Desaprender: la trampa del pasado

Una dirección

Todos tenemos un pasado, que es el que nos ha traído hasta aquí. Pero… ¿te has planteado hasta qué punto ese pasado restringe nuestras opciones? ¿Es útil aferrarnos a él? Y si la respuesta es no… ¿cuánto nos cuesta olvidarlo y desaprender?

Atrapados por nuestro pasado

En la peli de los 90 “Atrapado por su pasado” se cuenta la historia de un narcotraficante que, después de pasar una larga temporada en la cárcel, sale con la intención de alejarse de ese mundo. Sin embargo, a pesar de su firme voluntad, el entorno le acaba volviendo a atrapar, y no consigue escapar de su quizás inevitable destino.

Recordaba esta peli hace poco, mientras reflexionaba sobre el futuro. Y es que, cuando uno se pone a pensar en definir su “visión”, resulta muy complicado abstraerse de lo que arrastra. Y cuanto más años pasan, mayor es el equipaje. Qué estudiaste, en qué trabajaste, qué decisiones tomaste… determinan, de forma casi inconsciente, el rango de opciones que te planteas. No nos damos cuenta, pero el pasado puede ser una losa. Desaprender, deshacernos de ese lastre, es necesario. Aunque cueste.

La inconsciente necesidad de ser consistentes

Porque dicen que uno de los sesgos psicológicos que tenemos los humanos es la necesidad (casi enfermiza) de “ser coherentes con nosotros mismos”. Somos capaces de alterar nuestros recuerdos (o inventárnoslos, directamente) si eso hace que nuestras acciones tengan “lógica” para nosotros mismos. De hecho, este rasgo puede ser utilizado como mecanismo (perverso) de influencia: si conseguimos que una persona nos diga que sí a algo pequeño, luego le resultará difícil decirnos que no cuando le pidamos algo más grande. Romper con nuestro pasado exige asumir un cierto nivel de incoherencia, o en su defecto buscar una explicación que nos permita justificarnos la transición.

Pero es que además, dirá alguno, es normal. Si siempre has hecho una cosa, es ahí donde tienes experiencia relevante. Serán esas, y no otras, las habilidades que has desarrollado. Tu círculo de contactos está en ese mundillo, así que lo normal es que te vuelvas sobre ellos. Sí, quizás sea lógico. Has “invertido”, y no vas a deshacerte de tu inversión, ¿no? Y sin embargo…

Sostenella y no enmendalla

¿Recuerdas la fiebre de las .com de principios de siglo? ¿Recuerdas Terra? Hubo un momento en el que “comprar acciones de Terra” parecía la forma más segura de ganar dinero, y que eras tonto si no lo hacías. La cotización subía y subía, y muchos se subieron al carro. Pero inevitablemente la cotización llegó a su máximo, y empezó a bajar. Muchos de los que habían comprado mantuvieron sus acciones, con la esperanza de que fuese un ajuste temporal. Incluso cuando ese ajuste llevó la cotización por debajo del precio al que habían comprado: “no, ¿cómo voy a vender ahora y perderle dinero?“. Pero la acción no volvió a subir, y perdió prácticamente todo su valor.

Esa sensación de “estar invertido” en algo es muy habitual. Cuando uno hace una inversión financiera, debe tener claro que en la decisión de mantener o vender no debe influir para nada el precio al que compró; únicamente las expectativas de futuro. Y aun sabiéndolo, resulta casi imposible no mirar de reojo ese punto de referencia del pasado.

Hemos invertido tiempo y esfuerzo en desarrollar unas habilidades, en conocer un sector, en formar una red de contactos, en tener una presencia en el mercado. ¿Cómo vamos a renunciar a todo ello? ¿Cómo vamos a “desperdiciar” esa inversión? Y sin embargo, la forma racional de afrontar esa decisión no es mirando al pasado, si no al futuro. ¿Qué crees que va a pasar en el futuro? ¿Qué quieres que pase? Esa inversión que hiciste… ¿es útil? ¿te lleva a donde quieres ir? Si no… ¿tiene sentido mantenerla solo por esa sensación de “no desperdiciarla”?

Soltar lastre para decidir mejor

En un entorno incierto y cambiante, la habilidad de desaprender, de desembarazarse del pasado por útil que fuese en su momento, es fundamental para poder adaptarse y evitar que las inercias te arrastren.



El management y los huevos

Hace no demasiado tiempo comer huevos era algo que había que hacer con prudencia. Que si demasiada proteína para el hígado, que si ojo con el colesterol… Luego no, luego resulta que comer huevos es estupendo y no causa problemas. Salvo que tengas enfermedades coronarias, que entonces bueno, mejor no. Entonces… ¿es bueno o es malo comer huevos? Y más concretamente, ¿cuántos huevos puedo comer a la semana? Pues depende. Porque comer huevos tiene cosas buenas, y tiene cosas malas. Y a lo mejor no depende tanto de los huevos, como de ti.

Me venía esto a la cabeza leyendo la noticia de que IBM, que en su día fue pionera en la política de trabajar de forma remota, está ahora dando un giro y promoviendo (a la fuerza ahorcan) que los equipos trabajen juntos de forma presencial. Hace no mucho leía algo parecido referido a si es bueno trabajar en “open spaces” o si es malo. Y podemos aplicarlo a casi cualquier decisión de gestión. Hay quien dice una cosa, hay quien dice lo contrario. Lo que antes era bueno, ahora resulta que no. Y a lo mejor pasado mañana sí. Entonces… ¿qué hago yo?

Los humanos, y las organizaciones, lidiamos regular con la incertidumbre. Queremos certezas. Queremos que nos digan qué tenemos que hacer para que nos vaya bien. Buscamos las recetas infalibles, los consejos que no fallen, los benchmarks que nos aseguren que por lo menos no estamos haciendo nada distinto de los demás, las metodologías impecables, los gurús del momento que bendigan nuestras iniciativas. Y con toda seguridad que, sea lo que sea lo que nos estemos planteando, encontraremos algún experto que afirme lo que queramos, un “estudio” de alguna “universidad americana” (aunque sea pequeñito y poco significativo y cogido por los pelos, pero estudio científico al fin y al cabo), un libro editado por algún brillante escritor de management, un curso donde nos enseñaran a hacer las cosas “de forma correcta”, una cita de algún autor clásico (¿real o inventada?), una encuesta que diga que es una buena idea (aunque se haya hecho a cuatro amigos), un consultor que te diga que él lo ha hecho con varios clientes y les va de fábula, unos cuantos “casos de éxito” contados a bombo y platillo, varios artículos en las revistas del ramo y una miríada de contenidos en redes sociales (refritos de refritos) que apoyen esa idea…

Bueno, qué alivio. Ahí tenemos nuestras certezas. Ya podemos gestionar, ¿verdad? Lo malo es que esas “certezas” no son tales, por mucho que queramos darles la apariencia de que lo son, y sirven solo para apaciguar nuestra inquietud. De hecho, casi con toda seguridad, podríamos encontrar un buen número de “certezas” similares que apoyasen la tesis contraria. Porque la realidad es que cualquier curso de acción que emprendamos tendrá sus cosas buenas, y sus cosas malas; y no hay forma de saber a priori cuál de las dos pesará más. Porque encima, en un mundo complejo, las interrelaciones son tantas que lo que puede ser bueno para mí puede no serlo para ti, y viceversa. O lo que funciona hoy puede que no funcione mañana. Pero eso, a quien te vendió la certeza, le va a dar igual; ellos no van a estar ahí cuando apliques sus recetas y no funcionen.

Pero entonces… ¿qué hacemos? ¿Cómo vamos a tomar decisiones, sin tener ninguna certeza? ¡Qué angustia! Y sin embargo creo que, una vez aceptamos esa incertidumbre, nos encontramos ante un panorama liberador. Como no hay un “camino correcto”, no tenemos la presión de elegir “bien”. Podemos apostar por cualquier curso de acción, y ver qué pasa. Con prudencia, sí, por si hay que dar marcha atrás. Atentos a los resultados que vamos obteniendo, para corregir el rumbo a medida que avanzamos. Con humildad, conscientes de que podemos equivocarnos, pero también aprovechando las cosas que sí funcionan. No tenemos que ser perfectos, porque de hecho es imposible que lo seamos.



