Presentaciones eficaces: el reto del millón de euros

Imagínatelo: estás preparando una presentación, y le estás dando vueltas. ¿Cómo lo hago? ¿Qué cuento? ¿Qué ideas, qué ejemplos, qué imágenes, qué gráficos?

Entonces llega alguien, y te dice: “Te ofrezco un millón de euros, pero con una condición: cuando acabe tu presentación, escogeré a cinco personas de tu audiencia y les pediré que me digan cuáles eran tus tres ideas clave. Si responden correctamente, el dinero es tuyo”.

¿Cómo sería tu presentación si te ofreciesen este reto? Seguro que te dejas de florituras, y vas mucho más al grano. Seguro que defines los mensajes de forma clara y concisa. Y te encargarás de machacarlos una y otra vez para que queden bien claritos. ¿A que sí?

Una presentación es eficaz cuando consigue transmitir un mensaje de forma clara y contundente. Cuando la gente que la escucha se lleva a casa, al terminar, unas pocas ideas clave. ¿De qué narices sirve si no la presentación? De nada.

Por lo tanto, a la hora de plantear cualquier presentación, la pregunta principal es: ¿qué tres cosas quiero que mi audiencia se lleve sí o sí?. A partir de ahí ya vendrá la estructura, el diseño, las imágenes, el storytelling y lo que queramos. Pero siempre subordinados a esas ideas clave que nos obsesiona transmitir… como si nos jugásemos un millón de euros.

PD.- Esta idea la leí en un artículo de Joey Asher en FastCompany, y me encantó. Joey Ascher es el presidente de Speechworks

La clave para hablar en público

Comunicación eficaz

En la entrevista que hice hace unas semanas a Gonzalo Álvarez Marañón, entre las muchas cosas de las que hablamos, surgió esta reflexión que se me quedó dando vueltas respecto a una de las claves para hablar en público. O para comunicar, en términos generales.

Decía Gonzalo que la comunicación eficaz se produce cuando acertamos con el “sweet spot”, esa intersección entre dos cosas: lo que a ti te apasiona contar y lo que les aporta valor a quienes te escuchan.

La primera parte es fundamental. Si lo que vas a contar no te interesa a ti… ¿cómo narices pretendes interesar a otros? Puede parecer algo de perogrullo, pero si lo piensas bien… ¿cuántas veces tienes la sensación de que el que da una charla lo hace “por compromiso”, “porque le ha tocado”? De hecho, ¿cuántas veces te ha pasado a ti? Que te has visto medio obligado a preparar una charla de algo que en realidad te ilusiona más bien poco… Así que el primer paso es ser un poquito autocríticos y selectivos. Decir NO a la idea de dar una charla “por compromiso”, y solo subirse a un escenario (o hacer una entrevista, o colgar un vídeo en youtube o escribir un post…) cuando realmente tengas ganas de contar tus ideas.

Pero claro, eso hay que combinarlo con la otra parte. Porque esto no va de “gustarse a uno mismo”. Si comunicas no es por ti, si no por los demás. Si no les aportas ningún valor, es como si no hubieras hecho nada. Tiempo perdido, una bala desperdiciada. Así que hay que esforzarse por ponerse en el lugar del otro (aquello de “conoce a tu audiencia”), y pensar qué puedes ofrecerles tú que les aporte valor. Ahí es donde está la clave.

Sobre eso, entonces sí, puedes construir. Pensar en el diseño de tus diapositivas, en tu lenguaje no verbal, el storytelling, la apertura y el cierre, y otros tantos elementos “tácticos” que harán mejor tu comunicación. Pero no olvides que el alma, los cimientos, lo que va realmente a marcar la diferencia… es esa intersección entre tu pasión y el valor que recibe quien te escucha.

