Vivir de la petanca, y otras aspiraciones

Hace unos días me cruzaba con una referencia a esta noticia de 2010 donde se informaba del campeonato juvenil de petanca logrado por un joven local. La noticia la encabeza un titular, probablemente extraído a mala baba, y que compone la escena graciosa: “Volveré a estudiar; de la petanca no se puede vivir“. “Jajajá, qué pringao, pensaba que podía vivir de la petanca…” es la reflexión que convierte esta noticia en un “meme”.

Y hombre, en parte lo es. ¡Qué ingenuo, el chaval, si llegó a pensar alguna vez que podría hacer de la petanca una forma de ganarse la vida!

Pero… cambiemos “la petanca” por otras frases. ¿Quién no ha oído a gente quejarse amargamente de que “de la música no se puede vivir”? ¿O de que “la industria del cine se muere, y eso son miles de familias”? O “yo soy artista, alguien tiene que crear en esta sociedad”. O la de “yo he estudiado dos carreras y un master, y no me dan trabajo”. O la de “yo estudié Historia del Arte y ahora tengo que trabajar en telemarketing”. O…

Ya no es tan gracioso. Habrá muchos que piensen “claro, pero es que éstos tienen razón”. ¿Ah, sí? ¿Por qué estos tienen razón, y el de la petanca no?

A veces parece que hay gente que cree que, por determinadas circunstancias (desde “ser artista” a “seguir mi vocación”, pasando por “haber estudiado” o “tener años de experiencia”), la vida y la sociedad “les deben” un trabajo, unos ingresos, una forma de ganarse la vida. Que en cierto modo es “su derecho”, y que protestan airadamente cuando se encuentran con que eso no se cumple. Y a mí, francamente, me hace gracia. Porque no es verdad. Nadie nos debe nada, no tenemos ningún derecho adquirido (*). Igual que los hombres de las cavernas tenían que mover el culo si querían comer, en nuestra sociedad tenemos que hacer lo mismo. Cada uno es muy libre de escoger el camino que quiera, de tener las aficiones que guste, pero no puede perder de vista que si quiere comer tendrá que realizar alguna actividad de valor añadido (“valor añadido” entendido desde el punto de vista de “alguien está dispuesto a pagar por ello”, no de lo que uno piense de sí mismo). Y así, mientras viva.

Así que la reflexión del chaval de la petanca tiene más miga de la que parece. La idea de “ganarse la vida” sigue siendo fundamental. Y uno no tiene la vida ganada porque sí, y tampoco tiene derecho a ganársela como él decida. Hay caminos que te lo permiten, y caminos que no. Y uno tendrá que elegir entre los primeros. Y el resto, sea jugar a la petanca o cualquier otra cosa… para tus ratos libres.

(*) y perdonadme que me ría por adelantado si alguien menciona algo parecido a que “la Constitución nos garantiza blah, blah”. La Constitución es un papel que unos señores escribieron un día sentados en torno a una mesa. Pusieron lo que pusieron, o podrían haber garantizado “unicornios para todos”; y eso no lo haría más real ni más factible. Una bonita declaración de intenciones, un objetivo deseable… pero un brindis al sol al fin y al cabo.

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Raúl Hernández González

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10 comentarios en “Vivir de la petanca, y otras aspiraciones

  1. No estoy muy de acuerdo con tu reflexión. O por lo menos, no estoy de acuerdo en tu forma tan tajante de emitirla.
    Los seres humanos somos animales complejos. Y tú estás simplificándonos mucho. Es decir, estás reduciendo la utilidad de una acción a la cantidad de comida que alguien te va a dar a cambio de ella. La gente no solo tiene que hacer cosas (dedicarse profesionalmente a cosas) que le vayan a proporcionar dinero automáticamente, es decir, que tengan una utilidad inmediata. Porque las cosas que nos diferencian de los animales y que nos hacen evolucionar como especie nunca tienen un rédito inmediato. De hecho, ni siquiera de la mayoría de indivíduos de la especie tienen por qué percibir esa utilidad.
    Me refiero a la ciencia (investigando áreas por el mero gusto de conocer nuestra realidad, no para descubrir un polímero que se vaya a vender en impermeables como churros) y al arte (que solo en contadas ocasiones tiene utilidad tangible y a corto plazo) y en fin, todas esas cosas que nos hacen avanzar como especie y que tan lejos de la comida están en la pirámide de Maslow.
    Sí que estoy de acuerdo contigo en que estudiar no te da derecho a nada, que tienes que demostrar que eres el mejor en lo tuyo para conseguir que te financien, que se han dado subvenciones a auténticos fistros… Lo que no estoy de acuerdo es en calcular el retorno monetario inmediato de todas las cosas.