Historias de profesionales independientes: Maider Gorostidi

(Esta entrevista pertenece a la serie de “Historias de profesionales independientes“, puedes ver más en este enlace)

Continúo con la serie de profesionales independientes. Esta vez la protagonista es Maider Gorostidi, y su proyecto Funts Project. Dentro de esta serie de entrevistas, el caso de Maider es importante para mí, porque es la primera vez que salgo de mi “círculo inmediato”; sí, hay conocidos comunes, y compartimos mundillo de “cambio organizativo” y “consultoría artesana”, pero no dejaba de ser abordar a una persona sin la seguridad que te da el tener una relación previa. Así que estoy doblemente agradecido a Maider, por haberse dejado “asaltar” y permitirme explorar más allá del terreno conocido, y dejarme hurgar en su vivencia como profesional independiente.

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Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”?

Llegué a ser profesional independiente hace un año y medio. Tengo 43 años. Creo que este era un paso más en mi desarrollo profesional. Hace unos años hice análisis de mi trayectoria profesional y me di cuenta de que tenía patrones que se repetían cada 3 años: empezaba un nuevo trabajo en una nueva organización o en otro departamento y al de 3 años sentía “un techo” al que había llegado. Tenía la sensación de que yo ya no iba a aportar más al lugar en el que estoy y de que ese lugar o trabajo tampoco me iba a aportar más. En esos ciclos se produce un “choque” y es este el que me hace avanzar hasta donde estoy hoy.

Confieso que estos ciclos han sido dolorosos porque, culturalmente, tampoco estamos acostumbrados a que sea algo natural la necesidad de cambio; vivimos más en un estado de semi-resignación y cultura de permanencia que de cambio. Y esto no me ha ayudado a que los procesos de transición hayan sido tranquilos. En ocasiones los he vivido con sentimiento de culpabilidad por sentir esa punzada de insatisfacción recurrente.

Pero lo positivo que acompañaba estos procesos siempre ha sido el impulso, la necesidad de hacer cosas diferentes, de aprender algo nuevo, de sentir la tensión del reto; a esta sensación se le une, en esta última etapa, la necesidad de hacer algo propio, algo que cree yo.

Culturalmente, no estamos acostumbrados a que sea algo natural la necesidad de cambio; vivimos más en un estado de semi-resignación y cultura de permanencia que de cambio.

 

¿Qué es FuntsProject, y qué buscabas con el proyecto?

Buscaba crear algo propio y crear algo en lo que creo.

En estos momentos, tras haber vivido varios “ciclos profesionales” de esos a los que te referías… ¿dirías que te has “acostumbrado” a esa sensación de cambio? ¿cuentas ya con la idea de que, dentro de X tiempo, volverás a estar en esa disyuntiva? ¿Te preparas para “asomarte al vértigo” de alguna manera; dirías incluso que lo buscas?

Paradójicamente, en el momento de mayor incertidumbre de mi vida profesional el futuro no me preocupa. Sé que se cerrarán fases y se abrirán otras nuevas, pero “me trabajo” para no reproducir patrones que no me ayudan. Creo que el vértigo está presente en mi opción profesional como autónoma, profesional independiente; pero también siento que el crecimiento es exponencial cuando soy capaz de afrontar ese vértigo. En ese sentido, y respondiendo a tu pregunta de si lo busco o no, te diré que conscientemente no lo busco, pero tengo conciencia y experiencia del poder del subconsciente y no me extrañaría que desde ahí fuese una situación buscada.

¿Qué es lo que más valoras de ser “profesional independiente”?

La diversidad. Trabajar con gente distinta, trabajar en proyectos diferentes, trabajar para organizaciones diversas y hacer distintos tipos de trabajos.

La libertad de la autogestión, con el peligro que eso supone por el “enganche” que produce trabajar en aquello que te gusta y de la manera que te gusta.

El contraste, la compañía. En mi caso, embarcarme con alguien en esta andadura. Tener contraste diario de lo que hacemos.

¿Cuáles son las mayores dificultades que ves en el camino de un “independiente”?

Como mujer, madre y compañera, la desconexión de mi trabajo. Disfruto con lo que hago y de lo que hago. Trabajo en mi casa y me resulta complicado dejar de trabajar y activarme en modo, por ejemplo “madre”. Esto me obliga a estructurar mejor los tiempos y las dedicaciones y a controlar la necesidad de seguir haciendo.

En mi caso particular, vender lo que hago. El acompañamiento en el cambio en las organizaciones no siempre se ve ni se prioriza. Necesitamos facturar para vivir y, como decía una amiga mía: “ahí fuera hace mucho frío”.

El aguante, la paciencia que se necesita para resistir momentos más bajos en los que las cosas no salen como una desea.

En ese proceso de venta, que planteas como “dificultoso”… ¿qué estrategias te planteas? ¿Cómo sería tu proceso de venta?

El proceso de venta es una conversación, un diálogo donde pretendo conocer “al otro” y ofrecerle una mirada desde mi lugar por si le pudiera servir. Las herramientas que tengo las pongo a disposición de la propuesta que trabajemos. Esta manera de hacer o vender no es sencilla pero es en la que creo. Planear sobre hipótesis para construir posibilidades conjuntas de abordarlas.

El proceso de venta es una conversación, un diálogo donde pretendo conocer “al otro” y ofrecerle una mirada desde mi lugar por si le pudiera servir

En esa necesidad de “facturar para vivir” muchas veces corremos el riesgo de perder el foco, de hacer “trabajos alimenticios” que no son lo que nos habíamos propuesto y así diluir nuestros esfuerzos. ¿Cómo gestionas tú ese equilibrio?

De momento no me he visto en la situación extrema de tener que aceptar “trabajos alimenticios” pero no porque haga cosas que según ojos ajenos puedan desviarse de nuestro propósito, seguro que hay gente que lo ve así. A todos los trabajos que hago, aunque no parezcan centrados en lo que en apariencia nos “atañe”, les encuentro un sentido y me parecen una oportunidad de aprender algo nuevo.

¿Qué estrategias sigues para intentar “separar” (o “combinar mejor”, quizás) esas facetas profesionales/personales que tanto se nos suelen mezclar?

No puedo parcelar mi vida, soy un todo y ambas facetas se alimentan. Tengo la suerte de compartir proyecto de vida con alguien que también piensa y vive así.

No puedo parcelar mi vida, soy un todo y lo profesional y lo personal son facetas que se alimentan

¿Qué habilidades crees que son fundamentales cuando uno está por su cuenta?

Paciencia, como decía antes, para afrontar tormentas.
Tener una buena red de apoyo y contraste, de confianza, que te ayude a crecer.
Saberte siempre incompleta y actualizarte constantemente en habilidades o conocimientos propios de la profesión.
Tener un hobby o más de uno que te ayude a “salir” de tu monotema.
Disfrutar con la sensación de reto.
Compartir sin pensar en que compites con otras personas que hacen cosas similares.
Conversar mucho y bien.
Aprender de otras personas y enseñar a otras personas.
Asomarte al vértigo cada “x” tiempo para avanzar.

Hablas de la importancia de la “red de apoyo” y del contraste. ¿Cómo enfocas tú el desarrollo y cuidado de esa red?

Llamadas, cafés, comidas, skypes, que mensualmente se buscan, se provocan, se cuidan para que sucedan. En esos encuentros hablo de las cosas en las que estoy y pregunto a esas personas de la red en qué cosas están.

También confío en mi capacidad para conectar ideas aunque obedezca a la mera intuición. En ocasiones, mientras escucho a las personas con las que he quedado, no sé si llego a comprender del todo lo que me quieren decir pero lo que escucho me conecta a otras conversaciones u otras personas. Tener la libertad de expresarlo, de hablarlo con todas esas personas, de contrastarlo y de intentar hacer algo con esos hilos transparentes es cómo yo enfoco ese cuidado y desarrollo de la red. Hacer esto con frecuencia es un lujo porque hay mucha gente muy interesante alrededor.

¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?

Ordenador, libros, buenas bases de documentación y búsqueda de información para la investigación. Aplicaciones en red de archivo y gestión de documentación, accesible, sencilla y gratuita.

¿Qué reacciones sueles encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

De mis pares hubo un reconocimiento de “valentía” por dar el salto y establecerme mi cuenta. Algunas personas manifestaron sentir envidia y reconocían que no podían permitirse esa situación.

A medida que avanzo en mi trabajo, algunas personas no entienden a lo que me dedico al no ser una actividad fácil de encasillar en trabajos clásicos.

Hay quienes confiesan que les gustaría gozar de la libertad de la autogestión y el trabajo desde el domicilio propio.

