La cara B

Hace unos días me encontraba, navegando por ahí, una publicación en la que entrevistaban a un conocido mío acerca de las bondades de su empresa. Le mandé un mensajito para comentárselo, “eh, qué bien sales en el artículo!”. Su respuesta, la siguiente: “Sip… Lo malo es ver que ni el artículo ni los entrecomillados tienen demasiado que ver con la realidad”.

Ay, la diferencia entre el escenario y lo que hay detrás de las bambalinas.

Obviamente mi amigo, sujeto a la “disciplina corporativa”, no tenía mucha libertad de movimientos. Aunque todos tenemos tendencia a contar siempre lo bueno, y callar lo malo. De endulzar la realidad cuando se la contamos a otros, cuando estamos en público. De pregonar los éxitos a los cuatro vientos, y de barrer los fracasos bajo la alfombra a ver si nadie se entera. De poner la “cara A”, y ocultar la “cara B”. Y no es por casualidad o por maldad, sino que hay una fuerte presión social para que las cosas sean así; nadie quiere verse “retratado” tal y como es, sino salir guapo en la foto a toda costa, porque si no enseguida es señalado con el dedo. ¿Alguien se imagina cuánto hubiera tardado mi amigo en recibir una reprimenda, o perder directamente el trabajo, si hubiese contado “toda la verdad”?

La cuestión es que, como resultado, la inmensa mayoría de lo que uno lee y escucha por ahí es totalmente irrelevante: porque directamente es mentira, o porque mostrando una visión sesgada nos ocultan una porción importante de la realidad. Puras estrategias de promoción, un juego en el que todos participamos en menor o mayor medida y que dibuja una realidad idílica, pero falsa.

No sé, a mí me atrae más quien me pinta un cuadro con claroscuros, con las partes buenas y con las partes malas, que quien sólo me vende la parte maravillosa. Le doy más valor al primero, con todos sus errores, dudas e imperfecciones, que al segundo, al “perfecto”, al “excelente”, al “impecable”. Porque lo perfecto, lo excelente, lo impecable… no existe.

Foto: ocad123

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7 comentarios

  1. A mi me gusta cuando me explican las cosas bien. Porque las cosas salen como salen y que ha ocurrido mientras tanto

    Si la cosa va mal, como se va a solucionar. Si la ido mal, porque ha fallado. SI todo ha ido bien quiero también explicaciones de porque ha ido bien.
    Si hay ido normal, quiero saber lo que ha ido bien, lo que ha ido mal y encontrar un equilibrio mas positivo para la próxima vez.

    Cuando solo hay blancos o negros.. malo malo…

  2. Totalmente de acuerdo, una vez hice un comentario con unos personas que recien conocia y les dije: que todos tenemos un detras de camaras , lo que sucede antes de, y sabes que paso, en ese instante las personas tomaron mas confianza y comenzamos a tratar temas mas aterrizados de cada una de las personas de la reunion.

  3. Estoy contigo, pero me temo que el “cuadro de claroscuros” no vende porque es lo normal. Lo que se quiere publicar es lo que llama la atención, lo que es maravilloso o lo que es pésimo, porque al final lo que busca el que publica es lograr audiencia.

  4. Hay otra variable que distorsiona esa realidad. Y es que la suele contar un tercero. Cuando te cuentan lo fantástico que es trabajar en Google, lo escribe un periodista que ha estado allí una tarde. Aun suponiendo que el relaciones públicas de Google hubiera contado toda la verdad, falta el filtro del que lo escribe.
    Si su novia fue despedida de allí (es un ejemplo) o su editor está contra Google News, verá el campus como un cárcel esclavista o un campo de concentración. Si no es así, y además le regalan un Nexus, como un sitio encantador para disfrutar trabajando.
    Mi experiencia con estas cosas es que, si quieres que lo que se publica se parezca a tu mensaje real, tienes que revisar el texto antes de la publicación, algo que no siempre puedes hacer. Incluso, iluso de mi, yo pensaba que los entrecomillados se correspondían con frases literales del entrevistado.
    Así que, como bien dices, cuando leas todo lo maravilloso que alguien dice de su empresa, mejor no lo hagas demasiado caso. Entre sus propias autocensuras, las corporativas, y el filtro del escritor, cualquier parecido con la realidad puede ser mera coincidencia.

    PD: En todo caso, en este caso, la relectura del artículo mejora su valoración en cuanto a correspondencia con la realidad “entrevistada” y con la realidad “real”.

  5. Me parece muy interesante la aportación que hacéis con respecto a la figura del “intermediario”, tanto por los sesgos que pueda tener su percepción como por la intencionalidad que pueda querer darle a la historia (exagerando y/o ocultando partes para obtener un resultado más apetecible a su audiencia).

    En todo caso, la cuestión última permanece: si nos ceñimos a la “realidad” que nos cuentan es muy probable que vivamos engañados, más o menos interesadamente. Así que unas ciertas (yo diría grandes) dosis de “descreimiento” no vienen mal.

  6. Razón por la cual cada vez que leo/escucho a un directivo (o mando intermedio) hablar sobre su empresa/negocio no me lo creo, siempre con pinzas las cosas.

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