Cuando no hacemos lo que hacemos

¿Qué es lo que hacemos?

“Somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos”

Espera, ¿qué es este trabalenguas?

Tiene sentido. Creo. A ver si soy capaz de explicarlo.

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Hablábamos el otro día mi amigo/compinche Alberto y yo. Hacíamos revisión de estos últimos meses de trabajo conjunto, y uno de los elementos que salían a la palestra era la “productividad”, o mejor dicho, el volumen de horas “efectivamente trabajadas”.

En consultoría, a la hora de hacer el reporte de horas, había un concepto que era el de “cargabilidad“. De todas las horas de tu jornada laboral… ¿cuántas son directamente imputables (“cargables”) al cliente? Obviamente, desde el punto de vista de la empresa, el ideal sería el 100%; ése sería un recurso aprovechado hasta el último segundo. Cuanto más alejado estés del 100%, más problemas… quiere decir que muchas de tus horas “no las está pagando el cliente”. Y si eso se generalizaba, o duraba mucho tiempo… estabas en peligro.

Baja cargabilidad

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La cuestión es que, si tomásemos esa medida de “cargabilidad”, la nuestra podríamos decir que es baja. O sea, que el tiempo dedicado a sesiones de trabajo con el cliente, a elaboración de documentos, a trabajo “tangible”… podría ser mayor. Hay tiempo dedicado a la lectura, a pasear, a estar con la familia, a rumiar, a explorar, a divagar… y ahí es donde vino la frase: “somos buenos cuando hacemos lo que hacemos por todo lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos”.

“Lo que hacemos” es el trabajo para los clientes. Lo “facturable”.

“Lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos” es todo lo demás. Y la tesis es que, para hacer bien “lo que hacemos”, es importante dedicar tiempo a “lo que hacemos cuando no hacemos lo que hacemos”.

¿Y qué hacemos cuando no hacemos lo que hacemos?

Si la cargabilidad es baja, si hay muchas horas que no dedicamos a “hacer lo que hacemos”… ¿A qué dedicamos el resto del tiempo?

  • Prepararnos: cada reunión, cada sesión de trabajo, cada documento… conlleva tiempo de darle vueltas, de plantear enfoques alternativos, de planificación. Por eso, cuando llega el momento, las cosas salen bien.
  • Reflexionar: después de cada interacción con el cliente hay un tiempo para pensar, para hacer una retrospectiva y ver qué fue bien, qué podríamos hacer diferente, cómo conseguimos que la siguiente vez sea mejor. Eso beneficia a este cliente en concreto (si hay más interacciones), y a los que vengan después.
  • Formarnos: porque la vida es un aprendizaje continuo, porque no te puedes quedar atrás. Hay que leer, hay que practicar, hay que seguir profundizando en tus conocimientos y habilidades, ampliando tu caja de herramientas… para estar en la mejor disposición posible cuando llegue el momento de ponerlas en acción.
  • Explorar: porque el mundo no deja de girar, y de generar novedades. Hay que estar con un ojo abierto en lo que sucede, para ver por dónde van las tendencias, qué cosas puedes incorporar a tu forma de ver el mundo, cómo afectan a lo que haces…
  • Experimentar: plantearte cosas nuevas, darles forma, ver qué tal salen… algunas cuajan, otras no. Pero si no dedicas tiempo a esto, luego no puedes esperar que las cosas aparezcan de la nada.
  • Diverger: dedicar tiempo a otras cosas que a priori no tienen nada que ver. Satisfacer nuestra curiosidad por otros sectores, otras actividades. Ficción. Música. Viajes. A veces el silencio. Nunca sabes dónde la serendipia te va a ofrecer conexiones; o, simplemente, oxigenas y dejas que el cerebro vaya trabajando en segundo plano.
  • Conectar: cuidar tus relaciones. Tu familia, tus amigos. Tiempo para estar con ellos, para escucharles, para ayudarles, para compartir. Tu red social (la de verdad, no la de las apps) es tu sostén, fuente de energía, y también (a veces) fuente de oportunidades.
  • Reconectar: con nosotros mismos. Con nuestro estado emocional, con nuestros valores, con nuestros objetivos, con nuestros hábitos. Parar, escuchar, y gestionar. Consciencia para dirigirnos a nosotros mismos.
  • Movernos: mens sana in corpore sano. Mover el cuerpo, sacarlo a la calle, ejercitarlo, exponerlo al sol y al aire fresco. Afilar los sentidos y el pensamiento.
  • Descansar: dormir, relajarse, recuperar. Alejarnos del mundanal ruido siguiendo, como decía Fray Luis de León, la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