¿Y en el ámbito profesional? ¿Qué reacciones sueles encontrar de posibles clientes, etc. cuando conocen tu forma de trabajar?

Ninguna extraña de quienes conocen esa manera de trabajar.

¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?

El futuro del mundo del trabajo me lo imagino mixto, un espacio donde convivirán estructuras y trabajos de todo tipo, más clásicas, más modernas. Todo ello convivirá en el ecosistema laboral.

Los profesionales independientes son pequeños nodos que se juntan en función de las respuestas a armar para las necesidades que se tengan que hacer frente. Rápidas, variadas, complementarias, pueden llegar lejos. Son necesarios por su versatilidad, flexibilidad, adaptabilidad. Las empresas tienen en los profesionales independientes el recurso fácil a la hora de contratar para desarrollar proyectos distintos en sus propias organizaciones: más rapidez para crear productos o servicios distintos sin que la empresa arriesgue demasiado.

Cuando hablamos de las empresas que trabajan con profesionales independientes… ¿cómo crees que es el encaje actualmente? ¿qué crees que podría hacerse mejor, tanto desde el punto de vista de la empresa como de los profesionales, para que esas relaciones fuesen más fluidas?

Creo que el valor del profesional independiente en la empresa es positivo, no tanto por el profesional en sí o sus conocimientos como por el lugar que le otorga la empresa en la relación que establecen. Es ese “externo”, ese “ajeno”, ese con el que no existe una relación jerárquica. Y esto también sucede desde el lado del profesional: se siente libre para hablar, opinar, aflorar cuestiones que estando dentro del sistema tal vez no haría. Creo que el lugar en el que ambos interlocutores se sitúan es positivo para avanzar en los desafíos de las organizaciones para navegar estas nuevas aguas.
Pienso que estos modelos necesitan explorarse más, mejorarse, explotarse para que todas las partes sigan ganando y el sistema también.

Creo que el lugar en el que profesional independiente y empresa cliente se sitúan es positivo para avanzar en los desafíos de las organizaciones para navegar estas nuevas aguas



La buena gestión empieza por uno mismo

¿Qué es un gestor? Hace tiempo reflexionaba que

La gestión es un “área técnica” en sí misma, una serie de conocimientos, habilidades, herramientas… que tienen que ver más con “la labor de dirigir” que con el contenido específico de “lo que estoy dirigiendo”

Sobre esta base, creo que ser un “buen gestor” es sobre todo cuestión de saberse gestionar a uno mismo. Si eres capaz de dominarte a ti mismo, serás capaz de adquirir y desarrollar esa serie de habilidades necesarias para gestionar. Y luego, en tu día a día, serás capaz de aplicarte en el uso de esas técnicas y herramientas. No tienes que inventar, no tienes que tener “talento”. Simplemente seguir las instrucciones.

Hay infinidad de recursos que te explican cómo hacer un análisis de negocio, cómo definir una estrategia, cómo hacer unos presupuestos, cómo gestionar equipos, cómo ejecutar un plan, cómo establecer objetivos, cómo gestionar conflictos, cómo realizar entrevistas… lo que quieras. Ahí están, a un click de distancia. Solo hay que poner foco, y ejecutar. Solo con eso seguro que alcanzas un nivel de solvencia notable.

Me atrevería a decir que es un importante factor de éxito, que está al alcance de cualquiera. Cíñete al puñetero guión. Elige la metodología, el proceso, la herramienta… que te de la gana, y luego cíñete a lo que has elegido. Hazlo el tiempo suficiente, y con el rigor necesario, como para poder valorar si funciona o no. Consolida. Y luego, si tienes que refinar, refina. Si puedes adaptar, adapta. Pero para entonces seguro que ya estás varios pasos más cerca de lo que querías conseguir, y desde luego mucho más cerca que si vives a base de improvisación e impulsos.

Así pues, más que encontrar la herramienta definitiva o la idea brillante, la labor del gestor es sobre todo la de desarrollar sus habilidades y la de aplicarlas de forma consistente, buscar la “maestría” en ese ámbito específico de la gestión.



Los sueños de Jiro

Jiro hace sushi. Lleva haciéndolo 80 años. Tiene un pequeño restaurante (10 asientos) en Tokio. Y tres estrellas Michelin.

Jiro’s dreams of sushi cuenta su historia, y su filosofía de trabajo. Esa que le lleva a seguir trabajando a diario a sus 85 años (en el momento del documental), esa que le lleva a seguir pensando en mejorar, esa que le ha llevado a la excelencia.

Éstas son algunas de las cosas que me parecen destacables de la historia de Jiro:

  • El camino a la maestría: a través de su propia historia, y de la de quienes trabajan con él (incluyendo sus hijos), Jiro transmite la idea del “shokunin“. El conjunto de dedicación, de pasión, de exigencia, de constancia… que te impulsa siempre a mejorar. El aprendizaje es largo, nunca termina.
  • El valor de la experiencia: “veo cosas que otros no ven, porque llevo décadas haciéndolo”; “lleva años desarrollar esa intuición”. El aprendizaje (el de verdad) deriva en esto, en que acabas desarrollando superpoderes. En que terminas haciendo de forma natural y “fácil” cosas que a otros les parecen imposibles.
  • Excelencia es exigencia: cuenta uno de sus cocineros cómo, durante su aprendizaje, tuvo que repetir decenas y decenas de veces un plato hasta que se lo aprobaron. Cuando van al mercado, descartan montones de piezas porque solo quieren lo mejor; y si eso implica volver sin ese producto, vuelven sin ese producto. El pulpo se masajea durante 50 minutos para que se haga tierno. Todos los platos se prueban y, si no están perfectos, se rehacen. Etc. Si quieres ser excelente, el listón debe estar alto y debes respetarlo.
  • El poder de la especialización: Jiro hace sushi. Y nada más que sushi. No hay aperitivos, no hay distracciones. Su restaurante es especializado, trabaja solo con proveedores especializados. Solo así, mediante el foco, consigue elevar su nivel de conocimientos y, a través de eso, incrementar su valor.
  • Lo pequeño es hermoso: Jiro tiene un restaurante pequeño. No ha sucumbido a la tentación de tener un restaurante más grande. O de franquiciar. De dedicar tiempo a otras cosas que no fuesen su oficio. Quizás hubiese ganado más dinero, pero quizás el dinero no es lo más importante.
  • La cultura de lo personal: Jiro está en su restaurante. Todos los días, mañana y noche. Atiende a los clientes, les despide. Sigue haciendo tareas en el día a día. Enseña y supervisa a su pequeño equipo. Está encima de los detalles. Quizás de forma obsesiva. Pero así es como consigue que las cosas sean exactamente como quiere que sean.

La pregunta es… ¿podemos ser tú o yo como Jiro? ¿Deberíamos seguir su ejemplo? ¿O es que Jiro ha acabado siendo así porque estaba en su naturaleza, y solo desde ahí se entiende su forma de ser y de actuar? ¿Es su camino al éxito el único camino posible?



Historias de profesionales independientes: Jeroen Sangers

(Esta entrevista pertenece a la serie de “Historias de profesionales independientes“, puedes ver más en este enlace)

Siempre he conocido a Jeroen Sangers como un “experto en productividad”. Su blog, El Canasto, era y sigue siendo una de las referencias omnipresentes cuando yo empecé a interesarme por el tema. Por eso me resulta fascinante haber podido rascar un poco y descubrir la historia de este holandés de nacimiento e ilerdense de adopción, y cómo hizo la transición entre su vocación de químico, su “profesión tradicional” de informático y su nueva ocupación como experto en productividad personal. Siempre, por supuesto, de forma productiva :).

Jeroen Sangers

Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”?

Mi trayectoria profesional consiste básicamente de un proceso de crecimiento continuo con un gran salto no-planificado cada diez años. Desde pequeño siempre me ha fascinado la química y he estado trabajando ya desde el instituto en conseguir este sueño.

Cuando ya estaba estudiando en la universidad, descubrí una nueva profesión aun más interesante: la informática o, cómo lo llamemos entonces, la automatización. Terminó mi carrera en la química, pero ya especializado en la quimiometría, usando modelos estadísticas en la interpretación automatizada de resultados de experimentos químicos. Nunca he trabajado como químico, porque el mercado laboral de la informática estaba en auge. Empezó a trabajar en el helpdesk de un multinacional y rápidamente me convertí en consultor especializado en el monitoreo de grandes sistemas informáticos trabajando por bancos, aerolíneas y otros grandes empresas.

