Pasando de los gastos en metálico

Hace ya tiempo confesaba lo poco que me gusta pagar en metálico. Me parece incómodo, y además pierdes en gran medida el control sobre “a dónde va tu dinero” (os invito a que reviséis cuánto habéis sacado del cajero en el último mes… y a ver si sabéis en qué os lo habéis gastado).

Durante mucho tiempo he tratado de llevar un control de mis gastos en metálico. Cada vez que hacíamos una compra en metálico, procuraba quedarme con el ticket. Los tickets se iban acumulando, y una vez cada x tiempo (un mes, dos meses…) dedicaba un buen rato a “picármelos” en el ordenador. Y a pesar de ello, siempre se me “perdía” una cantidad (digamos un 20%) en gastos sin justificante.

Pues bien; he decidido dejar de hacerlo. ¿La razón? El proceso en un coñazo (tanto el andar pendiente todo el día de los tickets, como el sacar fuerza de voluntad para dedicarse a una tarea tan aburrida como picarlos), y la realidad es que a lo largo del tiempo no me ha servido absolutamente de nada. Sí, tengo registrados los gastos en metálico de los últimos años… ¿y qué? ¿He hecho algo al respecto? ¿He modificado en alguna medida mis patrones de comportamiento en función de esos datos? La realidad es, simple y llanamente, que no. Y es normal que así sea, ya que por lo general no hacemos gastos “raros”, simplemente los gastos corrientes que son los que son y sobre los que tampoco caben grandes decisiones.

Así que, poniendo en una balanza el coste de controlar los gastos en metálico, y los beneficios derivados de hacerlo… he tomado la decisión. Y estoy convencido de que no pasará nada. Me limitaré a tomar nota (vía extractos bancarios) del dinero que vamos sacando del cajero, y si acaso de algún gasto extraordinario que podamos tener. Pero eso de andar recopilando cada ticket de la frutería, se acabó. Que una cosa es tener cierto control sobre tus finanzas, y otra autoimponerse un “castigo” que no lleva a ningún sitio.

Foto: Luz Bratcher

Contenido relacionado:

Continue Reading

Préstamos y donación, en Kiva.org

Hoy he hecho algo que tenía pendiente desde hace un tiempo. Ha sido una entrada de Borja Prieto la que me lo ha recordado (y fue él mismo el que me metió el gusanillo hace ya unas semanas), y dicho y hecho: me he apuntado a Kiva.org, he dado mi primer “préstamo p2p” (y además, me he unido al equipo liderado por Borja) y he donado una cierta cantidad a la propia organización de Kiva.

¿Qué es Kiva.org, y qué es eso de los préstamos p2p? Kiva es una organización que sirve de enlace entre “prestamistas” (a título individual) del primer mundo, y emprendedores del tercer mundo. Se trata de utilizar internet para hacer posible un sistema de microcréditos distribuidos, al estilo de lo que implantó M.Yunus. Claro, la noción de “emprendedor” cambia sustancialmente respecto a cómo estamos acostumbrados a usar la palabra por estos pagos. Puede ser desde un agricultor que necesita fertilizantes para su tierra, un artesano que necesita dinero para comprar material, un taxista que necesita reparar su vehículo, un trabajador que necesita ampliar su taller…

La idea es que, a través de Kiva, estos emprendedores reciben ese dinero que les permite poner a funcionar o mejorar su pequeña actividad empresarial, y así incrementar su flujo de ingresos. No se trata de una donación a fondo perdido, sino que el objetivo es que esos ingresos generados sirvan, además de para procurarles un beneficio a ellos, también para devolver lo prestado (eso sí, sin tipo de interés).

Tenemos que pensar que lo que para nosotros puede ser un “dinero de bolsillo” (se pueden dar préstamos a partir de 25 dólares), para ellos puede ser una pequeña gran fortuna. Y que teniendo en cuenta el inexistente sistema financiero en gran parte del tercer mundo, estos préstamos pueden ser la única forma que tengan de acceder a una financiación que les sirva para poner en marcha “la rueda del dinero”. Y es que, para los que entendemos que la actividad empresarial es la principal fuente de generación de riqueza para una sociedad, estos préstamos no son sólo útiles para el emprendedor que los recibe, sino también para su entorno.

