MBWA o la gestión mariposera

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MBWA es el acrónimo para “manage by wandering around“. Es decir, la práctica que algunos autores proponen a los directivos (aunque yo creo que es aplicable a cualquier persona, con o sin responsabilidades de gestión) de “pasearse” entre sus equipos de manera informal para “estar al tanto” de lo que sucede. Por ejemplo, Tom Peters (uno de los gurús del management) lo define como una de las herramientas clave de gestión.

Yo, desde luego, soy un firme defensor de la teoría y de la práctica (aunque creo que podría hacerlo mucho mejor). Los directivos que viven encerrados en sus despachos, alimentándose de emails, conferences y reuniones formales, se están perdiendo gran parte de la fiesta. El conocimiento profundo de los procesos, las sutilezas del día a día, las fortalezas y debilidades de tu negocio… solo se ven desde las trincheras. Sí, es verdad, la visión global, la estrategia, el largo plazo… todo eso es importante. Pero todo tiene su sustento en la realidad cotidiana. Y no hay powerpoint ni hoja de cálculo que consiga reflejar todos esos matices. Si uno no se empapa de la realidad, mal va a ser capaz de elevarse al siguiente nivel.

Pero es que además ese “pasearse” activa uno de los grandes resortes intangibles de las organizaciones: el flujo de confianza intrapersonal. Cuando uno “baja a la arena” y se interesa de forma genuina por las personas, por su trabajo, por sus problemas, por su vida… cuando uno presta atención y escucha, y no se limita a “sentar cátedra”… las personas van desmontando la barrera de desconfianza natural que existe hacia “los jefes”. En ese ambiente de informalidad es muy posible que afloren comentarios fundamentales de esos que nunca aparecerán en una reunión ni en un documento. En esas interacciones del día a día se estrechan lazos personales, se refuerza la cultura, se forja el compromiso. Y además, cuanto más conoces de una realidad, mayor es el respeto que te ganas por parte de quien la viven. Podrás tomar mejores decisiones, más informadas y con más probabilidades de ser aceptadas.

Por supuesto, no es fácil. La desconfianza inicial existe. “Qué ha venido éste a hacer aquí”. Los primeros momentos seguramente son incómodos; no pasa nada, poco a poco. Hay que empezar, hay que dejarse ver, hay que acostumbrar a la gente a tu presencia, mantener el hábito y no dejar que sea flor de un día. Hay que preguntar con interés genuino, hay que escuchar, hay que esforzarse en ver las inquietudes del otro sin intentar sustituirlo con nuestros mensajes predefinidos. Hay que ser discretos, manejar con exquisito cuidado cualquier información que la gente te da, no hay nada peor para una confianza embrionaria que el sentirse traicionado. Hay que saber también cuando uno sobra, no forzar la máquina, ser respetuoso con los espacios ajenos.

Es fácil dejarse vencer por esa incomodidad. Encerrarse en tu despacho, en tus quehaceres, en tus reuniones, en tus documentos, en tu “estoy muy ocupado”. Al fin y al cabo, eso de “mariposear” por ahí no es “productivo”. No estás “haciendo una tarea”, solo “paseándote” y “charlando con la gente”. Una aparente pérdida de tiempo, así que mejor no hacerlo, ¿no?. Y sin embargo, bajo esa apariencia de “tiempo improductivo”, se esconde una de las palancas más eficaces para la gestión.

¿Cuántas horas de esta semana vas a dedicar a “mariposear”?

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3 comentarios

  1. Has utilizado dos veces la palabra “genuino”… Interés genuino. Ahí está la clave.

    La cuestión es manifestar esa predisposición a entender y conocer en cualquier situación. Si habitúas a tu equipo al MBWA y, después las puertas de tu despacho no están abiertas para comentar cualquier consulta, está complicado que generes confianza.
    También puede influir renunciar a esos suntuosos despachos forrados de madera (o cristal en su versión moderna) y sentarte entre el equipo para eliminar barreras. Bajar del púlpito y simplemente preguntar: “¿En qué puedo ayudarte?” o incluso “¿Cómo puedo hacer mejor mi trabajo?”

    Sea cual sea tu modo de hacer, MBWA u otro, la coherencia y la cercanía son las palancas que van a activar esa confianza.

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