El knowmad y el curriculum: herramientas antiguas para nuevas realidades

“¿Me mandas un curriculum para los de RRHH?”. Me quedé pensando. ¿Un curriculum? ¿Cuánto hace que no hago mi curriculum? Debo tenerlo por ahí, por algún lado. Buf. ¿Y cómo consigo que refleje lo que soy?

Hacía ya varios años que había dejado de tener (y de buscar) “un puesto de trabajo”. Mis actividades profesionales eran variadas, proyecto a proyecto. Cuando surgió la oportunidad de colaborar con una empresa, mi contacto me pidió ese curriculum porque los de RRHH querían participar en el proceso de “selección”. Y en fin, hice lo que pude, pero con la misma sensación que tendría si me hubiesen pedido “enviar un fax”: usando una herramienta extrañamente obsoleta para mí.

La nueva realidad del mundo profesional

Bueno, digo “nueva” aunque realmente llevamos años adentrándonos en ella y algunos directamente viviéndola. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica, una cosa somos los “raros” y otra como funcionan las organizaciones en general. Y los teóricos del management nos hablan de organizaciones líquidas, o de organizaciones abiertas o de la “gig economy“, pero mantenemos la tendencia a situar esas realidades en el “futuro del trabajo” o a referirnos a “la próxima generación de empleos“.

En realidad, estamos en esa etapa de transición entre “lo viejo” y “lo nuevo”. Tenemos la sensación (o la constatación) de que “lo viejo” ya no funciona, pero nos cuesta abrazar “lo nuevo”. Y ante esa incertidumbre, por mucho que sepamos recitar el discurso racional, pocos son los que lo afrontan con todas las consecuencias, y nuestros comportamientos tienden a refugiarse en lo conocido. Somos lo que hacemos, y no lo que decimos que hacemos.

El knowmad, el perfil profesional del ¿futuro?

Hace ya tiempo que decidí adoptar la bandera del knowmad como gran definición de los nuevos perfiles profesionales.

Soy un conjunto de habilidades que se van desarrollando y consolidando en el tiempo. Soy unos valores y una forma de ser que determina cómo me comporto. Soy un conjunto de intereses variados y eclécticos, que además no son estables en el tiempo si no que evolucionan. Soy también la gente a la que conozco y con la que me relaciono. Todo eso, y más, es una mezcla en constante ebullición que cristaliza de múltiples y variadas formas que hacen difícil reducirlas a una o dos etiquetas tradicionales.

Todos somos, en gran medida, knowmads. No somos “una profesión”, no somos “un puesto de trabajo”. Y está bien que así sea, porque los puestos de trabajo nacen, evolucionan y desaparecen. Las propias “profesiones” tienen cada vez una fecha de caducidad más corta. En realidad cada vez hay más trabajos, pero menos puestos de trabajo. A veces ese trabajo se plasma de una manera, a veces de otra. A veces se consolida durante más tiempo, a veces durante menos. A veces hay tres en paralelo, y a veces ninguno. A veces cristaliza en una relación formal (¿laboral? ¿mercantil? ¿empresarial?) y a veces es puramente informal. Todo fluye, y más nos vale estar en disposición de fluir nosotros también aunque sea incómodo.

Las limitaciones del curriculum

El curriculum tradicional es una herramienta adaptada a una realidad que es cosa del pasado. Un mundo donde estudiabas una carrera o te iniciabas en un oficio, abrazabas una “profesión”, encontrabas “trabajo de lo tuyo” y dentro de esa profesión ibas encadenando “relaciones laborales” con distintos empleadores, ocupando distintos “puestos de trabajo” con su título bien establecido y una lista de funciones y responsabilidades perfectamente definidas. Una herramienta lineal, de la que se esperaba coherencia (empezar por un sitio e ir “creciendo” dentro de ese mismo ámbito) y continuidad (Dios nos libre de tener “un hueco en el curriculum”). Una herramienta que cada vez es más incapaz de reflejar la nueva realidad profesional:

