Reduce tu lista de tareas… ¡sin hacer nada!

Seguro que, si tienes una lista de “próximas tareas”, alguna vez te ha pasado: tienes la sensación de que la lista crece y crece sin remedio. Cada vez que la repasas, ves elementos que ya viste otras veces, y que siguen allí, inasequibles al desaliento. Si están en esa lista es porque “deberías hacerlas” y sin embargo, por unas cosas o por otras (y qué buenos somos encontrando justificaciones) las dejamos para otro momento. Procrastinando que es gerundio.

Y sin embargo, hay una fórmula infalible para despejar la lista de tareas. ¡Y sin hacer ninguna de ellas! Porque en realidad se trata, precisamente, de no hacerlas.

Efectivamente, si vamos cogiendo una a una las tareas de la lista, y nos preguntamos “¿realmente voy a hacer esta tarea en cuanto pueda?”, descubriremos que en muchos casos la respuesta (si somos sinceros) es NO. Puede que no tengamos claro el contenido, puede que no esté bien definida, puede que nos falte hacer alguna cosa previa, puede que no dependa de nosotros. O puede que sea una tarea que no queremos afrontar, con la que no nos atrevemos. O directamente que no sepamos qué pinta ahí, porque en realidad no nos importa un comino, no estamos comprometidos con el resultado que se supone que esa tarea nos va a proporcionar. En cualquiera de esas circunstancias, debemos hacer desaparecer esa tarea de ahí. La lista de “siguientes acciones” no es su sitio.

Y es que la lista de “siguientes acciones” sólo debería contener elementos que efectivamente vayamos a hacer, que estén claras, cristalinas, que sean acciones físicas perfectamente definidas, que sirvan a objetivos con los que estemos realmente comprometidos. En definitiva, elementos que no nos generen ni la más mínima duda cuando nos los encontremos. Es entonces cuando la lista de “siguientes acciones” se convierte en una herramienta realmente productiva que nos permite ir una por una, pim, pam, pim, pam, ejecutando lo que previamente hemos pensado.

Mezclar pensar y hacer es una trampa para la productividad. Si cuando nos ponemos a hacer empezamos a replantearnos (de forma consciente o inconsciente) el listado de tareas, mal vamos. Lo único que cabe cuestionarse en ese punto es si disponemos del tiempo, la energía, o el contexto necesario para hacerlo. Pero nada más.

Desde luego, mi lista de siguientes acciones necesita de ese análisis crítico, de esa liposucción que la limpie y la despeje, y la deje como debe estar: llena de tareas preparadas para ser hechas.

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3 comentarios

  1. En efecto, yo creo que confundir pensar (o querer) con hacer es un fallo que cometemos mucho, sobre todo al principio cuando empezamos a organizarnos y a aplicar alguna metodología como GTD. Pensamos que la lista de tareas es algo mágico y que con solo escribir una tarea en una lista, ésta se llevará a cabo tarde o temprano. Esto puede ser incluso motivo de abandono de una metodología porque pensamos que no funciona. Hay que darse cuenta que lo importante es HACER.
    Buen post. Un saludo.

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