Lo que me pregunto es cuántos de esos alumnos, o esos padres, mostrarían la misma inquietud ante la educación más tradicional. ¿Cuestionarían el programa académico? ¿Se preguntarían si ese programa, tan aparentemente sólido y armado, está preparando a sus hijos para el futuro? ¿Analizarían el porcentaje de éxito de dicha educación, medida en términos de satisfacción, de adaptación al mundo profesional, incluso de éxito a la hora de encontrar trabajo? Algo me dice que seguramente no. Que hacer “lo que todo el mundo hace”, que entregarse a instituciones y modelos que funcionaron hace 50 años, que confiar en “lo que dicen los académicos”… tranquiliza las conciencias. Que parece que el riesgo solo lo corre el que apuesta por hacer algo diferente. Pero en realidad, cualquier decisión (incluida la de seguir el camino más tradicional, aunque no parezca una decisión porque “es lo normal”) es una apuesta, con su consiguiente riesgo.

Cierro con esta viñeta, una de mis favoritas, sobre los miedos respecto a la innovación:

Innovar o no innovar



[Vídeo] Los siete hábitos de la gente altamente efectiva (contados en menos de 7 minutos)

Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” es un libro publicado a finales de los 80 por Stephen Covey, y uno de los “clásicos” del desarrollo personal. Confieso que pasaron varios años entre el momento en el que oí hablar por primera vez de él y el momento en el que lo leí. El título, la verdad, me daba toda la pereza del mundo. Autoayuda, bestseller de aeropuerto… pfff.

Y sin embargo, cuando lo leí me arrepentí de no haberlo hecho antes. Creo que tiene mucha “chicha”, a mí me generó unas cuantas reflexiones interesantes y de alto impacto, y desde entonces se convirtió en uno de mis libros de cabecera que revisito de vez en cuando.

¿Cuáles son esos siete hábitos (aunque más que hábitos, para mí son “mentalidades”) de los que habla Covey?

  • Ser proactivo: darse cuenta de que, en cualquier circunstancia, tenemos capacidad de acción y asumir la responsabilidad de ejercerla.
  • Empezar con un fin en mente: tener claro hacia dónde queremos ir, para que nos sirva de orientación a la hora de actuar.
  • Hacer primero lo primero: reconocer que no todas las acciones tienen el mismo impacto (medido en la capacidad de acercarnos a la visión que hemos definido en el segundo hábito), y centrar nuestra atención, nuestro foco, nuestra energía, nuestro tiempo… en las acciones que más impacto tienen.
  • Crear relaciones win-win: entender que sólo se pueden establecer relaciones provechosas y duraderas en el tiempo con otras personas si éstas generan beneficios para las dos partes, y buscar siempre crear esos espacios de aprovechamiento mutuo.
  • Comprender antes de ser comprendido: superar nuestro egocentrismo y realizar un ejercicio de empatía para entender al otro, sus motivaciones, sus objetivos, su forma de ver el mundo… para a partir de ahí poder crear relaciones efectivas.
  • Explotar sinergias: buscar en las colaboraciones todos esos elementos que son producto exclusivo de la propia colaboración, y que van más allá de una mera suma de fuerzas.
  • Afilar la sierra: dedicar tiempo al descanso, a la reflexión, a tomar perspectiva… para poder afrontar nuevos ciclos de acción de forma mucho más efectiva.

Los tres primeros hábitos conforman lo que Covey llama “victoria privada“: el paso de una situación de dependencia (donde estamos presos de la inercia, las circunstancias, los deseos de los demás) a una situación de independencia (responsables de nuestra capacidad de acción, con un fin en mente y buscando el mayor impacto posible). Pero como no vivimos solos en el mundo, necesitamos los hábitos 4, 5 y 6 para lograr la “victoria pública“, donde la efectividad adquiere una visión colectiva, y que nos permite pasar de la independencia a la interdependencia.

En definitiva, una lectura muy recomendable.



Dudas de fe para tiempos líquidos

He pasado un par de días en Madrid en los que he tenido la ocasión de tener un puñado de charlas interesantes. Siempre da gusto juntarse con gente sin “agenda”, sin unos objetivos, simplemente por el placer de charlar y compartir ideas.