[Entrevista] Gonzalo Álvarez Marañón y el Arte de Presentar

Entrevista Gonzalo Alvarez El Arte de PresentarHace unas semanas estaba comiendo con un buen amigo, y le contaba mi aventura de Skillopment. Y de repente me dijo: “te tengo que poner en contacto con una persona… estuve haciendo un proceso de coaching con él para temas de hablar en público y hacer presentaciones… y los ejercicios que hacíamos iban mucho en esa línea que me cuentas. Mira, se llama Gonzalo Álvarez, y su web es algo así como El Arte de Presentar”…

Lo que mi amigo no sabía es que yo a Gonzalo le tenía ubicado desde hace casi diez años. Por aquel entonces él empezaba su aventura con su blog “El Arte de Presentar“, y yo no hacía tanto que había dejado de ser el “consultor anónimo”. Seguía interesado por los temas de “presentaciones eficaces”, escribía sobre ello… y de hecho por ahí anda un comentario de Gonzalo en este mismo blog de aquella época :).

Lo cierto es que no habíamos tenido mayor contacto en estos años. Pero a raíz de la conversación con mi amigo, pensé que podía ser interesante tener una charla con él. Tenía curiosidad por ver cómo aplica él en concreto, cuando trabaja con sus clientes ayudándoles a desarrollar las habilidades de comunicación, los principios de los que yo hablo de forma más genérica en Skillopment. Se lo propuse, y aceptó muy amablemente.

El resultado es esta conversación, que quizás sea el inicio de una nueva aventura “podcastera”. Lo cierto es que ha sido un rato muy agradable, Gonzalo es (como podréis escuchar, y como posiblemente no podría ser de otra manera) un excelente comunicador, ameno e interesante. Así, la verdad, da gusto estrenarse.

Os dejo aquí insertado el audio; también podéis encontrarlo en Ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas de los que hemos estado hablando:

  • 1:20 – La historia de Gonzalo, o de cómo un Ingeniero de Telecomunicaciones experto en seguridad y criptografía acaba formando en habilidades de comunicación.
  • 5:10 – La importancia de la habilidad de comunicación para casi cualquier profesional, y el contraste con lo poco y mal que se cultiva tanto en el ámbito académico como en el empresarial.
  • 17:00 – El objetivo de la comunicación, y cómo las metáforas que utilizamos (“enfrentarnos al público”) revelan nuestro modelo mental. Deberíamos considerar la comunicación como “hacer un regalo” (me recordó a Tamariz en esto), en el espacio de intersección entre la pasión y la aportación de valor.
  • 24:22 – No hay aprendizaje sin esfuerzo y sin dedicación. No hay pastillas mágicas. De nuevo, aquello de las verdades incómodas y las mentiras reconfortantes.
  • 27:42 – No todo el tiempo que pasamos practicando es igual de eficaz. La práctica deliberada, de nuevo a escena.
  • 30:58 – Estamos rodeados de ejemplos, y a veces puede ganarnos la ansiedad de “no ser tan bueno como…”. Pero no todos tenemos que ser el número uno; cada uno tenemos nuestros objetivos de aprendizaje, y podemos disfrutar igual a nuestro nivel.
  • 34:10 – El talento vs. el trabajo, y las distintas mentalidades con las que afrontamos este dilema. La mentalidad de crecimiento y la mentalidad fija a las que aludía Carol Dweck en su “Mindset“, y cómo para crecer, para diferenciarnos… hay que asumir riesgos y aceptar la posibilidad del error sin complejos. Pero siempre riesgos controlados, suficientes como para hacernos crecer pero no tan grandes como para garantizarnos el fracaso.
  • 45:35 – La importancia de tener referencias externas que nos sirvan para ir probando cosas, pero también de irnos llevando las cosas a nuestro terreno, destilando nuestra propia manera de hacer las cosas.
  • 48:48 – La figura del maestro, en dos roles diferentes: la figura que nos inspira, que nos impulsa a ser como él; y la que desde su conocimiento y su experiencia nos ayuda a corregir lo que hacemos mal.
  • 49:54 – La eficacia del aprendizaje, lo importante que es obtener el máximo rendimiento al tiempo y al esfuerzo que realizas, y hacerlo de forma que ese aprendizaje se consolide y sea real; porque si no sabes aplicarlo, en realidad no lo has aprendido.
  • 51:55 – Cómo se equilibran las acciones formativas puntuales (cursos) con la necesidad de persistir en el esfuerzo para un desarrollo real de las habilidades.
  • 54:58 – Cómo se plantea habitualmente la formación en las empresas, y cómo a veces se pone más énfasis en indicadores fácilmente controlables más que en lo que de verdad importa.
  • 58:04 – Consejos para mejorar tus habilidades de comunicación, con dos grandes protagonistas: cambiar el concepto de la comunicación tradicional (el del emisor y el receptor) por un enfoque mucho más centrado en la empatía, en ser capaz de ponerse en el lugar del otro y, desde ahí, entender qué mensajes necesita y cómo podemos hacérselos llegar. A nivel táctico, grabarse y verse en una cámara (superando el primer trago de “qué mal nos vemos”) ayuda a observarnos desde una posición externa, y a mejorar desde ahí.
  • 1:05:45 – El aprendizaje como proceso en el que, más que ser “ingeniero”, hay que ser constante y enfrentarse a una serie de miedos, y cómo en ese proceso el papel protagonista corresponde al aprendiz mucho más que al maestro (recupero mi “modelo curling de desarrollo“), y donde lo que puedes aportar al que aprende es gradualidad y acompañamiento.

