Tiendecitas

Igual suena raro según lo digo, pero una de mis mayores inspiraciones para abrir una tienda online fueron las tiendas físicas. Sí, definitivamente no suena muy lógico. A ver si me explico.

Cuando uno va por la calle, se va fijando en lo que tiene a su alrededor. Y también en los negocios que hay a pie de acera. Y su mente de “administrador y director de empresas” no puede evitar hacer números. “Este local debe costar x mil al mes de alquiler… la reforma ha debido salir por una pasta… tener a una persona a tiempo completo… la luz… el escaparate… limpieza… mercancía en la tienda…”. Conclusión: cualquier negocio tiene, solo por el mero hecho de existir, un balance negativo de varios miles de euros al mes.

La mente tampoco puede dejar de hacer números por el lado de los ingresos. Hay negocios que son un hervidero de personas, y no te resulta difícil darte cuenta de que (a poco bien que se hagan las cosas) tienen que ser una “máquina de hacer pasta”. Otros que venden artículos de gran valor añadido; con que vendan unos poquitos al mes tienen la cuenta de resultados equilibradas. Pero hay otras… seguro que muchos las tenéis en mente. Esas cafeterías que están vacías casi todo el día, esas tiendas donde la dependienta se pasa el día con la mirada perdida, esas otras donde cada compra es de unos poquitos euros como mucho, ésas en las que, pases a la hora que pases, nunca hay nadie… ¿cómo es posible que esas tiendas subsistan? ¿cómo pueden no ya ser rentables, sino llegar al punto de equilibrio mes a mes?

Así que mi razonamiento fue… si una tienda así subsiste… ¿cómo no va a subsistir, y a ser rentable, una tienda en la que prácticamente no hay costes de puesta en marcha, y en la que los costes recurrentes de cada mes están muy acotados? ¿No voy a ser capaz de sacar adelante un negocio así, cuando hay gente que está sacando adelante cosas mucho más complicadas?



Reduciendo los gastos de envío

En el proceso de ajuste de Triopic, hoy he aplicado un cambio de política: la reducción de los gastos de envío. En el planteamiento original, el coste de envío por agencia de transporte era (para España peninsular) de 9 euros (iva incluído). O sea, de 7,76 euros sin IVA. A mí el coste del envío me sale a 9,71 más IVA, o sea, que por cada envío ya estaba asumiendo 1,95 euros del coste.

Sin embargo, parte del feedback recibido (especialmente por parte de personas no acostumbradas a la compra online) es que los costes de envío resultaban un poco intimidatorios. Y en cierto sentido, lo entiendo: tú ves que el producto te cuesta 39,95, y que el envío te cuesta 9… y es prácticamente un 25%. “Y si lo comprase en una tienda, me lo ahorraría”. Y eso, por mucho que sepamos que en realidad “ir a la tienda” también tiene un coste aunque más oculto (el tiempo que tardas, la gasolina que gastas, el parking, etc.), es una realidad percibida por el potencial cliente que supone una barrera para la compra.

Así que le he pegado un “tijeretazo”, dejando los costes de envío en unos testimoniales 3 euros IVA incluído. Eso supone 2,59 euros para mí, o sea, que por cada envío voy a estar asumiendo más de 5 euros del transporte. ¿El objetivo? Reducir al máximo esa “barrera psicológica” de los gastos de envío. A cambio, lógicamente, se reduce el margen comercial para poder hacer descuentos (porque, de hecho, poner esos precios de envío ya supone un descuento).

No sé por qué, pero tengo la sensación de que la gente percibe mejor una reducción de 6 euros en el coste del envío que si la reducción la haces en el precio.



La determinación de precios en Triopic

Siguiendo con el argumento sobre si Triopic aporta algo o no, decía que en el comentario de Manuel había implícita (bueno, explícita más bien) una referencia al precio: “dejarte casi 40€ más los gastos de envío, en un marco con tres fotos, me parece excesivo” o “¿Qué justifican los más de 40€ que me va a costar el marco?”.

Vaya por delante lo que ya he dicho en más de una ocasión: un precio no es caro o barato de por sí, únicamente cuando se pone en referencia al valor percibido por parte de quien lo paga. Y ésa es una cuestión totalmente subjetiva: lo que a uno le parece caro a otro le puede parecer barato, y viceversa. Pero dicho esto, ¿por qué 39,95 (iva incluído, ojo – sin IVA queda en 34,44) y no otro precio?