  • Porque no deja sitio a los proyectos paralelos. Porque se supone que en cada momento tienes una única dedicación profesional. ¿Cómo que estás inmerso en dos, tres o cinco proyectos paralelos, en el que cada uno aplicas una combinación distinta de tus habilidades? No, no, aquí hay que poner lo que usted “es”. ¿Cómo que es todo eso y más?
  • Porque le cuesta reflejar las relaciones abiertas. Una posición, un empleador, una fecha de inicio y una de fin. ¿Cómo que ha tenido una relación de intensidad variable con esta organización? ¿Cómo que esa relación no ha sido con una organización, si no con personas concretas con las que ha ido colaborando en distintos momentos? ¿Cómo que esa relación ha ido fluctuando como el Guadiana, a veces sí, y a veces no? No me vuelva loco.
  • Porque se lleva mal con el perfil polímata. Usted es una cosa, o es otra. Como mucho le permito decir que durante un periodo fue una cosa, y después cambió para ser otra (y ya me puede explicar bien clarito la lógica de ese cambio, que obviamente implica abandonar lo anterior para siempre).
  • Porque divide la realidad en tiempo “productivo” e “improductivo”. Uf. Si no estaba empleado por alguien… estaba en el paro, ¿no? La idea de que no tienes un empleador pero estás haciendo algo de valor, o invirtiendo para generar valor futuro, o haciendo proyectos sin rentabilidad directa… Dígame al menos que está apuntado a un master, que ese hueco en su trayectoria es impensable. Y si tenía un puesto de trabajo, todo bien: poco importa que se tirase años adocenado, lo importante es que tenía una nómina.
  • Porque es determinista respecto al pasado: si has tenido una trayectoria, mucho cuidado con meter un giro de guión. Si usted estudió esto, y durante quince años ha trabajado de esto, sólo puede ser esto.
  • Porque se lleva mal con la exploración. Al fin y al cabo, hablamos de “trayectoria profesional”. Trayectoria, camino recto o cuanto menos claramente definido. ¿Explorar, innovar, probar, equivocarse?. No, no, usted tiene que presentar el camino que ha seguido sin titubeos, que eso de titubear está mal visto.
  • Porque da un papel secundario a las habilidades. No es que se ignoren, pero sí están subordinadas al vector “puesto de trabajo”. Me puede contar sus habilidades, sí, pero explicándome cómo se manifestaron mientras desempeñaba un puesto de trabajo concreto.

“Freelance”, un mal parche

En algún momento, ante la presión por “encajar en el curriculum”, te surge la idea de etiquetarte como “freelance”. O de crear tu propia empresa/marca, que parece que le dé empaque a tu situación y sirva como aquellos adaptadores que permitían usar mp3 en reproductores de cassette. Soy un knowmad, sí, pero me disfrazo de “freelance” o de “marca” y así por lo menos puedo poner algo.

Pero no es suficiente. Porque al freelance y a la marca se les supone una cierta cohesión interna. Usted es freelance, vale… ¿pero a qué se dedica? ¿Cuáles son sus servicios? No me puede decir que “a veces una cosa y a veces otra”. “Freelance” se refiere más a la “relación contractual”, pero la expectativa es similar a la del “puesto de trabajo”. Vale, usted es freelance, establece relaciones mercantiles… pero concretas y sobre un tema específico, no me venga con líos. Lo mismo se puede decir respecto a las marcas, que llevan peor si cabe la falta de foco y concreción, aparte de lo absurda que acaba siendo esa tendencia a aparentar ser más de lo que uno es (“Nuestra empresa”… “nuestros servicios”… “nuestros profesionales”… ¡si eres tú contigo mismo!). Al freelance, y a la marca, no tardan en saltárseles las costuras.

Entonces, ¿cuál es la solución?

Personalmente llevo tiempo dándole vueltas y explorando formas de comunicar mi realidad profesional que se adapten mejor a lo que soy y a lo que creo que es la forma de trabajar “del futuro” . Utilizar una nube de tags que dé visibilidad a la vez a muchos de tus vectores (profesionales y personales), hacer un listado no lineal ni exhaustivo ni con intención de coherencia para explicar cosas que he hecho, preguntar y dar visibilidad a lo que la gente dice de mí, publicar cientos de artículos a lo largo de los años, visibilizar mi red de contactos

Lo bueno es que, con estas fórmulas alternativas de “mostrarse al mundo”, pueden conocernos con un nivel de profundidad, detalle y matices que ningún curriculum podrá jamás acotar. “Para quién he trabajado”, “en qué años” y “en qué posición” es una información mucho menos relevante que todo lo que podemos poner a disposición (cómo soy, qué pienso, cuáles son mis habilidades, a quién conozco, con quién me relaciono, cómo trabajo…) a través de estas vías. Eso sí, exige tomarse alguna molestia más que mirar por encima un folio de papel.

