¿Kindle DX o iPad?

Lo noto. Está creciendo en mí. Mi ansia consumista lleva un tiempo dormida, y se está despertando…

La ruidosa aparición del nuevo aparatito de Apple, con una acogida (cuantitativa y cualitativa) bastante notable, me ha llevado a pensar que “yo quiero uno de esos”. O no. En esas ando, pensando a ver qué quiero realmente.

Porque la verdad es que no necesito otro ordenador. Lo normal es que mi día a día se desarrolle cerca de mi ordenador de sobremesa. Si algún día viajo, no tengo “el mono”; me basta y me sobra con mi móvil actual (ni siquiera siento la necesidad de un iPhone/Android/loquesea; molaría, estaría chulo, pero no lo necesito). Así que… ¿qué me iba a aportar otro chisme tipo iPad? Si valiese 50 euros vale, pero es que vale 500… y me aterra gastarme ese dinero en un chisme que empiece a coger polvo por falta de uso.

En realidad, hay algo que no hago en el ordenador: leer documentos. Tengo un buen montón de pdf’s que voy almacenando, “ya los leeré”. Pero me cuesta mucho sentarme delante de la pantalla para hacerlo. Si tengo que “echarles un vistazo” en busca de una información rápida no hay problema, pero si pretendo hacer una lectura sosegada… simplemente, no lo hago. Y ahí están, languideciendo en mi disco duro. Y sí que creo que, si tuviese un dispositivo cómodo para llevarme al sofá (no un portátil, que estamos en las mismas) o a la cama… le sacaría bastante partido.

Y ahí es donde entra en juego el Kindle DX. Mucho menos “fashion” que el iPad, pero mucho más adaptado a su uso concreto como lector de documentos. Más ligero. Con tinta electrónica (menos agresiva para la vista). Eso sí, no permite hacer casi nada más que “leer documentos”. Y hay cosas que se parecen bastante a “leer documentos” (como por ejemplo leer los feeds a los que estoy suscrito, o las webs que me voy guardando “para leer más tarde“) que se quedarían fuera (o no, tengo que ver si hay algún “truco” para poder hacerlo). Y luego está el asunto del precio, porque el Kindle DX es otro pico…

Me gustó a este respecto la reflexión que hacía Antonio Ortiz el otro día. Realmente yo no necesito un aparato para “hacer lo mismo que ya hago durante todo el día en el ordenador, pero ahora sentado en el sofá”. Ni tampoco viajo tanto como para necesitar “algo parecido a un ordenador pero más ligero”. Lo que quiero es algo cómodo que me permita hacer “cosas que podría hacer en el ordenador pero no hago”.

Parece que la reflexión racional me lleva hacia una opción…

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