Un hombre sin móvil

El otro día, cenando con tuiteros de Salamanca, me enteré de que uno de ellos (se dice el pecado, no el pecador) no tiene móvil. Ni lo tiene, ni lo quiere. Estaremos de acuerdo que en un país con una tasa de penetración superior al 100% (o sea, que hay más móviles que personas) resulta cuanto menos curioso.

Él argumentaba, no sin razón, que quien quiera localizarle puede hacerlo sin problemas en el teléfono fijo, bien sea el de casa o el del trabajo. Pero el argumento que más me llamó la atención fue: “cuando alguien te quiere localizar sin poder esperar, suele ser porque le interesa a él más que a ti”.

En fin, no sé. A mí no me acabó de convencer. Sin ser un “adicto al móvil”, creo que su utilidad es mayor que los posibles perjuicios (aparte del económico, claro) que puedan derivarse de tenerlo. Yo hace mucho tiempo que no llamo a sitios, sino a personas. Y no dependo de estar en un sitio o en otro para poder hacerlo.

Pero no deja de ser verdad que, si no lo mantenemos un poco bajo control, el móvil puede convertirse en la máquina de interrupción y control perfecta. Eh, pero el móvil también se puede apagar, ¿lo sabíais? :D

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