Persevera (… y con el mazo dando)

Leía ayer un artículo sobre “procrastinación” que me resultó muy interesante. No tanto por el concepto (nota: ¿qué paradoja mayor hay que procrastinar leyendo una y otra vez sobre lo malo que es procrastinar?), sino por el enfoque en la solución.

Habla el autor sobre los peligros de depender de la motivación, de la pasión, de la inspiración… para realizar cualquier trabajo. Él lo enfoca en el ámbito de la creatividad, pero no resulta difícil extrapolarlo a cualquier otro.

Sitting around being idle while in wait for inspiration is a good way to get nothing done […] Everyone longs for major victories and big breakthroughs in their work. But those would never happen if it weren’t for the little progress we take every single day by staying committed and showing up.

Perseverancia. Rutina. Compromiso. Hábito. Constancia. No cuestionarse cada día si algo “te apetece” o si “estás motivado”, sino simplemente ponerte manos a la obra y hacerlo. Un día, y otro, y otro, sin justificarte en que tus condiciones no son idóneas. Nunca lo son.

It’s in the day-to-day mundane and difficult work of showing up that our ideas take shape and take flight. It’s in that place that our skills are forged bit by bit. The path to success (both in our career and in accomplishing our life goals) is rarely glamorous. It’s usually mundane and repetitive.

No puedes esperar que la inspiración, la pasión, la motivación… te guíen. Porque son elementos extremadamente volubles. Sí, de vez en cuando aparecen, y te embriagan; pero con la misma celeridad desaparecen. No se quedan contigo el tiempo suficiente como para que puedas obtener un resultado sostenible, fiable. No puedes depender de ellas, porque corres el riesgo (o mejor dicho, la certeza) de quedarte como Penélope esperando en el andén.

Hay que ponerse el mono de trabajo, e insistir una y otra vez. No todos los días tu trabajo va a ser brillante; de hecho la mayoría de las veces será mediocre. No importa, esa es la única manera de lograr resultados alguna vez. Cuando llegue la inspiración que te pille trabajando. Lo demás es como esperar a que te toque la lotería.

Recuerdo que, hace años, participé en un proyecto de formación sobre habilidades comerciales para empleados de una entidad financiera. De lo que se trataba era de incentivar a personas que llevaban toda su vida “despachando” a que se atreviesen a vender. Usábamos como recurso un fragmento de la película “Cadillac Man“. “Sí, es verdad”, les decíamos. “Hay personas que tienen mejores habilidades para la venta que otras, que tienen una mayor probabilidad de éxito en el cierre de un proceso. Pero nadie , ni siquiera los mejores, tiene un porcentaje del 100%. A todos hay veces que les sale bien, y otras que les sale mal. Incluso si eres de los que tienes un porcentaje más bajo, puedes vender; lo que tienes que hacer es intentarlo muchas veces porque tu bajo porcentaje, aplicado una y otra vez, acabará dando resultado. Y seguramente en el proceso de intentarlo mejorarán tus habilidades, y con ellas tus porcentajes de éxito”.

Este gráfico refleja esa idea. Si hacemos 100 intentos de algo (100 llamadas comerciales, 100 fotografías, 100 relatos, 100 proyectos…), ¿cuántos van a salir bien?. Desde luego, nunca el 100% de ellos (que sería lo que representa el área azul). Lo normal es que tengamos un porcentaje de éxito mucho menor. Digamos (a efectos del gráfico) que es un 40%. Si ese porcentaje de éxito fuese constante, tendríamos el área roja. Si lo intentamos 10 veces, 4 éxitos. Si lo intentamos 100 veces, 40 éxitos.