A veces pienso que, desde un punto de vista de las empresas y más concretamente de la función de selección, se cae en el “síndrome de la farola“. Son como aquel borracho que buscaba las llaves bajo una farola porque allí había luz, aunque fuese consciente de que las llaves se le habían caído en otro sitio. El curriculum se sigue utilizando porque es cómodo, porque es conveniente; es la luz de la farola. Y parece que poco importa que las llaves estén en otro sitio.

Desde fuera, diría que esto es un problema para las organizaciones; pero ellas sabrán. En lo que a mí respecta, cada día estoy más cerca de abandonar por completo la idea de “hacer un curriculum”. Confieso que todavía hay dentro de mí cierta sensación de incomodidad, una reminiscencia de las “viejas formas de hacer”; si una empresa me pide un curriculum, aunque yo piense que  no sirve de nada y que no refleja bien lo que soy, se lo tendré que dar. Porque la empresa manda, y es una oportunidad que no puedes dejar pasar… ¿verdad? Pero francamente, cada día veo con mayor claridad que, a lo mejor, el mero hecho de que una empresa que quiera comenzar la relación por un curriculum es una señal de advertencia.



El barbudo cuarentón que se presentó a un casting de jóvenes rubias

“Se busca chica rubia, pelo largo, complexión delgada, aproximadamente 20 años, inglesa nativa”. Imaginemos que reza así una búsqueda de una agencia de casting. E imaginemos que me presento yo, cuarentón con barba y principio de alopecia, de complexión “fuerte” (por ser generoso), castellano viejo. ¿Qué probabilidades tengo de obtener el papel? De hecho, ¿qué probabilidades tengo de que me admitan a la audición? Exacto; ninguna. Cero.

Y sin embargo…

Me comentaba ayer un conocido los problemas que estaba teniendo como reclutador en un proceso de selección. Habían definido la posición a cubrir con mucho detalle, haciendo referencia a las condiciones imprescindibles para aspirar al puesto: determinados conocimientos técnicos, necesidad de mostrar ejemplos de trabajos previos, una localización geográfica concreta… Y sin embargo no dejaban de llegarle candidaturas que simplemente no cumplían los requisitos: gente que vive en otros lugares, gente que se declara experta en tecnologías que no son las que se piden, etc.

Como en el caso del casting, las probabilidades de estos candidatos son cero patatero. Si juegas a la lotería, al menos tienes una probabilidad; infinitesimal, sí, pero mayor que cero. Presentar tu candidatura a una posición para la que simplemente no das el perfil es perder tu tiempo y hacérselo perder al reclutador (quizás pienses que el reclutador a ti te la pela… y creo que no es un buen primer paso). No vas a conseguir una entrevista, ni mucho menos el trabajo.

¿Y por qué la gente lo sigue haciendo, echando CV a diestro y siniestro, a ver si “suena la flauta”? Supongo que comparte un punto de irracionalidad con los juegos de azar, “sé que tengo muy pocas probabilidades (en realidad ninguna) pero bueno, por probar… a alguien cogerán… el no ya lo tengo… al fin y al cabo en el fondo están pidiendo una persona humana, y yo soy una persona humana”. Y como las consecuencias negativas son inexistentes (nadie te va a meter en una lista negra de “candidatos irrelevantes”) y el esfuerzo de mandar CV es limitado (copiar / pegar) pues oye, sigamos. Los spammers actúan de forma similar.

Y claro, también es una forma de apaciguar la conciencia. “Por supuesto que estoy buscando trabajo, ¿no ves la cantidad de CV que he echado?”. Sostienes la ficción de que estás participando en varios procesos de selección (“a ver si me llaman”) cuando la realidad es que podrías haber tirado esos CV a una papelera y el resultado sería el mismo. Te descargas de responsabilidad (“yo ya he hecho mi parte, ahora no depende de mí”), y te armas de razones para clamar contra la injusticia del mundo (“no entiendo cómo no me llaman ni para una entrevista, con la de CV que he echado, mierda de sociedad”).
La alternativa pasa por:

  • Empatía con el empleador: ¿qué está buscando? A veces el anuncio lo pone muy claro, otras un poco menos, pero siempre se puede sacar una idea de qué pretenden incorporar, qué tipo de empresa es, etc.
  • Análisis autocrítico: ¿mi perfil encaja? Hablamos de un encaje más o menos natural, quizás no al 100%, pero razonable. Si vas a ser como las hermanastras de la Cenicienta, que tendrían que cortarse medio pie para que les entrase el zapato… mejor dejarlo.
  • Personalización de la candidatura: haz un esfuerzo por presentar y destacar los aspectos que más encajan con el perfil demandado, no te pierdas en detalles que no vienen al caso, no presentes una candidatura genérica que huele a distancia. Pon un poco de cariño, sácate partido. El reclutador está deseando que le des una excusa mínimamente viable para profundizar.

