De las ideas al impacto: aterriza como puedas

El mundo de las ideas es fascinante. Realmente entretenido. Lees libros, lees artículos, reflexionas, analizas, das forma, matizas… puedes pasarte horas y horas dándole vueltas a conceptos, emocionándote a medida que van adquiriendo coherencia, y con la sensación de que “ahí hay algo realmente potente”. Es un ejercicio estimulante a nivel intelectual. Y también, reconozcámoslo, bastante intrascendente en sí mismo.

Da igual de lo que hablemos. Productividad, transformación digital, industria 4.0, knowmads, empresas centradas en los clientes, gestión relativa, estrategia, marca personal, storytelling, minimalismo, fotografía, educación… escoja usted la temática que más le motive, o la que más esté de moda. Se pueden llenar estanterías enteras de libros dedicados a rumiar una y otra vez sobre ella, habrá charlas y eventos donde se hable del tema, cursos, “expertos”, cientos y miles de artículos en blogs dando vueltas y más vueltas a conceptos, recomendaciones, presuntos “casos de estudio”…

Es fácil enredarse en esa maraña. Yo mismo lo hago con demasiada frecuencia. ¿Acaso no lo estoy haciendo ahora mismo, mientras escribo esto; y tú, mientras lo lees?

Las ideas son un espejismo. Nos dan la (agradable y placentera) sensación de estar haciendo algo, cuando en realidad no estamos haciendo nada. Estamos dando vueltas y vueltas en el mismo sitio, sin ningún impacto.

Y es trasladar esas ideas a la vida real (de los individuos, de las organizaciones) es difícil. Requiere esfuerzo, tiempo. Mancharse las manos, enfrentarse a personas, a dinámicas preestablecidas. Supone contrastar esas ideas (tan sólidas, tan coherentes en su mundo ideal) con la realidad, mucho más compleja, más árida. Supone, en definitiva, ponerse a prueba con muchas probabilidades de no triunfar. Ser “el hombre que está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo, sudor y sangre; el que se esfuerza valientemente, yerra y da un traspié tras otro pues no hay esfuerzo sin error o fallo”. Demasiado polvo, demasiado sudor, demasiada sangre. Con lo fácil que es todo desde la barrera.

Hay quien hace del mundo de las ideas su “modus vivendi”. Quien se dedica a predicar, pero no a dar trigo. Investigadores, profesores, críticos, escritores de libros, conferenciantes y gurús varios. Elevados en sus púlpitos, desde donde es fácil dar consejos sin tener nunca que poner a prueba lo que aseveran. Como también acostumbran a hacer muchos (demasiados) consultores, y no pocos directivos de empresas. Proyectos que se quedan en conceptos de alto nivel, en “debería hacerse”, en reuniones llenas de divagaciones, en ideas que parecen muy coherentes y muy lógicas, pero que no son nada sin ser traducidas a las tripas, a tocar las palancas que realmente generan impacto. Pensadores que no se dignan a dedicar el esfuerzo y el tiempo necesarios, con su correspondiente cuota de sinsabores, contratiempos y fracasos. A respirar el polvo, a sudar, a sangrar. Todo eso es sucio, incómodo, lento; con lo bonitas y relucientes que son las ideas. Normal que prefiramos quedarnos calentitos con nuestras pajas mentales.

Pero no hay transformación real si no hay acción. No hay impacto si nos quedamos atrapados en las ideas. El valor no está en las ideas, si no en lo que somos capaces de hacer con ellas.

Ideas. Acción. Transformación. Impacto.

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Gurús: separando el grano de la paja

Ante la avalancha de gurús…

Resulta fundamental identificar a tiempo a estos “expertos” y “gurús”, y evaluar en detalle sus conocimientos y experiencias profesionales, con el objetivo de separar claramente los reales de los imaginarios

Pedro J. Arocena

Muy ilustrativa (y cinematográfica) la entrada de Pedro J.Arocena sobre “el hombre que sabía demasiado“.

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Ese Drucker!

Mi fuerza m�s grande como consultor es ser ignorante y hacer algunas preguntas

Para qu� m�s…

(M�s citas de Peter Drucker en BrainQuote)

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El “Guruato”

Aprovechando el fallecimiento de Peter Drucker (uno de los pocos gur�s que en el mundo han sido), voy a contar mi proyecto de “guruato”. Lo desarrollamos unos compa�eros y yo en aquellos primeros a�os de consultores. El “guruato” es el “estado en el que se encuentran los gur�s”. Era, para nosotros, un estado deseable. Ve�amos los gur�s en revistas, en libros, en conferencias… y pens�bamos “jo, eso s� que es vida”.

Creas un concepto m�s o menos innovador. A ser posible, que incluya un n�mero (los seis “thinking hats”, las cuatro P’s del marketing…). Y a partir de ah�, empiezas a tejer tu leyenda. Primero es el art�culo clave, ese en el que esbozas tu modelo. Y despu�s lo vas reelaborando, sobre la misma base, para profundizar un poco por all�, adaptarlo a un sector por ac�, explicar con �l la �ltima noticia de la prensa, modernizarlo a medida que pasan los a�os… as�, con un esfuerzo inicial m�s o menos importante, y las progresivas adaptaciones, puedes escribir art�culos y libros por los siglos de los siglos.

Por no hablar de las conferencias: te invitan de los lugares m�s remotos e interesantes del mundo. Te pagan una pasta por minuto de intervenci�n. Te reciben con todos los honores. Y t� simplemente cuentas tu conferencia, la misma que llevas contando en distintos lugares del mundo. Todo el mundo te agasaja, sales en la prensa, y para casa.

Tambi�n puedes crear una fundaci�n-empresa de consultor�a, que servir� para rentabilizar tu “marca” de las formas m�s insospechadas.

Al final, despu�s de mucho darle vueltas, abandonamos la idea de alcanzar el “guruato”. En el fondo, debe ser aburrido, estar todo el tiempo contando las mismas cosas, teniendo que ser “brillante” y “amable” todos y cada uno de los d�as, estableciendo relaciones superficiales en foros y conferencias… total, para qu�. Aparte de para forrarse, claro.

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A qué debemos dedicar nuestra energía

Dice Peter Drucker que “cuesta bastante más energía pasar de la incompetencia a la mediocridad que de la primera categoría a la excelencia”. Dicho en otras palabras, que no merece la pena esforzarse en mejorar en aquellas cosas en las que somos unos inútiles totales, sino que es mejor buscar cómo hacer mejor aquellas cosas en las que somos realmente buenos.

Todo esto es fantástico. El problema es saber en qué somos unos inútiles, y en qué somos buenos. Aunque yo creo que, quien más quien menos, tiene una opinión formada al respecto. Otra cosa es que dicha opinión sea agradable de escuchar, incluso para uno mismo. Porque todos tenemos muchos modelos mentales sobre “en qué debería ser bueno, y en qué no puedo ser un inútil”. Y si la respuesta a nuestro diagnóstico confronta con esos modelos mentales, nos cuesta mucho asumirlo.

El caso es que si logramos descubrir y asumir “en qué somos buenos”, queda mucho camino por delante: eliminar comportamientos que nos impiden dedicar tiempo a esas cosas, reforzar habilidades y conocimientos que nos permitan hacerlo mejor…

Un gran recorrido de crecimiento personal.

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