El siguiente salto de carrera hizo por amor, porque quería vivir con mi novia en Lleida. Debido a la geografía de España no podía continuar haciendo el mismo tipo de trabajo, porque todas las grandes empresas están concentrados en Madrid y Barcelona (en Holanda no hay tanta centralización geográfica de las empresas). Finalmente encontró una empresa de informática en Lleida, dónde empezó como técnico. Después de unos meses, debido a mis conocimientos de idiomas me trasladaron al departamento internacional, dónde trabajé como comercial y product manager.

Mientras tanto, como afición, empezó a escribir sobre la productividad personal en mi blog el Canasto. Por mi gran sorpresa, el blog ha tenido un gran éxito casi desde el principio, con más de 1.000 visitas en el primer mes, y ha ido creciendo cada año. Poco a poco también llegaron peticiones de empresas que estaban buscando formación en la efectividad personal. En principio no quería hacerlo, pero después de unos años decidí probarlo con algunas empresas de confianza. ¡Me gustó mucho!

Hace ya un poco más de cinco años, mi hobby ha crecido tanto que ya no era posible de hacerlo a lado de un trabajo por cuenta ajena a tiempo completo. Tenía que tomar una decisión. Creo que ha sido una de las decisiones más difíciles en mi vida, porque la vida de un ‘profesional independiente’ no me apetecía nada.

En mi familia sólo hay dos emprendedores, y son de estos que nunca veo porque siempre están trabajando. Además, tengo una enorme alergia al papeleo y soy bastante vago — ¡tener alguien quien te dice lo que hay que hacer es muy cómodo!

Finalmente decidí lanzarme y dedicarme a tiempo completo a la formación en la productividad personal, y no me lo he resentido en ningún momento. La vida de un autónomo no es tan complicado como me parecía, especialmente desde que descubrí que es posible pagar a un gestor para hacer la parte desagradable del negocio.

¿Qué es lo que más valoras de ser “profesional independiente”?

Sin duda, la independencia y libertad que tengo ahora.

Por ejemplo, esta semana mis padres vienen a visitarme. Cuando trabajaba por cuenta ajena, mi mujer tenía que buscarlos al aeropuerto y sólo podía estar con ellos por la noche. Ahora soy yo quien va a recogerlos y además puedo tomarme las tarde libres para pasar más tiempo juntos.

Lo que también valoro es que puedo hacer las cosas exactamente como a mi me gusta. Eso también facilito el proceso comercial, porque sé que estoy ofreciendo el mejor servicio posible que además está 100% alineado con mis valores.

Valoro hacer las cosas exactamente como a mi me gusta. Eso también facilito el proceso comercial, porque sé que estoy ofreciendo el mejor servicio posible que además está 100% alineado con mis valores

Como ‘profesional independiente’ también aprendes mucho. Antes sólo tenía que preocuparme de los contenidos de mi trabajo. Tenía conocimientos muy profundos de un numero bastante limitado de temas. Ahora puede decir que realmente tengo el perfil ‘T’ de conocimiento.

Finalmente, valoro también mucho el placer de lograr resultados que dependen mayoritariamente de mi.

¿Cuáles son las mayores dificultades que ves en el camino de un “independiente”?

Como ya he dicho arriba, soy alérgico para el papeleo. No entiendo el idioma que habla la administración pública o los gestores. Por suerte sé algo sobre la planificación del trabajo y habitualmente soy capaz de eliminar las tareas administrativas lo antes posible. Creo que el día en que la administración público aprende cómo comunicar mejor, la economía duplicaré en un instante ;)

Otra dificultad que tengo es que me cuesto mucho delegar tareas. Creo que es algo habitual entre emprendedores. Pensamos que sabemos hacer de todo y además mejor. Durante mi primer año como profesional independiente realmente he hecho todo yo mismo, incluso los trámites administrativos que tanto odio.

Desde entonces siempre he trabajado con un gestor, pero sólo en el último año he empezado a delegar sistemáticamente. En la actualidad trabajo con varios profesionales que hacen todas estas tareas que no pertenecen a núcleo de mi negocio. No obstante, todavía hay bastantes tareas que las estoy haciendo yo y que debería también delegar para poder dedicar más tiempo al desarrollo de nuevos servicios. Es difícil…

El último problema que muchos profesionales independientes encuentran es la soledad. En una empresa siempre encuentras compañeros para preguntar temas, para compartir lo que estás pensando y para tener una segunda opinión. Crear algo similar como profesional independiente es más complicado, porque los demás profesionales tienen todos sus propias prioridades y tus dudas no siempre son sus prioridades. Poco a poco estoy creando grupos de ‘mastermind’, conexiones con otros profesionales independientes y otros contactos para rellenar este vacío.

Vives en un sitio relativamente pequeño, fuera del circuito habitual de grandes ciudades. ¿Cómo afecta eso a tu capacidad de relacionarte con otros profesionales, de generar proyectos, etc? ¿Cómo gestionas esa situación?

Una de las grandes diferencias entre los Países Bajos y España es la centralización que hay aquí. En Holanda hay mucho más ‘vida’ fuera de las grandes ciudades. De hecho, la mayoría de las grandes empresas prefieren establecerse en zonas más accesibles y con menos problemas de tráfico. Aquí en España he notado que gran parte de las empresas están en Madrid y Barcelona.

Vivo en Lleida principalmente por la calidad de vida que hay en las ciudades más pequeñas. En cuanto a mi trabajo, no es un gran problema porque Lleida está muy bien comunicado. En tren puedo estar en Barcelona en una hora y estoy a dos horas de Madrid.

Además, en la actualidad es bastante fácil hacer gran parte del trabajo a distancia. Suscribo la filosofía ‘knowmad’. Hace unos años aún tenía bastantes reuniones con (posibles) clientes, pero ahora hago todo por videoconferencia o a través de herramientas online para gestionar proyectos.

En cuanto a las relaciones con otros profesionales, obviamente también en sitios pequeños hay posibilidad de relacionarte. De hecho, puede ser incluso más fácil, porque siempre encuentro las mismas caras en los eventos ;)

Finalmente, para estar un poco acompañado en el día a día he creado un grupo de Coworking Virtual dónde puedo conversar con otros profesionales independientes, pedir feedback en mis ideas y aprender de lo que hacen los demás.

¿Qué habilidades crees que son fundamentales cuando uno está por su cuenta?

Creo que cualquier profesional independiente debe tener visión y capacidad de autogestión.

Demasiados profesionales trabajan sin visión y acaban abrumados por el trabajo. Si no sabes qué quieres conseguir, resulta muy difícil avanzar e imposible decir “No”. Luego, para realizar esta visión, necesitas tener la capacidad de organizar bien tu trabajo y priorizar.

Además de esto, nunca viene malo tener enfoque y la capacidad de eliminar todo lo que no te ayuda a cumplir tus objetivos.

Creo que cualquier profesional independiente debe tener visión y capacidad de autogestión

¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?

Mi herramienta principal es mi mente. Cuando más trabajo hay, más importante es parar un momento para pensar qué hay que hacer y qué no. Procuro reservar cada semana al menos una mañana para reflexionar, planificar mis proyectos y ser creativo. Es un tiempo en que estoy solo con mi bolígrafo y el bloc de notas y creo que es la mañana más productiva de la semana. En general, dedicamos demasiado poco tiempo a pensar.

Además de mi mente, utilizo un montón de herramientas para ejecutar el trabajo. En la elección de herramientas sigo la filosofía UNIX: es mejor usar varias herramientas que hacen una cosa pequeña muy bien que una herramienta compleja que intenta hacer de todo.

Cuando más trabajo hay, más importante es parar un momento para pensar qué hay que hacer y qué no

¿Qué reacciones sueles encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

La gran mayoría de mi familia y amigos trabajan o han trabajado por cuenta ajena. En ellos nota más que nada una preocupación por la inestabilidad de mi trabajo. Especialmente mis padres me preguntan al menos una vez a la semana si aún tengo trabajo suficiente. Además de la preocupación, a veces nota un poco de celosía por mi libertad en tema de horarios laborales.

Por otro lado, los pocos trabajadores ‘freelance’ en mi entorno no creen las pocas horas que trabajo habitualmente — por lo general sólo suelo trabajar por las mañanas, salvo que tengo una formación, reunión o evento programado.

¿Y en el ámbito profesional? ¿Qué reacciones sueles encontrar de posibles clientes, etc. cuando conocen tu forma de trabajar?

