Cambia de avatar, que también caduca

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Desde que ando por estos mundos internéticos de dios (o más exactamente, desde que empecé a dar la cara en ellos) tengo por costumbre cambiar de avatar (esa foto que te identifica) más o menos cada año. No es que me aburra de verme siempre igual, aunque algo de eso también hay. No, la cuestión es que siempre he pensado que la gracia de esa foto es que la gente te identifique, que “te vean la cara”… y tu cara va cambiando con el tiempo. Claro, a ti no te lo parece porque te ves todos los días. Pero… ¿no os ha pasado alguna vez que te encuentras a alguien, ves su careto y lo comparas con el que pone en internet, y piensas “eh, que esa foto lleva unos añitos de retraso, majo”? Los avatares caducan, y si bien tampoco me gusta esa gente que cambia de avatar cada dos por tres (que te despistan, coño), lo que no puede uno es aferrarse a una imagen de un pasado tan lejano que “canta”.

No sé si será pereza para escoger una nueva foto, una coquetería mal entendida o simple negación de la realidad… pero venga, que de vez en cuando toca actualizarse.

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1 comentario

  1. Precisamente, por esos mismos criterios de adecuación a la imagen real, he cambiado estos días mi foto de perfil de Facebook por el montaje que me hiciste tú. Está siendo todo éxito y es justo reconocértelo.

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