Está mal escrito

Hace unos meses, comentaba alguien por twitter (no recuerdo ya quién) que estaba leyendo planes de negocio. Y que en uno de ellos había detectado un número importante de faltas de ortografía… causándole una mala impresión y alterando de esta forma la percepción de todo el documento. Digamos que, desde ese momento, ya le había puesto una cruz.

Lo entiendo. Me pasa algo parecido. A mí me enseñaron que era importante escribir bien; tengo alguna lagunilla, de la que soy consciente, pero en general creo que escribo de una forma bastante correcta. Y me chirría enormemente cuando veo algo mal escrito. Llevo fatal el “lenguaje SMS” y similares. Y sobre todo llevo muy mal las personas que son incapaces de diferenciar cuándo están escribiendo un mensajito para sus colegas, y cuándo están en un entorno profesional.

Y sin embargo… ¿tenemos razón? ¿Hacemos bien en “quitar puntos” a alguien por el mero hecho de que no escriba con una ortografía perfecta? Si lo piensas bien, puede que esa persona, con sus faltas de ortografía, sea en realidad un profesional muy capaz, buena gente, con muchos conocimientos en su área de especialización, con grandes ideas y una actitud impecable. De hecho, incluso las faltas de ortografía no tienen ninguna implicación en la capacidad de comunicarse, de estructurar ideas y de trasladar mensajes a una audiencia, tanto por escrito como de forma verbal.

La cuestión es, ¿no estaremos dejando que un defecto formal, y en realidad superficial, nos nuble el juicio? ¿No estamos dando demasiada importancia a “escribir bien”, por encima de otros factores más relevantes?

Yo tengo sentimientos encontrados. Porque racionalmente creo que sí, que no tiene por qué haber una correlación entre la forma de escribir y otros valores personales y profesionales. Y sin embargo, la reacción emocional ante algo mal escrito es de “repelús”.

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