Muchas veces, al principio de una nueva relación comercial, primero tengo que eliminar el prejuicio de que las personas del norte de Europa han nacidas más eficaces que alguien del sur.

En cuanto a mi estatus como profesional independiente, la mayoría de mis clientes están acostumbrados a trabajar con personas como yo y nunca sale el tema en las conversaciones.

Hablas de la inquietud por el futuro que por ejemplo muestran tus padres. Algo que por otro lado es propio de nuestro rol (siempre estamos teniendo que generar nuevos trabajos). ¿Cómo gestionas tú esa inquietud? ¿Cómo es tu flujo de generación de proyectos para sentirte tranquilo? ¿Va por rachas?

Cuando empezó a trabajar por cuenta propia, eso fue mi mayor preocupación. Por eso he intentado desde el principio de diversificar mis fuentes de ingresos y de buscar ingresos recurrentes. También he procurado de tener ingresos ‘pasivos’ que no dependen de mi presencia.

En este momento, el 25% de mis ingresos viene de trabajo recurrente y por tanto es fijo cada mes. Luego tengo más o menos 50% de ingresos que es bastante estable porque vienen de mis servicios online que están en modo autopiloto. De este modo no tengo que preocuparme tanto.

En cuanto de los proyectos puntuales, en los últimos años he siempre recibido suficientes peticiones — y cada vez me llegan más — para no tener que preocuparme.

Por tu origen, ¿qué diferencias culturales notas, a la hora de trabajar en España? ¿Qué cosas te llaman la atención, tanto en positivo como en negativo?

Es difícil decir algo genérico, porque cada empresa es un mundo, pero veo dos grandes diferencias entre los Países Bajos y España:

  • El trabajo a tiempo parcial aún no ha llegado aquí. Creo que los holandeses buscan más calidad de vida y si veo mi círculo de amistades allí, hay mucha gente que trabajan sólo 2, 3 o 4 días por semana. Es algo bastante común entre personas más jóvenes con hijos pequeños que así sólo necesitan guardería para uno o dos días a la semana.
  • Por otro lado, muchos profesionales holandeses aprovechan su tiempo libre para trabajar en negro.

¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?

Es claro que el progreso tecnológico está cambiando el mundo del trabajo. Preveo que hay una gran cantidad de profesiones que quedarán obsoletos en los próximos años y no solo se trata del trabajo manual. También muchas tareas de los *trabajadores de conocimiento* son fácilmente automatizables.

Cómo regla general, las tareas que requieren una reflexión más profunda, son las que tienen menos posibilidades de ser automatizados. El problema es que en la actualidad bajo la presión de tener mucho trabajo, gran parte de los profesionales dedican gran parte de su tiempo a tareas que aportan muy poca valor. Hay que dejar de hacer ‘zapping’ y volver a dedicarnos al trabajo profundo.

El incremento de la efectividad del trabajo también implicará que ya no será necesario ni posible que gran parte de la población dedicará toda la semana a generar ingresos. La solución financiera personal es complicada, pero se puede conseguir mediante herramientas como la renta básica universal. Un problema más complejo es cómo podemos dar sentido a la vida si gran parte del sentido obtenemos aportando valor para los demás.

En cuanto al rol de los profesionales independientes en este futuro, creo que es el conjunto de la población más preparado para esta nueva realidad.

Cómo regla general, las tareas que requieren una reflexión más profunda, son las que tienen menos posibilidades de ser automatizadas. El problema es que en la actualidad bajo la presión de tener mucho trabajo, gran parte de los profesionales dedican gran parte de su tiempo a tareas que aportan muy poco valor



Ponga silicona

Es un rollo. Cada vez que usamos la ducha, se produce una pequeña fuga de agua. Cuando terminas, tienes que ir a por la fregona y pasarla. Bueno, tampoco es tanto perjuicio, es un poco de agua y en fin, lo haces y ya está. Solo que al día siguiente… otra vez. “Mira, parece que el agua se filtra por ahí”. Pues sí, piensas, mientras pasas la fregona, habría que hacer algo.

Tengo que ponerle silicona, sellar la junta por donde se está filtrando el agua, y ya está. Con eso dejará de filtrarse, dejaré de tener que pasar la fregona para recoger el agua todos los días. Un gesto, y asunto arreglado. Surgirán otros, claro, pero no éste.

“Mejorar el sistema” debería ser uno de las ocupaciones principales de cualquier gestor. Tú no tienes que resolver cada pequeño problema que surge, y mucho menos si éste se produce de forma repetitiva. No tienes que hacer entrevistas de selección, ni contratar equipo para reclutar y seleccionar personas, si no procurar que haya que seleccionar a las menos personas posibles. No tienes que hacer revisiones de productividad, si no dar herramientas para que la gente sea productiva por sí mismas. No hacer controles de calidad, si no poner en marcha medidas que aseguren la calidad en el proceso. En definitiva, no resolver síntomas si no ir a la raíz de los problemas y solucionarlos allí.

Hace tiempo reflexionaba sobre cuánto de técnico tiene que tener un directivo, y venía a decir que “La gestión es un “área técnica” en sí misma, una serie de conocimientos, habilidades, herramientas… que tienen que ver más con “la labor de dirigir” que con el contenido específico de “lo que estoy dirigiendo”“.

El gestor no está para pasar la fregona. El gestor está para darse cuenta de por qué se filtra el agua, y de poner silicona.



Mostrarnos como somos

Estuve el otro día en una charla de un headhunter. El foco estaba centrado en ver “cómo estaba el patio”, qué habilidades profesionales son las que se valoran en el mercado… todo esto desde el punto de vista de alguien que se pasa el día intermediando entre “demandantes” y “ofertantes” de empleo.

El caso es que, en un momento dado de la charla, mencionaba la importancia de tener cierta “visibilidad externa”, y cómo a él le gustaba ver candidatos que por ejemplo “tuviesen un blog”. Y claro, me sentí interpelado y tuve que intervenir :). “¿Hasta qué punto se valora, en esa visibilidad externa, el tener un blog con opiniones contundentes?”.

Llevo casi 12 años con el blog. He escrito mucho, y creo que en ocasiones me he significado bastante con mis ideas. Dentro de una cierta discreción, claro, pero siempre he tenido la duda de cómo se percibiría esto desde fuera… ¿no debería haberme ceñido más al “postureo”? ¿No estaría generándome problemas por escribir algunas de las cosas que escribo? ¿No debería escribir pensando más en “la imagen que transmito”, procurar ser más “el profesional perfecto”, pulcro y aseado, el yerno que gusta a las madres, el candidato perfecto?

La respuesta del headhunter se movió en los terrenos de lo políticamente correcto, claro. “Siempre está bien ver las ideas de las personas, ver la coherencia y el razonamiento… pero claro, tampoco se puede ser un subversivo”. O sea, que sí, que te signifiques pero no mucho. Que no hagamos postureo, pero tampoco nos pasemos de sinceridad.

Siempre he creído que es un poco absurdo intentar maquillar la realidad cuando se trata de encontrar un encaje, lo mismo me da personal que profesional. Hacerte pasar por lo que no eres, esconder bajo la alfombra partes de ti, fabricar un escaparate a base de escamotear información… no sé, es pan para hoy y hambre para mañana. Creo que es mejor exponerse tal y como uno es, “what you see is what you get”. Habrá muchos a quienes no les gustes, claro, e igual te da la sensación de que “estás perdiendo oportunidades”. Pero si somos sinceros, esas oportunidades no son tales. Porque tarde o temprano acabará aflorando la realidad, y entonces…



Historias de profesionales independientes: Javier Leiva

(Esta entrevista pertenece a la serie de “Historias de profesionales independientes“, puedes ver más en este enlace)

He tenido la oportunidad de seguir la trayectoria de Javier Leiva Aguilera desde hace ya un buen montón de años. Y nunca ha dejado de fascinarme la mezcla de profesionalidad y de naturalidad con la que ha afrontado (y contado) sus peripecias. Lo mismo ha llevado “la buena nueva digital” al mundo de las bibliotecas que ha reflexionado sobre la curación de contenidos o ha experimentado con Youtube, lo mismo recorre el mundo moviendo el bigote que haciendo proezas físicas. Muchos años como profesional independiente que, curiosamente, han acabado dando paso recientemente a otra etapa de “trabajar por cuenta ajena”. Sobre esta transición, sobre su trayectoria y sobre más cosas charlamos un rato con él.

Javier Leiva Aguilera

(Foto cortesía de UVic-UCC)

Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”? ¿Y ahora a tu situación actual?

