Los robots crean empleo

Llevo un tiempo dándole vueltas a esto de los robots y el futuro del trabajo, y trato de considerar todos los argumentos que se plantean alrededor de este tema que, para mí, es uno de los grandes retos económicos y sociales de los años por venir.

Hoy me cruzaba en twitter con una reflexión:

“Robótica y empleo van juntos. Cada robot que nosotros instalamos tiene dos ingenieros detrás”

Es un tuit, no conozco el contexto de la frase, y a lo mejor resulto injusto. Pero me parece muy interesante, en la medida en que refleja cierta corriente de opinión “tecnooptimista”, que ante los retos que mencionaba acaban optando por el “no pasa nada, la tecnología proveerá”. ¿Un problema para el empleo? No, hombre, por cada robot tenemos dos ingenieros.

Vale, el robot permite que haya dos ingenieros… ¿y cuántos puestos de trabajo amortiza? ¿Cuál es el saldo neto de creación/destrucción de empleo? “Yo creo empleo” no sirve como respuesta, si el saldo global (como intuyo) es negativo.

Incluso si asumiésemos que son dos ingenieros a cambio de dos puestos de trabajo amortizados por el robot, que no hay destrucción neta de empleo… ¿cuál es el perfil de esos puestos de trabajo que se destruyen? Apuesto por trabajos poco cualificados, desempeñados por personas que están muy lejos de ser ingenieros. Si destruimos empleos de “baja cualificación”, y lo que aparecen oportunidades que requieren una mayor cualificación… ¿Qué hacemos? ¿Transformamos automáticamente a unos en otros? ¿Es creíble que podamos tener una sociedad de “solo ingenieros”? ¿Qué va a pasar con todas las personas que “no den el nivel”?

Como digo, me parece que ahí hay mucha miga. Y nos vamos a enfrentar irremediablemente a ese problema. A ver cómo lo resolvemos.

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Tchs, tchs, que viene el robot

robots

Quién sabe por qué extraños vericuetos de la memoria, este tema me hace recordar una canción de hace 30 años. Diría que eran La Trinca los que cantaban “tchs, tchs, que viene el neutrón” (aunque no encuentro referencias en internet… ¿me lo habré inventado?). El caso es que ahora no es el neutrón, si no el robot, el tema de moda. El advenimiento de los robots, no ya como simpáticos y serviciales mayordomos (que es como los imaginábamos hace unas décadas), si no ocupando cada vez más espacios dentro de la economía productiva.

Obviamente esto no es cosa de hoy. La introducción de la tecnología lleva desde su propio nacimiento facilitando incrementos de productividad y, en paralelo, desplazamiento de la mano de obra humana. Cuando sin ruedas hacían falta 30 personas empujando un bloque de piedra, con rueda hacen falta 2 (me lo invento, claro). Y así con cada uno de los avances tecnológicos desde que el mundo es mundo. Tampoco la desconfianza e incluso la resistencia activa ante el fenómeno es algo nuevo: el ludismo es cosa de finales del XVIII. Y no podemos decir que los robots sean una novedad. Llevamos décadas asistiendo a la progresiva introducción de maquinaria robotizada en el ámbito de la industria o los servicios (¿qué es un cajero automático, en realidad? ¿o un call center automatizado? ¿el auto check-in en el aeropuerto? ¿las cajas de autoservicio en los supermercados?). Entonces… ¿por qué ahora parece que se haya convertido en discusión habitual?

Mi sensación es que el rodillo de la robotización sigue a su ritmo, no especialmente más agresivo ahora que antes. El problema es que cada vez nos achica más los espacios; cuando empezó a afectar al sector agrícola, bueno, pues los agricultores que se busquen la vida en las ciudades. Cuando afectó al sector industrial pues mira, los obreros que curren de camareros o de cajeros en el súper o de taxistas. ¿Que eso se automatiza también? Pues haber estudiado. Pero a medida que se incrementa la capacidad de procesamiento de información y de autoaprendizaje de las máquinas y en paralelo su abaratamiento, cada vez son más los trabajos de “haber estudiado” que también se ven afectados. El nivel del agua sigue subiendo, y ya nos estamos quedando sin sitio para respirar. Muchos de los que “toman las decisiones” (y de los que “forman opinión”) empiezan a verle las orejas al lobo.

Hay quien desprecia el problema, argumentando precisamente que “la tecnología siempre ha provocado este efecto” y que “siempre hemos encontrado una salida“, siempre han aparecido nuevos trabajos y no ha pasado nada, y esta vez no será diferente. A mí se me queda un poco pobre el argumento, una especie de “wishful thinking”, de “Dios proveerá”. Que a lo mejor sí, pero yo veo que la situación cada vez se aprieta más por lo que mencionaba antes: cada vez nos quedan menos espacios, y cada vez hay más gente en el mundo. ¿Seremos capaces de habilitar nuevos “océanos azules” para dar trabajo a miles de millones de personas a salvo de los robots? Fiarlo todo a “seguro que sí” se me hace un poco estrategia del avestruz.

Últimamente le doy bastantes vueltas a este tema, sobre todo desde tres ángulos: el profesional, el educativo y el social. Desde el punto de vista profesional… ¿qué futuro nos queda a nosotros? ¿qué futuro les queda a nuestros hijos? ¿cómo prepararnos y prepararles para este entorno? ¿qué habilidades tienen que desarrollar, qué expectativas de vida pueden tener? Las reflexiones que leo al respecto me parecen todavía demasiado “de altos vuelos”, del tipo “hay que desarrollar habilidades que los robots no tienen, como el pensamiento crítico, la creatividad, o la empatía”. Vale, sí, ¿y eso cómo se desarrolla? ¿y en qué tipo de trabajo se traduce? ¿y para cuántos hay sitio?

