Plusvalía municipal (o Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana)

Estoy en un estado cercano a la indignación. Hace unas semanas formalizamos por fin la venta del piso en Madrid. Me quedaba (bueno, aún me queda) por pagar el impuesto municipal por el incremento del valor del piso (y del garaje). Descarga del programa de autoliquidación, rellenar formulario, calcular autoliquidación… ¡y 2.425,65 del ala! Y otros 252,96 por el garaje. ¡Vivan los impuestos!

Con esto, el Ayuntamiento de Madrid se suma a la panda de buitres y chupasangres que se regodean en las compraventas de los pisos. Se unen al señor Notario, que por hacer un trabajo administrativo (¿esto coincide con esto? si, pues listo – pasen por caja) te pega el palo. Al banco donde tienes la hipoteca, que te cobra 3 euros por hacerte el certificado de cuánto les debes y otros 3 euros por hacerte el certificado de que ya no les debes nada. Al administrador de fincas, que te cobra 15 euros por certificar que pagas religiosamente. A Hacienda, que te pega un palazo sobre la plusvalía si no reinviertes en comprar otra vivienda. A los de las mudanzas. A los de las inmobiliarias. A…

Cuando todo haya acabado, haré un post con números: por cuánto compramos el piso, por cuánto lo vendimos, y cuánto dinero se ha quedado en el camino en forma de impuestos, “servicios profesionales”, intereses… ¿Pelotazo inmobiliario? Pelotazo el que pegan todos éstos, que están encantados con que el mercado inmobiliario se siga moviendo (cuantas más compraventas, más cobran) y a precios cuanto más altos mejor (si vamos a porcentaje… mejor el 30% de mucho que el 30% de poco). Ellos simplemente ponen la mano y a otra cosa, mariposa.

Y sí, ya sé que los servicios hay que pagarlos. Y que los impuestos son buenos. Pero tengo la sensación de que en estas cosas inevitables, hay mucho pescador que se aprovecha del río revuelto.