Resumo mi vida profesional en distintos capítulos, primero porque creo que tiene sentido como descripción de lo que ha ocurrido y segundo porque es mi manera de funcionar: cada cierto tiempo, siento que tengo la necesidad de cerrar una etapa y pasar a hacer algo distinto.

El primer capítulo duró casi 9 años. Fue la etapa previa a mi entrada a la universidad y empezó cuando una pájara adolescente me hizo abandonar los estudios de BUP. Simplemente, dejé los libros y me puse a trabajar como peón en la industria cárnica. Cinco años después ya tenía muy claro que ni de broma quería eso para toda la vida, así que retomé el estudio en horario nocturno y compaginé ambas actividades hasta finalizar el COU. Después decidí que era el momento de cambiar el trabajo físico por el intelectual, así que dejé la carne y me matriculé en la universidad.

El trabajo que había hecho durante aquellos años no me gustaba nada, pero considero que fue un aprendizaje clave en mi desarrollo profesional posterior. Aprendí a trabajar a destajo, a hacerlo en condiciones duras, a sobrevivir en entornos a menudo hostiles… y en resumen a no dormirme en los laureles. Si quieres algo, espabila… y no esperes que otros hagan el trabajo por ti.

Si quieres algo, espabila… y no esperes que otros hagan el trabajo por ti.

En la universidad estudié para ser bibliotecario, pero el funcionariado (destino tradicional de ese gremio hasta hace poco) no es lo mío y desde casi al principio tuve claro que de un modo u otro tenía que arreglármelas para trabajar por mi cuenta. De hecho, recuerdo que al terminar los estudios me presenté a una entrevista de trabajo en la biblioteca del College d’Espagne en Paris y les dije que en el futuro me veía dirigiendo mi propia empresa. Justo al soltarlo pensé que no debería haber dicho eso, pero la cosa es que me contrataron y estuve allí algo más de un año hasta que me llegó una oferta para ir a trabajar a Madrid. Mi enfoque se iba decantando cada vez más hacia el entorno digital (de hecho el trabajo en Madrid surgió gracias a que yo era uno de esos primeros locos que tenían un blog), primero desde un enfoque muy bibliotecario pero después intentando abarcar otros entornos que me permitieran acceder a un mercado en el que ofrecer mis servicios.

Finalmente, 2005 fue el año en que me establecí por mi cuenta. Fue una decisión poco meditada y mal ejecutada al principio, llevada a cabo porque era lo que me pedía el cuerpo pero sin un mínimo de planificación. Así que los primeros meses fueron bastante lamentables a nivel de facturación, pero poco a poco fui haciendo los primeros clientes, asentando mi posición y aprendiendo a hacer las cosas con un poco más de sentido. A nivel profesional los clientes quedaban contentos y me iban llevando a otros nuevos, lo que empezaron siendo trabajitos de maquetar cuatro cosas en html o hacer búsquedas de información fue derivando hacia proyectos más grandes de consultoría y mucha formación y empecé a viajar como un loco. El ritmo era frenético y a menudo enfermizo, pero al mismo tiempo fue una época de mucho disfrute en la que tuve la oportunidad de conocer a grandes profesionales en lugares que nunca había soñado visitar. En un momento dado, incluso, llegué a gestionar una cierta estructura y monté una sociedad que tiempo después volví a desmontar porque llegó un momento en que pedía un salto que ni quería ni me sentía en condiciones de dar.

Diez años después, me sentía estancado y encasillado como profesional y necesitaba un cambio, así que cuando surgió una oportunidad laboral interesante a partir de un proyecto de consultoría decidí empezar un nuevo capítulo. Desde el año pasado dirijo el proyecto de transformación digital de la Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya.

¿Qué es lo que más valorabas en tu etapa de “profesional independiente”?

La independencia, justamente, además de autonomía y flexibilidad.

No es cierto eso que dicen de que como independiente no tienes jefes… sino al contrario: cada cliente es un jefe en cierto modo. Pero tú como profesional que se valora y que quiere ser valorado debes ser capaz de aportar tu criterio, de decir las cosas que el otro no quiere escuchar pero que es necesario decir… en definitiva, de aportar el valor por el que se supone que te contratan.

Como profesional que se valora y que quiere ser valorado debes ser capaz de aportar tu criterio, de decir las cosas que el otro no quiere escuchar pero que es necesario decir… en definitiva, de aportar el valor por el que se supone que te contratan

Al mismo tiempo, debes ser flexible y ser capaz de desprenderte de dogmas. Las cosas no siempre son como uno cree, o a veces sí y otras no porque cada contexto es distinto. El concepto de flexibilidad también lo aplico a un ámbito más práctico: trabajar por tu cuenta (al menos del modo en que yo lo hacía) te permite mucho margen de maniobra a la hora de gestionar horarios, días de trabajo y de ocio (en este caso hay que reconocerlo: el margen es mucho menor). Eso es muy importante para mi.

Y finalmente, un concepto muy relacionado con lo anterior es el de autonomía. Soy autónomo porque soy independiente y porque soy responsable de mi mismo. Con sus ventajas y con sus inconvenientes.

Tras estos meses de “volver al redil”… ¿qué es lo que más echas de menos de tu etapa independiente? Y en paralelo, ¿en qué cosas sientes que estás mejor?

Aunque siga conservando un buen grado de autonomía y mi responsabilidad lleve asociada capacidad de decisión, no dejo de estar en un entorno mucho más grande y complejo que el anterior en el que ya no tengo la última palabra en muchas ocasiones. Es lógico, pues el proyecto en el que trabajo forma parte de un engranaje mayor, pero a veces sí he notado esa sensación de tener algo muy claro (otra cosa es que fuera acertado o no) pero no poder ir hacia la dirección que quería porque había que esperar o simplemente porque la decisión “desde arriba” era otra.

Aun así, debo poner en valor que en mi trabajo actual conservo bastante todo lo anterior (hasta un límite, claro, pero en lo esencial sí). Eso me permite estar aprendiendo de un nuevo mundo y desarrollando un proyecto que como autónomo no podía desarrollar sin haber perdido toda la libertad en el camino. Por eso el cambio no ha sido nada traumático para mi.

Por otra parte el mismo hecho de estar dentro de algo más grande que tu mismo es bueno en otros aspectos y te permite contar con apoyos que antes había que buscar fuera. Servicios audiovisuales, contabilidad, marketing, gestión de viajes, etc., son ayudas con las que antes no contaba.

¿Cuáles son las mayores dificultades que ves en el camino de un “independiente”?

Creo que las principales dificultades como independiente estaban ligadas a la carencia de una formación integral que me hacían estar cojo en algunas áreas. Concretando, creo que era muy bueno en la parte técnica de mi trabajo (porque seguía aprendiendo todo el tiempo, claro) pero tenía mucho margen de mejora en otras. La acción de ventas, por ejemplo, ha sido siempre uno de mis puntos flacos.

¿Y cómo hacías para solventar esas áreas de mejora?

Siempre ha sido todo bastante sobre la marcha en ese aspecto: ante la necesidad percibida, la solución buscada. Si necesitaba aprender algo buscaba cómo hacerlo y me ponía a ello. Algunas veces costaba más, otras menos, pero más o menos he ido avanzando.

Otra dificultad, que creo que se relaciona muy estrechamente con lo anterior, es la falta de confianza a la hora de atreverme con según qué cosas. Antes he comentado que en un momento dado monté una sociedad y la desmonté al cabo del tiempo. La decisión de desmontarla tuvo que ver con no querer crecer hasta más de un cierto punto, y ese no querer crecer tenía que ver con dos miedos: perder autonomía y flexibilidad por tener que comprometerme con una estructura más grande, y no ser capaz de gestionar la nueva complejidad. Esta nueva etapa que estoy viviendo ahora me está haciendo ver que el segundo miedo era infundado, pero… así era como lo vivía en aquel momento.

Esos miedos de los que hablas… ¿cómo los afrontabas, teniendo en cuenta que “estabas solo”? ¿Lo harías hoy de forma distinta?

Seguramente hoy en día buscaría eso que decía que tengo y que no tenía antes: ayuda externa. Quizá uno de mis grandes defectos ha sido querer solucionarlo todo por mi mismo, y eso a veces puede ser bueno pero muchas otras veces no te lleva donde quieres o te lleva a un ritmo demasiado lento.

¿Qué habilidades crees que son fundamentales cuando uno está por su cuenta?

