Juguetes para donar

Aprovechando los festivos, y la proximidad de las Navidades, hemos aprovechado para hacer algo que llevaba tiempo queriendo hacer: seleccionar juguetes para entregarlos (en este caso a Cruz Roja). Con el mayor a punto de cumplir 5 años, el número de juguetes acumulados en casa es ya notable. Y es que, por mucho que uno quiera “cortarse”, a día de hoy es imposible limitar el número de juguetes de todo tipo y condición que entran en casa. Cumpleaños, Reyes, Papá Noel, regalito de una visita, recuerdo de un viaje… y juguetes que se acumulan por doquier.

La razón tiene argumentos muy claros para hacer una “limpia” de vez en cuando. Todos sabemos que los niños no juegan con todos sus juguetes. Ante la avalancha de regalos es imposible que puedan dedicar tiempo y cariño a todos ellos. Con suerte, les hacen un poquito de caso alguna vez y se quedan con dos o tres favoritos, mientras que el resto quedan relegados a alguna estantería, cajón, baúl… acumulando polvo sin volver a ver la luz del sol. ¿Qué sentido tiene guardarlos, ocupando espacio? La respuesta racional es clara: ninguno. La regla de decisión es: ¿de verdad va a volver a jugar alguna vez con este juguete?

Sin embargo, cuando uno se pone a hacer la selección, no puede impedir que la emoción entre en juego. Ves los juguetes con las que alguna vez jugaron tus hijos cuando eran más pequeños, y que ya no usan por el sencillo hecho de que han crecido. Otros son regalos que alguien, o tú mismo, les hizo. Ver esos juguetes hace que recuerdes momentos, situaciones, personas… que ya no volverán. Y coger esos juguetes y meterlos en una bolsa para darlos implica, en cierta manera, enfrentarse a esta realidad. Y supongo que nuestra tendencia a guardarlos (“es que es muy bonito”, “igual todavía quieren seguir jugando”, “con lo que han jugado con éste”, “éste se lo trajimos de aquel viaje”… ) es intentar aferrarse a esos momentos.

Pero bueno, así es la vida. Al menos, en el caso de los juguetes, uno tiene la ilusión de que vivan una segunda juventud en manos de otros niños. Por nuestra parte, nosotros estamos haciendo fotos de algunos de esos juguetes. Así, aunque se vayan a otro lugar, podremos mantener los recuerdos.

Foto: Rafakoy



Maratón de Fotodonaciones Cazurro.com + ACNUR

Acaba de ponerse en marcha la cuarta edición del Maratón de Fotodonaciones organizado por Carlos Cazurro a beneficio de Acnur. Ya tuve conocimiento de la idea el año pasado, y me pareció estupenda: Carlos pone a la venta copias de sus fotografías durante un mes, y los beneficios obtenidos se destinan íntegramente a un proyecto solidario (de la mano de ACNUR).

¿Y por qué me pareció tan buena idea? Pues porque va en la línea de algo que creo firmemente: que no hace falta ser una gran empresa para tener “responsabilidad social corporativa”, que todos podemos en nuestro ámbito de actuación hacer algo para mejorar la vida de los demás, que se pueden tener ideas originales y poner en marcha proyectos a base de ilusión y ganas…

Así que este año, aprovechando el nacimiento de Triopic, he querido contribuir al proyecto como (humilde) patrocinador. Se trata de aportar algún tipo de premio (en este caso, tres Triopics) que se sortearán entre todas las personas que “fotodonen”, o sea, que compren las fotos. Además, va un poco en línea con la idea que ya se esbozó con la campaña solidaria de Triopic.

Y además, en la medida de mis posibilidades, contribuiré a difundir esta idea y a animar la participación. Como siempre, hay muchas más causas que posibilidades de colaborar; pero eso no debe ser un impedimento para que cada uno elijamos las que más nos atraigan, y arrimemos un poquito el hombro. Normalmente, cuesta menos de lo que parece.