Dónde está el dinero que falta; yo tengo una parte

Mientras unos dicen que son galgos, y otros dicen que son podencos, lo cierto es que Europa ha accedido a prestarnos 100.000.000.000 de euros para “recapitalizar el sector bancario”. Lo que viene siendo “tapar unos agujeritos”, dinero que se ha evaporado.

Mira que yo “he estudiado”, y se supone que debería entender algo todo este desbarajuste, pero he de confesar que hay cosas que se me escapan. Hasta donde yo entiendo, el origen del agujero patrimonial (fundamentalmente en las Cajas de Ahorros) vienen de un montón de préstamos que estas entidades dieron a particulares y empresas, garantizados con activos inmobiliarios. Cuando particulares y empresas se vieron desbordados por la ralentización de la economía, no pudieron hacer frente a sus deudas y en consecuencia las entidades ejecutaron las garantías. Ahora, en vez de los X millones en deudas no cobradas, tienen un montón de activos inmobiliarios… que resulta que gracias a la “burbuja”, no valen tanto como en su día se dijo. El dinero desapareció.

¿Y dónde está? ¿Cómo puede ser que haya “desaparecido”? Efectivamente, no ha desaparecido. Simplemente se ha diluído. Y yo, he de confesar, tengo parte de ese dinero.

En noviembre de 2002, compramos un piso. Pequeñito, dos habitaciones justitas. Pagamos por él 216.000 euros, financiados íntegramente (de hecho, al 110%… “para los gastos”) por una hipoteca a 30 años (+ doble aval) suscrita con una Caja de Ahorros. Por aquel entonces parecía una barbaridad (dos jóvenes profesionales con unos sueldos majetes, y ya tenías que hipotecarte a esos niveles por un piso más bien pequeño), pero visto lo que vino después…

Cuatro años y poco después, ya con un hijo, decidimos abandonar Madrid y poner el piso a la venta. Pasadas unas semanas, encontramos comprador. Un chavalito de Málaga, ayudado por sus padres. El precio, 312.500 euros. Es decir, en apenas 4 años, el piso se había “revalorizado” (pongo las comillas; porque se incrementó su precio, ¿pero su valor?) un 44,5%. Sonaba raro, ¿verdad? El mismo piso que cuatro años antes nos había supuesto un esfuerzo importante a una pareja… ¿ahora casi un 50% más caro, y sostenido por una única persona? Pero encontró una entidad financiera que aceptó el trato. Probablemente una hipoteca a 40 o a 50 años, yo qué sé.

Imagino que aquel chaval sigue pagando su hipoteca. O quizás tuvo que vender el piso, probablemente a un precio inferior al que nos lo compró. O quizás no pudo con la deuda y le entregó el piso a su entidad. El hecho es que nosotros nos llevamos un buen puñado de euros “de la nada” (¿qué aportación productiva habíamos hecho?), y lo que viniera detrás… ya no era asunto nuestro.

Aunque claro, ese “nosotros” es inexacto. Porque en ese botín “metieron mano” unos cuantos. Participó nuestra entidad financiera, que durante 4 años y pico llevó a sus cuentas de resultados los intereses que nos cobró. Participaron notarios y registradores, que se embolsaron sus tasas en cada operación. Participó el Ayuntamiento, cobrando las plusvalías municipales. Y la Hacienda Pública, llevándose su parte por el incremento de renta. Si hubiera habido agencia inmobiliaria de por medio (no fue el caso), también se hubiera llevado lo suyo.

Mi caso, unido al caso de muchos otros más, explica “dónde está el dinero”. La burbuja inmobiliaria era un juego en el que parecía que todo el mundo ganaba, y que así iba a ser para siempre. Sin embargo, el tiempo demostró que no era así. Algunos tuvimos suerte, y salimos del casino con beneficio porque (aun sin intención ninguna de especular) compramos y vendimos en buenos momentos (sin duda hubo muchos que se llevaron mucho más; simplemente habiendo comprado 3 años antes). Otros hicieron de esta ruleta una forma de inversión plenamente consciente (“compro un apartamento sobre plano en cualquier PAU, y en un año lo vendo y le saco…”; “montamos una pequeña promotora, hacemos una miniurbanización, y nos forramos…”). Y mientras tanto algunos “cómplices necesarios” ganaban en cada operación. El caso es que a algunos les salió bien, y eso me incluye. No hemos robado a nadie, no hemos estafado; simplemente la suerte nos sonrió mientras que a otros… no. Son esos los que ahora se ven con activos con un precio de mercado menor que el que tienen contabilizado (“el agujero”), o con deudas que ni entregando el activo inmobiliario pueden subsanar.

¿Y de quién es la culpa? De todos y de nadie. Esta situación no se hubiera producido sin cientos de miles de personas tomando decisiones de comprar y vender, aceptando precios y condiciones. Yo no hubiera vendido si no hubiese encontrado un comprador. Ni me hubiera hipotecado si no hubiese encontrado una entidad financiera que aceptase el trato. Es verdad que las entidades financieras podían haber controlado mejor el riesgo que asumían, es fácil decirlo ahora… pero si una entidad financiera hubiese “restringido el crédito” se hubiese quedado fuera del mercado, porque los compradores querían hipotecas al 100%, y al 110%, y a 30, 40 o 50 años, aunque las cuotas supusiesen el 50% de los ingresos mensuales de la familia. Y si no se las dabas tú… a tres metros tenían otra entidad que sí, y que se llevaba la hipoteca, los seguros, las cuentas, las tarjetas, y los beneficios aparejados (también los riesgos, sí; pero entonces eso del riesgo parecía tan etéreo… tanto para las entidades como para los particulares). Seguramente “el regulador” debería haber actuado con más contundencia, poniendo límites en aras del bien común. Pero es que “el regulador” y sus jefes políticos (primero los unos, y luego los otros; aquí no se salva nadie) también estaban encantados con la situación: ¿qué Gobierno desprecia un montón de dinero entrando en sus arcas, tanto a nivel estatal como local? ¿quién renuncia a sacar pecho de una “economía en crecimiento”, basada en la ilusión de riqueza que la burbuja proporcionaba a los ciudadanos? “Sí, la burbuja se tendrá que deshinchar algún día… pero confiemos en que sea un aterrizaje suave y a ser posible cuando haya terminado nuestra legislatura”.

