De consultores, directivos y proyectos

Leía hace poco este artículo en el que el autor defiende que “los consultores deberían buscarse un trabajo de verdad“. Lo cierto es que, en mi situación actual, estoy “disfrutando” de una posición privilegiada en la que conviven mi yo consultor (con ese punto de “externo”, “ajeno”) y mi yo personal interno (integrado en las rutinas y dinámicas de funcionamiento de la empresa). Y eso me hace reflexionar con frecuencia sobre esta dualidad, esos dos mundos que en muchas ocasiones funcionan de forma diferente y que se miran el uno a otro con recelo (y he de decir que muchas veces con razón, tanto para uno como para otro).

Hoy toca darle cera a los consultores :D

El consultor, por naturaleza, vive en el mundo de la superficialidad. Aborda proyectos de más o menos duración, pero con fecha de caducidad. Está en una empresa por tiempo limitado, y por mucho que algunos se autodenominen “consultores de implantación”, lo cierto es que en el mejor de los casos tutelan esa implantación (pero quien la ejecuta es la empresa), y normalmente se marchan antes de que esa implantación sea real (total, ya has cobrado la parte del león).

Porque las implantaciones de verdad, con el cambio que suponen, tardan. En paralelo, los consultores viven en el mundo de los estudios, de las bestpractices, de las conferencias, de la innovación, de las novedades del management. De lo que los anglosajones llaman “state of the art”. Es extremadamente fácil cambiar el discurso, lo que uno vende… cuando simplemente te mueves en el mundo de las ideas, de los conceptos, de las metodologías.

Mientras tanto, las empresas llevan otro ritmo. Para empezar, como decía antes, las implantaciones reales llevan tiempo. Mucho tiempo. Hasta la implantación más sencilla (no digamos las más complejas) implica cambios en las formas de actuar, y todo eso tarda en cuajar. Pero es que además, por una mera cuestión de rentabilidad, los cambios tiene sentido “hacerlos durar”, consolidarlos, sacarles provecho real. Si me ha costado tiempo y dinero implantar un determinado proceso, o sistema, o política, o lo que sea, y funciona… tendrá que funcionar durante x años antes de volverte a plantear cambiarlo. ¿Que eso significa que no estás “a la última”? Amigo, es que esa es una de las cuestiones relevantes… las empresas en general no necesitan estar a la última. Dicho de otro modo, “estar a la última” en todo implica tal coste (de tiempo, dinero y esfuerzo) que en muy pocas ocasiones están justificados.

Y aquí es donde chocan los dos mundos. El mundo feliz de los consultores, llenos de ideas y encima enfatizados por la necesidad de vender (¡a por el próximo cliente!) y de diferenciarse (¿cómo vendo algo que parezca nuevo aunque no lo sea?). Y el mundo real de las empresas, donde lo que necesitan es fiabilidad, cosas que acaben funcionando de forma solvente y sólida durante un periodo largo aunque no sea “lo mejor” ni “lo más novedoso”.

Y entre medias, ay, los directivos. ¿Qué hacer? ¿Aplicar el sentido común, centrarse en “pocos proyectos pero bien hechos”, o incluso en el mero “gestionar la normalidad” (sin proyectos de por medio)? ¿O por el contrario dejarse seducir (o directamente ser quien los trae) por consultores para implantar más y mejores proyectos, más nuevos, más brillantes, más innovadores, más…?

Y aquí otro poco de cera para los directivos.

Porque lo cierto es que hay demasiados incentivos para que un directivo se ponga en manos de muchos y variados consultores (y no hablo ya de incentivos directos, “si me contratas te llevas una parte” o similar). ¿Qué directivo se resiste a “dejar su huella” en la organización, en implantar un proyecto que lleve su nombre y tenga impacto para la posteridad? (porque el directivo no es tan volátil como el consultor… pero a veces también viene y va). O bien, ¿qué directivo se resiste a tener a su disposición un gran presupuesto, un gran equipo a su cargo, otros símbolos de status… y qué mejor excusa para ello que “implantar proyectos”? ¿Qué directivo se resigna a la sorda (¿y aburrida?) labor de ejecución, coordinación, control… de proyectos que hicieron otros? De hecho, ¿y si el gran jefe piensa que para eso simplemente no hace falta un directivo, su sueldo, su gran despacho, su presupuesto…?

Y así, en un montón de empresas se suceden (o peor aún, se solapan) los proyectos. No se ha terminado de implantar uno (pero de verdad) y ya nos estamos planteando otro que lo enmienda, lo mejora, lo lleva a otra dimensión. O cada directivo de cada área haciendo su guerra por su cuenta, a lomos cada uno de sus consultores, sin mirar ni a derecha ni a izquierda, impulsando cambios a veces en direcciones divergentes cuando no opuestas. Vendemotos y compramotos en feliz connivencia. Y embarcamos a las organizaciones un un carrusel de proyectos sin terminar, en un batiburrillo entre lo de ayer, lo de hoy, y lo de mañana, lo de uno y lo del otro, sin extraer de cada uno todo el jugo posible. Y por el medio, una sangría de dinero, de esfuerzo, de dispersión de energías y de motivación.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

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Raúl Hernández González

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9 comentarios en “De consultores, directivos y proyectos

  1. Ese gato va a seguir sin cascabel hasta la noche de los tiempos, me temo. Asunto irresoluble. Tan solo el apunte de que quizá las dos visiones no se oponen sino que se complementan, ¿no? Y de la diversidad surge la mejora :-)

  2. Cuando una dinámica lleva tanto tiempo es que alguna contribución tiene al sistema, sin descartar que a medida que cambien las condiciones esas relaciones tendrán que cambiar. Es interesante es descrédito actual de los consultores, como de los políticos, directivos, … ¿Tendrá que ver con qué están emergiendo nuevas formas de decidir y hacer, o es puro victimismo desahogante, o ambas¿ interesante artículo

  3. Estoy de acuerdo contigo, nadie va a ponerle el cascabel.

    Mi punto es que en ese “juego”, no hay nadie que realmente tenga en cuenta los intereses de la empresa… siempre hay una “agenda” con intereses propios (la del consultor más evidente, la del directivo algo menos pero también existe).

    Sólo hay un caso en el que no es así, y es cuando el máximo directivo es el propietario/fundador. Ahí no hay interés en contratar/dar bola a “directivos estrella” que traen “proyectos estrella” de “consultores estrella”. Él se va a encargar de mirar por la empresa cono ningún directivo “ajeno” va a hacer (porque es el menos “volátil” de todos), de asegurarse que los proyectos que se abordan se hacen con un sentido y una dirección firme.

  4. Uy, ese argumento de “si lleva tanto tiempo, algo bueno tendrá” es un poco peligroso. En el mundo de la empresa, como en la sociedad, hay dinámicas perniciosas que se mantienen a lo largo del tiempo… lo cual no las convierte en beneficiosas. Desde luego hay modelos que empiezan a romper estas dinámicas, afortunadamente. Pero el “paradigma tradicional”, donde este tipo de cosas suceden, creo que sigue siendo predominante.

    Al final hay una realidad, y es que los que tienen que “mirar por la empresa” (que como tal es un ser “incapacitado”, en la medida en que no toma decisiones por sí mismo sino que depende de otros para que lo hagan pensando en su bien) también tienden a “mirar por sí mismos” (¿no lo hacemos todos?).

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