Al final no es más que un poquito de lógica y de interés. El cuarentón barbudo tendrá que presentarse a castings donde pidan cuarentones barbudos, o algo medianamente asimilable; presentarse a castings de rubias “a ver si hay suerte” no es más que una forma tan válida como otra cualquiera de perder el tiempo.



Los blogs y su impacto en la carrera laboral

El pasado 2 de agosto se publicó en el suplemento económico de La Vanguardia un pequeño artículo llamado “Los blogs amplían horizontes” (descargar en pdf), referido al impacto potencial que mantener un blog puede tener sobre la carrera profesional. Nuria Peláez, la autora del artículo, se había puesto en contacto conmigo para hacerme algunas preguntas (al parecer, había llegado a mí a través de algo que escribí hace ya un tiempo, y también relacionado con cuando lancé mi página “profesional”) y ahí aparece un pequeño extracto de lo que comentamos.

En todo caso, como lo que aparece en el artículo se queda un poco lacónico, reproduzco aquí las preguntas y respuestas originales, para matizar mejor mi opinión que creo que se queda un poco difuminada. Y es que, para mí, lo importante es lo que contesto en la última pregunta y que podríamos resumir en este párrafo: “Pero, para ser más exactos, no es “el blog” quien te permite hacer esto, sino la red de contactos que se va tejiendo entorno a él: gente que lee tu blog, gente a la que lees, gente con la que interactúas… al final vas encontrándote a mucha gente, con la que tienes afinidad e intereses comunes, te acabas conociendo bastante bien… y es entonces cuando surgen las oportunidades”.

O sea, que son las relaciones, no las herramientas (en este caso, el blog). A continuación, las preguntas y respuestas originales:

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Por qué decidiste escribir un blog

Siempre he sido aficionado a internet. En 2004 empecé a leer unas cosas llamadas “blogs”, unas webs un poco distintas a los habituales “portales” porque tenían un formato mucho más personal, parecido a un diario, donde el autor contaba sus cosas y además interactuaba con sus lectores a través de los comentarios. Investigando un poco, vi que era muy sencillo crear y mantener tu propio blog, así que decidí probar y hacer uno que dediqué a contar, sobre todo, mis pensamientos y experiencias en el día a día de mi trabajo como consultor.

Por qué decidiste colgar tu CV en tu blog

Al principio no lo hice. Escribía de forma anónima, con un seudónimo (“Consultor Anónimo”). Por un lado, me daba cierto respeto pensar que alguien de mi entorno “real” (especialmente en el trabajo) pudiese vincularme con el blog y lo que se contaba en él. Y por otro, tampoco veía ninguna ventaja en poner mi nombre; escribir de esta forma “despersonalizada” me permitía extraer conclusiones generales a partir de mis experiencias concretas, que quedaban difuminadas.

Sin embargo, poco a poco empecé a establecer contactos a través del blog: con otros colegas, con otros bloggers… y cada vez se fue haciendo más evidente que algún día tendría que “salir del armario” y dar la cara con nombre y apellidos. Una vez tomada esa decisión, la idea de hacerlo con todas las consecuencias (poniendo no sólo el nombre, si no un perfil personal y profesional, datos de contacto, etc.) me pareció incuestionable: por un lado permitía a mis interlocutores conocerme mejor, y por otro lado podía servirme de escaparate para abrir nuevas oportunidades.

Cuántas visitas ha recibido tu blog en este tiempo, y tu CV

Mi blog blog.raulhernandezgonzalez.com ha recibido, a lo largo de los años, más de 600.000 visitas (más de 900.000 páginas vistas). Mi web personal www.raulhernandezgonzalez.com (en la que se incluye el CV), unas 14.000 visitas (unas 22.000 páginas vistas).

