Estoy moreno porque me pongo al sol

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Me ha pasado varias veces en las últimas semanas. “Coño, qué moreno estás”, “Qué buen color”, “¿Y tú por qué estás tan moreno?”. La respuesta, evidente: “Porque me pongo al sol”.

Pero detrás de esta aparente obviedad se esconde algo más. Estoy moreno porque procuro salir todos los días a la calle. Me pongo calzado cómodo y salgo a caminar, a veces por el campo, a veces por la ciudad. A mover las piernas, a despejar la cabeza, a alejarme de la silla y de la pantalla, a que me dé el aire, a reflexionar, a respirar. Sí, de paso me da el sol, y como efecto colateral se me pone la piel más tostada.

“Qué suerte, tú que puedes”. Supongo. Soy afortunado por tener piernas para caminar, ropa para abrigarme si hace falta y calles y caminos por los que transitar; un privilegiado. “No, me refiero a disponer de tiempo para eso”. Ah, es verdad, el tiempo. Perdonad, a veces se me olvida que la vida me ha sonreído, dotándome de más horas al día que a los demás… No, bromeo, obviamente mis días tienen las mismas 24 horas, los mismos 1440 minutos que los tuyos. La diferencia es que yo he elegido dedicar 40-50 de ellos a estar en la calle, en vez de a otra cosa, porque considero que así mi vida es mejor.

“Ya, pero es que tú tienes suerte, vives en un pueblo, tienes un trabajo que te da mucha flexibilidad… “. Sí, es cierto. Pero no te olvides que todo ello es producto de decisiones, de elecciones. También de renuncias, como sucede cada vez que tomas un camino en vez de otro. Eliges, pagas el precio, y entonces estás más cerca de conseguir lo que querías.

Los problemas empiezan en esas últimas palabras. “Lo que querías”. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es importante para ti? ¿A qué quieres dedicar tu tiempo? Son preguntas con carga de profundidad. Con demasiada. Porque es fácil quejarse, pero es mucho más difícil sentarse con uno mismo y plantearse todas estas cosas. Así acabamos dejándonos llevar por la inercia del día a día, viviendo donde toca, trabajando de lo que nos ha caído, seres reactivos que “no tienen tiempo” pero que se pasan horas en atascos, haciendo zapping delante de la tele o mamoneando con el móvil.

Y si consigues saber lo que quieres… ¡enhorabuena! Ya tienes por donde empezar. Pero ahora toca hacer algo al respecto. El mundo de las ideas está muy bien, pero la realidad no cambia con ideas, si no con acciones. ¿Qué puedes cambiar hoy para conseguir llegar a donde quieres? La locura es esperar resultados distintos si sigues haciendo lo mismo. Así que manos a la obra, echa la piedra a rodar.

Por supuesto, esto no es cosa de un día. A veces una acción puntual puede cambiar muchas cosas, pero el impacto de verdad se consigue con acciones sostenidas, con persistencia, con hábito; somos lo que hacemos repetidamente.

Así que sí, estoy moreno. Porque decidí que “salir a la calle y mover las piernas” iba a ser algo importante para mí. Porque le dedico tiempo. Porque me pongo al sol.

PD.- Ya sé. El mundo no es perfecto. A veces “haces lo que se supone que hay que hacer” y los resultados no llegan. Siempre encontraremos el ejemplo del que nunca fumó y se murió de un cáncer de pulmón, y el que llega a los noventa fumando como un carretero. Vale. Pero la estadística sirve para lo que sirve, y hay más probabilidades de tener cáncer de pulmón si fumas que si no. Es más probable que tengas la vida que quieres si das pasos orientados a conseguirla que si no.

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2 comentarios

  1. Amén.
    Yo también estoy moreno, en mi caso de pasear al perro, aunque en invierno lo hago principalmente antes de que amanezca y después del ocaso, el mero hecho de salir a dar una vuelta curte algo :-)
    La gestión del tiempo es complicada, y las decisiones que uno toma pueden suponer condicionantes claros, pero no impedimentos.
    No te cambio ni una coma.

  2. hola
    lo sabemos todos, lo dicen todos pero….tu post es de los de guardar para leer mas veces….

    gracias

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