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Pero es que lo normal es que ese porcentaje no sea constante, si no que vaya creciendo poco a poco. En nuestros primeros intentos, el porcentaje de éxito será mucho menor. De nuestros 10 primeros intentos no lograremos 4 éxitos, sino uno o ninguno. Pero no podemos desanimarnos. A medida que vayamos ensayando y aprendiendo, irá mejorando, cada vez más rápido. Es posible que tarde en aparecer esa mejora. Es posible que nunca lleguemos a tener las mismas habilidades que alguien con más talento. Pero todos podemos mejorar, es cuestión de perseverar.

Lo que no podemos hacer es intentarlo una o dos veces, y esperar a que suene la flauta por casualidad; y si no suena (que no sonará) darnos por vencidos.

Escuchaba un podcast sobre Woody Allen, y hacían referencia a su método de trabajo. Una película por año, como un reloj. Como un martillo pilón, centrado en su proceso creativo, sin preocuparse demasiado por el éxito o fracaso de sus películas. Cuando se estrena una, él ya está enfrascado en otra. A veces más inspirado y otras menos; pero eso no importa. Una película al año. Así es como se alcanza una filmografía de más de cuarenta películas. No todas son obras maestras, pero es más probable conseguir una en una carrera de cuarenta películas que en una de dos o tres. Y desde luego sus habilidades creativas y técnicas estarán infinitamente más desarrolladas.

Picasso, Mozart, Edison, Jordan. Podemos pensar que simplemente son genios tocados por la varita de las musas, que un día se levantaron y pintaron el Guernica, compusieron el Requiem, patentaron la bombilla o metieron decenas de miles de puntos fruto de momentos de inspiración. Pero estaríamos despreciando las miles de obras de Picasso, los cientos de inventos de Edison, las centenares de composiciones de Mozart, los miles de tiros fallados por Jordan. No podemos obviar la ingente cantidad de trabajo, de constancia, de práctica, de aprendizaje, de intentos menos que geniales… que desarrollaron en sus vidas.

¿Lo mejor de todo? Que la constancia, la persistencia, el hábito… es algo que está al alcance de todos. Si quieres.

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Raúl Hernández González

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6 comentarios en “Persevera (… y con el mazo dando)

  1. muy buen artículo!! Coincido con vos raul te felicitó por lo que haces y trasmitis a las personas un abraso!!

  2. Estimado Raúl:

    Me llamo Amanda Ares y he encontrado este blog de pura casualidad, buceando entre las diferentes webs de bloggers que me aparecían en Google. Lo primero de todo, querría darte la enhorabuena, pues no creo que sea fácil mantener la constancia de tener actualizado un blog durante más de diez años. Yo misma creé uno en 2013 y, debo admitirlo, debería ponerlo al día (sobre todo después de leer este artículo sobre perseverancia).

    Aunque sí que me gusta escribir, reconozco que muchas veces me he bloqueado por pensar que no tenía ningún tema interesante sobre el que hablar. Y, sin embargo, fíjate cómo la perseverancia y la búsqueda de objetivos (un tema que puede resultar tan banal y común, si me permites la expresión) puede también seguir dando tanto de sí. De hecho, incluso me parece que el artículo es muy ameno (no hay más que ver lo visual que es y los ejemplos que tiene).

    Y, ahora, para acabar, me gustaría dar mi opinión sobre la “chicha” del post. Yo confieso que a veces me aburren las frases motivadoras que se cuelgan en las redes sociales o profesionales, porque soy de las que piensa que muchas son simple “paja” por quedar bien. No obstante, también confieso que de vez en cuando se me olvida que la motivación no llama de repente a nuestra puerta mientras la esperamos sentados en el sofá (una frase parecida la dijo Buenafuente en su programa y me pareció fantástica). A veces me han entrado las ganas de resignarme ante lo que va surgiendo y es en esos momentos en los que necesito un “chute” de motivación que sólo puede venir de mi misma.

    Just keep on walking.

    Enhorabuena por el blog.

    Un saludo.

  3. Hay que menear el árbol para que caiga el fruto. Y no siempre sabes qué va a caer, puede que menes un manzano y que caiga una naranja. Pero de lo que se trata es de menear que algo caerá.

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