¿Qué garantías tiene este sistema? En principio, existen organizaciones sobre el terreno que son las que se encargan de hacer un primer filtro entre los emprendedores, y de asesorarles para un uso provechoso de esos fondos. Pero no actúan como garantes, así que es más una cuestión de confianza. Algo que no debería provocarnos demasiada inquietud: las cifras hablan de porcentajes de devolución por encima del 95%.

No sé hasta qué punto el “affaire Mobuzz” (y la reflexión sobre si es una causa que merece la pena apoyar o no) ha tenido algo que ver en que haya dado finalmente este paso. Es posible que algo haya influido. Pero al final, como le decía a mi mujer, es necesario darse cuenta de que, con todas las “crisis” y problemas que podamos tener en nuestra sociedad “del primer mundo”, estamos mejor que el 90% de los seres humanos de este planeta. Y es bueno ponerse en esa perspectiva y empujar en la dirección correcta.

Foto | liewcf

Contenido relacionado:

Continue Reading

La culpa de la crisis la tienes tú

Hala, a cubrirme de gloria otra vez. Pero es que entre todas las explicaciones a la crisis que vengo escuchando, echo en falta algo tan esencial como la autocrítica. La culpa es de los americanos, es del gobierno, es de Greenspan, es de los bancos, es del Banco Central, es de los especuladores, es de…

¿Y tú? ¿No tienes nada que ver?

Te digo a ti, al que compró un apartamentito sobre plano en una zona que se estaba revalorizando mucho porque “en un par de años lo vendo y me saco unos millones”. A ti, que cambias tu dinero de banco para poder acogerte a un depósito al 8% (cuando los tipos de interés oficiales están dos o tres puntos por debajo). A ti, que has comprado una vivienda financiada a más del 100% y a 50 años que se te lleva más de la mitad del sueldo. A ti, que metes tu dinero en bolsa “a ver si en un par de meses sube un 10%” o que vas corriendo a comprar la acción que has oído que “va a ser un pelotazo”, o que inviertes en un fondo esperando revalorizaciones de dos dígitos. A ti, que te has comprado un coche que no podías pagar apoyándote en el préstamo del banco, o te has ido de vacaciones al Caribe. A tí, que vives por encima de tus posibilidades apurando el límite de tu tarjeta de crédito.

A pequeña escala, muchos de los que ahora se llevan las manos a la cabeza han reproducido el comportamiento especulador que reprochamos al sector financiero. Entre todos, con nuestras decisiones (y nuestra avaricia) hemos ido alimentando a la economía financiera por encima de la economía real, y empujándola hacia unos límites que nunca deberían haberse superado. Ahora, cuando vienen mal dadas, nos hacemos los suecos: “eso han sido los bancos, que son unos avariciosos”, “eso son los especuladores en bolsa, que han invertido a crédito”, “eso han sido los constructores, que han inflado la burbuja”, “eso han sido los gobiernos, que no han controlado bien”, “eso han sido unos que han invertido sin controlar el riesgo”…

En realidad, aquí todos hemos despreciado los riesgos (de no poder pagar los créditos, de una evolución poco favorable de los activos subyacentes, de quedarnos sin trabajo, de enfermar, de…) atraidos por la rentabilidad y un ritmo de vida más alto de lo que nos podíamos permitir, obviando algunas precauciones elementales (como el no gastes más de lo que ganes, nadie da rentabilidad sin riesgo, ningún activo se revaloriza eternamente, etc.). Exactamente de lo mismo de lo que acusamos a los demás.

Por supuesto que todos (los bancos, los gobiernos, la sociedad en su conjunto) han sido cómplices necesarios, animándonos a todos a entrar en esta espiral de consumo, avaricia, deuda y desprecio por los riesgos, confiando en que podían estirar la cuerda más, y más, sin que se rompiese. Pero en última instancia, las decisiones no las toman ellos. Las tomamos nosotros.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Créditos preconcedidos: piénsatelo dos veces

Recibo una llamada de la BBK, entidad con la que he trabajado intensamente pero que ahora es para mí residual. Me cuentan que hace unos días me enviaron información por correo sobre un crédito al consumo que tenía preconcedido hasta un límite de 6.000 euros, que si la he recibido. Se trata de que puedo pedir un préstamo por esa cantidad cuando quiera, sin más estudios ni aprobaciones adicionales.