Asumiendo que ése es el enfoque correcto… ¿en qué medida contribuye nuestro sistema educativo, tal y como está concebido, a esa necesidad? ¿Estamos formando a las nuevas generaciones para que se enfrenten a esta realidad o, como leía hace tiempo, les estamos mandando a la guerra con palos de madera? ¿Qué podemos hacer a nivel colectivo y a nivel individual para adaptar mejor el rumbo? ¿Lo estamos haciendo suficientemente rápido?

Y a nivel social… ¿cómo va a ser un mundo en el que cada vez un porcentaje mayor de la sociedad vaya a tener serias dificultades para ganarse la vida trabajando? Porque cada vez habrá menos trabajo, y en cada vez más lugares tendrás que competir (y perderás) con un robot que lo hace más rápido y más barato. Y los lugares para los trabajos más “cualificados” serán cada vez menores, y habrá cada vez una mayor competencia por acceder a ellos. ¿Qué pasa con los que no puedan, por capacidad o por oportunidad, llegar a ese nivel; o los que, incluso llegando, no puedan acceder porque no hay sitio para todos? Ya no habrá el recurso de “pues me voy a vendimiar”, o “me pongo de camarero”. ¿Cómo se sostiene una sociedad así? ¿Cómo se mantiene el flujo de la economía cuando hay millones de personas excluidas? ¿Qué tensiones se producirán? ¿Qué remedios podemos ponerle? ¿Son esos remedios sostenibles?

El panorama me parece sin duda apasionante, y también un punto agobiante. En mi obsesión de no enredarme demasiado en el mundo de las ideas, estoy buscando la forma de bajarlo al terreno práctico… eso si contando con que no llegue un robot y lo haga por mí.

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En una economía de robots, ¿qué pintas tú?

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Hace unas semanas leí un artículo que me tuvo pensando un buen rato. Habla del típico asunto incómodo pero que, como no parece muy inminente, nos permitimos ignorar. Afirma Marc Vidal que el futuro, gracias a la robotización de cada vez más sectores laborales, no creará empleo.

La tentación es decir “buah, qué exagerado es este señor”. Y sin embargo…

La creciente “maquinización” de la economía es un hecho. En realidad, lo lleva siendo muchos años. Cada vez que alguien ha desarrollado un método para sustituir la “fuerza bruta” se ha producido un impacto en las personas. El trabajo que hacían 100 personas ahora lo hacen 10 y mañana lo hará 1, y probablemente a tiempo parcial. Y todo ello de forma más rápida, más fiable, más productiva y sin todos los problemas derivados de la gestión de personas. Pasa en el sector primario, pasa en el sector industrial y pasa en el sector servicios. Cada vez afecta a más ámbitos.

Desde mi punto de vista, se trata de un proceso inevitable. Hay un incentivo económico claro. Somos los compradores los que decidimos. Cada euro que gastamos es un voto por el mundo que queremos. Si un empresario puede utilizar robots, y de esta forma mejorar su producto (más barato, más fiable) podrá ponerlo en el mercado de forma más fácil y encima con un mayor margen. Y a la mayoría de los consumidores nos da igual… si es más barato, se compra más barato. Nos ha dado igual cuando eso significaba que los productos se hagan en China en vez de en el pueblo de al lado. Nos dará igual cuando los productos y servicios los provean las máquinas y no los humanos (¿acaso te preocupan los despidos en el sector bancario mientras operas cómodamente en tu banca online?).

Lo que asusta es pensar en las consecuencias. Un porcentaje cada vez mayor de la población excluido del proceso productivo. No haces falta en el campo, no haces falta en las fábricas. Ni siquiera podrás estar de camarero. En el mejor de los casos, si cobras un sueldo miserable, el empresario puede retrasar la decisión de robotizar. Pero cada día la balanza se irá inclinando más hacia el lado de las máquinas, y llegará un día en el que simplemente no resulte económicamente razonable tener personas trabajando. Ya no hablamos, como a finales del XIX y principios del XX, de una discusión sobre el reparto de las plusvalías entre “el capital” y “el obrero”. Es que ahora estará claro que todas las plusvalías son del capital y de sus robots.

¿Y entonces qué? ¿Cómo se estructura una sociedad en la que cada vez hay más personas que ni tienen trabajo ni posibilidad de tenerlo? ¿Cómo van a evolucionar los distintos grupos sociales, los pocos que tienen robots vs los muchos que no tienen trabajo? ¿Dónde están los límites del Estado como redistribuidor de rentas o garante del “bienestar”? ¿Qué mundo, en definitiva, es el que nos espera?

Mi anterior pregunta iba en genérico. Qué mundo “nos espera”…. pero… ¿qué mundo te espera a ti, o a tus hijos? ¿Cuál va a ser su papel en ese reparto? ¿Tu trabajo, el sector en el que desarrollas tu actividad… puede verse afectado? ¿Cómo educamos a nuestros hijos para que estén preparados para lo que se avecina?

Demasiadas preguntas. Y como decía al principio, una visión demasiado incómoda.

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