Gestionar contactos

Bah. A quién se le ocurre…

Resulta que hoy, después de ni se sabe la de tiempo, se me ha ocurrido echar un vistazo a la carpeta de “Contactos”. Dos mil y pico dice Gmail, de los cuales más de cuatrocientos catalogados como “Mis contactos”. Un galimatías de mucho cuidado.

Empecé hace ya años a intentar mantener una agenda de contactos más o menos ordenada. Por aquella época con el Outlook de Microsoft. En paralelo, tenía la Palm sincronizada. Bueno, más o menos bien. El procedimiento era sencillo: cada vez que alguien me daba una tarjeta, yo disciplinadamente la metía en la agenda con el máximo detalle. Si alguien me comunicaba un cambio en directo, o por mail… pues lo mismo. El problema es que, actuando así, acabas teniendo una agenda en la que se mezclan tus padres, tus amigos, clientes, contactos ocasionales (la típica reunión en la que aparecen y te entregan tarjeta 10 tíos, de los cuales nunca vuelves a saber nada nunca), el teléfono de la peluquería, el del veterinario, el de la parroquia a la que tienes que llamar para que te den el curso prematrimonial…

Así, al cabo del tiempo, te encuentras con una agenda demasiado grande, en la que hay muchas personas a las que apenas consigues recordar vagamente (a las que por supuesto nunca volviste a contactar para nada). Y si al menos los datos fueran correctos… pero encima hay que lidiar con la desactualización de los datos. Gente que cambia de trabajo, o de teléfono, de email, o de dirección… sin avisarte; lo cual es lógico en la inmensa mayoría de las ocasiones (¿quién eras tú, al fin y al cabo, para que te notificasen un cambio?), y una falta de detalle en otras.

Por otro lado el móvil; durante un tiempo lo tuve sincronizado, pero desde que empecé a usar Gmail decidí pasar (no tiene una sincronización fácil, precisamente). En el móvil tengo nada más que los teléfonos de los más cercanos. Pero claro, a veces haces cambios en el móvil que no reflejas en la agenda. O viceversa. O sea, que al final de nuevo datos desparejados.

Y encima sumas que Gmail te guarda todos y cada uno de los correos intercambiados a lo largo del tiempo. O sea, que tienes que revisarte los cientos y cientos de personas que alguna vez te han escrito o a las que has escrito, no siendo que haya alguien susceptible de ser interesante y que se te haya pasado recopilar.

Pues eso. Un guirigay al que no sabes cómo meterle mano. Y al que, de hecho, no sabes si merece la pena meterle mano. La verdad es que creo que en la era de las redes sociales, el esfuerzo de mantener una “agenda” por uno mismo es un absurdo. Cada uno debería cuidar de mantener actualizados sus propios datos en las distintas redes sociales, y facilitar a los demás que se unan a ellas. Y francamente, si alguien no muestra ni el más mínimo interés en aportar sus datos a estos sitios, te hace pensar que quizás no merezca la pena tratar de seguir en contacto con él. Total, si a él no le interesa, pues adios muy buenas.

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