Supongo que recibí la carta, y que tal y como la abrí, la tiré. No me interesa. Pero no es ya una cuestión coyuntural (de que ahora no tenga esa necesidad financiera) sino de que cualquiera debería plantearse si realmente necesita un crédito así; pagar cerca del 10% TAE de intereses (¿no nos quejamos de que la hipoteca nos ha subido al entorno del 6%?) para créditos orientados al puro consumo. Que si un viaje, que si comprarse una tele nueva, que si… Y esto tu “entidad financiera de confianza”: las condiciones de los préstamos al consumo que se anuncian en la tele son incluso peores.

Una recomendación financiera básica es no endeudarse para pagar caprichos. Si no tenemos dinero para esos caprichos, nos aguantamos. Pero meterse en un crédito personal y asumir la carga de intereses simplemente por ese capricho… es una muy mala decisión.

También reseñable la actitud de las entidades financieras: si entras ahora a pedirles un préstamo hipotecario, es probable que llamen a los de seguridad para que te echen con cajas destempladas de la oficina. Pero eso sí, para “colocarte” un préstamo al consumo (mucho más caro, es decir, con mejor margen para ellos; y de mucha menor cantidad, o sea, menos riesgo de impagos para ellos) te mandan carta, te llaman e incluso, cuando le dices que “es un producto que no me interesa”, te dicen que si lo has pensado bien, que es un dinero que te viene muy bien ahora en el verano…

Otro consejo financiero, dos por uno: nunca confíes en el asesoramiento de quien tiene algo que ganar o que perder en función del consejo que te da.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Los regalos de las entidades financieras

Ayer nos llegaba a casa un folleto de nuestra entidad financiera (La Caixa) con el catálogo del denominado “Nuevo Depósito Estrella“. Su lema es “Disfrute de sus ahorros, sin gastarlos” y consiste en un catálogo de productos que se pueden conseguir a cambio de meter dinero naen un plazo durante un periodo determinado. En fin, es una práctica habitual de muchas entidades (“abra un plazo y le regalamos una vajilla”, etc.)

Y una práctica un tanto confusa. Porque lo cierto es que de puede existir la confusión de considerar que son “regalos”, cuando de regalos no tienen nada (si acaso, somos nosotros los que les “regalamos” dinero).

La idea que subyace es ésta: en condiciones normales metes el dinero en un plazo, a cambio de unos intereses. Con este sistema, lo que hacen es que en vez de pagarte esos intereses, te entregan el producto.

¿Merece la pena? Pues hombre, depende. Si realmente queremos ese producto, hay que valorar dos alternativas:

  • Meter el dinero en un plazo normal, obtener los intereses y con ellos comprar el producto en el mercado
  • Meter el dinero en estos plazos, renunciar a los intereses y conseguir el producto

Por ejemplo, uno de los productos que ofrecen es la consola Wii de Nintendo, que vale 249 euros en el mercado. Nos la ofrecen a cambio de 8.500 euros a un año (TAE 3,71%), 4.780 a dos años (TAE 3,33%) o 3.400 a 3 años (TAE 3,17%). Hagamos el ejemplo con el plazo a un año:

  • 8500 euros a un año al 3,71% TAE suponen unos intereses al final del periodo de 315,35 euros. Comprando nosotros la Wii, tendríamos una Wii y 8.565 euros. Con su sistema, tendríamos una Wii y 8.500 euros. Nos “timan” 65 euros por la cara.

La única variable que podría merecer la pena considerar sería la de la financiación: con este sistema nos estarían adelantando la Wii (que, en teoría, sólo podríamos comprar al finalizar el periodo que es cuando se han devengado todos los intereses). Pero aun así, las cuentas salen claras: por ejemplo, en el caso de los 8.500 euros a un año, merece la pena comprar la Wii (250 euros) e invertir los 8.250 euros en el plazo (que generarían unos intereses de 306 euros). Al final del año tendrías una Wii de un año y 8.556 euros, mientras que con su sistema tendrías una Wii y 8.500 euros: 56 euros menos.

En fin, de forma clara y sencilla: se están quedando con nosotros (con nuestro dinero, más bien). Tengamos en cuenta que en ambos casos habría que considerar el efecto fiscal (ya que bien recibiendo el dinero o bien recibiendo el producto se consideran ingresos sujetos a tributación en el IRPF, y por lo tanto nos tocará pagar por ellos), así que no habría diferencia en ese sentido.

Por lo tanto, mucho cuidado antes de lanzarse a meter dinero en plazos seducidos por estos productos. Hay que alizar bien, porque en muchos casos no es en absoluto rentable, es más, les estaremos regalando dinero.

Otro ejemplo: un iPod nano de 4 Gb a cambio de un plazo de 6.300 euros a un año al 3,72% TAE. Los intereses al cabo del año son 234 euros… cuando el iPod nano vale 179 euros. Es decir, nos “esconden” 55 euros (49 si consideramos la financiación).

Lo dicho, mucho ojo.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Dinero en metálico: el pozo sin fondo

No me gusta nada el dinero en metálico. No me gusta pagar en metálico, no me gusta llevar dinero encima. Alucino con esa gente que va por ahí con fajos de billetes, y de hecho tengo un caso bastante cercano que simplemente no tiene tarjetas de débito, ni de crédito, ni nada: cuando tiene que hacer alguna compra (no importa la cantidad) se baja a su entidad financiera, pide billetes fresquitos… y se va con ellos en el bolsillo a hacer la transacción.

No entiendo qué sentido tiene ese tipo de comportamiento. Es mucho más incómodo, más arriesgado… y encima es una fuente relevante de gasto. Y me explico.

Yo procuro pagar siempre con tarjeta. Así hay un registro claro de cuándo, dónde y cuándo me gasto el dinero, lo que me permite hacer un seguimiento de mis finanzas personales mucho más acotado. Aun así, por supuesto, llevo dinero en metálico: porque hay pequeños gastos que no tiene sentido hacerlos de otra forma, o porque a veces hay imprevistos (como en un restaurante hace poco, donde “se les había estropeado el datáfono”… aunque a mí me olió a “no queremos pagar la comisión, paga en metálico”).

De todas formas, procuro llevar un registro (mediante los tickets de compra, o apuntando los gastos en un papelito) de dónde se ha ido gastando ese dinero en metálico. Y el problema es que, a pesar de este intento de control, siempre tengo un desfase: si he sacado X del cajero, sólo puedo “justificar” con lo que tengo apuntado una parte (importante, pero no completa) de ello. Teniendo en cuenta que mi hijo todavía no tiene edad para sisarme… la conclusión es que inevitablemente, por mucho cuidado que ponga (obviamente, no soy un obseso del tema), hay unos cuantos euros al cabo del mes que “no sé dónde han ido”.

Lo más probable es que se traten de “pequeños gastos” (un día compras el periódico, otro día le compras unos gusanitos al enano, etc.) que te olvidas de apuntar. Pero no deja de resultar frustrante, cuando estás intentando mantener un cierto orden en la economía doméstica, tener ese “agujero negro”.

Contenido relacionado:

Continue Reading

El cash-flow doméstico: la metáfora del grifo y el desagüe

Grifo, lavabo

Probablemente sea uno de los conceptos más relevantes dentro de las finanzas, y también por supuesto de las finanzas personales. El cash-flow, o flujo de caja, es la variable más importante que hay que tener bajo control en la evolución de nuestras finanzas.

El cash-flow es un concepto sencillo. Se trata de saber, al cabo de un periodo, la diferencia entre cobros y pagos. Es decir, la diferencia entre el dinero que entra y el dinero que sale. Si es positiva, es que ha entrado más dinero del que ha salido y por lo tanto hemos acumulado reservas. Y si es negativa, es que ha salido más dinero del que ha entrado y por lo tanto hemos perdido reservas.