El delicado equilibrio

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Todas estas cosas contribuyen a que, cuando “hacemos lo que hacemos”, salga bien. Estamos descansados, frescos. Equilibrados con nosotros, con nuestro entorno. Preparados, con nuestras herramientas afiladas, con atención plena. Con capacidad de incorporar aprendizajes, evolucionar, mejorar. Y cada vez mejor.

Claro, todo necesita de un adecuado término medio. Porque dedicar todo tu tiempo a “producir” hace que, más pronto que tarde, acabes fundido, obsoleto, desanimado. Pero dedicar todo tu tiempo a “todo lo demás” será muy estimulante, pero no te da de comer.

La cuestión es… ¿dónde está tu equilibrio?

 

Decídete

Dedo arriba dedo abajo

Ese proyecto que tienes empantanado… ¿lo quieres hacer, sí o no? Ese libro que tienes a medio leer… ¿lo quieres terminar, sí o no? Ese plan que te han propuesto… ¿te apetece hacerlo, sí o no?

Decídete.

Y si has decidido seguir adelante… ¿qué debes hacer? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué, cómo, cuándo?

Decídete.

Ya, ya sé que decidir es difícil. Hay que pensar, valorar cosas, siempre está el “y si…”, el “no pero…”. Mejor dejarlo reposar, ¿no? A ver si dejando las cosas pasar suceden por sí mismas, y te quitas el marrón de tener que decidir tú. Y qué decir de llevar las cosas al terreno de lo concreto: ¿de verdad tengo que hacer eso tan incómodo? ¿de verdad tengo que enfrentar ese conflicto?

Escuchaba hoy un capítulo del podcast de Jesús Bédmar sobre productividad que hablaba precisamente de esto: de que GTD (en este caso; cualquier otro sistema de productividad te acabará diciendo algo parecido) va de tomar decisiones. De ponerte frente al espejo, y de obligarte a decir lo que quieres y lo que no quieres. De que revises tus compromisos contigo mismo y con los demás. Es una interpelación constante, ¿esto es importante, sí o no? ¿y qué vas a hacer para lograrlo?

Habla Francisco Alcaide del compromiso como “hacer lo que sea necesario durante el tiempo que sea necesario” para lograr un determinado objetivo. ¿Cuántos de nuestros compromisos responden a un verdadero compromiso? ¿Cuántos de nuestros supuestos objetivos vienen de una decisión tan consciente? ¿Cuántas de nuestras tareas pendientes son fruto de la reflexión, de decidir “sí, quiero hacerlo, y además lo voy a hacer así y así, y asumo con completo conocimiento de causa el coste”?

Nos cuesta decidir, porque implica pensar, e implica optar, e implica asumir unas consecuencias, e implica incomodidad. Nos gusta dejar las cosas en esa nebulosa del “sí pero no”, de la decisión pendiente, del “ya pensaré los detalles”. Porque ahí es más fácil escurrir el bulto, engañarnos, distraer la atención del hecho de que no estamos haciendo lo que verdaderamente queremos hacer, o de que ni siquiera sabemos qué es.

Decídete. O no. Ésa, en sí misma, ya es una decisión.

PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

Ser efectivo te ayuda a aprender más y mejor

Hace unos días tenía una interesantísima conversación con José Miguel Bolívar en la que hablábamos sobre efectividad y aprendizaje. Realmente, tal y como comento en la entrevista, creo que hay una relación muy importante entre ambas materias: no sólo porque la efectividad sea una competencia susceptible de ser aprendida (que lo es), sino también porque ser efectivo contribuye a que aprendas más y mejor.

Durante la entrevista abordamos este tema, pero creo interesante rescatar cuáles son, desde mi punto de vista, las formas en las que la efectividad contribuye al aprendizaje (nota: haré referencias a GTD como metodología de efectividad, porque es lo que más conozco, pero sólo como excusa para elaborar el argumento).

  • ¿Qué pinta un aprendizaje concreto en nuestra vida? Es fácil ilusionarse por “querer aprender cosas”, y meternos en distintos procesos de aprendizaje, pero… ¿realmente es algo que queremos en nuestra vida? Desde una perspectiva de efectividad se hace mucho énfasis en hacer una visión panorámica de nuestras prioridades a medio-largo plazo (los distintos “niveles” de GTD, o las piedras grandes y pequeñas de Covey). ¿Qué lugar ocupa realmente ese aprendizaje en nuestras prioridades? ¿Cómo contribuye a nuestros objetivos a largo plazo? Es una reflexión que puede servir para filtrar lo que realmente queremos aprender y lo que no.
  • La definición de “proyecto” en el ámbito de la efectividad es bastante exigente. Nos obliga a ponernos en “modo visión”, en entender bien cuál es nuestro “lugar de llegada”. No basta plantearse “aprender inglés”, hay que profundizar más… ¿qué nivel quiero alcanzar? ¿Para qué lo voy a usar? ¿Cómo sabré que efectivamente he alcanzado lo que quería alcanzar? Fortalecer y tener constantemente presente esta “visión de llegada” puede ser muy útil para acotar y dirigir nuestros esfuerzos de aprendizaje.
  • El hábito de capturar es otro elemento esencial de las metodologías de efectividad. Constantemente, durante un proceso de aprendizaje, surgen “hilos” de los que ir tirando. Alguien te recomienda un libro, en ese libro se recomiendan otros autores, otro día ves una charla en la que aparecen cinco conceptos nuevos, se te ocurren tres ideas sobre cómo poner cosas en práctica… Ante esto, corremos dos riesgos: uno, el lanzarnos “como pollos sin cabeza” tras cada hilo que aparece, consiguiendo dispersar nuestra atención y nuestros esfuerzos. O dos, “dejar pasar” esos hilos sin apuntarlos (“ya me voy a acordar, seguro”) sólo para descubrir que al cabo de un rato lo hemos olvidado. Por eso, cultivar el hábito de capturar (solo capturar; ya habrá momento de procesar) puede venirnos muy bien.
  • Procesar es el hábito complementario a la captura. Sí, has identificado un montón de hilos de los que tirar… y ahora es el momento de decidir qué hacer con ellos. ¿Qué es, qué significa, qué me aporta? ¿Cómo encaja en nuestro esquema global de aprendizaje? ¿Los abordamos directamente? ¿Los dejamos para más adelante? ¿Los archivamos? Siempre hay más cosas por hacer que tiempo para hacerlas, así que es necesario aplicar un filtro consciente a todo lo que se nos acumula.
  • Las metodologías de efectividad ponen el foco en la acción. El concepto de “next action” en GTD obliga a ser muy exigente en la definición de tareas. “Aprender inglés” no es una tarea. “Leer el libro de inglés” no es una tarea. “Hacer los ejercicios 1 al 5 de la página 48” sí es una tarea. Si somos capaces de destilar una “intención” hasta convertirla en una acción concreta (que ya habremos valorado si queremos hacer o no, cómo contribuye a nuestros objetivos, etc…), luego seremos mucho más capaces de “ejecutar” sin perder tiempo en replantearnos las cosas.
  • El hábito de la revisión es fundamental de cara a la efectividad. Ser capaces de parar y plantearnos dónde estamos con nuestro proyecto de aprendizaje. ¿Tenemos claro por dónde estamos avanzando? ¿Qué está funcionando y qué no? ¿Sigue siendo relevante este aprendizaje? ¿Por dónde debemos avanzar?

