Bookcrossing, libros viajeros

En un comentario en mi post en el que regalo libros de management, organización y gestión de RRHH (que va viento en popa, por cierto), Asialillo me sugería hacer bookcrossing con ellos.

Yo ya había oido hablar de este fenómeno (hubo una época en la que le dieron cierta cobertura en los medios tradicionales), pero nunca había experimentado con él. Básicamente, se trata de “liberar” los libros que puedas tener en casa, dejándolos en algún lugar público con el objetivo de que cualquier otra persona lo “adopte” y se lo lleve a su casa para leerlo y después, si quiere, repetir el proceso. De esta forma, un mismo libro (que en condiciones normales se pasa años criando polvo en la estantería una vez leído) puede tener más vidas en manos de otros lectores.

Este proceso, que podría funcionar sin más, tiene asociado un movimiento en internet: a través de bookcrossing.com (o su versión en español) puedes registrar los libros que vas a liberar, obteniendo un código identificativo. La idea es que apuntes ese código en el libro, de forma que quien lo recoja pueda ir a la web, anotar ese código y de esta forma dejar constancia de que lo ha encontrado, de que lo ha vuelto a poner a disposición del público, etc; una manera entrañable de hacer el seguimiento del “viaje” del ejemplar que fue originariamente tuyo. Además, gracias a la web puedes anunciar dónde has liberado un libro, hacer búsquedas para ver qué libros se han liberado por tu zona, etc, etc.

Como los libros de empresa no me parecen demasiado atractivos (vamos, que la gente normal ni pagándoles se los llevaría), me he decidido a probar esto del bookcrossing con otro libro que tenía por aquí. En concreto, el agraciado ha sido “La gran guía de los blogs 2008″. Lo he envuelto en papel transparente (del que se usa para congelar alimentos; por aquello de la amenaza de lluvia) y lo he dejado en un banco en unos jardines cerca de casa (no sin cierta sensación extraña: “¿y si me ve alguien? ¿y si me dicen “eh, tú, que te dejas un libro ahí”?). ¿Lo cogerá alguien? Y si lo coge… ¿seguirá las instrucciones que he escrito en la primera página y dará parte en la web?

Quién sabe. Pero aun siendo consciente del riesgo de que acabe en una papelera o muerto de risa quién sabe dónde, me parece una idea en cierta manera romántica (un poco ñoña, si queréis) de darle una nueva vida, un nuevo hogar, a un libro.