Me encanta que los planes salgan bien

¿Qué tal funcionó mi charla del otro día? Bueno, recibí reacciones positivas tanto en directo como en la red, pero asumo que eso no es significativo. Seguro que también hubo a quien no le convenciera, y no dijo nada (tampoco me tiraron tomates, eso es verdad). Yo desde luego estoy satisfecho, como siempre pensando en cómo hacerlo mejor la próxima vez. Pero hay algo de lo que estoy seguro: salió exactamente como estaba previsto que saliese.

Seguí el guión que tenía planificado. No divagué, ni me perdí, ni me dejé ningún punto relevante en el tintero. Encajé un par de chascarrillos. En definitiva, trasladé el mensaje que quería trasladar, y me ceñí rigurosamente al tiempo previsto, sin tener que hablar deprisa, ni saltarme ningún trozo, sin dar vueltas en bucle para ganar unos segundos porque me hubiese quedado corto.

¿Casualidad? No. Tampoco talento. Simple preparación, algo que está al alcance de cualquiera.

Hace semanas que empecé a pensar “qué quería contar“, cuál era la idea principal que quería transmitir y cómo montar el hilo argumental que me permitiera darle soporte. Porque de eso se trata, uno se sube a un escenario para contar algo. Sobre esa base he ido profundizando, afinando el discurso, añadiendo un poco de aquí y quitando un poco de allá, buscando datos y anécdotas, intentando darle equilibrio, coherencia y sentido.

En paralelo he ido trabajando el aspecto gráfico de la presentación: sencillo pero aparente, visual, coherente con el discurso. Lejos de las “plantillas estándar”, cuidando un poco los detalles. Aplicando algunos criterios básicos de diseño que no cuestan nada.

Muchos días antes recibí las instrucciones de la organización: 20 minutos, 11 slides, una plantilla estándar. Contrasté con ellos si el asunto de la plantilla era “negociable”. Lo era, así que pude seguir con mi plan original. Si no lo hubiera sido, hubiese tenido tiempo más que de sobra para adaptarme, nada de sorpresas de última hora. La restricción de minutos y slides sí me hizo aligerar la charla, y busqué cómo hacerlo manteniendo el espíritu y la lógica argumental; algo más sencillo cuando la diseñas “de arriba abajo”, puedes eliminar niveles de detalle manteniendo los grandes bloques.

Pasé la charla a dos o tres personas de confianza, para que me dieran su feedback. Incluso pregunté en twitter por un par de matices, a ver qué tal sonaban. Cambié un par de cosas en función de las aportaciones recibidas; es algo que me cuesta en general, pero cuatro ojos ven más que dos, y alguien “de fuera” puede ver tu trabajo con más claridad que tú mismo.

Y ensayé. Cogí la presentación, y la recité durante varios días, varias veces en mi cabeza, otras más en voz alta. Primero leyendo, luego siguiendo de memoria. Midiendo tiempos, siendo consistente en lo que contaba y en cómo lo contaba, asegurando que siempre tardaba más o menos lo mismo en cada bloque y, por extensión, en el total. Tomando referencias que me permitiesen saber, en vivo y en directo, si iba ajustado o no y corregir si fuese necesario.

