La planta del buen rollo

Esta historia me la contó un amigo.

Mi amigo trabajaba en una empresa con un ambiente un tanto enrarecido: discusiones, malos modos, actitudes poco conciliadoras, escaso respeto, falta de reconocimiento… Mi amigo y su bonhomía innata sufrían teniendo que desarrollar su trabajo, día tras día, en un entorno tan poco saludable.

Un día, cansado de él y su compañero de despacho de la situación, decidieron comprar una planta. Le pusieron nombre (que mantendremos en el anonimato), y la colocaron encima de la mesa. Y empezaron a decir a todo el mundo en la oficina: “en el resto de la oficina podéis hacer lo que os dé la gana; pero cuando entréis en este despacho vais a hacerlo de forma tranquila, con una sonrisa en la cara, vais a dar los buenos días, y vais a hablar en un tono cordial, que es justo lo que nosotros os ofrecemos; si no lo hacéis por nosotros, hacedlo por la planta”.

Puedo imaginar las reacciones: desde la inicial incredulidad hasta el posterior cachondeo generalizado. “Mira los raritos con su planta”. Incluso les pusieron un mote. Y sin embargo…

Desde ese día, la planta ejerce un efecto interesante. Cuando alguien entra en el despacho de forma airada, mi amigo y su compañero le sonríen, le dicen “buenos días”, y dirigen su mirada a la planta. Más veces que lo contrario, la persona en cuestión se serena y modera su actitud; como si le diera apuro comportarse así delante de ella. De hecho, ya muchas personas se lo piensan bien antes de entrar sin cumplir las normas de respeto a la planta. Y a mi amigo, le sirve de confidente: cuando ha tenido algún episodio desagradable, al regresar al despacho, mira la planta, respira un par de veces y descarga así su propia tensión.

Obviamente la planta no tiene ningún poder mágico o sobrenatural. Pero sí tiene un poder simbólico: permite a mi amigo, y a los que les rodean, recordar que hay una forma diferente de hacer las cosas. Y así, poco a poco, día a día, a través de la influencia que ejerce en las actitudes y comportamientos de todo el mundo, la pequeña planta va creando a su alrededor un espacio creciente de “ambiente sano, libre de malos rollos”.

A veces ejercer la rebeldía ante lo que parecen unas condiciones inmutables pasa por algo tan poco revolucionario como comprar una planta.

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Raúl Hernández González

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4 comentarios en “La planta del buen rollo

  1. Más que una pregunta a resolver, es una observación inquietante, ¿verdad? Sin embargo, creo que a veces para romper dinámicas establecidas viene bien recurrir a símbolos. Al final, es el símbolo lo que representa la “novedad”, lo que “antes no estaba y ahora sí”, y por lo tanto lo que sirve para atraer el foco hacia un comportamiento que, quizás de otra forma, pase inadvertido.

  2. Quizá porque la planta es un ser inocente y puro, no así el resto de compañeros, contra los que puede existir rencor previo, lamentablemente.

    Voy a recomendar este “truco” a alguien que tiene un problema similar, a ver si le funciona, me ha parecido encantador.

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