Una de las reflexiones que se han repetido tiene que ver con los “tiempos líquidos“. Con esa sensación de inestabilidad (en el ámbito profesional, sobre todo; pero con incuestionables implicaciones en el personal) en la que vivimos. Que el mundo avanza a toda velocidad, que las relaciones profesionales/laborales cambian, que los límites entre lo profesional y lo personal se difuminan…

Todas las conversaciones coincidían en algo: que éste es un mundo incómodo, que nos obliga a estar en alerta permanente, dispuestos a cambiar.

Es mucho más incómodo en el día a día, claro (ese cuestionamiento permanente de si estaré haciendo lo correcto, de si voy bien, de si estoy adaptándome correctamente a todo lo que sucede, de cuáles son las alternativas… puede ser agotador)

Incluso los que estamos convencidos de que esto es lo que hay tenemos que vivir con esa incomodidad. Y echamos de menos (a veces) un escenario distinto, de calma, de paz, de certidumbre, de rebajar el nivel de alerta. Y a veces nos entran dudas. Porque sí, creemos que todo apunta a que ese escenario no es posible (y si no es posible, es tontería torturarse con desearlo). Pero por otro lado vemos gente que vive en esa “realidad alternativa” de la nómina fija y la tranquilidad respecto al futuro. Una “realidad” que yo no creo cierta, que no es más que un escenario de cartón piedra que tranquiliza conciencias, un Matrix que tarde o temprano acaba cayendo. Pero mientras tanto…

Es difícil vivir en la incertidumbre y la complejidad, y a veces echas de menos un poquito de “simple but wrong” o de “mentiras reconfortantes“.



[Vídeo] Mi primer vídeo en Youtube

A principios de año me preguntaba si “haría un videoblog en 2017“, y durante unos cuantos párrafos me dedicaba a pensar en voz alta. ¿Tiene sentido? ¿No tiene sentido?

Bueno, pues como suelo comentar mucho con Alfonso Romay, nadie tiene la respuesta. Hay unos grados de incertidumbre que siempre van a estar ahí, y que no se van a despejar nada más que probando. “Demasiada gente se queda bloqueada esperando a que alguien más sabio le muestre el camino, pero no hay camino”. Ya lo decía Machado, se hace camino al andar.

Así que ahí voy, con mi primer vídeo en Youtube.

¿Por qué ahora? Pues la cosa es que estaba preparando una versión online del curso “Aprende mejor”. Escribiendo el guión, etc. Y cuando intentaba visualizarme grabando los recursos en vídeo… uf, me costaba un mundo. Siempre me he sentido incómodo delante de la cámara. No me gusta cómo me veo, no me gusta cómo sueno, me siento bastante… ridículo. Y eso, claro, es una barrera importante si quieres producir un curso online.

En mi libro sobre aprendizaje eficaz dedico todo un capítulo a hablar sobre esa sensación de incomodidad del que está desarrollando una habilidad. Esos momentos iniciales donde te sientes torpe, vulnerable, plenamente consciente de tu incompetencia. Y lo difícil que es enfrentar esas sensaciones, aguantar el tirón y sobreponerse para empezar a mejorar. Difícil, desagradable… pero imprescindible. Así que decidí que, en vez de rehuir esa sensación (como posiblemente he hecho en el pasado), esta vez me iba a aplicar mi propia medicina. ¿Quieres desarrollar esta habilidad? Pues hala, de cabeza fuera de la zona de confort.

Otro de los puntos del libro hace mención a la importancia de “poner en marcha un proyecto práctico” en el que puedas aplicar esa habilidad que estás desarrollando. Por eso, en vez de hacer mis pinitos “en privado”, he decidido volcarlos en el canal de Youtube, un medio que me “obligue”, que tire de mí. Y al final, una parte importante de “superar la sensación de ridículo” tiene que ver con exponerse, con que otros te vean. Así que dos pájaros de un tiro.

La verdad es que, una vez tomada la decisión, luego el proceso está siendo menos “doloroso” de lo que pensaba. Sí, me sigo encontrando incómodo; y sí, tengo cierta aprensión respecto a “qué pensará la gente”. Pero es lo que tiene la zona de “inconfort”… mientras la conquistas.

PD.- ¿Cuáles son mis planes con el canal en Youtube? Pues tal y como lo visualizo, será un complemento al blog. Si me lees habitualmente ya sabes de qué palo voy, los temas que trato… aunque también imagino que poco a poco iré explorando contenidos más adaptados al vídeo… iremos viendo :)