Muchas veces decimos que nos falta tiempo para aprender. Pero como dice José Miguel en la entrevista, “no nos falta tiempo; nos falta foco”. La efectividad nos puede ayudar mucho a ganarlo.

PD1.- Si te interesan los contenidos sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidadessuscríbete a la lista de correo de Skillopment. O pulsa aquí si quieres saber más sobre el proyecto Skillopment.

PD2.- He editado este contenido como un episodio para el podcast Skillopment. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

3 ideas para aprovechar el tiempo que dedicas a aprender

¿No tienes tiempo para aprender? No estás solo…

Cuando hace unos meses puse en marcha la lista de correo de Skillopment sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades, tenía una inquietud. No quería que se transformase en un canal unidireccional, un lugar en el que yo mandaba correos a “la lista de suscriptores” y ya. En la medida de lo posible, quería (y sigo queriendo) que hubiese también un “canal de entrada”, alguna forma de escuchar a quienes están en el otro lado. Por eso, una de las cosas que hago en los primeros envíos es lanzar una pequeña encuesta en la que me intereso por ver qué está queriendo aprender cada uno, qué dificultades encuentra, o de qué manera cree que le podría ser útil la lista de correo.

Una de las reflexiones que me encuentro con más frecuencia tiene que ver con la falta de tiempo para aprender. Lo expresa así por ejemplo José Manuel, cuando dice que “cumplir con mis actuales clientes me deja poco tiempo para avanzar”. O Samara, que cuenta que “trabajo así que no dispongo de mucho tiempo”. Antonio lo expresa así: “Me falta tiempo para todo: aprender, desarrollar, trabajo, familia, tiempo libre…”. Y Agustín dice que “no les llamaría dificultades, pero sí un factor de retraso como lo es el tiempo que se tiene para poder estudiar si trabajas y tienes hijos, como es mi caso”.

No es difícil sentirse identificado, ¿verdad? Una cantidad de tiempo limitada, y muchas prioridades tirando de nosotros…

¿Cuánto tiempo tienes realmente?

Si lo pensamos bien, tiempo tenemos todos el mismo: 24 horas al día. 1440 minutos que, como decía un anuncio de hace unos años, se nos dan al iniciarse el día y que nosotros decidimos cómo gastar. A qué dedicas tu tiempo es el reflejo de cuáles son tus prioridades, tanto si lo haces de forma consciente como si no.

Obviamente, hay una serie de cuestiones sobre las que tenemos un control limitado. Nuestro cuerpo nos pide dormir, necesitamos recursos así que tenemos que trabajar (aunque cuántos recursos necesitamos y cómo los conseguimos también nos da un margen de maniobra), tenemos familia (porque decidimos tenerla) y tenemos que dedicarles tiempo (porque queremos ser de una determinada manera), etc.

Pero ojo, también dedicamos el rato a navegar en internet, mirar Facebook, andar con el whatsapp o hacer zapping en la tele. Lo que cada uno dedique a cada una de estas cosas es, claro, asunto suyo; quizás la lástima sea pensar en cuántas de esas dedicaciones son fruto de una decisión consciente, y cuántas son debidas a inercias y hábitos de los que a veces ni nos damos cuenta. ¿Alguna vez has hecho una auditoría seria sobre en qué se te va el tiempo, sobre hasta qué punto es lo que quieres que sea, y cómo podrías gestionarlo mejor?