Bien, por un lado tenemos el coste: en el coste del Triopic se incluye esencialmente el marco, el revelado de las fotos, el coste del embalaje (caja, protección, etiquetado, precinto…) y parte del coste del envío (no se repercute todo el coste de mensajería al cliente). Adicionalmente incluirá (cuando lo tenga bien afinado) una parte de “ingresos compartidos” con los autores de las fotografías. Además hay una masa de “coste no imputado” (el tiempo dedicado a la creación de elementos del catálogo, el tiempo de gestión de los envíos incluído el montaje, costes generales como ordenador, consumibles o la propia línea, el hosting, el TPV…) que también hay que tener en cuenta. Y eso haciendo yo todo (imaginaos que tenga que tener a una persona en administración, o en montaje… su coste habría que imputarlo también), usando mi casa como almacén y taller (imaginaos si tuviese que tener un local).

Teniendo en cuenta este coste (más o menos acotado), hay que definir un precio de referencia que permita obtener una rentabilidad (una parte nada despreciable de la cual, no lo olvidemos, se va a para Hacienda, en este caso en forma de IRPF), y que además permita un cierto margen de maniobra comercial: es decir, que pueda hacer un descuento promocional (como el que he establecido para “amigos del blog”, un 30% de descuento; o un descuento puntual en determinados artículos para incentivar su compra; o cualquier otra iniciativa comercial que se plantee), o un descuento importante para grandes cantidades, o un margen para un potencial distribuidor (por ejemplo, distribuir los Triopics en determinadas tiendas físicas de decoración).

Ya véis, por lo tanto, que definir un precio no es algo baladí. Obviamente, luego está la parte del mercado. Si el mercado decide que ese precio es demasiado alto, tendré que reducir el precio lo que implica o bien reducir el coste para mantener el margen, o bien trabajar con menos margen. Y si llega un momento en que la presión del mercado y los costes hacen que el margen sea tan pequeño que no merezca la pena… pues “no hay trato” y a desaparecer. Como ya he dicho en otras ocasiones… “Libre mercado. Asignación eficiente de recursos. Utilidad y coste marginal. Y no hay nada más.”



¿Y qué aporta Triopic?

Me arroja Manuel, en un comentario a un post anterior, una serie de guantes interesantes. Uno de ellos, a partir de esta frase:

“No ofreces ningún valor añadido a la cadena. O al menos aparentemente. Vendes marcos de 3 fotos, que se pueden encontrar en los chinos a precios irrisorios, y los vendes con fotos públicas. ¿Dónde está el valor diferencial? ¿Qué justifican los más de 40€ que me va a costar el marco?”

En realidad la pregunta tiene dos cuestiones diferentes. Una es si Triopic aporta algo, y otra es si ese “algo” justifica el precio. Así que vayamos a lo primero.

Efectivamente. Lo que vende Triopic se lo podría hacer uno mismo con un desembolso menor. Te vas a Ikea y compras un marco prácticamente igual (yo lo que he visto en “los chinos” tiene peor pinta, la verdad; de hecho, incluso el de Ikea es tablero de fibras laminado, en vez de madera natural, pero vale). Te vas a Flickr y buscas las fotos que tú quieras, te las bajas, las ajustas al tamaño adecuado, las metes en un pendrive y las llevas al laboratorio fotográfico de la esquina (o las revelas por internet); y si son tuyas, ni siquiera tienes que buscarlas . Llegas a casa, desmontas el marco, haces un poco de manualidades para montar las fotos, y ya está. ¿Desembolso? 12-13 euros. ¿Coste? Amigo, ésta es otra historia. Todo depende de cuánto valores tu tiempo, de cuánto te apetezca irte al Ikea de turno (si tienes uno cerca), del tiempo que quieras dedicar a localizar fotos que te gusten, del tiempo y la habilidad que tengas para ajustarlas al tamaño adecuado, del tiempo que quieras dedicar al revelado, al montaje… frente a eso, Triopic es elegir, pagar, y tener el marco listo para colgar.

