Induráin, Induráin, Induráin…

Recordando a Induráin

Quiero creer que sabes quién es Miguel Induráin. En fin, para la gente de mi quinta es un mito, un icono generacional… pero hace poco tuve una experiencia con gente 20 años menor, y descubrí con qué facilidad los iconos de una generación son una nebulosa (en el mejor de los casos) para la siguiente.

En fin. Miguel Induráin fue el ciclista fundamental de la primera década de los años 90. Las tardes de verano eran Miguel Induráin vestido de amarillo encima de su bicicleta. Imposible olvidar su estampa, un tío grande como un roble dando pedales. Especialmente en esas etapas de montaña en las que ponía su ritmo, sin levantar el culo del sillín, pim, pam, pim, pam… y el que pudiese, que le siguiera. Que no eran muchos.

Me acordaba hace poco de Induráin durante una de mis conversaciones de coaching, y lo vinculaba a nuestro rol como “knowmads” o como profesionales que prestamos servicios. Realmente mola la idea de ser Induráin: tener la fortaleza y la valentía para seguir tu propio camino, poner tu ritmo, con fuerza, no mirar atrás… pero… ¿es para eso para lo que estamos?

Induráin y los gregarios

La figura de Induráin contrasta con la del gregario, ese ciclista normalmente anónimo que hace un trabajo sordo y a la vez imprescindible en favor de su líder. El que tira cuando tiene que tirar (aunque eso suponga desfondarse), el que le corta el viento, el que baja para ayudarle si ha tenido un pinchazo o el que se deja caer al coche a recoger bidones de agua. En definitiva, el que no corre para sí mismo, sino subordinado a otros.

Claro, visto así… a uno le apetece más ser Induráin que ser gregario. Pero en realidad… ¿para que nos paga un potencial cliente? Pues no hace falta pensar mucho para llegar a una conclusión: para ponernos a su servicio. Para estar pendientes de ellos. Para darles lo que necesitan, ni más, ni menos.

Al servicio de otros

Hace tiempo comentaba con mi amigo Alfonso Romay como muchas veces nos acercamos a un cliente y descubrimos que lo que necesita es algo supersencillo, el ABC, cosas que para nosotros están tan superadas y son tan evidentes que nos parece hasta increíble. A nosotros el cuerpo nos pide más, nos pide ir más lejos, proponer algo más complejo que suponga para nosotros un reto intelectual. Nos pide, en definitiva, ser Induráin, pensar en nosotros, poner nuestro ritmo y no mirar atrás.

Pero eso no es útil. No es nuestra función. Tenemos que ponernos al servicio del cliente, adaptarnos a lo que necesita. Ser su gregario. Porque nuestro objetivo no es destacar, no es ganar la carrera, sino ayudar a otro a que haga la suya.

Y oye, si te apetece ser Induráin… ¡adelante! Pero no esperes que un cliente te pague por ello…

PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…

También en

Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años, y suscríbete para recibir nuevos contenidos.
También en

Latest posts by Raúl Hernández González (see all)

4 comentarios en “Induráin, Induráin, Induráin…

  1. Hola Raúl.

    Tu post me ha hecho reflexionar. Comparto lo que comentas, aunque con algún matiz.

    Creo que agachar la cabeza y asumir, sí o sí, que lo que nos pide un cliente es lo que necesita tiene riesgos. No digo que sea lo que comentas, pero me gustaría aclararlo.

    Muchas veces los clientes no saben (sabemos) lo que quieren (queremos) o necesitan (necesitamos), aunque puedan (podamos) creer que sí.

    A veces, los clientes creen que necesitan soluciones más complejas y otros infravaloran su situación y buscan un “apaño” rápido… y barato.

    Ponerse al servicio del cliente es dar al cliente la oportunidad de confrontarse consigo mismo para que tenga toda la información posible y tomar la mejor decisión.

    Ponerse al servicio del cliente es saber valorar si el proyecto es interesante para ambas partes. Saber si el proyecto es interesante para mí (por aprendizaje, financieramente, branding, alineamiento de valores,…). También saber si, para el cliente, trabajar con nosotros le puede aportar realmente valor, ya sea en lo que busca o en otras cosas.

    Ponerse al servicio del cliente también es decir “no” a la posible colaboración si hay motivos para ello.

    Ponerse al servicio del cliente también es saber poner en valor tus servicios y evitar depreciarlos bajándolos de precio, porque eso puede hacer que la calidad no sea la ofrecida.

    En definitiva, hablar, escuchar, debatir, comprender, proponer,…, con los clientes, siempre. Lo de ponerse al servicio, con matices.

    Porque ponerse al servicio de alguien es diferente a obedecer sin más, y algunos clientes lo entienden así… al menos en mi experiencia.

    Un abrazo.

  2. Y yo comparto tus matices :D. Al final no hay metáfora perfecta, pero el punto que deseaba transmitir es esa necesidad de asumir que cuando trabajamos para alguien lo hacemos para promover sus intereses (por encima de los nuestros) y que sea cual sea la estrategia elegida no podemos “tirar sin más”, sino que siempre tenemos que tener un ojo puesto en el otro para ver si lo que estamos haciendo funciona o no (porque ése el criterio de validación).

  3. Estoy de acuerdo en que no se debe tirar sin más, por supuesto. Reevaluar cada paso que damos para tener conciencia de donde estamos y cuál debe ser el siguiente es parte, en mi opinión, de la artesanía en el trabajo.

    Sin embargo, eso de poner los intereses de los otros por encima de los propios, no lo veo. Si no hay una relación de simbiosis simétrica, la relación tendrá poco futuro. Le tiene que interesar al cliente y me tiene que interesar a mi (en los aspectos que considere), pero no creo que poner mis intereses por debajo de los de ningún cliente me pueda beneficiar en algo.

    Seguramente me esté dejando, sin caer en ello, algo fuera de la ecuación… 😅

  4. A ver, que estamos hablando de lo mismo :). Obviamente tiene que haber un equilibrio de intereses (desde la mera remuneración a cualquier otro elemento que puedas meter tú en el intercambio). Dicho esto, en cuanto a la prestación del servicio sí creo que se trata de adaptar a las necesidades del otro. Yo qué sé, si haces un curso de GTD “nivel 1” no es lo mismo que si vas a un workshop con expertos: tienes que adaptar tus contenidos, tus dinámicas… a esos perfiles (aunque internamente tú puedas ir a otro ritmo… pero no es lo que necesitan las personas que tienes delante). A eso es a lo que me refería, básicamente.

Deja un comentario