En todo caso, hay una cosa clara: unos por unas cosas, otros por otras… de forma más meditada o más inconsciente… la realidad es que el tiempo disponible para aprender es limitado. Incluso alguien que dedicase el 100% de su tiempo a aprender, seguiría teniendo el límite de los 1440 minutos.

Si tienes poco tiempo… ¡aprovéchalo al máximo!

Quizás sea ésta una de las ideas principales a tener en cuenta de cara a un aprendizaje eficaz. Dado que tienes poco tiempo disponible para aprender… ¡habrá que hacer todo lo posible por aprovecharlo al máximo! No nos sobran las horas, así que hay que extraer de ellas todo el jugo que sea posible. Si puedes sacar diez minutos al día, esos diez minutos tienen que ser exprimidos al máximo. Si puedes sacar una hora a la semana, que sea la hora mejor aprovechada del mundo. Si puedes sacar una tarde al mes, que realmente merezca la pena.

3 ideas para aprovechar mejor el tiempo de aprendizaje

Te propongo tres ideas para sacar lo máximo posible del poco tiempo que puedas dedicar al aprendizaje:

  • Concentra tus esfuerzos. Ya lo dice el refrán, “quien mucho abarca, poco aprieta”. Ya sé que hay muchas cosas que llaman tu atención, muchas cosas que quieres aprender. ¿Recuerdas el océano infinito del conocimiento? Puedes aprender cualquier cosa, pero no puedes aprenderlo todo. Lo siento, no puedes, no tienes tiempo. Y si lo intentas, verás cómo se diluye tu esfuerzo y acabas no llegando a ningún sitio. Elige, pon el foco en una cosa y dedica tu escaso tiempo a desarrollarla. Más vale pájaro en mano que ciento volando.
  • Planifica tu actividad. No hay nada peor que encontrarte con esos quince minutos al día, con esa hora a la semana, con esa tarde cada mes… y tener que ponerte a pensar “y qué hago ahora”. Cuando te quieres dar cuenta y te has centrado, se te ha acabado el tiempo. Y al final acabas dedicándote a ir saltando de recurso en recurso, pasando hojas, sin un objetivo claro, sin una estructura… malgastando el poco tiempo que tienes. Prepara con antelación a qué vas a dedicar tu próximo hueco, y cuando llegue métete directamente en la tarea. Puedes usar la guía de autoaprendizaje eficaz para tu planificación.
  • Dedica tiempo a consolidar. Puede parecer contraintuitivo… si tengo poco tiempo, ¡tendré que darme prisa para meter más contenidos!. Y sin embargo, ¿de qué sirve que “aprendas” una cosa nueva cada vez, si resulta que al cabo de unos días, de un par de semanas… no la recuerdas? ¡Entonces sí que habrás perdido el tiempo! Merece la pena dedicar parte de ese tiempo escaso a ir consolidando lo que vas aprendiendo, para que sea un aprendizaje de verdad. Mejor poco, pero bien consolidado, que mucho y volátil.

Si quieres más…

He subido este contenido en versión podcast, y también un pequeño vídeo en youtube.

[Entrevista] AJ Masiá, aprendizaje y procrastinación

Ah, la procrastinación… esa bonita palabra que yo francamente, hasta no hace demasiado tiempo, pensaba que nos habíamos inventado… y que resulta que se remonta hasta los romanos. Procrastinar, o el arte de “dejar para mañana lo que podrías hacer hoy”. Un comportamiento tan familiar, y tan frustrante, y que tanto daño hace a nuestra capacidad de conseguir objetivos de todo tipo, incluyendo los de aprendizaje.

