Ojo, cuidao, inercia

Ha llegado una época en tu vida profesional en la que has encontrado cierta estabilidad. Estás cómodo, tus días se desarrollan dentro de tu zona de confort. No es que no te lo curres… pero seamos francos, tampoco necesitas romperte los cuernos. Tu día a día lo manejas casi en piloto automático, con cierta placidez. Tus conocimientos te dan de sobra para el día a día, tienes perfectamente controlado el “quién es quién”, tú conoces a la gente y la gente te conoce a ti. Te dejas llevar. Sabes que es posible que éste no sea el trabajo en el que te jubiles (aunque… ¿por qué no?), pero al menos en el corto plazo no prevés movimiento.

Eres vagamente consciente de que hay cosas que estás dejando de lado. Conocimientos en los que no profundizas, porque no tienen aplicación directa a tu trabajo. Cosas que pasan en tu entorno a los que tampoco prestas demasiado interés, total para qué. Habilidades que has dejado que se atrofien, y otras que sabes que están ahí y que quizás deberías desarrollar… algún día. Un mercado que sabes que se está moviendo ahí fuera, pero que tampoco te afecta demasiado. Personas con las que no te relacionas, porque realmente hoy no te aportan nada relevante, y te da pereza.

Y entonces pasa. Un dia, por cualquier circunstancia, tu mundo (ese mundo que tan controlado tenías) se derrumba bajo tus pies. Y de repente te encuentras expulsado fuera de tu zona de confort. Arrojado a un entorno desconocido. Echando de menos esos conocimientos en los que no profundizaste, esas relaciones que no te preocupaste de cultivar, esas habilidades que no desarrollaste. Y compitiendo con otros que sí desarrollaron esos conocimientos, esas habilidades, esos contactos.

Qué exagerado. Sí, bueno, claro, sé que eso puede pasar (aunque ahora mismo estoy tranquilo, que conste). En el fondo, sé que tarde o temprano ocurrirá (aunque sería tan bonito poderme jubilar así, sin más preocupaciones…). Vale, es posible que deba, en algún momento, actualizarme. Ponerme al día en mi sector, quizás explorar algún otro… especializarme en algo, quizás desarrollar alguna habilidad nueva, o proponerme poner en práctica esas cosas que he ido abandonando con el tiempo. Entiéndeme, si razón no te falta.

Pero… es que eso es esfuerzo. Y es tiempo que tengo que quitarme de otras cosas que me gustan más, de las que puedo disfrutar ahora; que la vida es muy corta, no todo va a ser trabajar. Y al final, todo eso… ¿a cambio de qué? Total, a día de hoy no espero ver ningún resultado, ya te he dicho que mi día a día lo tengo dominado. Cuando lo necesite me pondré a ello, claro, faltaría más. Bueno, o antes, claro, un tiempo prudencial. Ya llegará el momento, lo prometo. Pero no hoy. Hoy no me hace falta. Hoy estoy tranquilo.

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años.

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