¿Por qué creo que, a pesar de que “hacértelo tú mismo” sea más barato, Triopic puede funcionar? Por lo mismo que hay gente (mucha, a tenor de los resultados) que prefiere llamar a Telepizza y pagar sus precios en vez de hacerse una pizza más rica y por mucho menos dinero en casa. Por lo mismo que hay gente que prefiere pagar por comer en un restaurante en vez de hacer la compra, cocinar en casa, preparar una mesa y luego recoger. Porque hay gente que está dispuesta a pagar dinero porque le facilites las cosas, gente que le da un valor al tiempo y esfuerzo que tiene que realizar. Evidentemente, habrá gente que diga que “ni de coña”, que para tirar el dinero mejor lo hace él. Perfecto, ahí tienen las herramientas para hacerlo; no tengo ningún problema, claramente no son clientes míos. Pero creo que sí hay un perfil dispuesto a pagar porque alguien le simplifique el proceso (¿cuántas personas tienen sus paredes desnudas porque les da pereza ponerse a decorar?). Y ésos son mis clientes potenciales.

Otra cosa es cúanto dinero están dispuestos a pagar por esa simplificación. Obviamente, cuanto mayor sea la diferencia entre “me lo hago yo” y el “me lo hacen otros”, menos personas habrá dispuestas a pagar por ello. La cuestión es encontrar el precio justo. Pero eso, amigos, es materia para otro post.



¿Cuánto invertir antes de lanzar?

Los que os hayáis pasado por mi recién estrenada Triopic, y además conozcáis el software Prestashop, habréis advertido el gran parecido formal que tiene con la plantilla por defecto que proporciona la herramienta. Vamos, y si no no tenéis más que echar un vistazo y comparar.

Y es que, efectivamente, para ponerme en marcha apenas he hecho unos retoques cosméticos en los colores y poco más. Obviamente, me hubiera encantado hacer una personalización total al sitio, apostar por un diseño epatante… el problema es que eso cuesta bastante dinero, y bastante tiempo. Dinero, porque lo tienen que hacer terceros (mis habilidades no llegan a tanto). Y tiempo, porque entre el trabajo de ellos y el mío para la definición, la supervisión, las pruebas…. hubiese implicado bastantes semanas de dedicación.

Y esa es una de las cosas que creo que se pueden hacer más adelante (y como además tengo el poder de decidirlo, lo hago y punto). Lo que me importa ahora es afinar el concepto, probarlo “en real”, ver si tiene aceptación o no. Y para eso, el aspecto externo no es lo más relevante; al menos no lo suficiente como para invertir los recursos que exigiría, que ahora prefiero destinar a poner unos buenos cimientos en la iniciativa. Si funciona, si demuestra un potencial real de generar un flujo de caja interesante, entonces llegará el momento de darle un buen lavado de cara, crear un diseño molón (además construído a partir del feedback real de usuarios reales) y, en definitiva, de invertir en apariencia. Pero hacerlo antes me parecía poner el carro antes que los bueyes, algo que en general no me gusta nada hacer.



Lanzamiento de Triopic

Bueno, pues creo que ya ha llegado el momento de “dar a luz” mi proyecto: TRIOPIC

Se trata, enseguida lo veréis, de una sencilla tienda de fotografía enmarcada en formato tres en uno. ¿Comorl? Bueno, en cuanto veáis un modelo entenderéis a qué me refiero: un marco con tres fotos (de ahí el “ingenioso” nombre; trio-pic). ¡Ya avisé que no iba a ser nada revolucionario! Sin embargo, es algo que me apetecía.

Ya sabéis que de un tiempo a esta parte me llama mucho la atención la fotografía. El campo de la “fotografía enmarcada” está muy competida en términos generales, pero creo que este formato aporta un punto diferencial. A mí personalmente me gusta mucho, tengo un par de ellos en casa, y creo que ofrece una solución decorativa interesante por su contenido (tres imágenes relacionadas entre sí dicen más cosas que una sola) y por su forma (tanto en horizontal como en vertical permite ocupar espacios de manera diferente: una columna, un pasillo, combinación de horizontales y verticales…).

La idea inicial es ofrecer una colección de “Triopics” formada tanto por fotografías propias como licenciadas por terceros (actualmente hay sólo 16 modelos, la mayoría son fotografías licenciadas con Creative Commons, aunque el objetivo es ampliar el concepto y ofrecer a fotógrafos un modelo de reparto de ingresos en función de las ventas de sus modelos), aunque también se ofrecerán posibilidades del tipo “hágase su propio Triopic”.