¿Qué crees que ha aportado a tu carrera profesional tu blog?¿Te han surgido oportunidades concretas a través del blog?

Mi blog me permitió hacer un importante cambio de carrera, dejando la consultoría más tradicional para dedicarme más al mundo de internet. También me permitió establecerme como consultor individual, y me ha proporcionado unos cuantos clientes. Pero, para ser más exactos, no es “el blog” quien te permite hacer esto, sino la red de contactos que se va tejiendo entorno a él: gente que lee tu blog, gente a la que lees, gente con la que interactúas (primero en comentarios cruzados, referencias… y luego más tarde conociéndoles en la vida real)… al final vas encontrándote a mucha gente, con la que tienes afinidad e intereses comunes (si no, no les leerías, ni ellos a ti), te acabas conociendo bastante bien (leer las opiniones de alguien a lo largo de varios meses te permite hacerte una idea muy clara de cuáles son sus valores, sus posicionamientos, sus conocimientos sobre un sector, etc.)… y es entonces cuando surgen las oportunidades. Por lo tanto, no creo que sea automático (“pongo un blog = surgen oportunidades”) sino que el blog es un medio, una excusa, para establecer relaciones valiosas… que son las que generan (como siempre lo han hecho) las oportunidades.



SEO accidental

Mira, si antes hablo del SEO y sus curiosidades… os cuento una historieta que me acaba de pasar.

Resulta que un amigo se queda alucinado cuando pone su nombre en Google y aparece, como primer resultado, el curriculum en pdf que tengo disponible en mi web (raulhernandezgonzalez.com).

¿Cómo es esto posible? Obviamente, su nombre no aparece por ningún lado en el documento. Aunque… ¿por ningún lado?

Resulta que hace años este amigo me pidió que le echara una mano confeccionando su primer curriculum. Le hice un CV en word con su nombre, que luego él obviamente completó. El caso es que, con el paso del tiempo, yo mismo utilicé ese archivo como base para hacer mi propio curriculum. Solo que no me había dado cuenta de una cosa… y es que en las propiedades del archivo (los metadatos), seguía figurando su nombre como “título del documento” (ya que el word lo había asignado por defecto, al ser las primeras palabras del documento, al guardarlo la primera vez).

Así que cuando hice mi curriculum y lo pasé a pdf… el nombre de mi amigo viajaba oculto en las propiedades del documento. Google lo leyó, lo indexó… y ahí figura, como primer resultado cuando busca su nombre.

Con esto, amiguitos, podemos ver el poder de Google y del SEO. Cualquier referencia a vosotros que hagan en algún sitio (incluso algo tan absurdo como las propiedades de un documento word) puede salir como primer resultado en Google cuando os busquen a vosotros. Así que más os valdría intentar controlarlo un poco posicionando vuestros nombres (con una web personal, etc.) para que lo primero que salga en Google sea lo que vosotros queréis que salga, y no lo que otros provoquen (con o sin intención).

Sé cuál va a ser la respuesta de muchos de mis amigos “no-digitales”. “Es que nos la suda, Raúl”. Vale. Pero a Google le han dado el Príncipe de Asturias… no por nada. Es el nuevo amo del mundo digital, fuente de información personal en la que merece la pena hacerse un hueco.



¿Google como fuente de información personal?

Estaban discutiendo en el blog de Enrique Dans sobre el hecho de que vía Google se pueda conocer mucha información sobre una persona, sobre si eso es una realidad ya o lo será pronto, sobre si es bueno, malo o regular de cara a un empleo… el caso es que iba a escribir un comentario, pero quedaba tan largo que digo “qué narices, ya hago un post”. En realidad es algo sobre lo que ya hablé en el pasado

No creo que hoy por hoy sea algo definitivo ni generalizado, pero siempre es una buena fuente adicional de información. A mí me gusta googlear a la gente. No “determina” nada, pero me ayuda a formarme una idea de quién es, cómo piensa, cómo actúa… y en función de eso tener una mejor idea de cómo vamos a encajar. Desde luego, esa visión es mucho más profunda (y más “sólida”) que un A4 con “nací en, estudié en, trabajé en…” o una entrevista de una hora. Que siguen siendo necesarios, sí, pero no la única fuente de información.

