Charlas y presentaciones: di NO a la lectura de powerpoints

En un post anterior, en el que contaba mi visión de la jornada a la que asistí el pasado jueves, decía que algunas intervenciones habían sido notables y otras “del montón”. Alejandro Santana (uno de los ponentes que no incluí en el primer grupo, aunque tampoco fue de los peores) me planteaba algunas cuestiones al respecto, mostrando su desacuerdo conmigo al considerar que algunas de las intervenciones que yo consideraba “del montón”, teniendo en cuenta la temática y el carácter “formativo” de la jornada, básicamente no podían ser de otra manera. Que si el objetivo era “capacitar a los asistentes a través de la formación”, no quedaba otra.

“Jornada formativa”. Bien. ¿Eso significa que hay que leer en tono monocorde los puntos de un powerpoint? Creo que no. Partimos de la base de que es absolutamente impensable que en una jornada, por muy formativa que sea, se pueden abordar todos los aspectos y los detalles de ningún tema. El objetivo de una jornada “formativa” debe ser, desde mi punto de vista, dar una estructura general del conocimiento, lanzar un puñado de ideas (y cuando digo puñado, me refiero a tres o cuatro), y abrir la puerta a que el auditorio profundice en la materia por dos vías: indicándoles el camino (fuentes, referencias, bibliografía… entregar una documentación DISTINTA de la presentación es una gran idea), y motivándoles para que lo hagan (despertando su interés por la materia, haciendo énfasis en por qué es importante y el impacto que va a tener en su actividad, etc.).

En eso consiste para mí una charla bien hecha, también las que tienen carácter formativo. Y es algo que se da de leches con poner un powerpoint lleno de letras, intentando llegar al detalle. Esa táctica lleva a que el ponente se limite a leer lo que lleva escrito a toda prisa (porque tiene muchos contenidos), y es la vía más directa para provocar los bostezos en la audiencia con independencia del interés intrínseco de la temática.

Por lo tanto, cualquier intervención ante un auditorio es susceptible de ser abordada bien o mal. Ésto es aplicable a una charla de una hora, a una jornada formativa o a un curso lectivo. Es aplicable a un bonito caso práctico o a una charla sobre fiscalidad. No importa la materia, no importan los asistentes: siempre hay espacio para hacer una charla atractiva. Y leer una presentación (o un discurso escrito) nunca va a ser la forma correcta de hacerlo.

Se lo decía a Alejandro en un comentario posterior: si los asistentes llegan a la conclusión de que están igual habiendo escuchado la charla que leyéndose el powerpoint por su cuenta… mala señal.

Pero tampoco hay que llevarse las manos a la cabeza, es un mal muy común. Sin ir más lejos, el año pasado estuve en Expomanagement y llegué a esta misma conclusión: con la mayoría de las intervenciones (a cargo de conferenciantes muy famosos que cobran miles de euros por ello) tuve la sensación de que escucharles en directo no me había aportado nada que no me hubiera aportado la lectura de su último libro.

En fin, si queréis tirar del hilo, os remito al blog de Ángel que ha hablado varias veces con mucho tino del tema.