Si yo fuera…

¿Cuántas veces no haremos este razonamiento a lo largo del día? “Si yo fuera el jefe de mi departamento, haría A, B, o C”. “Si yo fuera el CEO, lo enfocaría de esta manera”. “Si yo fuera el Presidente del Gobierno, lo que haría es…”. “Si yo fuera el seleccionador nacional de fútbol, apostaría por…”. “Si yo fuera el padre de ese hijo…”

Nos pasamos el día elucubrando (además, con una seguridad pasmosa) sobre lo que haríamos si fuéramos algo que no somos. El problema es que no somos esa otra persona, no tenemos esa otra responsabilidad, no tenemos todos los datos. Es muy fácil ver los toros desde la barrera.

Quien más y quien menos ha vivido la experiencia de criticar algo desde fuera, para luego vivir esa misma experiencia desde dentro. Por ejemplo, cuando eres “el hijo” piensas muchas cosas sobre cómo te comportarías tú siendo padre… y luego acabas siendo tú el padre y piensas “ah, coño, no era tan fácil”. O cuando eres el becario y tienes muchas opiniones sobre “cómo se debería tratar a los becarios”, y años más tarde eres el que se encarga precisamente de coordinarlos. O cuando eres el que se queja porque fulanito no te responde un mail, y luego eres tú el que tiene que gestionar decenas de ellos al día y alguno se te escapa. Etc. Resulta curioso, en estas situaciones, comparar “qué es lo que yo pensaba desde fuera” con “qué es lo que pienso una vez vivida la experiencia”. Normalmente, si somos sinceros con nosotros mismos, nos tocaría comernos la mayor parte de nuestras palabras. Sí, a veces podemos hacer las cosas mejor, pero en muchas ocasiones hay factores que desde el desconocimiento no habíamos considerado, y acabamos incurriendo en comportamientos parecidos a los que criticábamos; y tenemos que concluir que a lo mejor ése a quien tan alegremente criticábamos no era tan incapaz, tan torpe, tan malintencionado. Como se suele decir, “al que juzgue mi camino, le presto mis zapatos”.

Si cuando hemos vivido esas situaciones desde los dos lados sacamos esa conclusión, eso debería llevarnos a ser un poco más cautos cuando enjuiciemos la labor de otro. No hace falta vivir el proceso completo (critico desde fuera, experimento en primera persona, me vuelvo más comprensivo) para extrapolar el razonamiento. A cualquier crítica que nos venga a la cabeza deberíamos ponerle una cierta sordina, porque es muy probable que haya cuestiones que no hayamos ponderado adecuadamente, y habría que vernos a nosotros en esa misma situación. Empatía, dicen que se llama… aunque es más fácil decirlo que hacerlo; así de egocéntricos solemos ser.

Y curiosamente, mientras dedicamos tanto tiempo a pensar en “lo que yo haría si fuera…”, reflexionamos muy poco sobre “lo que tenemos que hacer siendo quien somos”, y con las responsabilidades que tenemos. ¿Lo hacemos realmente lo mejor que podemos? ¿Tenemos capacidad de autocrítica? ¿Sabríamos encajar los mismos juicios que nosotros hacemos alegremente sobre otros? ¿O tendemos a ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio?

No está mal la crítica constructiva; pero siempre desde la prudencia, no desde la soberbia del “yo lo haría mejor con los ojos cerrados”. Y puestos a criticar, empecemos por nosotros mismos.

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años.

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1 comentario en “Si yo fuera…

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