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Estar a la última vs conocer la esencia

El otro día comentaba una compañera que, en un encuentro sectorial, se había sentido en cierta forma «deslumbrada» por la palabrería que utilizaban los demás asistentes al referirse a su día a día, a sus procesos y herramientas de trabajo. Y había vuelto con cierta sensación de inferioridad, con la idea de que lo que nosotros hacíamos era menos interesante, menos moderno. Que estábamos varios pasos por detrás.
Me hizo pensar. Yo vengo precisamente de ese mundo. Del mundo de las consultoras chachiguays, de las metodologías diseñadas en Chicago, del «state-of-the-art», de los anexos con «marca registrada» que justificaban ante los clientes que algo pasaba a valer uno o dos ceros más que lo mismo hecho por el despacho del señor Pepe. Y que lógicamente había que cambiar cada año o cada dos, para seguir dando la sensación de novedad, de innovación. Y mi sensación (que el dios de la consultoría me perdone) es que es algo bastante parecido al juego del mago de Oz. Si recordáis el libro o la peli, el Mago de Oz aparentaba ser un ente poderoso capaz de grandes prodigios desde su refugio en la ciudad Esmeralda. Sin embargo, era todo pura apariencia, trucos de ilusionista; en realidad no era más que un simple hombrecillo oculto tras una cortina.
A lo que voy es que, en mi opinión, muchas de las pretendidas innovaciones, metodologías rompedoras, novedades imprescindibles… en el mundo del management no dejan de ser rumiaciones y regurgitaciones de las mismas ideas básicas, puestas del derecho y del revés, una y otra vez. Ahora las llamamos con estas siglas, ahora con estas otras. Ahora las vinculamos con esta metáfora, ahora con esta otra. Ahora las dibujamos con un círculo, ahora con una estrella, ahora con una espiral. Aparentemente son distintas. Aparentemente son nuevas. Pero a nada que rascamos, nos damos cuenta de que son los mismos conceptos básicos. Los mismos perros con distintos collares.
No lo sé. Igual es que me estoy volviendo mayor. O más cínico. Pero creo que cada día es más importante obviar los fuegos artificiales, y centrarse en las cosas esenciales. Y como decían los clásicos, ahí no hay demasiadas cosas nuevas bajo el sol…

4 comentarios en “Estar a la última vs conocer la esencia”

  1. Comparto el sentimiento de tu compañera y tu reflexión sobre el tema.
    Es lo que ocurre con los anuncios de detergentes, donde siempre hay «nuevas fórmulas» y «lava más blanco». Hasta que un día llega la señora de la lejía que viene del futuro, donde se supone que ya lavan todo lo blanco que el ser humano puede lavar. Entonces le damos la vuelta y volvemos al jabón de Marsella, que es el que utilizaba la abuela, que ella sí que sabía… y volvemos a empezar.
    Cuanto más leo sobre marketing, más me parece que vivimos con exceso de marketing.

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  2. En el management… en las startups, en la tecnología… Big data por allí, smart cities por allá, Internet de las cosas por el otro lado… Siempre buscando The Next Big Thing.
    La novedad rápidamente se convierte en moda, hay que diferenciarse. Pero la realidad es que pocos aportan(mos) un valor realmente diferencial. Y, aunque lo hagamos, cada organización es distinta: lo que funciona en una es complicado que funcione en otras, por mil razones.

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  3. Interesante reflexión. En mi opinión, no es más esencial aquello que se presenta menos «marketiniano»; en la medida en que la forma no es lo esencial, que la haya o no la haya no determinada nada del fondo. Dicho de otro modo, que aunque las ideas se presenten con metáforas o siglas diferentes no aportan valor diferencial por ello, pero tampoco lo pierden por ello. Es más, aportar valor diferencial, ¿quién lo marca? Según yo entiendo, no es la originalidad ni novedad en la forma, ni lo es tampoco la originalidad y novedad en el contenido. Lo que marca el valor de un producto, servicio, idea… es que ayude, sea útil y funcione. No enfocarlo así nos llevaría a cuestionar la capacidad de las personas de elegir lo que más les conviene, y por tanto, sería un terreno peligroso, donde hay cabida para ser elitista, dogmático o manipulador de una «masa sin criterio». Un tema interesante y complejo, en todo caso. Gracias, felices vacaciones, Beatriz.

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