Cuadernos Rubio para el desarrollo profesional

RubioOperaciones2Son, quizás junto a las gomas de Milan de NATA, uno de los iconos que más recuerdo de los primeros años de colegio. Los cuadernos Rubio, aquellos con tapas amarillas que te enseñaban a hacer tus primeras sumas, y tus primeras letras.

Pasados treinta años vuelvo, ahora como padre, a la etapa de la educación primaria. Las gomas de Milan cayeron por el camino (siguen existiendo, pero ya sin su olor característico… una goma más), pero los cuadernos Rubio ahí siguen al pie del cañón.

Y no es de extrañar. La metodología que siguen estos cuadernos parece imbatible. Empiezas sumando “manzanas”. Luego pasas a hacer sumas de 2 números de una cifra; primero los facilitos (1+2, 2+1, 3+1…), y luego los más difíciles. Repites una y otra vez operaciones en ese nivel, hasta que has interiorizado el concepto. Y entonces pasas a las sumas en las que incorporas dos cifras (10+2, 11+1…). Repites, y repites. Y luego pasas a sumar números de dos cifras, y repites, y repites. Y luego introduces el concepto de “llevadas” (19+2, 28+3…). Y vuelta a repetir. Hasta que, oh maravilla, has acabado automatizando (a base de repetir y repetir, y de incrementar paulatinamente el nivel de dificultad) la habilidad de sumar; y lo sabrás toda la vida.

Práctica deliberada en su máxima expresión. La misma metodología que se sigue con otras disciplinas: así te enseñan a escribir, a leer, algo de inglés, música… introduciendo conceptos poco a poco, en niveles crecientes de dificultad, y machacando mucho con ejercicios muy focalizados y repetitivos con el objetivo de interiorizar el conocimiento.

Sin embargo, ay, en algún momento esa forma de enseñar/aprender se deja de lado, y se pasa a un formato mucho más de consumo rápido: te explico un tema, con suerte te planteo cuatro o cinco ejercicios… y rápido, al tema siguiente que si no no nos da el curso. La introducción de conceptos deja de ser incremental y pasa a ser secuencial: hoy una cosa, mañana otra diferente. Se deja de dedicar tiempo a “machacar” los conceptos a base de ejercicios focalizados y repetitivos. No se refrescan los conocimientos (con suerte, un “control” al final del trimestre y a correr). En definitiva, renunciando a algunos de los métodos esenciales del aprendizaje. ¿El resultado? Conocimientos superficiales (cuando no directamente olvidados), abordados desde un prisma consciente y racional (“a ver si consigo acordarme”), en vez de interiorización y aprendizaje real (susceptible de ser puesto en práctica, que es de lo que se trata). Podría argumentarse que hay materias que son más “conocimiento” que “habilidades”, y que por lo tanto no son susceptibles de “interiorizarse”… pero yo tengo mis dudas de que, en ese caso, merezca la pena dedicarse a aprender cosas que no se interiorizan.

Todo esto viene a una reflexión que vengo haciendo en las últimas semanas. Creo que, en el mundo profesional, hay una serie de habilidades clave que tienen un gran impacto en tu desempeño sea cual sea el sector en el que te muevas. Habilidades que, más allá del componente técnico de tu profesión, te dan un plus fundamental para tu trabajo y para tu carrera profesional. Podemos debatir cuáles son esas habilidades (de hecho lancé una pregunta en twitter al respecto, con respuestas variadas), pero lo que me interesa hoy es otra cosa.

¿Quién y cómo enseña esas habilidades? Mi sensación, a estas alturas de la película, es que nadie se encarga de desarrollar de verdad esas habilidades. En la formación más académica se pone mucho énfasis en la adquisición de conocimientos “técnicos”, y muy poco en estas habilidades “soft”. Y en el mundo de la empresa tres cuartas partes de lo mismo: la formación que se da tiene más que ver con “lo directamente aplicable en el trabajo”, más que con esa nebulosa de habilidades.

Y luego, ¿cómo es esa formación, cuando existe? El típico “curso de liderazgo”, o el típico “curso de comunicación eficaz”. Cuatro, ocho o dieciséis horas en aula. Conceptos en una pizarra (o en post its de colorines, que es lo que se lleva), puesta en común de ideas, un video simpático, una dinámica que permita la reflexión, un rolplay rapidito y un powerpoint encuadernado de recuerdo. Fin del curso, y si se tercia a ver si te acuerdas de poner algo en práctica la próxima vez que lo necesites. ¿Es así como se desarrolla una habilidad? Obviamente no; la próxima vez que te enfrentes a una situación de la vida real tu mente tira de automatismos; rara vez te vas a parar, en medio de un fregao, a ver si recuerdas cuáles eran los cinco pasos que aquel simpático consultor escribió en la pizarra, ni a sacar la ficha plastificada (que a saber dónde coño metiste; estará en una de esas carpetas que acumulan polvo en la estantería) que te dieron de recuerdo.

En la realidad, solo aplicas lo que has interiorizado. Y la forma de interiorizar es la de los cuadernos Rubio. La repetición, la focalización, la introducción creciente de dificultad.

