Para el 2010 quiero…

Llega el último día del año, y nos asomamos ya al 2010. ¿Qué le pedimos al nuevo año? Siempre salen buenos deseos y propósitos relacionados con la salud, con la vida profesional, con la vida personal… Pero la pregunta no es “qué le pides” al 2010, sino… ¿Qué vas a hacer TÚ en 2010 para conseguir lo que quieres?

Muchas veces dejamos nuestros deseos en eso, en meras declaraciones de intenciones. Luego nos dejamos llevar por la inercia, la rutina, los miedos, las inseguridades… y cuando termina el año nos damos cuenta que, de aquello que deseamos, poco se ha cumplido. Lo más curioso es la cantidad de gente que se lava las manos en tan triste resultado: “es que tengo mala suerte”, “es que es muy difícil”, “es que el mundo está contra mí”.

No. Son muchas las cosas que podemos hacer, mucho lo que está dentro de nuestro “círculo de influencia”. Tenemos por delante 365 días, de 1440 minutos cada uno. Tenemos un montón de capacidades y de recursos que podemos movilizar. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no empezar ya mismo?

Por supuesto, hay cosas en la vida que escapan a nuestro control. Qué le vamos a hacer, la vida es así. Pero incluso en esas circunstancias, podemos elegir cómo afrontarlas.

Así que al 2010 yo no lo le pido nada. Sólo espero de mí mismo ser capaz de poner toda la carne en el asador, de actuar sobre todo aquello que está a mi alcance para perseguir mis metas y mejorar mi vida y la de los que me rodean. Y la capacidad de ir aceptando lo que venga con la mejor de las disposiciones.

Si está todo inventado: “La serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar aquellas que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia.”

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6 comentarios

  1. Ya estamos acabando diciembre. 2009 se nos va, entramos en una nueva década.

    Parece que fue ayer el cambio de milenio, el efecto 2000, el cambio al euro… y ya han pasado prácticamente diez años.

    Diciembre es el mes de las celebraciones con amigos y familiares.

    A fin de año solemos hacer balance de nuestra vida y de lo que nos ha ocurrido en estos últimos doce meses.

    Procuramos fijarnos buenos propósitos para el año que empieza: haré ejercicio, dedicaré más tiempo a la familia, aprenderé ingles…

    Pero al final, si lo analizamos fríamente, no hemos cumplido la mayoría de las metas que nos propusimos el año anterior.

    Esto se debe, por una parte, a nuestra falta de voluntad, y por otra, a que no somos dueños de nuestro Destino.

    Creo que es absurdo pedir que se cumplan nuestros deseos para el año próximo, porque no siempre aquello que queremos es lo que más nos conviene. Por más que planifiquemos, organicemos y estructuremos el futuro, la Vida nos llevará por donde nos toque ir.

    No decidimos cuándo y dónde vamos a nacer, normalmente tampoco decidimos cuándo abandonaremos este mundo, pero sí decidimos la actitud que adoptar ante los acontecimientos de esta vida.

    Podemos elegir libremente entre la luz –tener una actitud de servicio hacia los demás y estar abiertos a lo que sucede- o la oscuridad: buscar con egoísmo nuestro beneficio personal y obcecarnos en que se cumpla el destino que hemos diseñado.

    Hay una frase que me llama mucho la atención: “Lo que acaba en mí, acaba conmigo”.

    Yo le pido tres cosas al año que va a comenzar:

    La primera, que sepa aceptar con confianza todo aquello que me vendrá, por raro y extraño que parezca, ya que formará parte de mi camino.

    La segunda, que sepa distinguir las señales del camino, que me indicarán lo que realmente me está pidiendo la Vida.

    Y la tercera, que mi presencia dé luz a mi alrededor.

    Un cordial saludo.
    Mnauel Lajara

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