Manifiestos, churras y merinas

A ver, la historia suena sencilla. El Gobierno presenta su anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, y en él “cuela” (como quien no quiere la cosa) una serie de medidas que afectan a internet. Como (sobre)reacción, se monta un “manifiesto” reproducido en multitud de sitios.

He leído el anteproyecto de ley. He leído el manifiesto. Y cuanto más lo leo, menos me gusta. Algunas ideas:

  • Sí, me parece mal que el Gobierno intente colar, a la chita callando, una ley. Creo que en una democracia sana (aunque sería iluso, a estas alturas, pensar que la nuestra lo es) no deberían hacerse cosas como éstas.
  • No me gusta ese tono de “nosotros, el pueblo”. Un manifiesto lo firma quien lo firma. No me gusta que nadie se autodefina como mi representante. No es verdad que “los bloggers, los profesionales, los periodistas…”. En su caso, “algunos bloggers, algunos profesionales, algunos periodistas”, etc.
  • Creo que se eleva el tono de forma demagógica. No creo que haya libertades fundamentales en riesgo, ni sectores enternos en peligro, ni blah, blah, blah.
  • Se atribuyen al Anteproyecto cosas que no son verdad: como lo de que los derechos fundamentales se subordinan a los derechos de autor, o que no habrá tutela judicial. Nada que una buena lectura de las leyes no hubiera evitado.
  • No entiendo el razonamiento según el cual estas modificaciones legistlativas suponen “inseguridad jurídica” o “entorpecen a los nuevos creadores”. Los nuevos creadores podrán optar por el modelo de distribución que mejor les parezca (¿dominio público? ¿CC?), sin que esta ley les afecte. Y todos sabemos a qué atenernos: si no vulneramos derechos ajenos, no tendremos ningún problema.
  • Lo que subyace es la negación del derecho a la propiedad intelectual. Se les dice a los creadores que se siente, pero que no tienen ese derecho, que se busquen la vida de otra forma. Yo no estoy de acuerdo, creo que un creador debe tener el derecho a decidir cómo quiere distribuir su obra, y que las leyes y la justicia deben hacer todo lo posible para que se respete ese derecho. Otra cosa es que la dinámica tecnológica haga muy difícil, casi imposible, la tutela efectiva de ese derecho: pero no por eso hay que cargárselo de un plumazo como “hechos consumados”.
  • Se les dice a las “industrias culturales” que se busquen otro modelo de negocio. Ya lo harán ellos, si el mercado les obliga. O migrarán esos recursos hacia otras industrias (es lo que yo haría, hoy por hoy; por eso no me parece descabellado cuando dicen que peligra la industria, que no la cultura, aunque a algunos les parezca de risa). Lo que no me parece razonable es que se pretenda obligarles, por ley, a renunciar a sus legítimos derechos.
  • Internet debe funcionar de forma libre. Sí. Siempre que no se vulneren derechos ajenos. Lo que pasa es que para los del manifiesto, esos derechos ajenos no son dignos de ser considerados.
  • Hay que apoyar la neutralidad de la red. Sí. Pero de nuevo, siempre respetando los derechos de todo el mundo. Neutralidad de la red y “ancha es Castilla” no es lo mismo.

En definitiva, no creo que el “derecho de acceso a la cultura” signifique barra libre. Por un lado, ese derecho de acceso no tiene por qué ser gratuito, y segundo se cataloga como “cultura” cualquier cosa que queremos consumir gratis. Por lo tanto, creo que es razonable que la ley y la justicia haga todo lo que esté en su mano para tutelar el derecho de los creadores a decidir cómo distribuir y explotar su obra. Creo que este Anteproyecto es lo que pretende, y creo que en el camino no vulnera todas esas libertades que el Manifiesto le supone. Otra cosa es que la tecnología haga esos esfuerzos básicamente estériles. Pero no por eso dejan de tener razón.

Y aquí lo dejo por el momento. Si hay que discutir más, se discute. Faltaría más.