¿Cuál es el problema? Que, desde el punto de vista del mundo adulto y profesional, esa es una forma de aprender casi implanteable. ¿Cómo que vamos a pasarnos tres meses haciendo ejercicios repetitivos? Venga ya, que ya somos mayorcitos, aquí se explican una vez las cosas y ya cada uno que se arregle; y si no ahí tienes el manual en la web corporativa. Y el individuo igual, “si estoy ya me lo han contado, así que ¿para qué voy a practicar y practicar? Como si no tuviera yo otra cosa que hacer, ¿acaso soy un crío pequeño?”

Y qué decir de la logística… se puede pagar por un consultor de formación que venga 4 horas y me encapsule la formación, ¿pero tener a una persona durante semanas o meses dando seguimiento a los avances de tortuga de los alumnos? ¿Estamos locos? Lo dicho, un cursito y gracias me deberías estar dando.

Y así llegamos al punto del absurdo habitual en el terreno de la formación: dinero, esfuerzo y tiempo empleados en algo que no vale para nada y que tiene un impacto limitadísimo en el mejor de los casos. Que sí, que es más barato que la otra opción en términos absolutos… pero si no funciona, ¿entonces para qué?

Creo que debe haber otra forma de hacer las cosas. Creo que hay un espacio para aplicar la filosofía de los cuadernos de Rubio al desarrollo de habilidades profesionales. Creo que el potencial de impacto es muy grande, tanto para las empresas (¿no se van a beneficiar de individuos que comuniquen mejor, que lideren mejor, que gestionen mejor su tiempo, etc, etc.?) como para los individuos; en estos tiempos que corren, invertir en tus habilidades es el mejor favor que puedes hacerte a ti mismo porque es de las pocas cosas a las que podrás agarrarte cuando mañana cambies de empresa, de sector o de orientación profesional.

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7 comentarios

  1. Hola Raúl. Me ha encantado el artículo al que he llegado de rebote y casualidad navegando por ahí.
    Como emprendedora es un tema por el que llevo insistiendo y buscando formación e información de manera constante y con resultados poco satisfactorios.
    Tengo la suerte de vivir en una comunidad que se ha volcado con los emprendedores y donde tengo infinidad de recursos (y cursos) para desarrollar mi negocio, pero donde en mi caso he visto más carencias es en el plano de habilidades “soft” (aunque para mi son muy “hard”). Te dan cuatro consejos, un par de ideas pero nadie te ofrece esa ayuda de forma constante que uno necesita para desarrollar ese tipo de ac(p)titudes. Te doy toda la razón: ¡yo pagaría encantada por esos nuevos cuadernos rubio!
    Saludos

  2. Javier, encontrarlas claro que las encuentro, ¡de hecho tengo una aquí en la mesa! Pero el olor… ay, el olor. Eso hace años ya que lo quitaron, ahora no huelen “a ná”.

    Paula, gracias por tu entusiasmo :). Yo también creo que hay espacio para eso. Mi duda es… ¿la gente estará dispuesta a pagar de verdad por ello? Porque un apoyo individualizado de medio plazo va a ser más caro que una sesión de 4 horas, lo mires como lo mires. Y… ¿la gente estará dispuesta a seguir la rutina asociada? Encuentro que, cuando hablamos de práctica deliberada, te suelen decir que sí, que lo entienden… pero a la hora de la verdad todo el mundo quiere correr, “venga, enséñame, que esto ya me lo sé”.

  3. Hola Raul.
    He llegado a tu blog por casualidad, precisamente en un día en el un pensamiento bastante similar lleva rondándome la cabeza gran parte del mismo.
    En mi caso tiene que ver con el aprendizaje de un idioma. He probado varias academias y distintos métodos de estudio, pero ninguno termina permitiéndome afianzar los conocimientos, porque en todos he ido pasando página tras página y clase tras clase sin repetir. Estoy absolutamente de acuerdo en que el método más eficaz para poder aprender algo de verdad es repetirlo hasta que te sale solo, sin casi pensarlo.

    Agradezco a la casualidad haberte encontrado esta noche, porque has despertado en mí con este artículo algunas ideas, además de haberme servido de acicate para para ponerme a corregir mi manera de gestionar, a partir de ahora, el aprendizaje de ese idioma del que te hablaba.

    Además quiero aprovechar para felicitarte por tu blog, porque lo que he leído hasta ahora me ha parecido no solamente muy interesante, sino que considero que está escrito con una salud mental y una claridad y atino nada habituales en este tipo de medios.

    Por eso me he suscrito y voy a seguir lo que escribes, porque con toda seguridad aprenderé mucho y bueno contigo.

    Un saludo.

    Javier.

  4. Vaya, ¡gracias! Me entusiasma pensar que a estas alturas del blog puedo seguir “captando” nuevos adeptos… :)

  5. Hola Raul… estos cuadernos son un recuerdo de cuando era una niña… son muy buenos para la aprendizaje.
    Solamente me ha quedado un año en España, pero mi madre me arreglaro algunos para continuar estudiando, pues lo ensino en la escuela portuguesa no era suficiente.
    Además me recuerda los dias de lluvia… como no podría brincar en la calle, y no podría solamente ver televisión, así estaba ocupada… pero en la tarde my abuela preparaba dulce de leche… – quien trabaja necessita comer, ella decia.
    Gracias

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