Mapas mentales para niños

Hace un tiempo comentaba sobre la técnica del “mindmapping” o “mapas mentales”. Una herramienta que definitivamente he incorporado a mi forma de trabajar, y que me ayuda mucho a estructurar y relacionar la información sobre un tema concreto.

Hoy he aprovechado para experimentar de nuevo con ellos. Y en este caso no sobre mí mismo, sino sobre mi hijo. Pablo tiene 6 años, ha empezado 1º de Primaria este año, y poco a poco irá notando el incremento de exigencia en el cole. Por ejemplo, estos días tiene que elaborar un trabajo sobre “los burros” (están leyendo “Platero y yo”), y cuando le empecé a preguntar “¿qué quieres poner sobre los burros?” y él me empezó a decir cosas inconexas (según le venían a la cabeza: “¡que tienen orejas grandes!” “estamos leyendo el cuento de Platero” “había un burro en Shreck”…), ví claramente la oportunidad de utilizar un mapa mental.

Así pues, cuando me dijo “¡que tiene orejas grandes!”, traté de orientarle a “qué otros rasgos físicos tiene un burro” para poner todo ello bajo el ramal de “cómo son los burros”. Cuando me hablaba de Platero, traté de orientarle a “otros burros famosos” para agruparlos. “Para qué sirven los burros”, y de ahí tratar de sacar todas las utilidades. Y mientras tanto, yo iba dibujando el mapa. Lo curioso es que luego, sobre la base del mapa que yo había dibujado, él automáticamente empezó a seguir la “lógica de pensamiento”, agrupando iguales con iguales. Seguía los ramales y, si le faltaba algún detalle, me decía “tenemos que buscar la respuesta a esto”. Si se le ocurría una idea nueva (algo que surgía mientras buscábamos información en internet), él mismo se encargaba de buscar el ramal donde encajarlo (incluso directamente de escribirlo)

¿El resultado? Lo que eran al principio “ideas inconexas” se transforma en conceptos agrupados de forma lógica. De ahí a trasladarlo a un documento, ya sólo hay un paso. Mera ejecución (fotos, texto…) de un plan previamente trazado, coherente y completo.

Es curioso. Para mí, la forma de estructurar información de los mapas mentales me resulta muy natural. Y ya no sé si es por el mero hecho de ser “mayor”, por que mi cerebro tiende a pensar de esa forma, o si las herramientas me han ayudado a encauzar esa forma de pensar. En todo caso, creo que es muy útil. Y en la medida en que pueda, trataré de transmitírsela a los niños. Eso que llevan ganado.

PD.- Tony Buzan tiene un “Mind maps for kids“, que no he leído… ¡lo revisaré!



Haciendo un mapa mental

Hace un tiempo que tomé contacto con el concepto de “mapa mental” (mind mapping), desarrollado por Tony Buzan. Lo vengo usando a nivel “conceptual” para gestionar proyectos, para elaborar contenidos (artículos, charlas)… y la verdad es me gusta como herramienta. Pero hasta hoy no había hecho un mapa mental “completo” (el que he usado para el post sobre networking).

Efectivamente, hasta hoy lo único que hacía era utilizar la idea básica del “mapa mental” (conceptos conectados de forma radial a partir de una idea principal). Pero lo hacía con boli y papel, únicamente con palabras y líneas. No había dado “el siguiente paso”, que para Buzan es parte intrínseca de la herramienta, consistente en añadir un componente gráfico (colores, dibujos, formas…). Para Buzan, gran parte de la gracia de los mapas mentales está en el aspecto visual, que por un lado nos permite elaborar/relacionar/caracterizar más los conceptos (ya que mientras dibujamos entra en juego nuestro “lado derecho del cerebro”) y por otro nos permite recordar mejor el conjunto del mapa (ya que lo vinculamos a imágenes, mucho más recordables para el cerebro).

Francamente, es un reto dar ese paso. Requiere tiempo, imaginación, unas habilidades que normalmente no tenemos desarrolladas, varias idas y venidas hasta conseguir cierta coherencia… pero a la vez tiene un punto divertido, para qué nos vamos a engañar. Y el truco es que, mientras estás pinta que te pinta (Buzan recomienda papel y pinturas… yo me he ido directamente al ordenador) sigues en realidad dándole vueltas a los conceptos y relaciones que estás intentando plasmar.

¿Son eficaces los mapas mentales? Yo creo que sí. Pero no porque en sí mismo sean una “herramienta superior” (me desmarco aquí de Buzan, que viene a decir que los mapas mentales son la octava maravilla, que sirven para todo, que “reflejan la forma de pensar del cerebro”; aunque sin duda cosas interesantes tiene). Al final, elaborar un mapa mental exige para empezar una labor de filtrado, priorización y relación de ideas. Es decir, que en ese proceso vas haciendo tuyo el tema que estés tratando, interiorizándolo, dándole sentido y forma. Un proceso de lectura, análisis y síntesis que, en sí mismo, ya tiene un valor notable. Y la fase de “embellecimiento” lo que hace es consolidar todo eso; sobre una estructura conceptual ya fijada, te dedicas a repasar y a complementar el sentido de las palabras y las relaciones con elementos gráficos que ayudan a fijarlo.

Como ocurría con los resúmenes en la época de estudiante, creo que la mayor parte del valor del mapa mental no está en el resultado, sino en el proceso. Es ahí, mientras lo estás elaborando, cuando haces el trabajo. Observar un mapa mental ajeno, por lo tanto, tiene un valor limitado. Puede ser más o menos bonito/curioso, más o menos coherente… pero todo el conocimiento que se esconde detrás sólo está al alcance de quien lo elaboró.



Estudiar en la biblioteca

Por cosas como éstas (que veo en el blog de Rubén Calvo) nunca jamás (bueno, creo que una vez o dos) bajé a estudiar a una biblioteca. Y eso que en el video no salen los que cuchichean, las que cuchichean, los que se levantan para ir al baño, los que se levantan a echar un cigarro, los que entran riéndose, los que piden un libro, los que… Y menos mal que en la época no había móviles generalizados, ni portátiles para ver chorradillas.

Yo, en mi cuarto, con mi mesa y a mi bola. No puedo quejarme de los resultados.