En cuanto a los “muertos del armario“… por supuesto, todos los tenemos. ¿Y? Si a alguien le incomoda que yo me emborrachara en la Universidad, pues casi mejor que no me contrate. Si a alguien le molesta que exprese mis ideas políticas y eso le resulta suficiente para no contratarme, ese viaje que nos ahorramos los dos porque acabaríamos tarifando. Si a través de la búsqueda llega a la conclusión de que tengo ciertas debilidades… pues mejor que las conozca antes que equivocarse conmigo, porque tarde o temprano esas debilidades (y también las fortalezas) van a salir a la luz.

Personalmente pienso que cuanto más sepa un empleador sobre mí, mejor será la decisión que tome respecto a mi futuro: quiero que me contraten por lo que soy (virtudes y defectos) y no por una fachada que al cabo de tres semanas se descubre inconsistente. Por cierto, exactamente igual que sucede a la inversa: yo quiero disponer de cuanta más información mejor de mi futuro empleador (más allá de su agarrotado mensaje institucional) para decidir, porque si trabajo con alguien que luego no es lo que aparentaba ser, va a ser una pérdida de tiempo y un fracaso.

En cuanto a la posibilidad de “fabricarse” un curriculum en Google… primero, sería tan absurdo como mentir en un curriculum tradicional, como decir que sabes inglés y luego en la primera reunión reconocer que no tienes ni puñetera idea: vas a durar tirando a nada en la empresa. Y segundo, creo que es complicado: lo que tú dices de ti mismo sí puedes controlarlo (aunque probablemente “canta”), pero lo que los demás dicen de ti no… y cada vez hay más gente hablando de nosotros, y más que va a haber en el futuro.

Así que desde luego, por mi parte, prefiero transparencia. Que se sepa lo bueno que tengo, mi forma de pensar, mi forma de trabajar, lo que espero y lo que no soporto. Si alguien me busca y le gusta ese perfil, entonces genial porque será exactamente eso lo que encuentre. Si no le gusta lo que ve, que siga buscando: yo no quiero ponerme un disfraz para “gustarle” a nadie, porque eso no nos va a llevar a ningún sitio.

Hace dos años, cuando todavía era “anónimo” de verdad, hice la prueba a buscar mi nombre. Básicamente no existía para Google. Ahora, dos años después, la cosa ha mejorado bastante: con nombre y dos apellidos domino la primera página del buscador, con nombre y un apellido salgo el primero (a pesar de ser muy “normalitos”) e incluso sólo con el nombre de pila salgo en la primera página (a pesar del puñetero futbolista… y pensar que cuando era chaval me frustraba que no hubiese ningún jugador famoso con mi nombre…).

¿Un riesgo tener tanta exposición? Quizás. Pero soy de los que piensa que tarde o temprano otros hablarán de mí, así que es algo que de por sí está fuera de nuestro control. Por lo tanto, al menos yo también podré dar mi visión de las cosas.

PD.- También tratan el tema Anotado y el Director de Sistemas



RaulHernandezGonzalez.com

Raul Hernandez Gonzalez

Así me llamo yo, por si alguno todavía no lo sabía. Bueno, sin el “.com” :). El caso es que el otro día registré el dominio y he creado una pequeña web con “lo esencial” sobre mi perfil personal y mi perfil profesional, y enlaces con casi todo lo que “soy” en internet: fotos de Flickr, videos de Youtube, perfil de Facebook, etc.

Y nada de blog, oiga, todo html sencillo (y con estas manitas, eh, nada de templates ni gaitas). De momento es una página estática, la iré ampliando para profundizar en algunos aspectos (nuevos proyectos, curriculum, más detalle de la actividad profesional, etc.). Pero dado que la información que vaya añadiendo será esencialmente estática, pues buena gana de comerse la cabeza con un gestor de contenidos tipo blog. No se trata de contar allí mi día a día (para eso ya está este blog, que seguirá en su línea), sino de servir de “campamento base” sobre mí.

De paso he modificado algunas cosas en este blog: he simplificado el lateral (fuera fotos y videos, una columna ancha en vez de dos minicolumnas estrechas, más tamaño de letra, menos contenidos “accesorios”), he quitado de la parte de abajo los archivos y las categorías (creando una página exclusiva para los archivos y llevando las categorías al lateral que están más visibles), he eliminado los “extras” (que como idea está bien… pero ya lo pongo en la nueva página), y he creado una página para el videoblog, incluyendo el player de blip.tv.

Y en eso ando de momento… alguna maldad más se me ocurrirá, seguro.