En fin, podría contar muchas cosas, y seguro que lo voy haciendo en el futuro, pero no quiero alargarme. De momento tenéis algunas “preguntas más frecuentes” si os interesa profundizar, y por supuesto todos los canales de comunicación (empezando por los comentarios de este post) si tenéis alguna cuestión sobre la que queráis más detalles. La tienda está en www.triopic.com, y también hay un blog.triopic.com .

La tienda, no podía ser de otra forma, está en “beta”. “Beta” en cuanto a las funcionalidades que ya están implementadas (internamente ya hemos hecho unas cuantas pruebas, pero hasta que no se está en uso real no aparecen las cuestiones de verdad), “beta” en cuanto a que todavía quedan cosas que ir añadiendo, y “beta” porque el número de modelos disponibles todavía es pequeño. Pero para qué os voy a engañar, estaba ya impaciente por echarlo a rodar y, como decía Machado, es al andar cuando se hace el camino.

Así que nada, ahí está Triopic. Estáis todos invitados a dar una vueltecita, contarme qué os parece… os agradeceré especialmente si me comunicáis cualquier cosa que no funcione o que echéis en falta. Ah, por cierto, si estáis interesados en comprar, tenéis una “oferta especial para lectores de Vida de un Consultor”… usando el código LEOVDC en vuestro carrito de compra, obtendréis un 30% de descuento hasta finales de octubre. ¡Qué menos!

Alea iacta est.



Proveedores orientales, ¿sí o no?

A la hora de plantear mi tienda online, una de las cuestiones que tuve que plantearme era dónde iba a aprovisionarme. Hay un elemento que tengo que adquirir, y se me planteaban dos grandes opciones: ¿un proveedor nacional, o un proveedor “del lejano oriente”? No tenía ningún prejuicio a priori, así que me puse a explorar posibilidades.

Para la alternativa nacional no me comí mucho la cabeza: búsqueda en Google, preselección en base a la “pinta” general, contacto para contar lo que quería y pedir presupuestos. La alternativa oriental, sin embargo, se presentaba más complicada: ¿cómo encontrar un proveedor? Y más importante… ¿cómo valorar su validez? Después de sondear a algunos contactos para ver si alguien tenía alguna referencia directa, acudí a Alibaba.com, una suerte de marketplace de proveedores orientales… fascinante.

Después de navegar durante un rato buscando proveedores uno a uno, hice uso de una opción que pone a tu disposición el sistema: tú haces una descripción de lo que buscas, y el sistema selecciona para ti una serie de proveedores que cree que se adaptan, y les envía automáticamente su petición. En cuestión de horas recibí decenas de contestaciones de India, China, Filipinas… algunas un poco peregrinas, pero también un puñado de ellas bastante solventes: incluso recibí una llamada de teléfono de un vendedor que, en un más que correcto castellano, se interesaba por mi petición. Después de unos intercambios de correos, tenía cinco o seis potenciales proveedores que me ofrecían una cierta sensación de seguridad. Y el precio… del orden de un 75-85% más barato que el proveedor nacional.

Sin embargo, al final opté por el proveedor nacional. Los motivos, sencillos: por un lado, para iniciar la actividad “con tiento” no puedo asumir unos aprovisionamientos exagerados, sino que necesito tiradas cortas. Y para tiradas cortas, el coste del transporte y de los trámites diluía en gran medida la ventaja en coste unitario del proveedor oriental. Por otro lado, las complejidades burocráticas (transporte, aduanas) derivadas de la importación (que supongo que todo es ponerse, y que la segunda vez que lo haces ya no es tan complejo) me echaban para atrás. También la flexibilidad en cuanto a tiempos de reposición era un tema relevante para mí (no es lo mismo tener producto en quince días que en dos meses). Y por último, aunque suene “paleto”, tener la sensación de que con un proveedor nacional me iba a entender mucho mejor a la hora de especificar el producto.

En definitiva, que opté por un proveedor nacional a sabiendas de que eso tiene un coste, pero (al menos inicialmente) estoy dispuesto a sacrificar parte del margen a cambio de sentirme más seguro. Más adelante, si la cosa sale bien, podré empezar a poner el pie en “tierras lejanas” y tener ahí una fuente de mejora de la eficiencia.

Un apunte adicional: percibí que la ventaja competitiva de los orientales no estaba únicamente en el precio de sus productos. Su actitud hacia el cliente, sus ganas de vender, dan mil vueltas a las de los proveedores nacionales. Mientras que en apenas unas horas disponía de decenas de ofertas, y recibí varios contactos reforzando el interés y poniéndose a mi disposición para lo que hiciera falta… los proveedores españoles tardaron días en responder (los que respondieron), la mayoría con respuestas vagas y poco interesadas (del tipo “te hago el favor de responderte, pero no molestes mucho”). Se nos comerán vivos.



