¿Por qué hay doping en el ciclismo?

Lo del ciclismo y el doping es ya muy triste. Pero claro, el deporte no es deporte, sino negocio. Y ahí está el quid de la cuestión. Aun así, resulta sorprendente que sabiendo la presión antidoping que hay en algunos deportes y en algunos lugares, todavía haya quien decida arriesgarse a que le pillen (cuando es tan probable).

Javier Ares, un periodista que me ha encantado siempre, apuntaba el otro día una explicación llena de sentido común. Nos parece que un ciclista “se arriesga”, pero no es así. Muchos no tienen nada que perder. Si no consiguen destacar, se ven condenados a un equipo de tercera o, directamente, a colgar la bicicleta e integrarse en la “sociedad civil” sin nada. Su alternativa, si no se dopan, es el fracaso. Por lo tanto, a muchos les parece que merece la pena correr el riesgo: si no les pillan, pueden destacar y conseguir ese contrato profesional jugoso que les permita ganarse la vida. Y si les pillan… tampoco estarán mucho peor de lo que estarían sin doparse.

Triste y duro, pero cierto. Me recuerda a lo que me contaba un amigo sargento que estuvo en Senegal con las crisis de inmigrantes ilegales que salían de allí hace unos meses. Me contaba que las personas que se embarcaban en esos viajes sabían perfectamente los riesgos que corrían. Sabían de las probabilidades de morir en el viaje. Pero aun así, subían en los cayucos; la alternativa cierta de quedarse en tierra era tan mala, o incluso peor, que asumir los riesgos inherentes a llegar a Europa.

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