  2. ¿Tajante yo? Se nota que no me conoces… :P

    Es cierto. La sociedad, en su conjunto, puede decidir facilitar la vida a determinados colectivos a cambio de un bien común superior. Ese “facilitar la vida” tiene la forma de “le quito dinero a quien lo genera y se lo doy al que no lo genera” (o en términos cromañones, “ya compartimos el mamut que hemos cazado con el de gafas que está cascando dos piedras a ver si hace fuego”).

    Y eso está bien. Pero no deja de ser una convención social, un acuerdo del colectivo, y no una “imposición” ni un “deber”. Y si por cualquier circunstancia la sociedad en su conjunto decide cambiar ese acuerdo… tan válido es como el anterior.

    En el fondo, hay dos riesgos. Es malo que todos nos dediquemos al mamut y no haya nadie investigando el fuego… pero también es malo que todos nos dediquemos al fuego y nadie vaya a por mamut. O lo que es peor, que digamos que nos dedicamos al fuego y nos dediquemos a rascarnos las bolas.

    Ese equilibrio es delicado de fijar. Complejo socialmente articularlo. Pero en todo caso es ser una decisión “consciente” de la sociedad, no un derecho adquirido.

  3. Sólo añadiría una frase, una pequeña puntualización: uno no tiene derecho a ganarse la vida como él decida…pero sí a intentarlo.
    El resto ya depende de las habilidades de cada uno.
    Por lo demás, artículo interesante y mesurado, como siempre :-)

  4. Completando la reflexión, siempre he creído que son personas especialmente brillantes aquellas capaces de conseguir convertir su pasión en su forma de ganarse la vida (y no viceversa). O, visto de otro modo, de sacar ‘rentabilidad’ de donde parece que no podía haberla a base de trabajo, esfuerzo, visión crítica, y un poco de pensamiento lateral.

    Subvenciones aparte, claro. :)

  5. Muy de acuerdo con tu opinión Raúl. En algún momento nuestra sociedad olvidó que, independientemente del camino elegido, existe un elemento común a todos ellos: el deber de hacerse valer constantemente y saber adaptarse.

    Lo otro es una mentira que ha funcionado por un tiempo y ahora nos estamos dando cuenta del error.

  6. Interesante reflexión sin dudas. En este caso (y enlazando con la situación actual de España con mas de un 50% de jóvenes en paro) si que creo que hay gente que tiene “derecho” a reclamar.

    Me estoy refiriendo a todas esas personas que han estudiado una carrera, han sacado un master y hablan algún idioma. Esas personas si que pueden reclamar porque la vida les ha estafado. Desde pequeños sus padres y profesores les han dicho que tenían que estudiar para tener un futuro, que necesitaban hablar idiomas, que tener una carrera era fundamental, etc, etc.

    ¿Y bien?. Pues muchos de ellos han cumplido con su parte del trato y ahora se encuentran con que una crisis de la cuál no son responsables les afecta directamente y hace que la sociedad no pueda cumplir su parte del trato.

    Por supuesto que siempre pueden irse a otro país pero creo que tenían derecho a poder ganarse la vida en España de forma digna y que otras personas les han robado esa posibilidad.

    Ojo, no defiendo el inmovilismo y quedarse parado a esperar a la sopa boba. Pero no podemos negar que hay mucha gente a los que prácticamente todas las puertas se les han cerrado y eso es bastante injusto si ellos han “cumplido” con el trato que les hicieron sus padres y profesores cuando eran unos niños.

    Saludos,

  7. Ese es, precisamente, el engaño que quiero poner encima de la mesa. No hay ningún “trato”. Otra cosa es que haya alguien que te haya hecho pensar eso, y que tú te lo hayas creído.

    No hay ningún trato. Nunca lo hubo. Nadie tiene ningún derecho por haber “cumplido su parte”, y lo siento por el que se dejó engañar. Ahora tiene dos opciones: asumirlo y tirar para adelante, o dejarse la vida “reclamando” a no se sabe muy bien quién.

