En buena dirección

¡Viven! fue un libro (posteriormente llevado al cine) que recrea el accidente aéreo sufrido en 1972 en los Andes y la posterior odisea que permitió a 16 personas salir vivas semanas después por sus propios medios, cuando ya se les había dado por muertos.

En la película, hay una escena que me impactó. Sucede cuando dos de los supervivientes han iniciado el camino para buscar, por su propio pie, una salida. Después de ascender penosamente una montaña, Parrado (el personaje interpretado por Ethan Hawke en la película) llega a la cima y se queda extasiado mirando al horizonte. Se vuelve con una sonrisa en la cara y le dice a su compañero “ven, tienes que ver esto, es maravilloso”. Todo hace pensar que ha visto un pueblo, alguna traza de civilización. Sin embargo, cuando su compañero llega a la cima, lo que ve es una sucesión interminable de montañas, igual que la que acaban de superar, hasta donde se pierde la vista.

Piensa, lógicamente, que se ha vuelto loco. Pero Parrado le dice que no, que a pesar de lo que ven sus ojos, tiene el convencimiento profundo de que están en el buen camino, y que van a conseguir su objetivo. Unos días después, tras haber seguido su camino por un valle, los dos expedicionarios llegan a contactar con unos lugareños y consiguen poner en marcha la operación de rescate de sus compañeros.

Ese convencimiento total y absoluto de estar en el camino correcto, de saber que vas a conseguir tu objetivo aunque aparentemente todo está en contra, me resulta tremendamente inspirador y se parece bastante a las sensaciones que tengo últimamente.

Foto | Totoro!

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