Sobre el cierre de Soitu

Hoy a mediodía ha saltado la noticia del cierre de Soitu. ¿Qué es Soitu? Un periódico online, que nació hace casi dos años. A mí personalmente me gustaba, tanto por la selección de noticias (alejadas de los medios tradicionales) y por el enfoque fresco y “desenfadado” que le daban. Y me da pena que tengan que echar la persiana; según parece entenderse, no han conseguido tener beneficios nunca y el inversor principal (BBVA) ha decidido dejar de poner dinero.

Lo cual nos lleva, una vez más, al debate del valor aportado. Para empezar, Soitu era un medio gratuíto. No cobraba a sus usuarios. Y creo que no cobraba porque no podía cobrar, poca gente hubiese pagado una suscripción a cambio de esos contenidos (ahora saldrá mucha gente diciendo que sí, que ellos sí hubiesen pagado… yo lo dudo). Modelo “free”, entonces. Pero como dije hace un tiempo, alguien tiene que pagar en la economía de lo gratis, porque los locales no se pagan solos, los equipos tampoco, los profesionales tampoco. Si no son los usuarios tendrán que ser unos anunciantes a cambio de mostrar su publicidad. Y si no, tendrán que ser los accionistas los que pongan dinero. En todo caso, sea quien sea el que paga, hay que ofrecerle un valor a cambio. Si no, “no hay trato”.

Que Soitu tenga que cerrar no es más que la certificación de que no consiguió ofrecer valor suficiente a quien debía ofrecérselo, aquéllos en condiciones de generarles unos ingresos suficientes para compensar gastos. Ni a los usuarios (¿era un contenido tan sobresaliente como para que se pagase por ellos? ¿hay posibilidad, en la internet de hoy, de cobrar por contenidos?), ni a los anunciantes (¿consiguió llegar a tener un volumen de visitantes interesantes? ¿resulta rentable la publicidad a base de banners?), ni a su accionista (¿qué le aportaba Soitu a BBVA ahora o en el futuro?). Entonces, como ya sucedió en el caso de Mobuzz, el cierre es algo lógico. Y, si nos atenemos a la lógica económica, incluso bueno; los recursos que se estaban invirtiendo en esa iniciativa estarán mejor aprovechados en otro sitio, uno donde sí generen un valor suficiente como para que alguien quiera pagar por ello.

No lo subas a Youtube

Hace ya un buen montón de años (del orden de 9, más o menos) mi jefe y yo preparamos una presentación superchula para un evento sobre creatividad. Al ritmo de The Crystals y su Da Doo Ron Ron se sucedían imágenes en blanco y negro (que él había escaneado de un libro de fotografías de los años 40-50, algunas bastante curiosas) y “mensajes” (del tipo “intenta lo imposible” y similares). Fue una currada importante (maldita la hora en la que se me ocurrió enseñar en la oficina “el Flash” y lo que se podía hacer con él… ¡todo el mundo quería que sus aburridas presentaciones powerpoint fuesen migradas para tener música y movimiento! – por supuesto, de las complejidades de hacerlo no querían saber nada) y el resultado (no es porque la hiciera yo) molaba.

El caso es que hace unos meses, hablando con este ex-jefe (con quien mantengo buena relación), me acordé de esta presentación. “Oye, tú que lo guardas todo, no la tendrás por ahí, ¿verdad? Porque yo la he perdido de vista” “Ah, pues sí, aquí la tengo” “Oye, pues mándamela, que me haría ilusión tenerla; la subo al youtube, la pongo en el blog…”

“Eh, no, no la subas a Youtube; que todavía podemos aprovecharla”. Ojos como platos. ¿Aprovecharla? Él hace años que no trabaja en consultoría, sino en una empresa “de verdad” en la que una presentación sobre “creatividad”… como que no va a usar nunca jamás. Aun así, estamos hablando de algo de hace 9 años. Por no hablar de lo convencido que estoy de que, incluso pudiéndola reutilizar a día de hoy, su impacto y difusión será mucho mayor si la pones a disposición de cuanta más gente mejor en vez de guardártela en lo más profundo de tu disco duro hasta que un día la pones ante un auditorio de 20-30 personas.

En fin, todavía sigo esperando. No por que se niegue a mandármela (la organización nunca fue su fuerte: puede perfectamente haberse olvidado del tema). Lo que tengo claro es que, en cuanto me llegue, a Youtube que va.

Cuánto cuesta una cosa, cuánto vale y cuál es su precio

Tendemos a usarlos como sinónimos: ¿cuál es el precio? ¿cuánto vale? ¿cuánto cuesta? Pero no son lo mismo…

Recientemente han coincidido dos posts interesantes al respecto. Uno, éste de Andrés que se llama “el precio justo“. Otro, el video de LaComuna.tv donde desglosan su “presupuesto” por hacer un video.

Las cosas “cuestan”, tienen un coste: si sumas el precio que tienes que pagar por todos los materiales, los servicios contratados, la mano de obra, la imputación de gastos indirectos e incluso la estimación del beneficio esperado obtienes el “coste”, que se transforma en el “precio mínimo al que vas a vender”. Por que si vendes por debajo de eso, estarás perdiendo dinero.

Por otro lado tenemos el valor, que es algo tremendamente subjetivo que depende del comprador o, más concretamente, de la “utilidad marginal” que recibe a cambio de lo que compra (y en lo que intervienen muchos factores). Es una medida de “lo máximo a lo que estoy dispuesto a renunciar por comprar el bien”, y determinaría el “precio máximo al que voy a comprar”. Porque si compras por encima de eso, estás renunciando a algo que valoras más que lo que vas a obtener a cambio (estarás perdiendo “utilidad”).