Seguramente lo crítico es ser capaz de aprender las nuevas habilidades que vas necesitando a medida que evolucionas. Enseguida me di cuenta de que el síndrome del impostor no solo es normal, sino positivo… porque indica que te estás exigiendo ir un paso más allá todo el tiempo. Hay que estar abierto a identificar la propias carencias sin caer en dramas sino con la vista puesta en cubrirlas lo mejor que se pueda.

Lo crítico es ser capaz de aprender las nuevas habilidades que vas necesitando a medida que evolucionas

“Aprender nuevas habilidades”… ¿cómo concretas esa “capacidad”? ¿Qué hábitos, acciones… pones en práctica para que esa declaración de intenciones se transforme en realidad?

Creo que tiene bastante relación con una de las preguntas anteriores. Soy bastante impulsivo, así que cuando creo que necesito hacer algo pero no tengo todavía las destrezas para hacerlo… normalmente me pongo enseguida a intentar aprenderlas. Eso es bueno porque no sufro mucho de parálisis por análisis, y es malo porque me equivoco muchas veces. Sin embargo, suelo ser bastante persistente así que acostumbro a acabar aprendiendo lo que decido empezar a aprender siempre y cuando considere que es realmente crítico para mi.

Como todo tiene dos caras, también hay habilidades que no he adquirido porque de entrada me han parecido demasiado difíciles. Algunas veces he podido superar ese bloqueo inicial, pero no siempre (y creo que es un error porque seguramente no eran tan difíciles).

¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?

Creo que lo importante es poder construir un sistema de trabajo robusto pero flexible, que se pueda adaptar a lo que vamos necesitando en cada momento, y después poner las herramientas adecuadas para nosotros. Parece de perogrullo pero a menudo se hace al revés, y es cuando la cosa no funciona.

Debo decir que es muy raro que use papel. Casi todo lo hago con el móvil o el ordenador (últimamente y a modo de experimento me estoy obligando a tomar notas en una libreta cuando leo libros y después a hacer fichas, pero no sé si me acostumbraré y/o me resultará útil).

Ahí van algunas de las que me acompañan de forma diaria:

Cloud Magic en el móvil y Gmail / Mail en el ordenador.
Sunrise Calendar (que está a punto de desaparecer y supongo que sustituiré por Google Calendar).
Todoist para gestionar tareas y a veces para tomar notas.
Xmind para hacer esquemas y mapas mentales.
Evernote para guardar documentación relevante relacionada con proyectos.
Scrivener para escribir.
ICompta para llevar las cuentas (cuando facturaba usaba Factura).
Pocket para leer artículos en bloque.

Uso muchos más chismes, pero esos son las que utilizo de forma muy intensiva (y si siguiera ya estaría entrando en un terreno más difuso).

¿Qué reacciones solías encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocían tu forma de trabajar?

Les resulta extraño y, en general, creo que me toman por una especie de freak. Por un lado está el uso intensivo de la tecnología, por otro el hecho de no tener un horario ni un lugar fijo de trabajo y por el otro la dificultad de entender en qué trabajo exactamente. No hay solución, vaya :-)

¿Y en el ámbito profesional? ¿Qué reacciones sueles encontrar de posibles clientes, etc. cuando conocen tu forma de trabajar?

En ocasiones veo que otras personas se abruman cuando ven mi manera de trabajar y mi relación con la tecnología. Al revés de lo que yo creo que debe parecer, me sorprende que a menudo la gente me transmite la idea de que soy una persona muy organizada.

¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?

El empleo para toda la vida es una idea que veo ya como muy lejana. No solo eso, de hecho, sino también la idea de una profesión para toda la vida. Todo cambia muy rápidamente y quien quiera ser competitivo debe estar abierto a aprender todo el tiempo, a aceptar que los nuevos retos pueden demandar grandes cambios y que estos deberán realizarse en muchos casos sobre la marcha. Ideal para profesionales independientes, supongo…

Todo cambia muy rápidamente y quien quiera ser competitivo debe estar abierto a aprender todo el tiempo, a aceptar que los nuevos retos pueden demandar grandes cambios y que estos deberán realizarse en muchos casos sobre la marcha

¿Y cómo vives tú esa sensación de que “no hay empleo para toda la vida”, e incluso “profesión para toda la vida”? ¿Qué haces para amoldarte a esa realidad?

No me cuesta nada, y de hecho me gusta esa sensación de inestabilidad. Cualquier cosa que sea para toda la vida suele parecerme demasiado larga. :-)



Historias de profesionales independientes: Alfonso Romay

(Esta entrevista pertenece a la serie de “Historias de profesionales independientes“, puedes ver más en este enlace)

Normalmente no se da uno cuenta de las vueltas que lleva dando por esto de internet, hasta que de repente cuando vas a presentar a tu entrevistado te acuerdas de aquel podcast que compartisteis hace “sólo” 9 años. Alfonso Romay, maño de pro y “uno que mira al norte” es compañero de camino blogosférico desde casi el principio, y aquí seguimos. Consultor especializado en tecnología y gestión, con especial foco en entornos de complejidad e incertidumbre, aporta grandes dosis de sentido común también a esta reflexión sobre la figura del “profesional independiente”

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Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”?

Es curioso porque llegué a ser profesional independiente sin buscarlo. En mi caso, el peso específico de la vocación ha sido mínimo.

Sin haber terminado la carrera de Ingeniería en Informática empecé a hacer prácticas en una pequeña empresa. Estamos hablando de 1998, y éramos dos personas en el proyecto. De aquellas prácticas surgió un proyecto que se transformó en un negocio de desarrollo de software y consultoría en Gestión de personas. Enseguida me hicieron socio y empezamos a conseguir clientes y a crecer. Crecimiento y rentabilidad, fueron años de mucho aprendizaje y de evolución como organización. De la parte técnica salté a la gestión, como Project Manager primero y como Director de Desarrollo de Negocio después.

Sin embargo, cuando sientes que el proyecto ya no te hace vibrar y tus prioridades han cambiado, es mejor dejar paso. Estás en una espiral de proyectos encadenados donde no aprendes. Y luego estaba el ambiente tóxico que se respiraba en la oficina. Con ese panorama, después de 15 años dejé por voluntad propia un trabajo que me había apasionado durante años, para abrir una nueva etapa profesional. Fue una decisión largamente meditada, tenía la sensación que ese ciclo ya había finalizado y que, probablemente, hacía tiempo que lo estaba. Hubiera sido más fácil seguir la inercia de lo conocido (y la seguridad que supone), pero necesitaba algo más. Lo resumió perfectamente Carlos Barrabés hace tiempo: “Inventar nuestro empleo cuando en realidad queremos reinventar nuestra vida y de repente te descubres a ti mismo.”

“Inventar nuestro empleo cuando en realidad queremos reinventar nuestra vida y de repente te descubres a ti mismo.”

¿Crees que esa experiencia previa es importante antes de dar el salto? ¿Ves viable que una persona inicie su carrera como “profesional independiente”?

En esa transición considero que es fundamental tener visión de negocio y conocerte bien. La experiencia de 15 años fue fundamental para dar el paso, especialmente en el ámbito comercial y en entender las necesidades de los clientes. Es algo que se adquiere con el tiempo. Así que no recomendaría a alguien sin (o con poca) experiencia laboral, lanzarse directamente al mundo de la independencia.

¿Qué es lo que más valoras de ser un “profesional independiente”?

Lo tengo muy claro. Los aspectos que más valoro son la libertad de elección, y la disponibilidad del tiempo propio. No podía ser de otra forma si hablamos de “independencia” :-)

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que te encuentras?

Lo he contado en algunas ocasiones. La realidad es que trabajas muchísimas horas, incluso más que como trabajador por cuenta ajena. Aparecen bastantes momentos de falta de productividad, nunca estás seguro si haces las cosas de la mejor forma posible o con la intensidad adecuada. Y tampoco tienes puntos de referencia, así que te cuestionas constantemente si lo puedes hacer mejor.

Entre los aspectos más negativos, la sensación de carrera de la rata. Es algo común a los profesionales que trabajamos por proyectos. Básicamente, como profesional independiente vendes su tiempo por una tarifa (horaria, por hitos o por proyecto). Cuando trabajas por proyectos, a veces tienes la sensación de no poder escapar: no puedes plantearte nuevos proyectos porque los actuales ocupan todo tu tiempo pero, por otro lado, tienes que generar nuevos proyectos para seguir creciendo. Quizá el enfoque sea, a medio plazo, buscar un modelo de venta de producto, no tanto de proyecto. Un modelo que me permita generar ingresos recurrentes sin necesidad de tener que dedicar tiempo presencial.

