Eres un botijo

Hace ya un tiempo que me recomendaron esta conferencia de Fidel Delgado, que suelo revisar de vez en cuando. En ella, hace uso de la metáfora del botijo (a partir del 41:13) para referirse a nosotros y a nuestra relación con el mundo.

La metáfora del botijo

El botijo es un recipiente vacío. Sí, hecho de un material determinado, pero esencialmente vacío. El botijo se rellena desde fuera y, tras unos minutos de reposo dentro de él, el contenido se vierte por el pitorro. “Lo que entra es, básicamente, lo que sale”.

Nosotros, de acuerdo a esta metáfora, también somos “recipientes vacíos”. Tenemos nuestras características, sí, pero básicamente lo que nosotros aportemos al mundo (en forma de acciones, de gestos, de palabras…) dependerá de con qué nos nutramos. “Lo que entra es lo que sale”.

Lo que plantea Fidel es que esto sucede tanto si nos damos cuenta, como si no. Es decir, a diario nos comportamos en el mundo en función de las cosas a las que nos expongamos. Si no prestamos atención, este proceso sucederá de forma automática, inercial. Si prestamos atención, podremos intervenir.

Lo que entra en el botijo

¿Cuáles son tus lecturas? ¿Con qué personas te relacionas? ¿Qué conversaciones tienes? Todo esto forma el sustrato de lo que “nos entra” cada día. La mayoría de las veces no prestamos atención. Ponemos la tele “a ver qué echan”, hablamos con las personas que nos cruzamos, fiamos nuestra suerte al algoritmo de Facebook, nos enredamos en interminables discusiones inanes sobre temas intrascendentes… ¿Nos pone de buen o de mal humor? ¿Nos hace crecer de alguna manera? ¿Nos relaja, o nos estresa?

¿Cuánto de todo es fruto de una decisión consciente, y cuánto es puro hábito o impulso?

Si ponemos un poco más de conciencia, podremos darnos cuenta de a qué dedicamos nuestro tiempo y nuestra atención. Y podremos darnos cuenta también del efecto que tiene eso en nuestra energía, en nuestro humor, en nuestro desarrollo. Y por lo tanto…

Lo que sale del botijo

¿Qué hacemos a lo largo del día? ¿Qué aportamos a los demás? ¿Qué les decimos, en qué tono lo hacemos? ¿Ayudamos, o entorpecemos? ¿Transmitimos luz u oscuridad? ¿Buen o mal humor?

De nuevo, con un poco de conciencia podremos darnos cuenta del efecto que tenemos en el mundo. ¿Es el que queremos tener? Y si no… ¿podemos hacer algo al respecto?

Ser un botijo de agua fresca

Si queremos ser un botijo de agua fresca, una fuente positiva para el mundo que nos rodea, hay dos cosas que podemos hacer.

  • La primera, cuidar mucho todo lo que entra en el botijo. Tomar decisiones conscientes sobre nuestra dedicación y nuestra atención. Evitar el “agua sucia”, todo aquello que no nos aporte nada ni a nosotros ni a los demás; y por el contrario buscar llenarnos tanto como sea posible de agua cristalina, de cosas que nos hagan felices, que nos hagan crecer, que nos pongan en un estado luminoso. Y como es difícil estar siempre consciente, lo mejor es establecer hábitos y actuaciones sobre nuestro entorno que hagan que, “por defecto”, sea esa nuestra elección.
  • Y la segunda, estar pendiente de lo que sale de nosotros. Porque a veces, por mucho esfuerzo que hagamos con el filtro de entrada, el agua no sale del todo clara. Todos tenemos malos días, y ahí es importante darse cuenta y evitar mojar con ese agua a la gente que nos rodea. Hay otros mecanismos que nos pueden servir para limitar el efecto negativo que podemos tener en otras personas mientras esperamos a que el agua vuelva a fluir como debe.

 

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años.

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