Ser, o no ser (tú mismo)

“Sé tú mismo. Excepto si eres gilipollas; entonces mejor intenta ser otro”. Una frase irónica, que al final refleja bastante bien la realidad.

Ah, qué difícil paradoja. “Ser uno mismo” parece que es un objetivo que todos deberíamos tener. Dirigir nuestra vida conforme a nuestra propia esencia, dejar que se transmita a lo que hacemos, lo que decidimos, con quién nos relacionamos. Ser fieles a nosotros mismos.

Pero claro, “ser uno mismo” tiene consecuencias. Cuando “somos nosotros mismos” al 100% puede que nos miren raro. Pueden generarse conflictos con quienes tenemos alrededor. Podemos tener dificultades para encajar en nuestro círculo social, o en el ámbito profesional. A veces parece que se hace imprescindible renunciar aunque sea en parte a “ser nosotros mismos”, o por lo menos disimular, para evitar esas consecuencias negativas. Pero a su vez esa renuncia también tiene un coste, en términos de incomodidad, de alienación, de insatisfacción.

Cuando tienes hijos, intentas darles pautas. Quieres que sean ellos mismos, pero a la vez quieres que encajen. Y el mensaje se vuelve ambiguo y hasta contradictorio: “es importante que seas tú mismo, pero es importante que renuncies a ser tú mismo”. Te das cuenta, y te da rabia. Pero… ¿cómo puedes darles una pauta mejor, si tú no la has resuelto todavía?

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años.

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