Finalmente, el precio es la cifra a la que se realiza el intercambio. Lo normal es que se sitúe entre el coste y el valor. Mientras eso suceda, las dos partes quedarán satisfechas: el vendedor cubre su coste y algo más (incluso mucho más), y el comprador se desprende de una utilidad menor de la que recibe a cambio.

El problema viene, claro, cuando el valor percibido por el potencial comprador no llega a cubrir el coste. ¿Y entonces? Pues entonces… no hay trato, no tiene sentido, es antieconómico. Pero es un problema relativo, no se hace la transacción y ya está.

Pero el problema es mayor cuando el valor percibido en un momento luego se descubre como falso y te das cuenta de que has hecho una transacción pagando un precio desorbitado por algo que no valía lo que costaba.

O cuando los costes (y por lo tanto los precios mínimos) están inflados por que se le ha dado valor a cosas que no lo tenían, y ahora hay que buscar a otro “tonto” y convencerle de que pague un valor inexistente.

¿Que a qué viene todo esto? Pues a nada en concreto, a reflexión “económica” sobre proyectos que ves, sobre la “economía de lo gratis”, sobre si es sostenible plantear un negocio en el que nadie esté dispuesto a pagar lo que cuestan las cosas, sobre si nos estamos malacostumbrando a que sea así, sobre cuánto va a durar esa ficción, sobre quién paga lo que no queremos pagar los demás, sobre qué negocios tienen sentido y cuáles no, sobre hasta qué punto vivimos en una economía de mentira construida sobre valoraciones incorrectas…

En fin, paranoias :)

¿Salvar Mobuzz? ¿Y por qué?

Mira que no quería, pero al final… Es el tema del día en “los mundos blogosféricos de Yupi”: Mobuzz ha lanzado una campaña de captación de donativos para poder seguir financiando sus actividades.

Un poco de contexto: Mobuzz es un canal de “televisión por internet“, es decir, graban sus shows, los cuelgan en internet (gratuitos para los espectadores) y cobran por publicidad. Llevan ya unos cuantos años, son muy activos en la blogosfera (suelen cubrir muchos saraos: no por beneficencia, sino porque consideran que esos contenidos “venden”), etc. Pero lo cierto es que no ganan dinero: lo pierden. Hasta ahora han sobrevivido en parte con publicidad (que no cubría los costes) y en parte puliéndose el dinero de sus inversores. Imagino que esperando que en algún momento el volumen de espectadores y la publicidad en el sector del video online equilibrase la ecuación. Pero ha llegado la crisis antes que ese momento: los anunciantes escasean, y los inversores no quieren seguir poniendo más dinero.

Ante la tesitura de tener que cerrar, han planteado esa campaña de donativos a sus usuarios. Una campaña que ha tenido bastante repercusión (p.j. EnriqueDans, Varsavsky, Julio Alonso, y en muchos otros blogs, y en twitter), porque en Mobuzz han cultivado buenas relaciones con gente relevante a lo largo del tiempo y hasta en los medios “de verdad”. Algunos de éstos se limitan a informar de la iniciativa, y otros toman partido: “hay que salvar Mobuzz”. Y yo me pregunto… ¿de verdad hay que salvar a Mobuzz?

Antes que nada: yo he donado. No soy un espectador habitual de sus shows, pero me parecen gente maja, es un proyecto que me cae bien y, en fin, mi dinero es mío y me lo gasto en lo que quiero (y total, lo que he donado tampoco va a ningún sitio). Pero no me atrevería a decir que “hay que salvarlo”, ni me atrevería a animar a otros a donar.

Mobuzz es una empresa, su objetivo es ganar dinero. Es así de sencillo. No hay un objetivo más elevado detrás, ni altruismo: ni “es que es una start-up”, ni “hay que apoyar la innovación” (¿tan innovador es?), ni “tenemos que apoyarnos entre nosotros”, ni “como es 2.0″… eso no son argumentos (aunque obviamente, cada uno aporta por lo que quiera). El gran motivo que tiene cada individuo para donar es: ¿cuál es la utilidad marginal que me proporciona la existencia de Mobuzz? ¿qué sucede si Mobuzz no vuelve a emitir? ¿cuánto estoy dispuesto a pagar para que eso no suceda?

La respuesta oscilará entre el “nada, me la suda que sigan emitiendo o no” y el “me muero si dejan de emitir, hipotecaría mi casa para salvarles”; pasando por el “lo veo habitualmente pero tampoco pagaría por ello” y el “estaría dispuesto a poner x euros por seguir viéndolo: aquí están”.

La respuesta agregada de todos los potenciales usuarios dará una cantidad. ¿Es suficiente? Pues entonces Mobuzz se salvará porque proporciona una utilidad a los usuarios, y está bien que se salve. ¿No llega? Pues entonces Mobuzz cerrará y, en términos generales, nadie la echará de menos.

Así que, pase lo que pase, estará bien: si se salva porque sus usuarios pagan por sus contenidos (al fin y al cabo, esta donación no es nada más que eso), pues estupendo. Y si no se salva porque a sus usuarios les da igual… pues adios muy buenas, está mejor cerrada que abierta.

Libre mercado. Asignación eficiente de recursos. Utilidad y coste marginal. Y no hay nada más.

Conocimiento abierto

A veces puede resultar un poco contraintuitivo (“¡¡los contenidos son míos, los he hecho yo!!”) pero estoy muy de acuerdo, como ya dije hablando del valor del self-service

Los contenidos son sólo pistas, ventanas al conocimiento que da valor a su autor, pero el verdadero valor está en seguir produciendo conocimiento, no en atesorar lo que ya debería ser viejo después de presentarlo

Sueños de la razón