Malas traducciones

Me pasa casa x tiempo. Cae en mis manos un libro de un autor anglosajón en su versión traducida al castellano. Empiezo a leer… y cada dos por tres tengo que estar releyendo un párrafo para entenderlo bien. ¿Materias farragosas? No, no suele ser el caso: simplemente, malas traducciones.

Me he encontrado casos en los que la traducción parece hecha con un traductor automático. Errores sintácticos, gramaticales… por no hablar del uso de algunos términos, ejemplos del más puro “fromlosttotheriverismo” (es una gracieta: la traducción literal de “de perdidos al río” al inglés “from lost to the river” se considera como ejemplo paradigmático de traducción absurda por literal).

Otras veces, aunque la traducción esté hecha correctamente a nivel gramatical y sintáctico, se nota que ha sido realizada por una persona ajena a la materia que se está tratando. Suelen ser materias técnicas (no necesariamente tecnológicas, sino referidas a cualquier ámbito del conocimiento) que a lo largo del tiempo han ido generando equivalencias entre los términos en inglés y en castellano; pero el traductor ignora (por no pertenecer a ese mundillo) dichas equivalencias y hace las traducciones con la mejor fe del mundo, pero con resultados que chirrían.

Y hay veces en las que todo parece estar bien… pero de vez en cuando se cuela alguna frase, alguna expresión, que dices “no me imagino yo al autor de este libro expresándose así“. Jerga, dichos y refranes, perífrasis… cosas que no podrías decir “están mal” pero que, aun así, te saltan al ojo.

En definitiva, pocas veces (casi nunca) he leído un libro anglosajón en versión castellana y me he quedado agusto. Prefiero, ya que puedo, leer los libros en su versión original: es verdad que a veces se me escapa alguna cosa, pero lo prefiero a tener que leer con dificultades una versión ortopédica.

Contenido relacionado: