Twitter y otras herramientas de comunicación: enriqueciendo las relaciones personales

Estaba escribiendo un comentario en esta entrada de Enrique Dans, pero ha crecido hasta convertirse en entrada propia.

El caso es que un comentarista dice que “Resulta triste ver cómo en la era de las comunicaciones, la gente tiene cada vez menos amigos ‘corporales’ y más amigos ‘virtuales’.” Y me ha dado rabia. Porque parece que, con esta perspectiva, utilizar un canal de relación “virtual” (que no sé por qué lo llaman virtual, cuando es tan real como cualquier otro… ¿o es que el teléfono o a las cartas también son virtuales?) hace que las relaciones personales tengan menos valor. Que las únicas relaciones personales que valen la pena son las “físicas”.

Y no creo que sea así en absoluto. Que no, que no hay diferencias, yo tengo amigos, o conocidos, o gente que siento afín. Y punto, no hay un “apellido”. Con algunos de ellos interactúo más por unos canales (en persona, por teléfono), y con otros por otros. Pero no son más o menos amigos en función del canal, eso es ridículo.

El email, el blog, el messenger, el twitter, el flickr, el facebook y cualquier otra herramienta de este tipo son solo eso, herramientas. Herramientas que, en mi opinión, sirven para enriquecer y fortalecer las relaciones personales. Me permiten estar en contacto con personas con las que, por cuestiones de distancia o de agenda, no sería posible hacerlo de otra manera. Además, permiten hacerlo de una forma mucho más flexible, asíncrona y enriquecida.

Y en ningún caso sustituyen al contacto “físico”. Pero si nos limitásemos al contacto “físico”, nuestras relaciones sociales serían infinitamente más reducidas en cantidad y calidad. Sólo podríamos tener contacto con nuestro entorno más directo (la gente de nuestro barrio, nuestro pueblo…), salvo que tuviésemos disponibilidad para desplazarnos (tiempo y dinero). Sólo podríamos mantener el contacto cuando a la otra persona y a nosotros nos viniese bien hacerlo a la vez. Sería mucho más difícil conocer nuevas personas (sólo si nos las presentan “en vivo” alguna de las personas a las que conocemos). Sólo podríamos ver sus fotos cuando fuésemos a su casa a que nos enseñase los álbumes, o ver sus videos organizando una cena tras la cual nos apoltronamos en el sofá. Etc.

Por supuesto, todas esas cosas se pueden seguir haciendo, y de hecho se siguen haciendo. Pero ADEMÁS se pueden hacer muchas más que antes no se podía, dando como resultado muchas más relaciones, más intensas, más variadas, más interesantes.

Me pregunto si en el siglo XVII a los que gustaban de escribirse cartas con gente de otros países les mirarían mal por “tener amigos virtuales en vez de relacionarse como dios manda”, o si a quien usaba el teléfono a mediados del siglo XX les abroncarían por “no tener amigos corpóreos”. ¿Es tan difícil de ver que es exactamente lo mismo? Nuevos canales que nos permiten comunicarnos. Nada más.

De hecho, como ya he contado alguna vez, me encantaría poder utilizar estos canales con todos mis amigos. Siento que, sin poder utilizarlos, las relaciones son mucho menos ricas de lo que podrían ser.

¿Es posible una comunidad independiente alrededor de una marca?

Planteaba esta interesante cuestión ayer Juan Luis en los comentarios sobre el lanzamiento de Actibva: “Creo que justamente el valor de una comunidad lo da la libertad y la imparcialidad. Y dudo que en un sitio de estas caracteristicas esto se pueda dar, por razones obvias.”

Entonces… ¿no es posible libertad e imparcialidad con una marca de por medio? Mi sensación es que sí, que sí es posible. No hablo de Actibva (aunque creo que hay buenos “mimbres”, pero el movimiento se demuestra andando), sino en genérico. ¿Por qué no va a ser posible? Lo que sí estoy de acuerdo es en que será más difícil, principalmente, por dos motivos.

El primero son los prejuicios. “Como hay marca, hay parcialidad, no hay independencia”. Hay mucha gente que tiene esta concepción previa, y entonces harán que la carga de la prueba recaiga sobre la propia marca. “Mientras no se demuestre lo contrario, es parcial”. Y quien tiene este prejuicio, tiende a ver signos de parcialidad por cualquier sitio: el propio Juan Luis lo manifestaba cuando decía que “los banners publicitarios son de la marca”. ¿Eso es un signo de parcialidad? A mí no me lo parece (si esos banners estuvieran en cualquier otra web… ¿sospecharíamos? ¿cualquier sitio con publicidad es sospechoso de manipular su contenido? Bueno, en realidad sí hay un sector que opina así…), pero para el que ya está convencido de ello es una prueba irrefutable. Y así con más cosas (p.j. si aparece una noticia relacionada con la marca… ¿no puede estar ahí por méritos propios? ¿está ahí únicamente por el oscuro deseo de manipular a los lectores?); quien está predispuesto a ver pruebas manifiestas de manipulación, las encuentra en cualquier detalle.

Y el segundo, obviamente, es la propia marca/empresa. Es muy difícil construir y financiar un sitio, y asumir la pérdida del control sobre él. No es la forma en la que tradicionalmente se han comportado las empresas, habituadas al “ordeno y mando” en sus procesos de relación con el usuario. ¿Cómo voy a estar pagando por un sitio en el que no aparece mi marca? ¿Cómo voy a estar pagando por un sitio en el que me critican? ¿Cómo voy a dejar que hablen bien de mis competidores en mi casa? Todas éstas, y alguna más, son preguntas que se hace alguien, más pronto o más tarde, dentro de la empresa; incluso cuando el proyecto se pone en marcha con la mejor de las voluntades y el espíritu más “deportivo” del mundo, cuando estas situaciones se dan en realidad es cuando hay que demostrar efectivamente que la apuesta por la independencia y la imparcialidad es seria.

Así que, volviendo a la pregunta original, ¿es posible crear una comunidad independiente alrededor de una marca? Mi respuesta sería que sí, si la empresa es capaz de dominar sus impulsos “primarios” (y creo que cada vez hay más gente en empresas que entiende que las cosas deben ser así, aunque eso no quita para que siga habiendo quienes lo vivan con mucho nerviosismo o simplemente no lo asuman). Por eso creo que debemos dejar a un lado los prejuicios y hacer las valoraciones sobre lo que vemos, sin adoptar un plus de susceptibilidad por el hecho de que haya una empresa detrás. De hecho, personalmente tiendo a confiar más en una iniciativa en la que claramente hay una empresa detrás (incluso descontándole un cierto sesgo corporativista) que en otras iniciativas “con apariencia de imparcialidad” en las que luego resulta que hay intereses ocultos. Me siento más engañado en el segundo caso que en el primero; al primero se le ve venir, al segundo… regular.

Bueno, entonces… ¿cómo se come lo de Actibva?

Sí, sí, lo sé. Quienes hayáis leído el post anterior sobre el lanzamiento de Actibva y leyéseis hace unos seis meses y pico éste otro, pensaréis que os habéis perdido algo. ¿No dijiste que dejabas de ser el responsable de servicios a empresas de WSL? ¿Cómo es que ahora resulta que has estado liderando el proyecto más grande del área de servicios a empresas de WSL? Soy consciente de la inconsistencia.

Pero volvamos al pasado… antes de verano tomo la decisión de que, por distintos motivos, no quiero seguir siendo el responsable de servicios a empresas de WSL. Lo comento con Julio, todo ok, y decidimos continuar hasta que haya alguien que me releve. Eso sucede en septiembre, llega Esteban, hago traspaso de papeles, y me voy, como quien dice, “a mi casa”.

La idea era disfrutar un poco el tiempo libre, ir tanteando posibilidades y replanteándome qué hacer en los próximos x años. Mientras tanto, ocupaba un poco mis días (y rellenaba en parte los bolsillos) blogueando más intensamente, en El Blog Salmón, Vaya Tele, el blog de Fox, el blog hipotecario, también me apunté al de Pymesyempresas… vamos, que con eso ocupaba medio día, sin presión ninguna, a modo de “periodo sabático” mientras esperaba a que en mi cabeza se acabase “apareciendo” mi futuro.

El caso es que un par de días antes de navidad me llamó Julio. Que había un proyecto (yo ya sabía que estaban “cocinándolo”, aunque no había estado en la fase de “preventa”) que había salido. Que teniendo en cuenta el volumen necesitaban un jefe de proyecto, y que habían pensado que igual (a pesar de los motivos que me llevaron a dejarlo meses antes) me encajaba. Conocía la casa, conocía al cliente (a la empresa y al interlocutor), conocía el rollo “2.0”… vamos, que a ellos también les venía bien, pese a mis “áreas de mejora” (que yo le expuse abiertamente tanto en el momento de marchar, igual que se las reiteré en este momento), contar conmigo porque ya tenían un trecho andado, en un proyecto con fechas bastante apretadas.

Le pedí un par de días para darle una respuesta. En ese contexto escribí mi post sobre la zona de confort. Por un lado, algo me decía que no era muy coherente aceptar hacer algo que era esencialmente lo mismo (gestionar la puesta en marcha de un proyecto con WSL) que era a lo que había renunciado (de forma bastante meditada) pocos meses antes. Por otro lado, también es cierto que se habían pasado esos meses sin que en mi cabeza se hubiese alumbrado, mágicamente, mi futuro. Y empecé a dudar, quizás había sido un “cobarde” o un “comodón” por haber renunciado a algo simplemente porque no me sentía del todo cómodo, quizás tenía que “salir de mi zona de confort” para aprender a dominar esas facetas en las que me sentía inseguro. Y bueno, también hay dinero de por medio, claro. Así que al final, entre unas cosas y otras, dije que sí.

Y en esas he andado estos casi cuatro últimos meses, gestionando el día a día de un proyecto bastante ambicioso para un gran cliente. Obviamente, siendo el ámbito en el que era y la necesidad de mantener una cierta discreción respecto al proyecto, no he sido muy explícito en cuanto a mi dedicación. Pero ahora que ya está en el aire, ya se puede contar. De momento, eso es en lo que he estado estos últimos meses, y en lo que probablemente siga durante otros cuantos más (hacemos una primera versión con unas funcionalidades, pero se van a desarrollar más en los próximos meses y aunque no está del todo cerrado lo lógico es que siga vinculado al proyecto).

¿Y después? Pues qué se yo. Volveré a donde estaba hace unos meses, a “buscarme a mí mismo”. Valoraré estos meses en global y volveré a hacerme la pregunta de si esto es lo que quiero o si es esto lo que mejor me encaja.

En realidad, esto de colaborar durante x meses en un proyecto, o ser “asesor/consultor” de alguna iniciativa, o incluso desarrollar algún proyecto propio, es lo que me gusta. Picotear aquí y allá. Conocer cosas distintas, gente distinta, sectores distintos… y antes de que la rutina me venza, a otra cosa. Por eso escribí lo de que me gusta la consultoría; llegar, dar mi veredicto, y salir antes de verme envuelto en las “incomodidades” del día a día.

El problema es que eso, como “carrera profesional”, es un poco etéreo. Suena bonito lo de enganchar proyectos, pero los proyectos no llegan solos. Y siendo un “llanero solitario”, no tienes la cobertura de una empresa (al menos psicológica; porque todos sabemos que las empresas dan muy poquita cobertura hoy en día, y que te puedes ver en la calle tan fácilmente o más estando en una empresa). Pero creo que, por mi carácter, por mis habilidades y mis debilidades, es lo que más me pega.

Como veis, la vida no es un camino que avanza siguiendo una linea recta siguiendo un camino. Ya lo dijo Machado:

Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
[…]
¿Para que llamar caminos
A los surcos del azar…?

Actibva.com

Bueno, pues por fin se abrió el telón. Hoy se ha puesto online Actibva.com, la web de finanzas que impulsa el BBVA y que ha desarrollado Weblogs SL, y que es el proyecto “secreto” (aunque más que secreto, siempre dije que era “discreto”) que me ha tenido ocupado estos últimos meses.

Actibva es un espacio que pretende atraer a todos los interesados en el mundo del ahorro, la inversión y las finanzas. Además, intentando que sea “para todos los públicos”. Hemos tratado de integrar bastantes funcionalidades (un blog, unas guías, los estudios del BBVA, un agregador de noticias de prensa, un “meneame” de noticias para que los usuarios suban sus noticias… y más cosas que irán cayendo en los próximos meses) para dar una visión lo más abierta y completa posible a este mundo de las finanzas.

Obviamente, gestionar un proyecto de estas características no es fácil. Ya en principio es un proyecto complejo, que va mucho más allá de “hacer un blog”. Más funcionalidades a desarrollar, un diseño más difícil de encajar… A esto hay que añadirle un gran cliente como es BBVA, que también tiene sus condicionantes: la presión del tiempo, mucha gente aportando sus puntos de vista, las complejidades de tratar con varios departamentos y varios niveles organizativos que no siempre están alineados…

Pero bueno, llegó la fecha acordada y conseguimos ponerlo a andar. Ahora, claro, queda la parte más difícil; conseguir que guste y que “florezca” la comunidad entorno a Actibva, que es lo que hará que tenga gracia. Si no, mal negocio habremos hecho.

Turno de agradecimientos; a Julio por pensar en mí para llevar este proyecto, a José Antonio por ser un estupendo interlocutor, a Klaas, Javier, Inma y todo el equipo técnico por sus muchos esfuerzos para sacar adelante las cosas en tiempo y forma, a Veerle por haber conseguido encajar todo el diseño a pesar de las dificultades inherentes y añadidas, a Jesús y José por su contribución para dotar Actibva de contenidos interesantes… en fin, a todos los que han permitido que hayamos llegado hasta aquí… y lo que te rondaré morena.

PD .- “¿Cómo? ¿No habías dejado Weblogs SL? ¿Pero entonces, esto como se come….?” Sí, sí, lo sé, es una incoherencia “espacio-temporal” para quienes sigáis mi trayectoria en los últimos meses. Lo explico luego en otro post :)

La maldición de ser un cliente cautivo

Cliente cautivo. Algo tan apetecido para las empresas, y tan espantoso cuando estás en el otro lado. Las empresas, claro, desearían que todos sus clientes fueran cautivos: necesitan mi producto/servicio y no pueden acceder a proveedores alternativos, ergo puedo hacer con ellos lo que quiera (altos precios, mal servicio, ignorarlos completamente…) que seguirán viniendo.

Por supuesto, la perspectiva desde el otro lado es radicalmente distinta. La impotencia y la frustración crecen cuando ves que tienes las manos atadas, que no puedes prescindir de un determinado proveedor pese a sus perrerías, y que tienes que seguir sufriéndolo y encima pagándole.

Sí, ya, estamos en un mercado de libre competencia. En pura teoría, siempre podría haber un competidor que mejorase las prestaciones del anterior y que atrajese a los clientes. Sin embargo, no vivimos en la pura teoría, sino en la cruda realidad. Desde acuerdos entre empresas (“yo no piso tu manguera, tú no pisas la mía”) que se reparten un mercado, a barreras de entrada económicas o políticas que impiden la libre competencia, a imposiciones corporativas (“tienes que tener este proveedor porque es el que se usa a nivel mundial”, “tienes que tener este proveedor porque es parte del grupo de empresas”, “tienes que usar el departamento interno aunque sean unos zotes”).

¿Y qué puedes hacer ante eso? Pues una de dos, o saltarte las restricciones (aun a costa de llevarte los correspondientes capones) o apechugar con el “proveedor cautivador”, asumir que vas a tener peores condiciones que las que podrías tener en el mercado y trabajar de acuerdo a esas condiciones.

Lo peor es cuando los mismos que te imponen esas restricciones (p.j. “los documentos se imprimen y encuadernan en el departamento interno de reprografía, nada de llevarlo fuera”, aunque en el departamento sean unos torpes y tarden cuatro días en tenerte las cosas) son los que luego te echan en cara que tú no respondas con agilidad “de mercado” (“dónde está el documento que te pedí esta mañana”, “la calidad de impresión de este documento es una mierda”).