Reflexiones sobre el futuro de los licenciados ADE

Me escribe un mail Antonio, un chico de Valencia que está a punto de terminar sus estudios en ADE (Administración y Dirección de Empresas), pidiéndome mi opinión sobre qué hacer con su futuro. Ahhh… qué tiempos aquéllos… después de pasarse toda la vida hilando un curso con el siguiente, sin tomar grandes decisiones, ve uno que se va acercando el precipicio; ya no hay “sexto de carrera”, deja uno el mundo académico y se tiene que sumergir en el tenebroso y desconocido mundo laboral. Se vienen encima todas las incertidumbres del mundo, y la responsabilidad de tener que empezar a elegir.

Yo también soy licenciado en ADE (aunque en Bilbao simplemente éramos “de la Comercial”, nunca me sentí muy identificado con lo de ADE), y también viví aquellos momentos. De una forma un tanto peculiar, a decir verdad, porque yo fui uno de tantos de mi promoción que salió “colocado” (estimo que entre banca de inversión, consultoras y auditoras que realizaban procesos de selección durante el último año de carrera, el 80%-90% de la promoción llegó a junio sabiendo dónde iba a empezar a trabajar), además en un entorno que se asemejaba bastante al “sexto de carrera” (mucha gente de una misma promoción, con procesos muy definidos de formación y en los que la inmersión en el entorno laboral se realizaba bastante poquito a poco).

Pero bueno, tras 9 años sí que creo que tengo una cierta perspectiva como para reflexionar sobre este salto.

  • Primer punto: no agobiarse. Ninguna de las decisiones que tomemos es vinculante. Escojamos una opción u otra, siempre tendremos posibilidad de cambiar en el futuro. Nada es irreversible, nuestra vida laboral no depende de esas primeras decisiones, así que descarguemos ese pesado lastre de nuestros hombros. Resulta fácil decirlo desde este lado, pero es que es así (aunque probablemente es una conclusión que sólo se alcanza después de pasado todo el proceso).
  • Segundo punto: aprender, aprender, aprender. Salimos de la facultad pensando que sabemos algo… pero no tardamos mucho en darnos cuenta que no sabemos nada de nada. Con suerte, tendremos una pequeña base de conocimientos. Pero la realidad siempre es mucho más compleja y cambiante. Por no hablar de lo que no es conocimiento y tiene que ver más con eso que se llama “saber trabajar” (relacionarse con jefes, compañeros y clientes, gestionar el propio tiempo, la autoexigencia, el rigor, la responsabilidad). Será a través de la experiencia cuando vayamos conociendo el mundo laboral y empezar así a tomar decisiones sobre lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que se nos da bien y lo que no, lo que queremos para nuestro futuro. Por lo tanto, en los primeros años, el foco siempre debe estar en aprender, tanto en el ámbito teórico como en el práctico. En ser una esponja. Someterse a cuantas más experiencias mejor (variedad de proyectos, variedad de equipos, perfil internacional…) es de lo más recomendable, no es momento de buscar un sitio “tranquilo” y cómodo (aunque sea nuestra tendencia natural). Muestra interés por tu empresa, por tu sector, por tu mundo… más allá de las tareas que te sean asignadas. Exponte, no te refugies. Demuestra mucho antes de exigir.
  • Tercer punto: y relacionado con el anterior. Si lo importante es aprender, entonces lo importante no es el dinero, o las horas que haya que trabajar. No importa trabajar mucho o cobrar poco si a cambio aprendemos mucho y conocemos mucha gente. Sé que este planteamiento “suena mal” (queremos trabajar para ganar dinero, queremos tener tiempo libre para disfrutarlo… y lo queremos ya), pero este sacrificio de tiempo y dinero tiene sus recompensas medida en términos de desarrollo profesional y de oportunidades futuras. A veces pensarás que no merece la pena el esfuerzo (y puede que en ocasiones sea así), pero desde luego sin hacerlo no cabe esperar que las cosas caigan del cielo.

En definitiva: acabar la carrera es, aunque suene contraintuitivo, todo lo contrario a “haber llegado”. En realidad, lo que estamos haciendo es “volver a empezar”. Hay un mundo entero de oportunidades a tu disposición, pero ninguna va a llegar mientras esperas cómodamente sentado.