Entre todos la matamos, y ella sola se murió. Es verdad que en la pirámide de responsabilidades hay a quien cabría exigirles más que a otros. Pero lo cierto es que cada uno a nuestro nivel contribuímos a esta situación. Ni unos ni otros quisimos ver lo ilógico que era todo, y los riesgos que estábamos asumiendo. Y de esta estapa algunos han salido más escaldados que otros. Yo doy gracias de haber tenido la mezcla de suerte y sensatez (cuando vendí no me puse muy “especialito” con el precio; y después en vez de comprar decidí vivir de alquiler por si acaso…) que tuve.

Pero soy consciente de que mi suerte se debe al desarrollo de un círculo vicioso que, a nivel colectivo, se ha demostrado terrible. Lo cual, he de confesar, me genera una sensación un tanto incómoda.

PD.- De bonus, esta semblanza sobre “la burbuja de los tulipanes” que hice en El Blog Salmón hace “sólo” 7 años. Cambiemos tulipanes por inmuebles, Holanda por España… y listo.

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Raúl Hernández González

Soy Raúl, el autor desde 2004 de este blog sobre desarrollo personal y profesional. ¿Te ha resultado interesante el artículo? Explora una selección con lo mejor que he publicado en estos años.

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7 comentarios en “Dónde está el dinero que falta; yo tengo una parte

  1. Tienes razón, pero creo que olvidas a una parte de la gente entre la que me incluyo. Recuerdo que en esos años (algo más tarde de 2002, pero bastante antes de 2007) más de una vez y más de dos hubo quien me trataba de gilipollas por no querer meterme en un piso.

    A mi no me parecía razonable la diferencia entre sueldos y precios ni el ritmo de incremento de unos y otros, así que contra presiones del entorno decidí (decidimos, en mi casa) seguir de alquiler porque nos parecía que eso algún día tenía que petar. Así seguimos ahora, por el momento bien.

    Eso no nos hace más listos ni más tontos. Simplemente acertamos en que lo que ocurría no podía ser normal y gracias a ello hoy no estamos hipotecados (directamente) de por vida (ni tampoco tenemos plusvalías de nada, claro).

    Pero en cambio nos afecta negativamente lo que ha resultado de todo eso, porque como todos vamos a tener que pagar una parte del pato. Y no me hace ni pizca de gracia, la verdad es que ahora sí que me siento gilipollas.

  2. Estás mejor que los que se han quedado pillados en una hipoteca, y peor que los que tuvieron (tuvimos) plusvalía.

    Ése es el problema de la “mano invisible”: que al final es el resultado de una suma de voluntades. Y aunque uno tome sus propias decisiones, luego se ve afectado por el conjunto. Es como a la hora de votar… tú puedes votar lo que quieras, pero al final lo que te afecta es lo que vota la mayoría. Y lo veo complejo de solucionar.

  3. Has dicho algo muy importante, que en tu caso no había ánimo de especular, simplemente el sistema sonrió a tu favor, y eso queda demostrado porque luego te fuiste de alquiler. Yo tampoco compré a pesar de las presiones. El problema está en los que se quisieron pasar de listos especulando sin saber. Y lo siento, pero el hecho de que te concedan créditos muy fácilmente no implica que debas cogerlos. Yo no me compro un ferrari por muy cómodos plazos que me den simplemente porque no podré pagarlos.

  4. Mi caso es el de Javier y como apunta Raúl no nos queda más remedio que asumir el error de ¿la mayoría? y que nosotros no cometimos. Recuerdo también discusiones al respecto en el trabajo, escuchando una y otra vez que seguir pagando el alquiler era tirar el dinero a la basura. También recuerdo un artículo de Javier Marías en las inicios de la crisis en el que me veía reflejado, por eso de estar también de alquiler y por sentir la misma perplejidad: http://elpais.com/diario/2009/06/28/eps/1246170412_850215.html

  5. Aquí otro que quiso ser prudente y racional y no invirtió cuando todo el mundo le decía que lo hiciese… menos su sentido común… y que puede acabar pagando igual la fiesta de otros, especialmente si el euro se devalúa y paso a tener menor poder adquisitivo (vamos, si me roban vilmente, que para que te roben sólo tienes que tener algo).

  6. Había una vez una entidad encargada de regular las entidades financieras, creo recordar que se llamaba “Banco de España”, aunque es como una leyenda urbana, se oye hablar de él pero nadie sabe para que sirve….. como otras muchas instituciones no hicieron sus deberes y el problema es que encima sus cagadas las pagamos los demás, en fin…. ¡esto es España!
    por cierto, a mi cuando me concedieron la hipoteca me daban solo el 80% siempre que no superase el 30% de nuestros ingresos, eso sí, ¡ya les gustaría que dejase de pagar!

  7. Una entrada valiente, dos años antes de la crisis ya se sabia que era un burbuja, pero nadie podía pararla, invertir tendencias es complejo, la economía no es un excepción, pero si hubiera existido marcos legales acordes, como la dación, hubiera moderado la oferta de crédito, lo que limitó los efectos y las consecuencias sociales de la crisis en EEUU.

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