Mercado, ¿yo?

No por esperadas menos sorprendentes algunas reacciones a mi post de ayer sobre la contribución de las decisiones individuales a la formación de “el mercado”. “Demagogia”, “Superliberal”… en fin, lo típico.

Pero me llaman la atención los argumentos del tipo “yo no he sido”. “Cómo voy yo, con mi poco poder de compra, a tener ningún impacto… el que tiene impacto es el que mueve 1.000 millones”. Pues hombre, sí, comparado uno con otro está claro que uno tiene más impacto que otro.

La cuestión es que no medimos lo que hago “yo”. Medimos el impacto agregado de decenas, centenares, de miles de personas. Y entonces, amigo, la cosa cambia. ¿Te acuerdas de aquel videoclub que había en tu barrio y que cerró? Un día tu dejaste de ir porque preferías bajarte las pelis. “Bueno, pero no por mi culpa; total, ya ves tú el impacto que yo tenía en su cuenta de resultados, una o dos pelis al mes que sacaba”. ¿Y de aquel ultramarinos donde el simpático tendero nos vendía cualquier cosa, y que hace tiempo echó el cierre? Es verdad que tú un día dejaste de ir porque en el hipermercado aparcabas mejor, tenías de todo, y de precio más barato. Pero hombre, no cerró por ti, total sólo ibas de vez en cuando. ¿Te acuerdas de aquel pujante sector zapatero que había en España? No, el hecho de que una vez al año tú compres unos zapatos, y prefieras unos más baratos (que vienen de algún país oriental) tampoco influye en su declive. No es culpa tuya.
Entre todos la mataron, y ella sola se murió.

Y así. “Yo no he sido”. Po fale.

Y luego está otra cuestión. Y es que parece que hay gente a la que le cuesta entender que el comportamiento de “los mercados” (o sea, de esos malvados especuladores con miles de millones capaces de, con una decisión, tumbar a una empresa) es exactamente el mismo que el de cualquier individuo: buscar el máximo beneficio, la máxima utilidad obtenida a cambio de unos recursos. Si tú eres capaz de hacer malabares por ahorrarte unos euros en una compra online (y así obtener un mayor rendimiento por tu dinero), y te parece bueno, positivo, deseable… ¿por qué el hecho de que otros señores (con más dinero, sí) hagan lo mismo les califica de malvadísimos ogros, peligrosísimos especuladores, etc.? Ah, no, es que cuando lo haces tú no “tumbas” a nadie. Claro. Diluimos nuestra responsabilidad entre la de la masa informe (“total, lo que yo hago no impacta”) y así nos quedamos tan tranquilos. El especulador es el otro, nosotros sólo somos hábiles comprando.

Po fale otra vez.

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