La máquina de detectar incoherencias

¿No os ha pasado que, viendo una película o leyendo un libro, hay un momento en el que el cerebro hace “click” y se desconecta? “Venga, hombre, esto no hay quien se lo crea”, te dices a ti mismo, y a partir de ahí ya te sales de la historia y te resulta imposible reengancharte.

Lo curioso es que esa sensación no depende de la historia que nos estén contando, si no de cómo nos la estén contando. Es decir, no tenemos ningún problema en sumergirnos en una historia de alienígenas, de superhéroes, de zombies o de cualquier otra realidad “inventada”. Se llama “suspensión de la incredulidad” a esa capacidad de desconectar nuestro sentido crítico y a aceptar mundos ajenos al nuestro, con sus propias reglas. Eso sí, es fundamental que el relato se ajuste a las reglas que él mismo ha definido. No nos importa que nos planteen unas normas inverosímiles, lo que nos importa es que el desarrollo de la historia cumpla con ellas de forma coherente. Y si en algún momento se produce un cambio, necesitamos una explicación razonable para ese cambio y que de nuevo sea consistente con el resto de cosas que han pasado antes y que pasarán después.

Si no, la audiencia se acaba cayendo en estos “agujeros de guión”, que pueden ser más o menos graves, más o menos evidentes, pero tienen la capacidad potencial de arruinar todo el esfuerzo narrativo. Es como construir un edificio con un pilar defectuoso; todo el edificio se puede venir abajo.

El agujero de guión es una parte del argumento que contradice la lógica de la historia y del universo construido alrededor de ella

Obviamente, esto aplica no sólo a las historias de ficción, si no también a las historias del mundo real, y cómo no del mundo empresarial. Si vas cacareando que tienes una determinada estrategia, unos valores, una visión… ya puedes asegurarte de que tus actos se ajustan al discurso. En cuanto te desvíes, en cuanto empieces a ser inconsistente, el detector de incoherencias de las personas se pondrá en marcha, y automáticamente dejarán de creer en lo que estás contando y buscarán explicaciones alternativas (una de las más corrientes: “ya nos están contando otra milonga”) . Algo que pasa continuamente en las empresas, porque construir un relato es extremadamente fácil (al fin y al cabo sólo hay que poner unas letras detrás de otras, “que venga el responsable de comunicación”), pero ser fiel a ese relato (el “walk the talk” que dicen los americanos) es mucho más difícil.

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años.

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