  8. A mí me encanta la literatura y la psicología. Sin embargo al escoger la carrera hice Derecho. Nadie nace deseando estudiar Derecho. Pero sabía que ganarme la vida me sería más fácil.
    Actualmente a todo el mundo se le dice que siga sus sueños. Es una opción. Pero una opción que exige no lamentarse si después esos sueños le dejan a uno con un cierto vacío en el estómago. Todo el mundo ha de tener derecho a un mínimo. Pero si ese mínimo no es muy mínimo nadie hará nada.

  9. Yo estoy de acuerdo con esta idea de que en realidad no hay ningún trato. Seguimos en la ley de la selva y quien quiera sobrevivir tiene que buscarse la vida. A mis 20 pasé grandes crisis por no poder permanecer por 24h/día en mi mundo de la sensibilidad y de las emociones. Después comprendí que la sensibilidad y las emociones viven en un cuerpo al que hay que darle de comer.
    Pero no creo que todo sea tan negro como lo pintan. Quiero decir, no creo que haya que renunciar a los sueños nunca, ni relegar lo que sea que uno ame a ese incierto territorio del “tiempo libre”, territorio que con los años va menguando y llega a desaparecer. Lo que se ama no se puede dejar en segundo plano. Si yo lo hubiera hecho así, si me hubiera adaptado adecuadamente al entorno (lo intenté, pero afortunadamente no lo conseguí) me habría marchitado hasta morir (y lo de morir habría sido literal). Algunas personas, las que tienen una fuerte vocación, simplemente no pueden sobrevivir si tienen que abandonar lo que aman. Y te aseguro que aun consiguiendo sobrevivir, a mi no me valdría la pena vivir así.

    Pero hay opciones. Conozco a mucha gente que lo ha conseguido. Yo misma, sin ir más lejos, aunque mi futuro ahora no está del todo claro, he conseguido vivir hasta ahora tal como he querido sin renunciar a lo que amo (el mes que viene cumpliré 47 años, así que he sobrevivido mucho tiempo así; y no, no tengo quien me mantenga o aporte un solo euro más del que yo me gane).
    Hay dos cosas esenciales para lograrlo. La primera, renunciar a lo material tal como está estipulado por las normas sociales en vigor; hay que decidir qué necesitas y qué no y eliminar los artificios. La segunda cosa esencial es encontrar es algo de valor que puedes dar a través de lo que amas. En “Encuentra tu elemento” Ken Robinson contaba el caso de un hombre que amaba la música pero no logró vivir de ello y finalmente la abandonó para tener una vida más convencional. Pero no era feliz. Su felicidad llegó cuando empezó a aprender a construir instrumentos musicales. Al final se convirtió en un luthier muy reconocido.
    Si renuncias a muchas baratijas materiales y encuentras algo de valor, puedes dedicar media jornada a ese algo de valor relacionado con lo que amas (por ejemplo profesor de petanca) y la otra media a lo que amas (jugar a la petanca). Ese es el secreto. Eso sí, vas a trabajar como un condenado, aunque sarna con gusto, no pica.

  10. A mí no me parecen ridículas quejas como las que se oyen a montones. Lo que me parece grave es no aceptar que el mundo ahora mismo no funciona como a muchos nos gustaría que funcionara y que quejarse es muy terapéutico, pero si además de la queja, no aceptas la situación, esta queja te arrastrará al fondo de las tinieblas. ¿No te parece justo no poder vivir de la petanca? Déjate la vida en ello (mientras te ganas la vida de otra forma u obtienes espónsors) y demuestra que hay otra manera de hacer las cosas.

    Desgraciadamente en el mundo hay una corriente conformista y estaticista, de que todo está bien como está y que si es así, que así debe ser. Esto no es cierto para todo aquello que ha sido creado por el hombre. Todo lo creado por el hombre es susceptible de ser cambiado. Todo. Sólo que cuando la inmensa mayoría piensa lo contrario la única forma de hacerles un ZAS en toda la boca es con HECHOS. Y quejarse sin hacer nada mientras lo haces te impide lograr algo que demostrar.

    ¿Injusto tener que demostrar obviedades? Sí, pero c’est la vie. Y sino que se lo digan a Gandhi entre otros.

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