¿Hasta dónde debes producirte?

Toda la música pop es mentira

Hace unos días veía este vídeo de Jaime Altozano (un youtuber que es una delicia) en el que explicaba el proceso de producción de una canción. Su frase-enganche: “toda la música pop es mentira”.

El caso es que durante el vídeo, Jaime explica (con demostración práctica incluida) todo lo que sucede en un estudio de producción desde que se graba una voz hasta el resultado final. El proceso está lleno de tecnología y de trabajo de orfebrería, afinando “a mano”, ajustando los tempos, añadiendo efectos a tutiplén… hasta llegar a un producto mucho más elaborado que el input final.

La cuestión que plantea es… ¿esto es “mentir”?

La producción está en todas partes

Lo que defiende Jaime es que esto que sucede en la música no es nada distinto a lo que sucede, por ejemplo, en el cine. Allí hay montones de “trucos” (desde la iluminación, la grabación de múltiples planos, el montaje… por no hablar de los cromas y los efectos digitales) que hacen que lo que nosotros vemos al final no sea “real”. Cuando hay una batalla de superhéroes en pantalla, nadie se plantea que “eso no es una representación fidedigna de la realidad”, lo asumimos como espectáculo visual y adelante.

Lo mismo sucede en la fotografía, donde el retoque fotográfico sirve para alterar tonos, colores, arreglar desperfectos… y en definitiva crear imágenes visualmente mucho más potentes de lo que podríamos observar a simple vista (y de lo que capta la cámara originalmente). Y las asumimos como tal, las disfrutamos, y santas pascuas.

Si me apuras, la producción también existe en la vida real. Cuando alguien pasa horas maquillándose o peinándose, o eligiendo un atuendo determinado… y no digamos si luego se hace la foto en instagram, eligiendo la pose más favorecedora y aplicando los filtros que correspondan.

Todo es producción, una alteración de la realidad original que busca simplemente ser más atractivo.

¿Qué es real?

Si yo veo una película, la película es real. Sé que no es una “representación exacta de la realidad”, pero el producto en sí mismo es real, y yo lo disfruto como tal. Cuando veo una imagen llamativa, la imagen también es real. Puede tener una base más o menos real, estar más o menos “trabajada”, pero la imagen es un producto que yo consumo y disfruto. Si escucho un gran éxito en Spotify, la canción es real. Puede que luego el cantante no “sepa cantar”, y que todo sea hiperproducido… pero en última instancia me da igual, yo disfruto con lo que escucho y ya está.

Incluso si yo salgo una noche y veo “gente guapa”, esa gente “es real”. Puedo observarla y “disfrutar de las vistas”. Poco me importa que a la mañana siguiente, sin maquillaje, con el pelo alborotado y una camiseta vieja el efecto sea completamente distinto. Lo mismo me pasa si veo imágenes en instagram, yo disfruto de las imágenes y fin de la historia.

¿Acaso no lo podemos disfrutar sin más?

Mi tesis es que, en general, no me parece mal que exista un esfuerzo de “producción”… siempre y cuando lo que yo consuma sea el “producto final”. Si voy a ver una peli, quiero que esté tan “trabajada” como sea necesario para disfrutarla. Lo mismo con un hit musical, con una fotografía, con el aspecto físico de la gente que me cruzo por la calle o que sale en la televisión. O con el sonido de un podcast, o el estilo de un libro. Me da igual la de veces que hayan tenido que repetir la toma, o que hayan tenido que rescribir un párrafo, o la de horas que hayan pasado en maquillaje o en postproducción.

Yo mismo produzco cosas. Cuando escribo un post suelo hacer un esquema previo, escribo, corrijo, añado fotos, enlaces, formato… desde luego queda mucho más pulido que lo que saldría de mi puño y letra en “escritura automática”. O cuando hago un podcast lo mismo: tengo un guión, quito trozos en los que me atoro, meto un par de efectos para mejorar la voz, añado músicas… Cuando salgo en un vídeo, procuro peinarme y ponerme una ropa medianamente adecuada (y no lo de “andar por casa”). Para la foto que uso de avatar, elijo a ser posible una en la que no tenga cara de asco ¿Qué problema va a haber en eso?

Cuando producir es un engaño

El problema viene cuando no hay una conciencia clara de la producción, y se confunde “lo producido” con la realidad. Cuando ves un anuncio, o una portada de una revista, y crees que esa persona es así (ignorando la cantidad de “trucos” tanto analógicos como digitales que han llevado a que la portada sea así). Cuando ves un reportaje fotográfico de una ciudad y piensas que esas puestas de sol, esos colores brillantes, esa magnificencia… son los que vas a ver tú si vas allí. Cuando escuchas un single de un cantante, y piensas que realmente tiene grandes dotes vocales. Cuando crees que la imagen pública que esa persona transmite en sus entrevistas y demás apariciones televisadas son un reflejo de su carácter real. Etc.

Aquí hace falta tener espíritu crítico, y aceptar con deportividad que lo que estás viendo, escuchando… es un producto, más o menos “basado en hechos reales”, pero no una representación fidedigna de la realidad. Porque luego llegan las decepciones…

Y más problemático aún es cuando se intenta utilizar esa “realidad producida” para que tú compres engañado la (más triste) realidad original. Por ejemplo, cuando alguien “produce” su curriculum para proyectar una valía profesional que no se corresponde con la realidad. O cuando uno retoca su imagen para resultar atractivo en una app de ligar. O cuando se retocan las fotos del “antes/después” en un anuncio de la teletienda. O cuando pones fotos muy retocadas de tu apartamento en una web inmobiliaria para que parezca más grande de lo que es. En cualquiera de estos casos, la producción no es un fin por sí misma, no es algo disfrutable sin más, sino que es un señuelo para engañarte. Y eso sí es un problema.

¿Tiene sentido producirse?

Hablemos de ti y de mí, de la imagen que proyectamos. ¿Tiene sentido producirla, añadirle un poco de “magia” para hacerla más atractiva? Quizás sí. Un poquito, sin exagerar. Porque el riesgo de pasarse siempre está ahí. Y bueno, tampoco pasa nada mientras estés fabricando un “producto” de consumo, sin más, y no pretendas engañar a nadie. Lo que pasa es que, como decía hace tiempo…:

Pero ay, ése es un camino por el que es muy fácil deslizarse sin control. Porque un poquito por aquí, otro poquito por allá, acabamos transformando la realidad a nuestro antojo, ofreciendo al mundo una versión de nosotros mismos que no se parece en nada a la original. Y oye, no pasa nada mientras nadie tenga la ocasión de ver el contraste. El problema es cuando alguien puede poner frente a frente la versión hiperretocada que nos hemos inventado, y la versión real de todos los días…

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años, y suscríbete para recibir nuevos contenidos.
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