Tarifas de empresas de paquetería

Una de las cosas que he investigado para la puesta en marcha de mi tienda online es todo lo relacionado con las empresas de transporte. Es decir, los que se van a encargar de llevar el producto a su destinatario final: un eslabón de la cadena muy importante tanto por su coste como, sobre todo, por el impacto en la percepción de la calidad global del servicio por parte del cliente.

Una de las cosas que más me ha sorprendido ha sido la complejidad de las tarifas. A parte de que hay ene variedades de servicio (dependiendo de la urgencia con la que se envíe: que si “servicio urbano”, que si interdía, que si antes de las 8:30, o de las 10:00, o de las 13:00, o de las 19:00…), luego el coste depende del peso y del volumen del bulto: el paquete básico debe pesar menos de 5 kg., y sus medidas sumar menos de 100 cm…. y por cada 5 kg. adicionales se paga un poco más, y por cada 50 cm. adicionales otro poco más… y por supuesto el bulto tiene unos máximos (por encima de los cuales tienes que elaborar y pagar un nuevo bulto) y por supuesto, todo dependiendo además a qué zona se envía: tu provincia, o provincias cercanas, capitales vs. pueblos, Baleares por otro lado, Canarias/Ceuta/Melilla por otros, y el extranjero dividido en zonas… Y además un gran número de servicios adicionales (que si entregas concertadas, confirmaciones de recepción, contra reembolsos, adelantos, retornos, seguros, entregas en sábado, tramitación oficial, alertas, etc., etc…).

Vamos, que hay que hacer un master para saber cuánto tendrías que pagar por cada envío. De hecho, yo me hice una hoja de cálculo para ver, dependiendo del número de productos de cada envío, más o menos cuál sería el peso y cuál el volumen, y estimar los costes del envío… una locura.

Lo que está claro es que no tiene ningún sentido trasladar toda esa complejidad al cliente final. Pretender informarle de todas estas reglas para que él se haga una idea de cuánto le va a salir el envío, o decirle que “los gastos de envío ya te los calcularemos”, o tener que justificarle por qué se le ha cobrado esto y no lo otro… simplemente genera una mayor incertidumbre, y un potencial punto de fricción que, la única ventaja que tendría, sería que estaríamos repercutiendo “al céntimo” el coste del envío.

Así que mi opción ha sido, con la ayuda de esa hoja de cálculo, asignar un coste único por envío (uno para península y otro para Baleares, ya que la diferencia era muy grande como para homogeneizarlo; de momento creo que por complejidades burocráticas y barreras de coste no serviré en otros sitios), aunque eso suponga asumir yo una parte variable (pero controlada) del coste del envío. De hecho, a partir de determinado número de unidades en el envío los gastos los asumiré íntegramente yo (ya que el valor añadido derivado de ese paquete lo haría rentable, y de esta forma los clientes tienen un pequeño incentivo para llegar a ese volumen mínimo).



Software para tienda online

Ya contaba el otro día que estoy liado con la puesta en marcha de una tienda online. Una de las cuestiones importantes que uno se plantea en esta situación es: ¿y con qué herramienta hago la tienda? Yo la verdad es que estaba bastante “virgen”, nunca había trabajado en este terreno y no estaba al día de las posibles opciones.

Mi primera idea era utilizar WordPress (el mismo sistema con el que funciona este blog) con un plugin para ecommerce que me habían sugerido los amigos de Blogestudio para un proyecto para un cliente (que al final no salió adelante). En fin, llevo ya unos cuantos años habituado a WordPress, y la posibilidad de utilizar este CMS si conseguía las funcionalidades de tienda me seducía. El caso es que estábamos empezando a trastear con esta solución cuando me topé con este post de Eneko Knörr que me venía al pelo: un interesante análisis preliminar de soluciones ecommerce que, en conjunción con los comentarios, me permitió hacerme con una visión general muy interesante de las opciones.