Leí hace tiempo una serie de posts sobre la procrastinación. Me pareció un tema interesante, y dado que ya había puesto en marcha la idea del podcast… qué demonios, decidí proponerle a su autor, Antonio José Masiá, si le apetecía que tuviésemos un ratito de charla sobre el tema. Antonio José Masiá, es consultor artesano en efectividad centrada en las personas, autor del blog cambiandocreencias.com y uno de los miembros de la red Óptima Lab. Y no puedo por menos que agradecerle que haya tenido la amabilidad de compartir esos minutos conmigo. El resultado, una charla muy enriquecedora (que, como hemos convenido al final, es una de las maneras más agradables de aprender). Podéis escucharlo aquí mismo, y también se puede acceder a él en ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Estos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 1:35 – Antonio José cuenta su relación con el aprendizaje, y cómo (al igual que tantos otros) pasó muchos años dejándose llevar por el sistema de educación tradicional, como alguien le dijo que “la informática no tenía futuro”, hasta que un día decidió tomar las riendas y convertirse en su propio “jefe de estudios”. Hablamos de lo difícil que resulta, de lo poco que ayuda el entorno, y sin embargo de lo crucial que es.
  • 8:58 – Comentamos lo difícil que es, especialmente para los adultos, desembarazarnos de nuestra “mochila de experiencias” y adoptar una mentalidad de aprendiz que nos permita, primero, “desaprender” para luego poder adquirir nuevos conocimientos.
  • 11:22 – Las creencias son los cimientos sobre los que se sustentan nuestras acciones, y también nuestras limitaciones. Hablamos sobre el difícil camino para ser capaz de identificarlas, analizarlas y cambiarlas. Una pista: el blog de Antonio José se llama “Cambiando creencias”.
  • 14:08 – Rutinas, hábitos, persistencia… como elementos imprescindibles a la hora de transitar el camino del aprendizaje.
  • 15:54 – Entramos en materia sobre la procrastinación y su funcionamiento. Hablamos de las ideas de Piers Steel (investigador sobre la procrastinación), y del funcionamiento dual (frío / caliente) de nuestro cerebro, y cómo en realidad estamos programados para procrastinar.
  • 21:40 -¿Cómo podemos reconducir la tendencia natural de nuestro cerebro a procrastinar? Hablamos de gestión de la atención, actuaciones sobre el entorno e implantación de hábitos.
  • 25:20 – La ecuación de la procrastinación, y su relación inversa con la motivación. Vemos cómo actúan algunos factores como la expectativa respecto al resultado que obtendremos, el significado/sentido que le otorgamos, nuestra tendencia a la impulsividad/cortoplacismo… y recuperamos las ideas de Daniel Pink sobre maestría, propósito y autonomía.
  • 28:05 – Coincidimos en la importancia de “la visión” como columna vertebral que sostiene todos los demás elementos tácticos del aprendizaje, y cómo la “falta de visión” es la raíz de muchos de los problemas del aprendizaje.
  • 32:15 – Recuperamos el hilo de los hábitos, y algunas tácticas para poder implantarlos con eficacia. La clave: reducir la fricción.
  • 36:30 – Reflexionamos sobre la “ingeniería del aprendizaje”, cómo es necesario diseñar, planificar, adaptar… todas nuestras acciones si queremos ser capaces de sostenerlas a largo plazo.
  • 41:53 – Analizamos algunos paralelismos entre el “aprendizaje eficaz” y la “efectividad personal”, especialmente los relacionados con la necesidad de articular una visión y las rutinas de planificación/revisión.
  • 48:57 – Le damos una vuelta a la “efectividad del aprendizaje”, cómo muchas veces el aprovechamiento que hacemos del tiempo que dedicamos a aprender es muy escaso, y cómo puede mejorar aplicando una serie de técnicas.
  • 51:27 – Nos acercamos al cierre hablando de la “efectividad personal” como habilidad clave y de impacto transversal, de la capacidad que tenemos todos de poder desarrollarla, y de cómo abordar su enseñanza.
  • 55:00 – Reivindicamos la idea del compromiso como elemento clave para el aprendizaje eficaz.
  • 1:00:45 – Cerramos hablando de Rafa Nadal y del valor de los ejemplos, y de la importancia de centrarse no tanto en el resultado que consiguen, si no en los procesos que ponen en marcha para crecer.