¿Cómo compensas esa sensación de falta de referencias que tiene uno cuando va por libre?

Intento estar al día de los temas que pueden afectar a mi trabajo. A escala micro, en temas de productividad, gestión o tecnologías con las que trabajo. También intento prepararme a escala macro, leyendo sobre tendencias tecnológicas, sociedad, demografía, economía, globalización o energía. Entender el contexto es fundamental para desenvolverte más eficazmente.

¿Qué habilidades crees que son fundamentales en esta situación?

Podría decir que pensamiento crítico, visión sistémica o alguna otra competencia sesuda para quedar como un buen consultor :-)

Pero tengo claro que las dos habilidades que marcan la diferencia de los profesionales independientes son la preparación y la capacidad de adaptación. Por hacer un símil, veo al profesional independiente como un camaleón.

En primer lugar, estoy convencido que estar preparado para cualquier cosa te hace más capaz. En entornos de alta incertidumbre como en los que nos movemos/moveremos cada vez más, la planificación pierde fuerza.Nuestra máxima debe ser estar lo mejor preparados posible para cualquier cambio, sea el que sea, y poder tomar decisiones al respecto. El mundo profesional es un prueba de aguas bravas, no una competición de remo. Por supuesto, la siguiente cuestión es cómo estar mejor preparado.

Veo al profesional independiente como un camaleón

Segundo, siendo un profesional independiente te enfrentas cada día a diferentes contextos y entornos. Debes ser capaz de asumir con naturalidad el cambio y adaptarte, y entenderlo como parte inherente a tu trabajo. Si además eres organizado y disciplinado, tienes mucho ganado. Mantener la calma, y orientarse rápidamente a los resultados y acciones es fundamental para moverse en estas aguas pantanosas.

¿Y cómo hace uno para estar preparado? ¿Qué acciones concretas consideras que te permiten mejorar tu preparación?

En mi opinión, la respuesta es actitud para dedicar tiempo a pensar, a observar, a leer, preguntar y aprender. Y, sobre todo, tratar siempre de evitar dar cosas por sentadas. La mayoría de las personas que conozco y tienen esa habilidad son personas muy conectadas, que hacen un uso intensivo de las redes sociales y personales.

Actitud para dedicar tiempo a pensar, a observar, a leer, preguntar y aprender. Y, sobre todo, tratar siempre de evitar dar cosas por sentadas

¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?

Aunque pueda parecer contraproducente, la mejor herramienta que llevo siempre encima es una libreta y un bolígrafo, porque necesito escribir las cosas para no olvidarme. La edad no perdona :-) Eso sí, en cuanto tengo el momento lo paso todo a formato digital.

En cuanto a herramientas tecnológicas, prácticamente todo lo que necesito está el móvil: trabajo casi todo con herramientas Google (Drive, Gmail, Calendar) y algunas herramientas de comunicación como Slack, Telegram o Hangouts. Para la organización de tareas con clientes o redes de consultores, utilizo intensivamente Trello y Teamwork, una buena herramienta de seguimiento de proyectos y tareas.

Para estar informado, tengo Twitter instalado en el móvil. Es la única red social que utilizo desde el móvil, el resto (Facebook, Linkedin) no las tengo instaladas en el móvil. Finalmente, para recopilar materiales que me sirvan para el trabajo o como lectura interesante utilizo Pocket, aunque reconozco que almaceno a más ritmo que elimino.

¿Qué reacciones sueles encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

En general, en el entorno familiar no tengo dificultades de entendimiento. Quizá el momento más crítico fue pasar de asalariado a trabajador por cuenta propia, porque coincidió además con un momento de cambio profesional de mi pareja. Todo eso provocó una cierta sensación de vértigo, más por desconocimiento que por miedo.

Por supuesto, que entiendan mi forma de trabajar no supone que la hagan propia. Tengo la sensación que algunos/as me ven como un bicho raro, por renunciar a un trabajo cómodo y (relativamente) bien pagado por un camino mucho más escabroso. Pero quienes me conocen bien saben que lo estoy disfrutando mucho ;-)

Tengo la sensación que algunos/as me ven como un bicho raro, por renunciar a un trabajo cómodo y (relativamente) bien pagado por un camino mucho más escabroso

¿Qué reacciones sueles encontrar en el ámbito profesional (posibles clientes, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

Tampoco me ha supuesto ningún problema explicarlo. El trabajo del profesional independiente es un trabajo de confianza, así que cuando alguien contacta conmigo es porque ya conoce mi modo de trabajar (o lo intuye).

Hablas sobre la relación de confianza con los clientes, y cómo normalmente cuando te contactan es porque ya conocen tu forma de trabajar… ¿supone eso una barrera a la hora de conseguir nuevos clientes? ¿Cómo afrontas la “labor comercial”?

Afortunadamente, no he necesitado hacer un trabajo comercial intensivo. Pero, como decía hace poco Manuel Jabois, me he convertido en especialista para sacar mucho partido a mis pocos recursos. Me está funcionando bien el trabajo de recomendación entre clientes, reforzado con escribir en mi blog y dar a conocer mi trabajo en cursos de formación.

Las mayores dificultades que encuentro es la asunción que algunos clientes hacen de tu trabajo como “freelance”, algo diferente a “profesional independiente”. La connotación es que solo puedes ser “independiente” desde una elección volitiva, y eso el cliente no lo conoce. El trabajo freelance está muy devaluado porque apenas existen barreras de entrada, y esto hace que haya muchos “francotiradores” dispuestos a trabajar a cualquier precio.

No es mi caso. En ese sentido, alguna mala experiencia me hizo plantearme mis propias normas, líneas rojas que no cruzaré ni siquiera si las cosas van mal. Por poner un ejemplo, una de mis líneas rojas es negociar presupuestos a la baja. Como proveedor, creo que me hace perder credibilidad. Si el cliente necesita una reducción de precio porque se escapa de su presupuesto, tendrá que haber una reducción de alcance del proyecto. Y ese alcance tendrá que ser acorde con el presupuesto que acordemos. Si no llegamos a un acuerdo, no pasa nada. Simplemente, no soy su proveedor ni es mi cliente.

Resumiendo, igual que los perros se parecen a sus dueños, los clientes tenderán a parecerse a cómo trabajes comercialmente con ellos. Si actúas de forma responsable, es más que probable que el cliente actúe de la misma forma. Si aceptas cualquier condición para llevarte el proyecto, ten por seguro que tendrás problemas.

Igual que los perros se parecen a sus dueños, los clientes tenderán a parecerse a cómo trabajes comercialmente con ellos

¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?

Como cualquiera que esté medianamente informado, veo un futuro del empleo con cada vez menos empleo indefinido, y menos indefinido que nunca. También más contratos parciales y temporales, y muchos autónomos. Es una respuesta a la demanda de flexibilidad de las empresas, pero esconde también muchas situaciones de trabajo autónomo a la fuerza, o de precariedad, cuando no empleo sumergido. Es algo que habrá que vigilar y eso plantea otro escenario: los sindicatos tendrán que reinventarse para adquirir una función más relevante o, simplemente, desaparecerán.

De nuevo, a escala macro, la globalización dará oportunidades de crecimiento en cualquier parte del mundo. Todo hace pensar que será un entorno cada vez más urbano. A escala de persona, intuyo que cada vez pesará menos tu currículum, qué has estudiado e incluso qué experiencia aportes. Tendrán mucho más peso las competencias transversales, las habilidades hiper-especializadas y, sobre todo, el valor que seas capaz de aportar.

Tendrán mucho más peso las competencias transversales, las habilidades hiper-especializadas y, sobre todo, el valor que seas capaz de aportar

Probablemente, con más profesionales independientes en liza, trabajaremos menos aislados y colaboraremos más dentro de un escenario mucho más grande que quizá ni veamos. Además de las habilidades que hablábamos antes, el uso intensivo de la tecnología e idiomas será fundamental. En el caso de profesionales independientes, está claro es la tecnología facilita enormemente la posibilidad de ofrecer tus servicios por libre, conectados a otros profesionales y a tus clientes a través de Internet. Pero no creo que esta elección sea para todo el mundo, es lógico que haya gente que prefiera la seguridad de un salario fijo.

Pero tampoco me cerraría a que el futuro sea diferente. Como decía Niels Bohr, “predecir es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro.” :-)