No sé por qué, Prestashop fue el primero en el que curioseé. Por un lado, daba la sensación de que osCommerce se había quedado un poco “añejo” (aunque con la ventaja de llevar muchos años rodándose y con mucha gente con experiencia). Y por otro, de Magento la gente decía que era una solución “demasiado” potente y compleja (aunque hay quien siempre preferirá el “burro grande, ande o no ande”). El caso es que, como digo, empecé a probar Prestashop. Y me gustó lo que vi, así que sin más análisis comparativo “teórico” (siempre habrá defensores y detractores de casi cualquier cosa) empecé a profundizar ya con una versión en local.

Lo cierto es que la apariencia inicial de Prestashop es bastante notable, te da la sensación de que cubre todas tus necesidades. Luego, a medida que vas rascando, te encuentras con que tiene algunas cuestiones derivadas de ser un producto joven que todavía está en desarrollo (por ejemplo poca documentación, versiones demasiado frecuentes), algunas exigencias técnicas con cierta complejidad, el proceso de instalación es mucho menos “out of the box” de lo que sería deseable…. Y también descubres que hay funcionalidades que faltan (algunas resultan bastante evidentes, como por ejemplo la necesidad de incluir un número de identificación fiscal de los clientes para poder facturar; o de imprimir etiquetas para los envíos) . Pero su diseño abierto y modular permite por un lado “hurgar” en sus tripas para intentar hacer ajustes (aunque como yo no soy técnico, me siento a veces como Indiana Jones en busca del código perdido… lo cual también es divertido, para qué engañaros) y por otro que la gente cree módulos instalables que proporcionen esas funcionalidades. Y aunque la comunidad de usuarios de Prestashop todavía no es muy amplia, y la documentación existente es bastante imcompleta, afortunadamente hay una incipiente comunidad de Prestashop en castellano bastante activa que ayuda en este proceso de ajuste.

Y en esas estamos, ya haciendo pruebas en la instalación final del servidor, haciendo algunos ajustes, y con la expectativa de ver cómo responde el sistema cuando la tienda esté sometida a un funcionamiento real.

Probablemente, si el proyecto no hubiese sido para mí, habría invertido bastante más tiempo (y dinero) en seleccionar la herramienta “más adecuada” para asegurar “cero riesgos” (aunque los “cero riesgos” creo que nunca existen). Siendo para mí, he considerado que merecía la pena tirar para adelante y someterme al aprendizaje derivado de la experimentación.



Desarrollando una tienda online

Bueno, voy a enseñar la patita un poquito más en relación con uno de mis proyectos propios de los que os hablaba hace poco. Se trata de, como ya avanzo en el título, una tienda online.

“¿Una tienda online? Pues vaya, qué chufa, ¡¡si hay millones!!”. Jeje, nadie dijo que mis proyectos fueran a ser revolucionarios y que estuvieran llamados a desbancar a Google como “dominador del internet mundial” :D. Bueno, chascarrillos aparte, la idea de tener una tienda virtual siempre me ha llamado la atención. Aunque, para ser más exactos, es el concepto de “tienda” el que me atrae: tener unos proveedores físicos, una logística, clientes “minoristas” que vienen, compran y se van (en contraposición al “cliente” de consultoría donde la relación es distinta), un “escaparate”, etc…

El hecho de elegir el canal online (como canal principal, aunque el objetivo es tocar también otros canales) responde meramente a una cuestión logística. Siempre me ha fascinado el concepto de “tienda física”, sobre todo cuando vas paseando por la calle y ves muchas tiendas semivacías, y te pones a hacer números… ¿cuánto cuesta un local? ¿y la reforma? ¿y tener a una persona full-time? De verdad, que hay tiendas que no sé cómo cuadran los números. Frente a esto, una tienda on-line es mucho más asequible, más cómoda de gestionar, y con un público potencial mayor. En el lado de las desventajas, lo que supone estar en lo que llamo “el centro comercial infinito“, es decir, que tu tienda es una más entre millones: ser capaz de atraer gente y motivarles a la compra es un reto difícil.

Pero como ya dije en su momento, me lo tomo como un aprendizaje. De momento, en las fases previas a la puesta en marcha, estoy aprendiendo y disfrutando mucho, encontrándome con circunstancias, decisiones a tomar, etc… ¡y eso sin haber salido a la luz!

No, todavía no voy a decir qué venderé en esa tienda online. No tardaré, pero prefiero tenerla ya a punto de caramelo. Pero, sin necesidad de concretar, ya tengo abierto el campo para ir comentando unas cuantas cosas a las que me voy enfrentando.