La presentación la envié a la organización con varios días de antelación a la fecha límite. No había lugar a cambios de última hora, ni a volverles locos. El trabajo ya era de puro repaso, y así fueron los últimos días: asegurarse de que todo estaba en mi cabeza y que salía con fluidez. Incluso durante el viaje pude repasar mentalmente el hilo otro par de veces.

Y llega el momento de subirse al escenario. Y claro, hay nervios, porque da igual las veces que lo hayas hecho un auditorio con decenas de personas impone respeto. Pero empiezas a contar lo que has contado ya tantas veces en tu cabeza, y entras casi en “modo automático”. Y mientras hablas, como lo tienes automatizado, tienes tiempo para ver reacciones, para controlar el tiempo, para meter una pequeña improvisación. Y miras al reloj y ves que vas justo sobre el timing previsto. Y llegas al final y ves que quedan 30 segundos, los justos para hacer el cierre. Y después de un par de preguntas, te bajas satisfecho pensando que has hecho justo lo que querías hacer.

Habrá quien piense que “menudo repelente”, que qué asco doy :D. No podría importarme menos. Para mí era importante que saliese bien, por prurito profesional y por respeto a quienes me van a escuchar. Y por eso le dediqué tiempo y cariño a la preparación. No quería, en una presentación de 20 minutos, excederme 10 o quedarme 5 por debajo. No quería dejar cojo el argumento porque me olvidase de algo. No quería hacer una presentación frankenstein a última hora, mientras iba en el tren. No quería hablar muy rápido y atropellando ideas porque intentas meter en 20 minutos una presentación diseñada para 50. No quería amontonar texto en una diapositiva para que todo encajase. Simplemente, quería que saliese bien.

Decía Bill Walsh que, con la adecuada preparación, “score takes care of itself”. La mayor parte en esa preparación no hay magia, ni talento especial, ni herramientas maravillosas… solo diligencia. Woody Allen lo expresa diciendo “80% of success is showing up”. Las cosas pueden salir mejor o peor, pero que no sea porque tú no has hecho tu parte.

Run to the hills: aprender (más y mejor) como estrategia de supervivencia profesional

En noviembre en Sevilla “estrené” la charla que he había estado preparando durante semanas. “Run to the hills: aprender (más y mejor) como estrategia de supervivencia profesional”

La idea fuerza es que vivimos en un mundo complicado, que nos obliga a reinventarnos constantemente. Y que, en este escenario, desarrollar nuestras habilidades es una estrategia que incrementa nuestras posibilidades de que nos vaya bien. Pero es importante definir “qué aprender”, y sobre todo, “cómo aprender” para que los resultados sean los mejores posibles.

La charla pivota sobre varias de mis “obsesiones” últimamente: la tecnología y su relación con el empleo (aunque no es solo la tecnología; es la demografía, es la globalización, es el ritmo acelerado de la innovación…), y el desarrollo profesional como respuesta. Pero no “cualquier desarrollo profesional”, si no uno que de verdad permita expandir nuestras capacidades.

Creo que el resultado está bastante bien armado. Estoy disfrutando al profundizar en esta temática, y además creo que es uno de los “grandes temas” del futuro. Mi enfoque, además, se centra en lo que podemos hacer cada uno de nosotros, aquí y ahora.

Mi objetivo es seguir tirando de este hilo. La charla, tal y como la tengo, permite hacer intervenciones cortas (como los 20 minutos de esta charla) o profundizar más en sesiones más largas. Estoy buscando activamente ocasiones para darle visibilidad (tanto en el ámbito educativo como en el profesional; creo que en ambos contextos tiene sentido como llamada de atención y como guía de actuación), así que si lees esto y crees que puede resultar interesante estaré encantado de que hablemos.

También he puesto en marcha un espacio en Facebook (Skillopment) para compartir allí recursos, enlaces y demás cosas de interés relacionadas con esta idea (como dicen los youtubers, “like & suscribe” :D).

Irán viniendo más cosas. De momento, me gusta el color que está cogiendo :).