Siempre me ha resultado muy útil para visualizar este tipo de indicadores de flujo la metáfora de la bañera, con un grifo y un desagüe. A través del grifo, va entrando una cierta cantidad de agua, mientras que a través del desagüe se va perdiendo otra cantidad. Si el grifo aporta agua a mayor ritmo de la que se va por el desagüe, entonces el nivel de la bañera va creciendo. Y si el desagüe traga agua a más ritmo del que sale por el grifo, entonces el nivel de la bañera va bajando.

Hacer un análisis del cash-flow doméstico no es difícil. Basta con sentarse un día y hacer una revisión (mejor si hemos ido haciendo un seguimiento de las finanzas personales previamente, para así asegurarnos de que estamos teniendo todo en cuenta) de cuánto dinero ha entrado en nuestras cuentas/bolsillos durante el último periodo (digamos un mes; la nómina, los intereses de los ahorros, un dinero que nos tocó en la lotería…) y cuánto dinero ha salido (las compras, el pago de la hipoteca, la luz, el viajecito que hicimos, etc.). Así podremos comprobar cuánta agua echa nuestro grifo, y cuánta agua traga nuestro desagüe.

Si tenemos un cash-flow negativo… tenemos un problema. Porque eso significa que cada periodo que pase, nuestras reservas (los ahorros) irán bajando…

Foto | snorri7

Contenido relacionado:

Continue Reading

Actibva.com

Bueno, pues por fin se abrió el telón. Hoy se ha puesto online Actibva.com, la web de finanzas que impulsa el BBVA y que ha desarrollado Weblogs SL, y que es el proyecto “secreto” (aunque más que secreto, siempre dije que era “discreto”) que me ha tenido ocupado estos últimos meses.

Actibva es un espacio que pretende atraer a todos los interesados en el mundo del ahorro, la inversión y las finanzas. Además, intentando que sea “para todos los públicos”. Hemos tratado de integrar bastantes funcionalidades (un blog, unas guías, los estudios del BBVA, un agregador de noticias de prensa, un “meneame” de noticias para que los usuarios suban sus noticias… y más cosas que irán cayendo en los próximos meses) para dar una visión lo más abierta y completa posible a este mundo de las finanzas.

Obviamente, gestionar un proyecto de estas características no es fácil. Ya en principio es un proyecto complejo, que va mucho más allá de “hacer un blog”. Más funcionalidades a desarrollar, un diseño más difícil de encajar… A esto hay que añadirle un gran cliente como es BBVA, que también tiene sus condicionantes: la presión del tiempo, mucha gente aportando sus puntos de vista, las complejidades de tratar con varios departamentos y varios niveles organizativos que no siempre están alineados…

Pero bueno, llegó la fecha acordada y conseguimos ponerlo a andar. Ahora, claro, queda la parte más difícil; conseguir que guste y que “florezca” la comunidad entorno a Actibva, que es lo que hará que tenga gracia. Si no, mal negocio habremos hecho.

Turno de agradecimientos; a Julio por pensar en mí para llevar este proyecto, a José Antonio por ser un estupendo interlocutor, a Klaas, Javier, Inma y todo el equipo técnico por sus muchos esfuerzos para sacar adelante las cosas en tiempo y forma, a Veerle por haber conseguido encajar todo el diseño a pesar de las dificultades inherentes y añadidas, a Jesús y José por su contribución para dotar Actibva de contenidos interesantes… en fin, a todos los que han permitido que hayamos llegado hasta aquí… y lo que te rondaré morena.

PD .- “¿Cómo? ¿No habías dejado Weblogs SL? ¿Pero entonces, esto como se come….?” Sí, sí, lo sé, es una incoherencia “espacio-temporal” para quienes sigáis mi trayectoria en los últimos meses. Lo explico luego en otro post :)

Contenido relacionado:

Continue Reading

La jaula de oro

Jaula de oro Golden cage

En los comentarios de mi entrada anterior, Gonzalo saca a la luz un término que siempre me ha gustado mucho por lo descriptivo que resulta de una situación: “la jaula de oro

Jaula y oro. Algo (el dinero) que se supone que debería poder proporcionarte toda la libertad del mundo, y que paradójicamente acaba restringiendo tus alternativas de actuación, convirtiéndose en una atadura.

Laboralmente, se habla de jaula de oro a la situación en la que uno, después de progresar profesionalmente, alcanza una posición (y una remuneración) muy elevada. Tanta que, cuando se plantea cambiar de trabajo, se encuentra con que la inmensa mayoría de las alternativas son peores (desde el punto de vista económico).

Y es muy difícil pasar a una situación peor en términos económicos. Primero, porque psicológicamente es complicado de asumir (es una especie de sensación de “fracaso”, por mucho que lo queramos racionalizar). Y segundo, porque los humanos somos como somos, y tendemos a desarrollar un tren de vida acorde con nuestros ingresos; cuanto más ganamos, más gastamos. Alguien que ha llegado a su “jaula de oro” probablemente ha desarrollado una estructura de gastos a su alrededor (una buena casa, o varias; un buen coche, o varios; que si un club de no sé qué, los viajes, las comidas en restaurantes caros, los niños en colegios privados, las aficiones caras…) que hace desaparecer casi todos los ingresos, por muchos que estos sean. En estas circunstancias, reducir de forma importante los ingresos es algo difícilmente planteable (al menos de forma voluntaria) por cuanto supondría un cambio radical en el estilo de vida.

¿Y entonces? Nos encontramos con personas que ganan mucho dinero, pero que ven muy restringidas sus alternativas de elección de cara al futuro; quedan descartadas todas las opciones que signifiquen ganar menos. Pero, lo que es peor, quienes están en esta situación se ven altamente expuestos a que un cambio en las circunstancias (un despido, una enfermedad, un accidente) les deje “con el culo al aire”, con una estructura de gastos muy cara de mantener, con capacidad para evaporar los ahorros sin darse cuenta.

Al final el concepto de la jaula de oro tiene mucho que ver con la carrera de la rata. Es una situación aparentemente atractiva (¡con lo que mola tener dinero!), pero con un reverso tenebroso. Creo que la mejor forma de evitar caer en ella es viajar siempre “ligero de equipaje”, es decir, procurar mantener bajo control nuestra estructura de gastos y nivel de vida a pesar de que podamos ingresar mucho, de forma que ese nivel de ingresos no sea una necesidad (y por lo tanto una restricción) y podamos plantearnos otras alternativas de vida.

Contenido relacionado:

Continue Reading

La inflación se come tus ahorros

Hay un elemento que no suele considerarse de buenas a primeras cuando uno plantea alternativas de ahorro/inversión, y sobre la que merece la pena reflexionar brevemente para darnos cuenta de que es más difícil ahorrar e invertir (o mejor dicho, obtener una rentabilidad real a dicho ahorro/inversión) de lo que parece.

Y es que cuando vemos las “espectaculares” ofertas de las entidades financieras (que nos ofrecen un 4,5% TAE por nuestro dinero, por ejemplo), se nos olvida que en la carrera por acumular dinero hay un factor que juega en contra: la inflación.

Y es que si tenemos 100 euros y los invertimos en uno de esos productos, al cabo del año tendremos 104,5 euros. Bueno, no está mal. Con esos 100 euros al principio del periodo teníamos para comprar 100 euros en bienes y servicios, compras que sacrificamos en beneficio de un mayor gasto futuro. Pero a lo largo de ese año, con una inflación del 4%, resulta que los bienes y servicios que al principio costaban 100 al final del año costarán 104. Así que la realidad (y llevado al campo de la capacidad de compra) es que no es verdad que, gracias al ahorro, tengamos capacidad de gastar 4,5 euros más; sólo tenemos la capacidad de gastar 0,5 euros más.

Si a eso le añadimos que el Estado se lleva su parte de las ganancias (depende del producto puede que no, pero son la excepción)… igual resulta que hasta hemos perdido capacidad adquisitiva a lo largo del tiempo. Por supuesto, habríamos perdido más si hubiésemos dejado el dinero debajo del colchón, pero…

En definitiva, que el listón a la hora de ahorrar e invertir es más alto de lo que nos podría parecer en un primer momento, y que a la hora de hacer nuestras planificaciones tendremos que tener en cuenta la inflación porque puede que, donde nosotros creemos que estamos ganando capacidad de gasto futura, apenas estemos manteniendo la actual o incluso estemos perdiendo.

Contenido relacionado:

Continue Reading